martes, 24 de julio de 2018

la zarza en flor


la zarza en flor,
mañana moras
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El agua no está tranquila,
no está serena.

El agua tiene una pena.

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CARMEN (1916)

ALZHEIMER

En la casa de los vecinos
se escuchan gritos desalmados
y gemidos como agujas.
La vieja tiene alzheimer
y la hija le grita:
guarra y cagona.
La vieja chilla
espantada.
Se ha cagado las bragas.

Mi abuela también
se cagaba,
y tiraba la mierda
por la ventana del séptimo,
o nos la dejaba,
como los Reyes Magos,
en el fregadero.
Mi madre le reñía a gritos
y luego lloraba.
Después, la limpiaba
y le ponía polvos de talco.
Mi abuela gemía,
media hora,
como si se le hubiese rallado
la queja.
Y luego volvía a
cagarse.
Mi madre hipando
como un pajarito,
mi padre rugiendo
como una bestia,
y yo,
huyendo horrorizada para no presenciar
el espectáculo,
o para no tener que limpiar
la mierda.

de Eva Vaz
(la ternura de los lobos)
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XXVIII

Rea de una acusación
y en la sala presentada,
se le declara culpada
sin ninguna remisión.
Le pesa la decisión.
Siente que se le desploma
el cielo, cuando se asoma
a la mirada homicida
de la sala. Destruida
fue la paz, y la paloma.

de apuntes, 2001
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ABRIGO AZUL

Hace un frío de muerte, un frío triste
incluso para enero y para estar tan solo.
Y yo soy poco menos que una persona hundida
en las solapas de mi americana,
un ser raro del frío que gasta americana, un sospechoso,
alguien que bien podría enseñar una placa o un cuchillo.

Y ahora me acuerdo de mi abrigo azul
de pelo de camello,
el mejor que he tenido. Tú me lo regalaste.
Recuerdo que llegaste con él a la oficina y allí mismo
me lo probé. Mis compañeros
se reían y a mí me daba igual.
Era un señor abrigo, lo escogiste
a ojo de buen cubero: me caía perfecto.
Se podía plantar cara al invierno con un abrigo así.

Pero ahora no lo llevo y mira que hace frío en estas calles
de todos los demonios. El abrigo
estará a mil kilómetros, cálido para nadie, piel gastada.
Tú y yo estamos también a mil kilómetros
o a cien mil años luz, igual que dos cometas, y si nos encontráramos
sólo cabría un choque: un cataclismo.

Mi querida enemiga: finalmente
ocurrió lo que entonces, cuando venías con tu bolsa y en la bolsa el abrigo
y yo me lo probaba en la oficina
como se viste un príncipe en el día de su coronación,
ha ocurrido lo que era en aquel tiempo la peor de nuestras pesadillas: no estar juntos.
Y me pregunto cuándo, en qué momento, a lo largo de eones que han pasado, desde
que el mundo era
una gran primavera reluciente,
empezaron las cosas a ir tan mal,
tan rematadamente mal,
y a hacer tanto, tanto frío.

Y supongo que tú
también tendrás noches a la intemperie
—como esta misma— en las que haces recuento de errores y fracasos, y no sé
qué clase de calor será el que eches de menos.
Seguro que yo hice algo por ti,
pero no lo recuerdo, algo inocente o práctico, o generoso o noble,
que compensa todos esos errores
y a ti te reconforta en las peores noches
y a mí me salva.

Mi abrigo azul de pelo de camello.
En mi vida he tenido
un abrigo tan puñeteramente bueno como aquel.


de José Luis Piquero
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martes, 17 de julio de 2018

Muecas



Muecas

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VII

Mueca

Soy un pedazo de alguien.
Soy una vena, un depósito entre terrones
ya que el mundo entero me cayó encima.
¿Quién, bajo una montaña, sabe dónde está?
A veces me pongo muy nervioso,
porque pienso que ya todo
se ha acabado para mí.
Al ser lanzado por el vitral de la misericordia,
aaí en un mar de árboles, las olas astilladas.
La tierra salió corriendo.
Un trozo de tela, de ropa de alguien,
baila, se asoma, y se hunde de nuevo.
La bulla se dobla y se guarda.
La ola, que al crecer, no sabe más que tragar,
obliga todo lo horizontal a ascender.
Así el mundo se llena la boca de si mismo,
y sin poder cantar, busca el punto
en que se va de cabezas no a un abismo
sino a una nada insípida en que rodar,
donde se muele el espacio entre las cosas
y no quedará ni el vestigio de una membrana
para resonar.

de Mario Ángel Quintero
(inéditos)
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XXVII

Rebosa su corazón
de contento. Gritar quiere
con su canción, que se muere
lleno de satisfacción.
Lleno lleva su zurrón.
Las precauciones olvida.
Y la euforia desmedida,
perdida la suspicacia,
le proporciona desgracia
en cuanto que se descuida.

de apuntes, 2001
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CUANDO LLEGUE, CUANDO LLEGUÉ

Cuando llegue al otro lado de la valla
tendré un trabajo fijo
mi propio coche
y un móvil pantalla táctil
último modelo.

Será fácil
dicen que allí hay pisos vacíos
que a veces, por exceso, no se recoge la cosecha
que en la calle hay electrodomésticos en buen estado
que la gente abandona porque se ha cansado de ellos.

Si
cuando llegue al otro lado de la valla
ser pobre, musulmán o ser negro
no será un problema.

Allí los derechos humanos

cuando llegue al otro lado
todo será fácil
nada será un problema

cuando llegué (con acento) al otro lado de la valla.
cuando llegué

perdonad,
pero ese,
ese,
será otro poema.

de Josef Antoni
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LOS DÍAS DE UN VENCIDO

Decía Sören Kierkegaard que “Los hombres son absurdos. Jamás emplean las libertades que tienen, sino que exigen las que no tienen. Tienen libertad de pensamiento, pero exigen libertad de expresión.”. Es para analizar, ¿eh? Como esa postura sobre el tiempo parado y el hombre quieto postulada sobre sí mismo, que plantea que cualquier artefacto mental o físico que lanzas al mundo vuelve directamente a ti.
Kierkegaard es, desde mi punto de vista, uno de los filósofos más interesantes y creativos a los que he accedido… El placer que muere justo en el momento de nacer, la imperfección de alcanzar metas por ‘lo contrario’, el valor de la melancolía, el hombre como resuelta equivocación natural, la pena como comodidad de la vida, la alegría de la quietud [quien está quieto no corre riesgos], la felicidad como puerta de la nada, la verdadera lucha de dar vida a tus espectros, la ridiculez de la prisa, la inocencia como absurdo, la esperanza de no dejar de ser niño, la intensidad en todo y sin medias tintas, la imperfección como prueba de perfección, la miseria de la existencia que contempla su gloria, el absurdo de correr tras los placeres y no gozarlos, el fraude de la verdad, esa cosita de que la muerte no promete nada pero lo cumple todo, la desaparición del mundo por un ‘júbilo general’, el recuerdo como proposición de vida completa y completada, el deseo de la pasión por la posibilidad, la religión como placebo en el que Dios sufre y los discípulos dormitan, su exhortación a la desesperación para entender el sentido de la vida, el valor de movimiento que contiene el detenerse, el otorgarle valor de categoría esencial a lo individual, la esencial necesidad de eternidad en lo temporal, la individualidad como salvación, el silencio como arte de eternidad…
Un tipo interesante con mil propuestas en las que arder sin prisa, con una impronta que seguir y con mil contradicciones que intentar resolver en un punto crítico. A mí me da mucha vidilla leerlo, tanta como leer a Pavese, a Pizarnik o a Angelito González.
Y el trabajo mental que me proporcionan sus lecturas me va centrando como hombre y me apoya en mi casi clara idea de individuo lanzado como una flecha hacia la nada.

de Luis Felipe Comendador Sánchez
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martes, 10 de julio de 2018

la suerte o el azar


la suerte o el azar
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PEQUEÑAS SEDICIONES

hay tanta gente sola

seria perdida mustia
emborbonada
que sueña que sucumbe

gente que se detiene
en los semáforos
y hojea –es un decir-
revistas de países
a los que nunca irá

ánimas solitarias cuerpos solos
con tedio se masturban y a menudo
piensan en el pasado

lejos de ser felices se conforman
con la mención de la felicidad

están al día de todas las noticias
de todas las canciones
los libros las películas

son buenos anfitriones y organizan
cenas con compañeros de trabajo
en pisos de alquiler

recogen entre todos
la mesa
tristemente

después vuelven a casa
y así viven

todos creen merecer algo mejor


de Javier Vela
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XXVI

Deslumbrante luna clara,
¿qué se oculta, toda llena,
en esta noche serena
a la espalda de tu cara?
Esa razón que te ampara
yo la quiero desvelar.
Tienes que solucionar
el dinero y los pesares;
la paz de los avatares,
y el favor para el hogar.

de apuntes, 2001
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SIESTA DE VERANO

Cuando te miro siento la emoción del balbuceo; del acontecer de la vida; del amanecer; de un algo… que me causa desazón. Imanta tu figura mi razón, y muda queda dentro de mi ser esa palabrería del querer. Imbécil. Testarudo corazón. Con tu viva mirada…, con tu arte, cosas que con tus labios no me cuentas revelas entre sombras de misterio. Y yo, que soy un alma triste y serio, zozobro en tus encantos y tormentas, siempre con el temor de molestarte.
(Solo sueño en rozarte sin prisas; sin falaz remordimiento. Tu piel sobre mi piel, los dos ardiendo.)

soneto con estrambote
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martes, 3 de julio de 2018

La vida es una ruta...


Surgencia en Caín, ruta del Cares.

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ATADO

Atado como un náufrago
al trabajo cabrón que me adocena,
sin saber de Hugo o Javi,
y arbitrando el comienzo
de otro septiembre lánguido y palurdo...
El trabajo me mata poco a poco,
como un tabaco raro
o un cáncer matemático y muy lento...
me mata por facetas, por órganos, por ganas,
por leves deserciones, por falta de carácter...
y ya no entiendo nada...
por qué soy, por qué sigo,
por qué me desheredo de todo lo que fui,
por qué aflojan las ancas de mis mil ideales,
por qué no huyo de aquí...
Septiembre siempre fue un mes paraíso
en este territorio degradado,
un mes de cambios netos
rizados de contrastes y de ganas,
un mes frontera y puente hacia el invierno
(donde sé ser más yo)...
pero ahora es todo abulia y tiempo muerto,
cadena en la cadena de lo impreso,
un algo igual que ayer que me lastima
en este pozo aciago del pagar...
pagar a todas horas
por algo que no he hecho o no he mordido...
Y es que me duele andar,
me matan los riñones y la espalda,
me rugen las entrañas intestinas,
me cruje el cuello y estas rancias rodillas
marcan inexorables su claqué...
y quiero irme y no puedo,
quiero volar y siento que mis alas
no responden al trazo de mi sien.
Me siento mal (en Béjar y en mi silla),
me sé atrapado y seco,
robado sin futuro por las cosas,
traicionado,
plomizo como un cielo de chubascos,
cascado y algo oscuro...
y tengo que salir de esta merienda
de tipo catastrófico hacia un féretro...
buscar estros con versos,
ocasiones de amar y ser amado,
rasgos nuevos que pongan luz/vereda
en papeles tirados,
sonrisas francas (como antes),
recuperar amigos, ser de nuevo
el centro inexcusable de mis cosas,
el que apaga la luz si le apetece
o la enciende de golpe a media noche,
el que no sabe nunca en qué torcida
esquina ha de marcharse
a volar lo pendiente y retorcerlo.
¡Atado como un náufrago a una roca!...
¿me entiendes?

de luis felipe comendador, 2012
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XXV

Ahí están jugando
como si nada,
borradas ya las riñas,
las dos cansadas.

Olvidó ya los gritos
de la mañana,
cuando los dos chiquillos
la impacientaban.

Voces, nervios y azotes,
mano velada,
congojas pueriles,
y lágrimas…

Le ha dicho a la niña:
la hora se pasa.
Y la niña decide.
La niña manda.

Ella está en la cocina.
Cena prepara,
mientras los dos chiquillos
van a la almohada:

se han quitado la ropa,
visten pijama,
(irán desde la cena
hasta a la cama).

La mamá ha conseguido,
con mucha calma,
que terminen los niños.
con su pitanza.

Y vestidos de noche
los niños danzan,
y entre juegos y cuentos
caen en la cama,

hasta que, sometidos,
sueño los llama.

Ella va, los arropa,
besa y apaga
musitando en su frente:
hasta mañana…


de apuntes, 2001
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SOBRE LAS HORAS (TRACTATUS AL MODO ANTIGUO)
(Áurea urcélica retórica 4)

Dos horas hay para el amor así como dos horas para la muerte. En realidad sólo existen doce horas para las doce cosas esenciales, pero como cada una necesita su tiempo de ida y su tiempo de vuelta se multiplican por dos. Por lo tanto también existen dos horas para el odio y para el sueño, para la holganza y para el estudio. Dos horas para el hambre y dos para el discurso, dos para la ignorancia y otras tantas para el vicio, dos para la reflexión y dos para la locura. Y no quedan más, por más que queramos mentirnos y decir que ésta para la amargura, que ésta otra para la felicidad, que aquella para la templanza, que esa otra para la envidia. Así hasta el infinito, puro engaño de las sensaciones.

Sin embargo –a excepción del sueño- nadie puede ni ha podido, pese a muchos estudios y averiguaciones, determinar de qué hora a qué hora van el resto de ellas. Si de dos a cuatro se ama más, si de siete a nueve habremos de morirnos. En eso los pueblos tienen sus costumbres y los individuos sus rarezas. Y el sabio aquel que determinó ante su señor que el tiempo de la comida debiera ser para el rico cuando le viniese en gana y para el pobre cuando hubiese de qué, en el fondo sólo utilizó del ingenio para administración de su cabeza, no fuese a salir rodando ante una mala respuesta o un antojo de su amo.

Entre los naturales del desierto es propio el amar después de las comidas, al medio día, que es tiempo de renovación de los humores y la sangre nueva anda de puro bullicio visitando arterias y tomando posesión de las articulaciones. Qué mejor manera para probarse y dar medida de su beneficio. No obstante jamás se hará este ejercicio tras la cena, que en todo debe ser frugal aunque bien regada en vinos y frutas, que facilitan más que la alegría de los músculos, el buen riego del pensamiento. Optan entonces estos habitantes por la charla con amigos y parientes, pues el ingenio se halla en su mejor momento y es bueno para el humor y la risa, de la que nadie sea ajeno. O eso dicen.

Con todo no es materia de exactitudes dar este horario por bueno en todas las latitudes, ya que las costumbres, bien guiadas por temperaturas y cartografías, van determinado en el transcurrir de los siglos sus verdaderos acomodos. Y hasta se han conocido pueblos que trocan en todo la práctica anterior, y que delimitan para la amatoria horas tan dispares como el amanecer o la misma madrugada.

El sueño es el único que ha sabido encerrarse y tomar de sí y para sí dos horas en cualquier paraje donde nos encontremos, sea norte o sea sur, sea mar o sea montaña. El sueño habita dos horas de la madrugada, de tres a cinco. El cuerpo le debe ese servicio y el pensamiento esa dádiva, y aquel que no cumple, aunque sea por obligación de su cargo y beneficio de su república, su mandato, sabe que acorta su existencia en tanto tiempo como el que tarda en volver a su homenaje. Y es propio de estas gentes la vida corta y el ingenio desbocado, pues en tales horas sueño y vida se confunden y alguna vez habremos oído, de los poetas sobre todo, que rehúyen del sueño por el prodigio que en sus escritos entonces sucede.

Y ahora, a dormir, que van a dar las dos y media.

De Jesús Urceloy, 2009
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martes, 26 de junio de 2018

YO PUEDO EXPLICARLO


Diversidad. Dibujo de Luis Felipe Comendador.
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¿NO LO SABÉIS VERDAD? YO PUEDO EXPLICARLO
(versión)

"¿Sabéis qué se siente cuando tus ojos
no divisan tierra...?
Yo puedo explicarlo.

¿Sabéis qué se siente cuando el oleaje
empieza a crecer...?
Yo puedo explicarlo.

¿Sabéis qué se siente cuando divisas a 5
y solo puedes salvar a 3…?

¿Sabéis cómo es el Mar a 10 millas de la costa...?
¿No lo sabéis verdad?
¿Sabéis cómo es el infierno...?
No lo sabéis.

Es parecido a un mar con olas de 4 metros
en la oscuridad de la noche,
y nadie de vosotros tiene cojones
de entrar a 20 metros de la orilla.

¿Sabéis cómo retumban
los gritos de socorro en mitad del Mar,
y no divisas a la persona...?

¿Sabéis cómo es un cuerpo flotando boca abajo,
por el que ya nada puedes hacer?

¿Sabéis a qué velocidad se traga el Mar
un cuerpo
que 10 segundos antes te miraba pidiendo ayuda?
¿Sabéis qué es el frío y la soledad?

No lo sabéis.

Ojalá vuestra imagen del Mar sea siempre
la del verano, el Sol, el chiringuito,
por que
si algún día os veis en otra situación,
rezad para que,
en los despachos de un gobierno,
den la orden de ir a buscaros.”

de Chema Monreal,
patrón de barco, marinero,
rescatador y técnico en Salvamento.
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XXIV

Cuenta. Llora. Sueña. Ríe.
Anuncia. Te vende. Canta.
Hay un coche. Y un perfume.
Y una muñeca que habla.

(Habla. Te habla la tele.)
…Y una piscina en la playa.
Y una película vieja
de indios color naranja…

de apuntes, 2001
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JOHN DESMOND BERNAL, CIENTÍFICO Y COMUNISTA

John D. Bernal (1901-1971) fue un científico y comunista irlandés que destacó por su labor pionera en el ámbito de la cristalografía de rayos X, biología molecular e historia de la ciencia.

Tras realizar estudios en la Universidad de Cambridge y licenciarse en matemáticas y ciencias en 1922 siguió estudios de postgrado bajo la tutela de William Bragg en los laboratorios Davy-Faraday en Londres.

Hacia 1924 logró determinar la estructura molecular del grafito, una forma del carbono. En la Universidad de Cambridge, y junto con su discípula y futura ganadora del Premio Nobel Dorothy Crowfoot Hodgkin, tomó las primeras fotografías de rayos X de cristales proteicos, dando uno de los primeros pasos para los estudios de las macromoléculas orgánicas basados en cristalografía.

No le otorgaron el Premio Nobel a causa de la Guerra Fría, a pesar de que varios de sus discípulos y compañeros de investigación fueron laureados. Justo por entonces la cristalografía de proteínas se convertía en una herramienta clave para el avance de la biología molecular, pero a Bernal le dejaron fuera. Sin embargo, en 1962 sus colegas Max Perutz y John Kendrew se llevaron el Nobel de Química por sus estudios cristalográficos de las proteínas hemoglobina y mioglobina, y Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins obtuvieron el de medicina por sus descubrimientos sobre la estructura de la doble hélice del ADN.

Siempre le entusiasmó la conquista del espacio exterior. El monolito negro que expresa la inteligencia extraterrestre en la saga de novelas de Arthur Clarke ("2001 Una odisea del espacio") también procede de Bernal. Fue un pionero de las estaciones espaciales orbitales, verdadera ciencia ficción para aquella época. En 1929 propuso la construcción de una estructura en forma de asteroide hueco y esférico, que se conoció como la Esfera de Bernal, de 16 kilometros de diámetro, capaz de mantener contingentes de 30.000 personas en el espacio de forma permanente.

En 1937 le nombraron miembro de la Royal Society de Londres, la máxima institución científica de Gran Bretaña. En 1958 le nombraron para la Academia de Ciencias de la URSS.

En junio de 1994 la revista francesa de divulgación científica "La Recherche" publicó un número especial dedicado a un acontecimiento histórico que se ha querido mantener oculto: el decisivo papel de un comunista en el desembarco de los aliados en las playas de Normandía. Para ello Bernal inventó los llamados puertos prefabricados Mulberry que se usaron en el desembarco y realizó la topografía del terreno y el suelo marino. La Armada Británica le asignó el rango de comandante para minimizar problemas relacionados con tener a un civil al cargo de las fuerzas de desembarco. Tras orquestar el Día D, Bernal desembarcó en Normandía al día siguiente.

Otra de sus aportaciones más importantes concierne al debate sobre el origen de la vida. En los países capitalistas conocemos al soviético Alexander Oparin gracias a que Bernal tradujo su obra al inglés. Pero Bernal propuso sobre el asunto hipótesis novedosas, como la intevención de la arcilla en la formación de quiralidad de las moléculas orgánicas. Luego las investigaciones de James Ferris confirmaron que las arcillas pueden actuar como catalizadores en la formación de las cadenas de ARN. El Premio Nobel Jack Szostak también ha demostrado que las arcillas pueden producir los ácidos grasos que componen las membranas de las células.

Bernal fue profesor en la Universidad de Londres. Junto con el soviético Boris Hessen, revolucionó la historia de la ciencia y sus obras, basadas en el materialismo dialéctico, han tenido gran difusión. En 1939 escribió un libro con el que inició los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, llamado "La función social de la ciencia". En 1954 publicó otra obra maestra "La ciencia en la historia".

Supo generalizar magistralmente los resultados obtenidos por la ciencia en su conjunto, puso de relieve el valor filosófico de la ciencia y su importancia para la historia de la humanidad, aclaró el carácter contradictorio de su desarrollo en las sociedades de clase y su incesante progreso bajo el socialismo.

A la muerte de su amigo, también científico y comunista, Frédéric Joliot-Curie, ocupó la presidencia del Consejo Mundial de la Paz y en 1953 la URSS le concedió el premio Stalin de la Paz por su contribución a la amistad entre las naciones.

En 1923 se afilió al Partido Comunista, una ideología que defendió a capa y espada hasta su muerte, ocurrida en 1971. Por eso en los países capitalistas la obra de Bernal ha sido salvajemente censurada, combatida e ignorada. Sin embargo, después de su muerte, en 1989, se celebró en Hamburgo un Simposio al más alto nivel para conmemorar el 50 aniversario de la publicación de su obra pionera "La función social de la ciencia".

Trabajo de investigación de Óscar Miguélez
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martes, 19 de junio de 2018

HOME


foto de la red
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HOME

“Nadie deja su hogar
a no ser que su hogar sea la boca de un tiburón.

Solo corres hacia la frontera
cuando ves toda la ciudad corriendo también,
tus vecinos más rápido que tú.

El chico con el que fuiste al colegio,
que te besó hasta el vértigo detrás de la vieja fábrica,
sostiene una pistola más grande que su cuerpo.

Solo dejas tu hogar
cuando el hogar no deja que te quedes.

Nadie deja su hogar
a no ser que el hogar te persiga,
con fuego bajo los pies,
sangre caliente en tu vientre.

No es algo que pensaste hacer,
y cuando lo hiciste
llevaste el himno bajo tu aliento,
esperando a llegar al lavabo del aeropuerto
para romper tu pasaporte
y tragártelo: con cada bocado de papel
dejando claro que no volverías.

Tienes que entender
que nadie pone a sus hijos en un barco,
a no ser que el agua sea más segura que la tierra.

¿Quién escogería pasar
días y noches en el estómago de un camión,
a no ser que las millas de viaje
signifiquen algo más que el viaje?

Nadie escogería reptar bajo alambradas,
ni ser golpeado hasta que la sombra te deje,
violado, ahogado,
obligado a estar en el fondo del barco
porque eres más oscuro;
ser vendido,
pasar hambre,
disparado en la frontera como un animal enfermo,
ser compadecido,
perder tu nombre,
perder a tu familia,
pasar uno o dos o diez años
en un campo de refugiados,
donde te desnudan y registran.

Encuentras una cárcel allá donde vas
y, si sobrevives, te saludan en el otro lado
con un volved a casa negros, refugiados,
sucios inmigrantes, buscadores de asilo,
vienen a llevarse lo que es nuestro,
negros con sus manos extendidas,
huelen raro, salvajes,
mira lo que hicieron con su país,
¿qué harán con el nuestro?

Las miradas sucias en la calle
son más suaves que un miembro arrancado.

La indignidad de la vida diaria
es más tierna que catorce hombres,
que se parecen a tu padre,
entre tus piernas.

Los insultos son más fáciles de tragar
que las ruinas,
que el cuerpo de tu hijo en pedazos...

Por ahora olvida el orgullo,
tu supervivencia es más importante.

Quiero ir a casa,
pero el hogar es la boca de un tiburón,
el hogar es el cañón de una pistola,

y nadie dejaría su hogar
a no ser que el hogar te persiguiera hasta la costa,
a no ser que el hogar te dijera
que dejaras lo que no puedas dejar atrás,
aunque sea humano.

Nadie deja el hogar
hasta que el hogar es
una voz húmeda en tu oído que te dice:
vete, aléjate corriendo de mí,
no sé en qué me he convertido, pero sé
que cualquier lugar es más seguro que éste”.


de Warsan Shire.
Este poema, de la anglo-somalí Warsan Shire, se ha convertido en uno de los lemas en las reivindicaciones sobre la situación de los refugiados.
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XXIII

La corbata y la camisa.
La chaqueta en el perchero.
Una pluma en el tintero.
El funcionario improvisa
la respuesta o la pesquisa,
en su butaca sentado.
La taquilla, al otro lado,
una larga hilera era
de mucha gente que espera.
Y el funcionario, callado.

¡Cuánto se queja la gente!,
el funcionario pensaba,
al tiempo que reprochaba
con ademán indulgente
a la chusma intransigente
que bullía con la espera.
Y escucha por la tronera
una respuesta callada:
Si no solucionas nada,
¿qué pintas en esa esfera?

de apuntes, 2001
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LOA A LA MENTIRA

“—¿Me perdonaría el ilustre prócer, si le dijese que no he creído el cuento con que nos regaló hace un momento?
—¿Qué cuento?
—El de la conversión. ¿Puede saberse la verdad?
—Donde nadie nos oiga, Fray Ambrosio.
Asintió con un grave gesto. Yo callé compadecido de aquel pobre exclaustrado que prefería la Historia a la Leyenda, y se mostraba curioso de un relato menos interesante, menos ejemplar y menos bello que mi invención. ¡Oh, alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad, son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! ¡Y vosotras resecas Tebaidas, históricas ciudades llenas de soledad y de silencio que parecéis muertas bajo la voz de las campanas, no la dejéis huir, como tantas cosas, por la rota muralla! Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: Ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, les vuelve la Gracia. ¡Cuidad que es también un don del Cielo!... ¡Viejo pueblo del sol y de los toros, así conserves, por los siglos de los siglos, tu genio mentiroso, hiperbólico, jacaresco, y por los siglos te aduermas al son de la guitarra, consolado de tus grandes dolores, perdidas para siempre la sopa de los conventos y las Indias! ¡Amén!”

de Ramón María del Valle-Inclán
(Sonata de invierno –fragmento-)
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martes, 12 de junio de 2018

Orilla revuelta


Orilla revuelta

Noches sin sueño. Pensamientos de esos que nos visitan en las noches sin sueño. Intento retenerlos en mi memoria para compartirlos con todos vosotros.
A algunos les parecerá fatalista, para mí no tiene más trascendencia que el momento.

(del Blog de Adilia Aires, 6 de mayo de 2012)

5 de junio de 2018

No quiero llanto ni pena,
cuando se acerque mi fin,
quiero a mi gente serena,
que nadie llore por mí.

Sueño la brisa marina,
en el último soplo
de mi respirar.

Sueño por última vez:
bañarme en la playa,
correr, bailar...

Sueño tener a mis pies
las verdes olas del mar.

Sueño guitarras vibrando
y voces cantando
en la despedida.

La luz se va disipando,
como se apaga la vida.

El reloj marca la hora,
asoma la aurora,
nace el alba
fresca y pura,
cae en mi alma
la noche oscura.

Adilia Aires

Donde quiera que estés, queremos que sepas que has dejado una enorme familia desperdigada por todo el mundo; huérfanos de tu silencio, y de tu voz escrita con la mirada; atenta siempre a dedicar una palabra de ánimo, de elogio, de comprensión; ejemplo de voluntad, de compromiso y de sabiduría, a través de tu blog (blog de Adilia Aires), y de tu página de fb. Descansa en paz, amiga, hermana, madre…
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in memoriam
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QUÉDATE EN LAS ISLAS

Quédate en las islas,
tú, la niebla desnuda
que trajo el espejismo hasta mis ojos,
que quiero volver
a ser el lienzo en blanco,
el que aguarda a su amante entre los acebos,
el que no fue torturado aún
y no conoce sino el dolor de verse abatido
una tarde de otoño.

Hace demasiados años
que espero a que mi cuerpo me sorprenda
con su peso,
con emoción, entre los arabescos de plata
o entre las voces de los supervivientes.

Quédate en las islas
y deja el brocado de ortigas para otro,
que no quiero el resplandor,
pues siempre trae la furia si refulge,
que busco ser besado en el cuello
por la boca más dulce
sin que nadie lo sepa
y no quiero ser despedido
si decido marchar.

Quisiera, antes de que desaparezcas,
que tan solo me dejes las respuestas
que preciso y que busco:
¿Qué gozo le dará el oro a los muertos?
¿Divagar es de estúpidos?
¿Debe implicarse el poeta
o solo ser la voz de cada máscara?
¿Es un tullido el triste?

de Luis Felipe Comendador (2009)
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XXII

Van a sus casas
esas muchachas
con sus chiquillos.

Todo se queda quieto
por los pasillos.

Vacío queda
cuando se cierra todo.

Todo se para
hasta mañana. Todo.

Nada lo llena,
nada lo rompe. Calla.

Puerta cerrada.
Luz apagada. Nada.

Paran los juegos,
para el trabajo. Plomo
es el silencio…
que parará mañana.

de apuntes, 2001
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EL HIJO DEL JOYERO

En una clase de escritura creativa, después de que una alumna hubiera leído un texto de encargo, pregunté a uno de sus compañeros qué le había parecido.
—Me ha gustado mucho porque lo he entendido y a mí me gustan las cosas que entiendo —dijo.
Su afirmación acerca de las virtudes de lo inteligible fue tan categórica, tan agresiva incluso, que no me atreví a replicar. Esperé a la siguiente clase para decir algo.
—¿Te gusta alguna cosa que no entiendas? —le pregunté con cautela.
—No —repitió tajante—, lo que no entiendo no me gusta. Desconecto, me voy.
Estuve por hurgar un poco en el asunto. Pero juzgué que no era el momento. Además, no quería poner en aprietos al chico, que me caía bien; era un buen tipo. Había acudido al taller para aprender a escribir como se habla porque pretendía hacer diálogos para el cine y la televisión.
—Si quieres escribir como se habla —le dije al principio—, no me necesitas a mí. Basta con que grabes a la gente y transcribas a continuación la cinta.
—Sospecho que hay un truco —respondió él.
—El truco —le dije— consiste en otorgar a la escritura una apariencia de oralidad.
—¿Una apariencia? —dijo él.
—Una apariencia —dije yo.
—¿Significa que parezca oral, pero que no lo sea? —dijo él.
—Exactamente —dije yo.
—¿Y eso cómo se logra? —preguntó él.
—Buscándose uno la vida —respondí yo.
Por alguna misteriosa razón, pensaba mucho en este chico. Había en él una suerte de opacidad que me resultaba conmovedora. Un día leí en el taller la primera frase de La Regenta, la novela de Clarín.
—Escuchad esto —pronuncié abriendo el libro—: “La heroica ciudad dormía la siesta”.
Me dirigí luego al chico al que solo le gustaba lo que entendía y al que en el futuro llamaremos Pedro:
—Pedro, ¿te gusta este comienzo?
—¿Te importaría volver a leerlo? —dijo él.
—“La heroica ciudad dormía la siesta” —repetí yo.
—Está bien —dijo él.
—¿Pero es una obra maestra? —dije yo.
—Hombre, tanto como obra maestra… —dudó él.
—A lo mejor no lo has entendido —¬aventuré yo.
—Sí que lo he entendido —se ofendió él—. Dice que la heroica ciudad dormía la siesta. No tiene más misterio.
—¿Y tú te imaginas a un héroe durmiendo la siesta? —pregunté yo.
—Perfectamente —dijo él.
—Ponme un ejemplo —dije yo.
—Mi padre —dijo él—. Mi padre se levanta a las tres de la madrugada, va al mercado central, compra la carne del día, la transporta hasta su puesto en el mercado del barrio, la coloca, abre la tienda, atiende a los clientes. Mi padre pesa 120 kilos. Es un gigante, no le tiene miedo a nada. Y después de comer da una cabezada en el sofá.
¿Qué responder a eso? El heroico padre de Pedro dormía la siesta.
Un día que fuimos a tomar una cerveza al terminar la clase le pregunté:
—Pedro, ¿tú me entiendes?
—No —dijo.
—¿Y te gusto como profesor?
—No —respondió sin vacilar.
—¿Por qué vienes entonces a mis clases?
—Porque sabes algo sobre la construcción de los diálogos que yo no sé.
Al día siguiente, leí en clase el comienzo de un cuento de Raymond Chandler que dice así: “Era uno de esos hermosos días de finales de abril, si a uno le importan esas cosas”. Pregunté a Pedro si le parecía genial.
—Creo que sí —dijo—, creo que es muy bueno.
—¿Por qué? —pregunté yo.
—Porque da, en muy poco espacio, mucha información sobre el que habla. Nos dice que es un tipo cansado.
—¿Y crees que las personas se expresan de ese modo?
Dudó. Me dirigí a la clase y pregunté si la gente, en la vida real, habla como los personajes en las novelas y en el cine. Los alumnos se miraron unos a otros. No era un grupo muy participativo. Saqué de mi cartera un papel donde llevaba impreso el famoso diálogo entre los dos protagonistas de Johnny Guitar:
Él: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Ella: A tantos como mujeres tú recuerdas.
Él: No te vayas.
Ella: No me he movido.
Él: Dime algo agradable.
Ella: Claro, qué quieres que te diga.
Él: Miénteme, dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Ella: Te he esperado todos estos años.
Él: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Ella: Habría muerto si no hubieses vuelto.
Él: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Ella: Aún te quiero como tú me quieres.
Él: Gracias, muchas gracias.
Me volví de nuevo a la clase. Volví a preguntar si la gente hablaba así en la vida.
Tuvieron que aceptar que no. Les dije que el día anterior, preparando la clase, había tropezado en Internet con una curiosa demanda. Alguien solicitaba una especie de catálogo de frases típicas de telenovela. La respuesta con más puntos citaba las siguientes:
—No soy más que una simple criada.
—¿Por qué tuve que nacer ciega?
—Hay que impedirlo a toda costa.
—Estoy esperando un hijo tuyo.
Los alumnos rieron al reconocer el lenguaje del melodrama, muy parecido al lenguaje de la vida. La vida les hacía gracia.
Pedro, en cambio, se había quedado pensativo. Me pidió que desmontara la frase con la que había comenzado todo: “Era uno de esos hermosos días de finales de abril, si a uno le importan esas cosas”. Se trataba de un ejercicio, el de desmontar frases, que hacíamos a veces, y que les gustaba.
Les solicité que pensaran en avenidas y en callejones. Dije que a veces uno camina por la avenida principal de una ciudad cuando le sale al paso un callejón más atractivo, en el que se introduce con la intuición de que romperá así la monotonía grandiosa, aunque previsible, de la avenida.
—Lo curioso —añadí— es que todo el mundo sabe lo que es un callejón, pero no todo el mundo sabe lo que es una oración subordinada.
La que nos habíamos propuesto desmontar era una oración compuesta por una principal (era uno de esos hermosos días de finales de abril) y una subordinada (si a uno le importan esas cosas). La principal, les expliqué, era principal porque podría sobrevivir sin la subordinada, y la subordinada era subordinada porque carecía de sentido por sí sola.
Ahora bien, añadí, la principal, pese a su capacidad de supervivencia, parecía idiota. “Era uno de esos hermosos días de finales de abril” se le ocurre a cualquiera. De hecho la inteligencia de la frase residía en la subordinada (“si a uno le importan esas cosas”). Observad, les pedí, la capacidad irónica de ese callejón gramatical. Repetimos: si a uno le importan esas cosas. De súbito, y gracias a su subordinada, la frase principal, que por sí misma no valía un céntimo, adquiere una fuerza asombrosa.
Bueno, estaba intentando explicarles (y explicar a Pedro en particular) lo que diferencia a la escritura creativa de la prosa común, del habla. Una frase pretenciosa, manoseada, mala (era uno de esos hermosos días de finales de abril) se convierte en buena si haces salir de ella, a modo de apéndice, un callejón inesperado (si a uno le importan esas cosas).
El lenguaje literario era en cierto modo un intruso que intentaba pasar inadvertido entre el lenguaje común. Parte de su interés, si no todo, residía en esa capacidad no ya de ser tolerado por el sistema siendo tan diferente a él, sino de confundirse con él hasta el punto de que mucha gente, como Pedro, suponía que aprender a escribir diálogos consistía en aprender a escribir como se habla. Confundía la literatura con la vida. Quería llevar su vida (su habla) a la escritura, quizá quería convertir su vida en una película.
¿Qué distingue a las frases magnéticas de las comunes? Que en su interior sucede un drama de carácter semántico. “La heroica ciudad dormía la siesta”. “Era uno de esos hermosos días de finales de abril si a uno le importan esas cosas”. Por cierto, que Pedro, mi alumno del taller de escritura, era un tipo magnético, aunque de un magnetismo turbio, oscuro, un magnetismo con lagunas de opacidad.
En una ocasión leí en el taller un verso de Anne Sexton que dice así: “Cuando fuiste mía llevabas un audífono”. Se rieron todos, menos Pedro.
—¿Por qué os reís? —pregunté.
Las explicaciones fueron al principio confusas, pero poco a poco fuimos aproximándonos a la cuestión. “Cuando fuiste mía”, la oración subordinada, en este caso, carecía de interés. La sorpresa salta al leer la principal, “llevabas un audífono”. ¡Dios mío!, a quién, si no a un genio, se le ocurriría completarla de este modo. Llevabas un audífono. Cuando fuiste mía llevabas un audífono. Si ustedes escriben en Google el sintagma “cuando fuiste mía”, les salen 3.480.000 resultados. Es el primer verso de miles canciones. Pero ninguno, de entre esos millones de “cuando fuiste mía”, se completa con un “llevabas un audífono”. En este caso, la frase principal es la intrusa. ¿Qué rayos hace ahí el “llevabas un audífono”? Se enfrenta al tópico, lo destroza, lo vuelve a su favor. Engaña a la lengua, al monstruo, le hace creer que va a escribir un poema romántico, un poema idiota, un texto de todo a cien, y al dar la vuelta a la frase le da esquinazo, le cuela el “llevabas un audífono”. En resumen, “llevabas un audífono” hace antiliteratura, que es la única forma posible de hacer literatura.
Un día leí en el periódico la reseña de una novela a la que el crítico calificaba de “rara”. Imaginé el caso contrario, una crítica sobre una novela cualquiera de la que se dijera que era normal. Tienen ante ustedes una novela normal. ¿Hay novelas normales? Quizá sí. Y quizá sean las que definan el gusto dominante. Las novelas normales poseen una facultad que no tiene precio: que se entienden. Se entienden, digámoslo todo, al modo en que Pedro había entendido el ejercicio de la alumna al que aludíamos al principio de estas líneas. Y no solo se entienden, sino que te entienden. Saben que estás agotado, que tienes en la cabeza mil cosas que resolver. Hay que llamar al servicio técnico del gas para que vengan a hacer la revisión anual, has de llevar el coche a la ITV y el gato al veterinario. La vida diaria está repleta de pequeñas ansiedades que dificultan la concentración. Si aún te queda un hueco para leer una novela, le pides entenderla y que te entienda, es decir, que te dé la razón. ¿Quién quiere una novela que no le dé la razón? ¿Quién quiere un poema de amor que diga que cuando fuiste mía llevabas un audífono? Cuando fuiste mía, no sé, la tormenta arreciaba, o se escuchó el canto de una alondra.
Pasaron los años y un día tropecé con Pedro en la calle. Iba vestido como un ejecutivo de éxito. Intercambiamos las frases habituales, tópicas, las frases que nos ordenaba decir la lengua y que jamás se dirían los personajes de una novela. ¡Cuánto tiempo!, ¿cómo te va?, ¿vives en Madrid?, etcétera. Una vez agotado el repertorio, le pregunté si le apetecía tomar un café.
—Claro —dijo él.
Nos metimos en un bar y continuamos intercambiando banalidades. Casi a punto de despedirnos, Pedro me apuntó con el dedo y me dijo con una sonrisa rara, una sonrisa que podía ser la imitación de una sonrisa:
—De modo que la heroica ciudad dormía la siesta.
—Sí —dije yo—, y cuando fuiste mía llevabas un audífono.
—Verás —dijo él—, entendí perfectamente, a la primera, la heroica ciudad dormía la siesta. La entendí tanto que me asustó y por eso intenté devaluarla. Mi padre no tenía una carnicería ni se levantaba a las tres de la madrugada para ir al mercado central ni pesaba 120 kilos. Mi padre no era un héroe. Mi padre tenía cinco joyerías, cinco; ahora tenemos diez porque me he incorporado yo al negocio. Y me gusta. Entonces, no. Estaba en la época de la rebeldía. No quería parecerme a mi padre. Ignoraba que escribir como se habla era un modo de parecerme a él por otra vía. Tú, sin darte cuenta, me hiciste ver que en el fondo quería ser como él. Un día dijiste en clase que se escribe desde el conflicto, que si no hay conflicto se puede escribir el código penal pero no Crimen y castigo. Yo creía que quería escribir Crimen y castigo, pero no era cierto. Me interesa más el código penal, lo entiendo mejor que Crimen y castigo. Gracias de todo corazón por abrirme los ojos.
Me quedé perplejo. Pedro no había acu¬dido al taller para aprender a escribir, sino para aprender a escribirse. Cada vez que abría una joyería, añadía un capítulo a su existencia. Un capítulo de un libro que entendía a la perfección, un capítulo de una novela “normal”, perfectamente inteligible. Y de esto era de lo que pretendíamos hablar desde el principio de estas líneas, de las fronteras entre lo inteligible y lo ininteligible; de los problemas de lo que entendemos y las virtudes de lo que no entendemos; de la diferencia entre hablar y ser hablado o escribir y ser escrito.
Juan Benet decía que con los libros nos pasa a los seres humanos lo mismo que les pasa a los hombres con las mujeres y a las mujeres con los hombres. Desde el punto de vista del hombre, hay mujeres que nos gustan, pero que no nos interesan, y mujeres que nos interesan, pero que no nos gustan. Nos casamos cuando coinciden el interés y el gusto. Quizá sea así. En todo caso, es verdad que hay libros que nos gustan y libros que nos interesan. No podemos entregarnos solo a los que nos gustan por el mero hecho de que los entendamos. Son los que nos dan la razón, cuando lo que hay que buscar en los libros, y en los cónyuges, es que nos la quiten.

De JUAN JOSÉ MILLÁS
Elpais - 9 de JUNIO de 2018
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martes, 5 de junio de 2018

POR EL PUENTE DEL RETÉN


Foto: el Puente del Retén sobre el Manzanares, en La Pedriza
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UNA MÚSICA SIN ACORDES

Una música sin acordes,
sin compás
ni letra que entorpezca
(Pasión)

Una música hecha de
cadencia y sudor,
de dolor y urgencia.
(Orgasmo)

La música terrible
de la soledad
hecha fuego.
(Silencio)

de Dudu Fernández
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RETRATARME PARA DARTE LA FOTO

No es suficiente, poderte mirar hondo,
ni basta con los dedos señalarte la risa.

No es nada olerte el pelo,
ver tu danza,
escucharte la voz
ponerla en cinta.

No es suficiente no, soñar contigo
rezar para que vivas,
retratarme para darte la foto,
escribirte en la noche
con obsesión pensar en tus maneras…

¡No es suficiente no, darte la vida,
ni decir a la gente que te quiero,
ni entregar al mendigo mis ahorros,
ni quemar el pasado es suficiente!

de Gloria Fuertes
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XXI

El tiempo, que se calcula,
cuando desea se planta.
El tiempo, que va volando,
en eterno se convierte.

de apuntes 2001
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POR EL PUENTE DEL RETÉN
(Canto Cochino-Ventisquero de la Marquesa-Navacerrada)

Hoy, un grupo de montaña de la Ciudad de Getafe,
apenas romper el día, hacia el Ventisquero sale.

Un mayo primaveral acompaña desbordante
la expedición sosegada. El rumor de los caudales
del arroyo; La Pedriza, se muestran exuberantes
a su gran esfuerzo, ajenos por senderos inmutables,
bajo los bosques de pinos; cañadas y roquedales;
sobre piedras y raíces; entre brozas y jarales.

Y con risas y silencios, van retratando el instante.

Por el Puente del Retén, un idílico paisaje,
pasan y posan, ufanos, curtidos, los caminantes.
Es la senda sinuosa de aguas bravas y follaje;
y es el ascenso moroso hasta las nieves tenaces
que lentamente destilan el nacer del Manzanares.

Rezagado de la fila, buscando sin par encuadre,
(le llamaremos Andolfo), sube a húmedos pedregales
con el esmarfon en ristre y el equilibrio inestable.

Quería inmortalizar el paso de los andantes.

No le da tiempo a pulsar el icono espejeante:
en reacción previsible, ese musgo deslizante
lo lanza por la pendiente un par de metros delante,
desde el tablero del puente hasta la balsa del cauce.

No son más de cuatro palmos del fondo sobre cantales,
pero resulta nefasto para sus piernas pujantes;
además del remojón, el arroyo le resarce
con doloroso chasquido de la tibia en ese trance.

Retroceso de la hilera, que se alejaba distante.
Disposiciones diversas de ayuda para el rescate.
Evaluación del herido. Decisión de cabotaje:
- casi todos seguirán; tres se quedan expectantes
acompañando al dañado mientras llegan auxiliares,
a los que con el esmarfon se les avisa al instante…

Y la cruda realidad: no hay señal para llamarles
en ninguna compañía de móviles en el Parque.
Y ni al 1-1-2, comodín invariable,
le llega la invocación; habrá que replantearse
para reclamar socorro regresar hasta la base
en busca de algún remedio que comunique con alguien…

Alguien que, raudo, responde con firmeza y con empaque;
con la eficiente mesura de buenos profesionales:
El equipo de Bomberos de Madrid. Llega del aire;
lo calman y lo aderezan para su breve viaje,
y con sus alas lo llevan por los cielos nacionales
desde el Puente del Retén a uno de los Hospitales.

¡Un hurra por los Bomberos!, hermanos, héroes, ángeles.

La Pedriza
Sábado, 26 de mayo de 2018
(pdrob)
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martes, 29 de mayo de 2018

NO SÉ DE DÓNDE NACE ESTA NEGRURA


Foto de pb: Tejedo de Tosante
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#109

UN SILBATO

Con el hueso de un albaricoque puedes hacer un silbato,
los hacíamos de niños en verano,
cuando el sol besaba el horizonte
y el sudor nos dejaba en la piel sabor a sal y a batallas.

Entonces, el sol era la piel de un tambor de guerra
que tocaba a retirada,
estirábamos los días persiguiéndolo por las paredes.

Pero la noche implacable,
nos mordía los talones con sus sobras,
como una mancha de tinta que se extiende,
tan negra como el agujero de aquel silbato bajo la almohada.


de Carmen Hernández Montalbán
(palabras prestadas)

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NO SÉ DE DÓNDE NACE ESTA NEGRURA

No sé de dónde nace esta negrura
que vacía de sangre los pulmones
y empuja irremediablemente
a la ceguera y al silencio.

No sé de dónde viene esta corriente
helada en la que flotan
todos los cisnes muertos y los versos.

Por qué florece en mi garganta
un eco de canciones de otro tiempo
envueltas en el vaho de la nostalgia.
El agua ya pasada es la que mueve
las aspas de este corazón
al borde del hastío.

Busco y me asomo a los abismos
donde se pierde la esperanza,
y bebo todo el aire en la caída.
En esa bocanada
engullo las mentiras, las traiciones,
todas las que he sufrido y contaminan
los manantiales que me surcan.

Una música turbia
envuelve las palabras,
renacen los hechizos,
sahumerios encantados por la fiebre
del pensamiento líquido
que hierve en los matraces.

El pensamiento bulle, brota
la demencia. Soy incapaz
de traducir el laberinto
absurdo en que me muevo.
Mis pasos no me llevan
a espacios conocidos,
me alejan de mí mismo, me extravían.
Sé que voy a tardar en encontrarme.

No soy nadie esta noche,
sólo un hombre perdido,
amenazando simetrías,
razones y equilibrios.

No soy nadie, quizá por eso escriba,
por ver si algo de mí
estuviera escondido en las palabras
y pudiera ayudarme a amanecer
y cruzar la frontera del dolor.

de José Viyuela
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XX

Encerrado en mi mundo deploro
el tiempo perdido,
en la negra butaca sentado
fumando un pitillo.

En mi negra butaca sentado
evoco las flores
despojadas con mano culpable
de sus tornasoles.

Entretengo la tarde, la noche,
las horas del alba
en mirar esas cosas que asoman
ante mi ventana.

Una nube rolando del este
anuncia chubasco.
En el aire dos pájaros negros
formulan presagios.

Bajo el árbol percibo murmullos.
Ladridos al viento.
Una niña menuda pasea
a un perro sin dueño...

A la sombra de mis ventanales,
cristales tintados,
voy restando, minuto a minuto,
los pasos que bajo.

Al final, cuando acabe las hojas
y borre mi huella,
ya sabré que perdí la batalla…
perdiéndola a ella.

de apuntes, 2001
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VOCES SUMERGIDAS EN EL ECLIPSE DE LOS NÚMEROS


Las cosas podían haber sucedido de otra manera, y sin embargo, sucedieron así. Aquella tarde me di cuenta de que el horror que estaba llegando a estas regiones, que ya llegó a países hermanos y vecinos, estaba por llegar también a este país, a este pueblo mío. A estos espacios de mi vida donde respiré por primera vez una bocanada de aire, aquí donde algo así como un aliento de óxido y tierra, alado viento de fresco mineral, vagó por primera vez entre las entrañas de este cuerpo, aquí donde comencé a ser. No puedo creerme lo que les voy a relatar porque, en realidad, no quiero creérmelo. Ojalá renunciando a ello pudiera ser que no se diera y ojalá no llegara a ocurrir, pero me temo que así fue. Esto será inevitablemente un relato de guerras y huidas, de negociaciones y trampas, de sangre ósea y entrañas con niños en fondos marinos.
Un mal día de verano mi amigo Said me informó de que unos comerciantes del agua, esos empresarios de la sed, habían encontrado el veneno negro del tiempo aquí en Ilamane, en mi pueblo. Dieron con esa sangre oscura del pasado sobre la tierra, aceite de hueso ígneo que explota en los motores de mil caballos… encontraron petróleo. Me dijo que habían dado con petróleo a las afueras, en esa zona de descampados, tierra que nadie codiciaba antes y que a nadie preocupó nunca. Una ingente cantidad de petróleo escondida bajo esta tierra de jardines y patios, de jacarandas y olivos. Me comentó que en las noticias se estaba hablando de negociaciones y pactos externos, de ventas y conflictos, de petrodólares y armas de defensa. Frente a ello le dije, ¡petróleo, aquí, en este pueblo que nadie sitúa siquiera en un mapa! Aquí, en Al-Jaza´ir, Argelia… No me lo quise creer y él no quiso ni contestarme. Hace ya diez años, en el sesenta y cinco, ascendió al gobierno Boumedienne desde el Frente de Liberación Nacional, tras los golpes de Estado que revocaron a Ben Bella cambiándose así la dirección del poder, y desde entonces algunas cosas habían cambiado por aquí. En los cafés y restaurantes la gente hablaba de literatura y cine, poetas emborrachaban a los espectadores ocasionales con vino y versos, poco a poco, como un engranaje discorde y mínimo, viejo y somnoliento, este país cambia. Pero ahora llegan estos vientos del Oeste, cargados de malolientes noticias y de ajenos seres en uniforme de corbata y lustrosos zapatos de piel.
Y ahora que han encontrado la sustancia viscosa, ese símbolo maldito del dólar se arraigará también aquí como un virus sobre las manos de nuestra gente y armas nuevas destruirán huesos y casas, escuelas y ánimos. Como sello cortante, el pacto ciego se advendrá como un mal juego donde las reglas no se conversan y las cartas las baraja el jefe de la mesa. Cuando los otros se enteren, cuando oigan que aquí hay lo que codician, vendrán a tomarlo como viejos buitres gordos sobre un joven halcón. Vendrán y se lo comerán todo, ya que su hambre pesa más que nuestra vida. A ellos nuestra sed no les importa. Pero no somos tontos, conocemos lo que está pasando en Irak, en Irán, en eso que para ellos es "Oriente Medio", sabemos del influjo del coche americano sobre la madre que sostiene al niño ametrallado, los comerciantes comerciarán y serán sometidos por su comercio. Son Estados Unidos o Europa, las recientes OPEP, es el dólar para pagar esa masa negra de guerra y sangre, son futuros esclavizados de personas que aún siquiera nacen. Eso está llegando aquí ya.

Pablo Agea. "Petróleo"
(pintura de vidriera)

Por la calle hacia el oeste busco refugio del sol moribundo de esta tarde de verano en la posada de mi amiga Aaminah y su esposo Armand. El ardiente té negro y el dulce dátil me transportan a la terraza. En la calle la gente camina, del trabajo van goteando hacia los hogares. Pienso en estas gentes, en cómo respirarán entre humos y rejas, entre espinas y ladrillos, en que estarán ocupados en sacar y meter barriles, en defenderse del vacío y de la bala, en alistarse en la ceguera y el dolor. Pero mientras, la música de laúd de Fatin Jalil le hace merecer su nombre rompe mis reflexiones meciéndome lento entre el horizonte y el atardecer. Con sus cuerdas afiladas en llanto estridente, en tensión leve que respeta un silencio de ojos cerrados, dejo caer sobre la almohada mi cabeza por un rato, disfrutando el presente amargamente efímero de este momento. Momento blanco de cal en la maceta y naranjas de luz entre las hojas de menta, de fresco vivir en este espacio que amo y que me permite, humilde, seguir aquí.
Sin más aviso caigo en sueño, estoy dentro, observando el acontecer de imágenes y símbolos. Veo amapolas danzando al viento de la mañana, veo campesinos, sus ojos duros y sus sonrisas abiertas, como granadas en primavera. Las suelas desgastadas de sus zapatos me hablan del tiempo, de su paso sobre las cosas y de cómo así, golpe a golpe, vamos muriendo. Como soplidos en las flores de jazmín, como silbidos de agua sobre la paciente piedra blanda que solo abre su ser a quien la acaricia con esmero. ¿Y qué llevará dentro, cuál es el secreto vacío de este mundo? Jalaluddin escribía del amor de aquel Sol de Tabriz que le limpió los ojos con la saliva de la rosa, hablaba del caminar pausado del átomo de tierra sobre este mundo, su tranquilidad en verso es como viento que peina los cabellos de estas sendas antiguas, caminadas sin cesar por la gente. Una tranquilidad la nuestra que es caprichosa, que es presumida, efímera y pasajera, que no se da a todos aunque todos al fin la busquen. Las lanzas de fuego que sobrevuelan poblaciones rompen el fino silencio de la noche, rompen el alma del bebé durmiente que sólo desea oír el trote coreográfico del corazón que lo alimenta, no la explosión, no el quiebre del suelo y el sueño. Una mosca pliega su vuelo en mi nariz y vuelvo al ruido de cristales en la posada. La tarde, ya hecha noche, avisa con su frío de que llegó el momento de adentrarse entre sus paredes, ahora tenuemente iluminadas por las lámparas de las mesas y las velas de las esquinas. Aquí esperaré a Mariam. Quiero, necesito, un poco de su voz. Ella ha sido mi amiga desde que teníamos seis años, al salir de clase jugábamos juntas en el jardín de su tío, olíamos las cítricas flores de azahar y recolectábamos hierbas para los tés de la tarde. Sabemos, pues, del suave olor de nuestras pieles, del rizo eterno de nuestros cabellos, existe un amor entre nosotras que es pasión fraterna, amistad de herida mutua más allá de toda sangre, pasión que anhela a la vez la palabra sabia y el sexo candente. De alguna manera siempre fue así entre nosotras, en el secreto de mi cuarto jugábamos a descubrir nuestros cuerpos tiernamente y sin juicios que reprimieran el devenir de las caricias.
A su llegada, yo sólo pienso en esa falda que lleva puesta. De pliegues sueltos, de sensual azul y lunares blancos, de viento curioso y presagio íntimo, de dulce frescor del verano hecho noche, reducido en su tela fina. Le comento lo de Said, los de los buitres, lo de la oscura sombra líquida y lo de la sed. Ella ya lo sabía, su hermano se lo había desvelado en la mañana. No aguanto más esto Mariam, hemos de irnos ya de esta tierra conquistada, maldecida por esos ciegos en traje que planean sobre nuestros futuros erguidos en alguna torre de cristal y mármol, hemos de irnos, le digo. ¿Pero qué espacio nos refugiará en esta maraña de hambre, polvo y guerras? ¿Qué ruta nos permitirá salvarnos de este horror del devenir? Ella, con su semblante de quietas cejas, con su tez clara como la mañana, me responde que está de acuerdo, que conoce cómo llegar a las caravanas que suben al norte, que podría ser en la siguiente semana y que nos dejarían en la frontera, en el mar, donde la cercada y amurallada Europa se avecina. Así, podríamos intentar llegar a algún país, a algún lugar que nos dé refugio, que nos permita una anhelada paz que luchamos por legitimar. Una paz en este mundo de estrategia y control que parece que no hay derecho que la funde y garantice para nosotras, que no habría sino sudor y muerte que la trajera a rastras, arrancando las posibilidades de lo imposible con las uñas desgastadas de las y los de siempre. Entonces, así haremos Mariam, le digo, la semana que viene nos esperamos en la esquina noreste de la Estación Central, que queda a dos calles del lugar de reunión de los que viajarán como nosotras, infiltrándose por los caminos desconocidos como el agua que se irriga por la tierra seca. Llevaremos poco equipaje; algunos libros, ropas, algo de dinero, comida, aseo. Lo mínimo, le digo.
Y la semana pasó lenta pero afortunadamente pasó, como todo, sin descanso. Vi varias veces a Mariam durante el trance pero no hablamos de nada del viaje hasta el día anterior en el que lo confirmamos en la tienda de frutas de su tía. Al día siguiente, la encontré a la hora y lugar citados y así fue como nos decidimos a partir, cruzando las calles veloces pero sin que la presura desvelara escapada alguna. Montamos en la caravana que nos llevaría al norte, llegando en tres días aproximadamente al olor salado y húmedo, a las rocas quebradas en arena por el agua, que destroza paciente su forma pulverizando en mineral su cuerpo. El viaje fue largo, tremendamente cansado, entre los sudorosos olores y el traqueteo continuado el destino se hizo presencia y ya en el norte respiramos aliviadas. El conductor de la caravana fue nuestra fortuna, era el primo de un amigo de nuestra infancia, que también estudió en nuestro mismo colegio y rápido nos reconoció. Él nos precavió de los posibles problemas durante esta interminable deriva de ruedas y polvo, éxodo de hambre y llanto, en la que hay seres desconocidos que se vuelven temibles personajes y otros héroes de la mejor mitología. A cambio de su ayuda nosotras le apoyamos con los mapas y trazados, tratando de orientarlo siempre que lo necesitaba. Creo que sin esta solidaridad, mutua comunidad del problema, las ruedas no hubieran tocado el norte. Nos indicó ya una vez allá que la mejor manera de cruzar a Europa era en la noche, desde los arrabales, donde puertos improvisados sirven de palanca a los botes de los que huyen del dolor y el conflicto que visita como plaga inagotable a nuestros pueblos.

Ángel Zabala. "Patera"
(46x38, acrílico sobre lienzo)

Y así fue como en la noche nos topamos con uno de esos botes, frágil, como el cristal frente a las llamas, andaba cargado ya con ocho personas, pareciendo imposible que eso avanzara entre las aguas ahora afortunadamente calmas. Ahí, ya arriba, había personas mucho más debilitadas y vulneradas que nosotras, gentes de todo tipo. Madres jovencísimas con hijos escapando de sus familias, niños con miedo y cuchillos escondidos, ancianos desesperados y agotados, esta gente compartiría desde ahora nuestro destino. Y si el viaje en caravana ya fue realmente una mierda, este que estaba por venir sería la desesperación. Olores, hambre, vómitos, frío, humedad, miedo, ruidos, peleas y gritos… esos fueron nuestros ambientes. El único salvavidas que existía consistía en permanecer dentro de lo que fuera esa cosa de plástico endurecido que nos hacía flotar. Mariam y yo andábamos muy cansadas, hacía día y medio que no comíamos, desde antes de subir al bote, esto hizo que los ánimos se sumergieran aún más, ya por debajo del bote que nos llevaba a ninguna parte. En la quinta noche de travesía topamos con algo sólido, el estrépito nos despertó a todos cuando al fin habíamos podido sumirnos en el sueño un rato, entre el agotamiento y el dolor. Ya esa noche se nos hacía muy dura, sobre todo por la insoportable evidencia que se sostenía en la fulminante muerte de un niño y su madre en la tercera noche sin agua. Ese algo sólido no era para nada una playa de arena fina y suave, se trataba de otro bote como el nuestro, éste de algo así como un metal blando, como hojalata. El antiguo bote yacía boca arriba, destrozado en pedazos, abierto y fracturado, cortante como filo de navaja. La colisión con nuestro bote no le hizo mucho, fue el nuestro el peor parado.
Un boquete nuevo se abría en la superficie plástica de nuestra "embarcación", que ahora expiraba el aire que la sostenía a flote en un mar oscuro que no nos decía nada, pero que susurraba muerte y fatalidad. El llanto del niño de cuchillo escondido fue el aviso del réquiem de estos muertos, luego en contrapunto con los gemidos de los demás. Mariam me abrazaba y yo no podía evitar que de mis ojos emanaran las lágrimas del final, esas lágrimas que me recordaban como el más triste castigo a las fuentes de mi pueblo, a esos patios y jardines con sabor a calma, ya lejanos, ya nunca más de mis ojos. Y es que la gente como nosotras, la gente de nuestros pueblos, no tiene finales felices, es la tragedia cotidiana lo que se plasma en el mirar de nuestros ojos, en el grito sediento de nuestros amigos. Miré a Mariam y ella me miró, quería que los últimos segundos fueran nuestros y así fueron. Mientras el agua hundía el bote que sucumbía ya por el lateral anexo besé la mejilla de mi amiga, pero no le dije adiós, su mano y la mía fluirían juntas entre los fondos oscuros del Mediterráneo como hace años fluían en los senderos, entre bosques de palmeras, en aquellas noches oscuras de poesía, de amorosa charla y pacíficos besos a los que nosotras no tuvimos más derecho. Los últimos segundos vividos me regalaron el recuerdo de unos versos de Khayyam que Mariam solía recitarme… Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden. Aurora. Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan. Noche.

Adrián Espada
2016
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Nota: Existe una recopilación de los poemas premiados en "Palabras Prestadas", en pdf, (2011-2017, 140 páginas, A5) a disposición de quien desee tenerlos. Sólo tienes que pedírmelo.

martes, 22 de mayo de 2018

DE LA PUERTA DEL SOL


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#6

bendita incoherencia la ilusión
que teme a saciedad
ama a lujuria

y cabalga desnuda
sin atender ni al ruido ni a la furia

de Luis Araújo
(palabras prestadas)
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DE LA PUERTA DEL SOL

De la Puerta del Sol (3 veces)
-mamita mía-
nadie se marcha, nadie se marcha.
Las gentes indignadas (3 veces)
-mamita mía-
¡qué bien te guardan, qué bien te guardan!

Los bancos y las cajas (3 veces)
-mamita mía-
nos han robado, nos han robado.
Y ahora nuestros derechos (3 veces)
-mamita mía-
quieren quitarnos, quieren quitarnos.

Madrid, ¡qué bien resistes {3 veces)
-mamita mía-
tanto saqueo, tanto saqueo!
Con recortes aguantas {3 veces)
-ciudadanía-
Y el agua al cuello, y el agua al cuello.

De la Puerta del Sol (3 veces)
-mamita mía-
nadie se marcha, nadie se marcha.
Las gentes indignadas (3 veces)
-mamita mía-
¡qué bien te guardan, qué bien te guardan!

de Josef Antoni
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ELOGIO DEL CINE POPULAR

el cine Salaberri
el Florida el Kursal el Canadá
costaban cinco duros los festivos
en platea / y echaban dos películas

una era de reestreno los domingos
y duraba en cartel de siete a quince días
a veces hasta un mes

y otra era de Tarzán en blanco y negro
o de los Marx incluso Búster Keaton
Cari Grant Jerri Lewis Fred Astaire

los chicos muchas tardes
nos íbamos andando
hasta Urgel desde Aluche

Manolo se marcaba
con las manos tachunda chunda chunda
un solo en el capó
de un coche / el Gordo hacía
muy bien de Pato Dónald /
y Sabino le daba
patadas a los botes
con puntería / yo
con cierta gracia he de reconocerlo
contaba algunos chistes

aquellos años vimos mucho cine en color
las superproducciones de la Tuenticenturi
de la Eme Ge Eme Columbia United Artist
y salían Paul Newman Clint Eastwood Bud Spencer
Steve Macqueen John Wayne y Robert Redford

y muchos tíos más / éramos tíos
y nos gustaban mucho aquellos tíos

en invierno en verano a las cinco en el cine
echasen lo que echasen
regaliz rojo arroz inflado pipas
berenjenas de Almagro
familias al completo comiendo bocadillos
niño acércate al bar y trae dos Cocacolas
no me gusta la peli
pues duérmete joder y no molestes

cosas que hoy día suenan
a peli de Berlanga a cuentos viejos
de un lugar tan pasado que jamás
fue de nosotros /
del que huimos soñando en un futuro
mejor / aquellas salas
de cine / la memoria
descolocada hambrienta /
esas tardes de nada que aparecen
entre las sombras /
que a traición nos desvelan un paisaje
pasado en blanco y negro
en edición de lujo
y sin doblar

de Jesús Urceloy
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XIX

Tengo una gran alegría.
Siento calor en mi pecho.
Una emoción encendida
de amor, de pasión, de fuego.
Nunca contaros podría
con palabras lo que siento.

Una buena nueva me lleva a mi casa:
ya nació mi niño de promesas lleno.
Ya nació mi niño. Su madre lo guarda:
Duerme, niño; cierra tus ojitos negros,
que mama te mece, te mima, te canta,
mientras tu hermanita te mira con celos:
Descansa, mi niño, descansa
en tu cuna de plata y de cielo.

de apuntes, 2001
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ESTIMADO/A LECTOR/A:

Me voy a permitir el tuteo.
Si me has escrito un mensaje para proponerme la lectura de tu libro, entiendo que me conoces gracias a mi blog de reseñas, “Desde la ciudad sin cines”, o has leído mis reflexiones literarias en alguna de las revistas con las que colaboro.

Trato de leer mucho y esto lo hago para ser un buen escritor. Siempre he procurado seguir aquellos tres consejos que daba William Faulkner para los jóvenes escritores: “Leer, leer y leer”. Así que leo mucho, y reflexiono sobre lo leído a través de mis reseñas, para conseguir escribir mejor. También disfruto mucho leyendo, una actividad que considero intrínseca a la condición de escritor. Por supuesto, para disfrutar de la lectura, en mi escaso tiempo libre, es muy importante para mí poder seleccionar yo mis propias lecturas.
Me gustaría comentarte, querido lector/a, que cuando me aceptaron mi primer libro para ser publicado, sobre 2008 (mi novela “Acantilados de Howth” apareció en 2010), pensé que, al ir a salir en una editorial pequeña y con poca difusión, sería una buena idea, para conseguir lectores, darme a conocer con un blog personal, y por esto decidí empezar con “Desde la ciudad sin cines” en 2009. Pensé que si alguien leía las reflexiones que yo hacía sobre mis lecturas y le parecían bien escritas y pertinentes, este lector (o lectora) podría sentirse interesado por mis libros cuando fuesen publicados. De este modo, aunque publicase en editoriales pequeñas podría hacerme con un público. Tal vez no he conseguido publicar en editoriales más grandes porque, precisamente, he dedicado mucho tiempo a ser un escritor; es decir, a leer de forma reflexiva y a meditar sobre lo escrito por otros y por mí, en vez de a establecer relaciones y vínculos más fructíferos.

Es decir, yo no sé quién eres tú, no sé si escribes bien o no. Eres tú quien me ha leído a mí, y por tanto, en la pequeña relación que hemos establecido, el escritor soy yo y tú eres el lector (o la lectora). En tu mensaje no veo que me hables de mis libros publicados (ahora mismo son seis: tres novelas, dos poemarios y un libro de relatos), no sé si los has buscado, los has leído o qué opinas de ellos.

Escribir mis reseñas me lleva mucho tiempo y trabajo, un tiempo y trabajo empleados para ser mejor escritor y conseguir lectores para mis libros publicados. Mi blog de reseñas o mis participaciones en revistas son mi esforzado y humilde escaparate de escritor. No escribo reseñas para leerte a ti, sino para que tú me leas a mí (recuerda que en esta relación que hemos establecido el escritor soy yo y el lector eres tú). Tú no entras en un restaurante para no consumir nada y vender tu comida casera al dueño, ¿verdad? Piénsalo, esto es exactamente lo que estás haciendo ahora.
Si mi gran esfuerzo para seducirte como escritor en busca de lectores no ha funcionado contigo, ¿por qué piensas que ha de funcionar tu no-esfuerzo conmigo?

Busca mis libros (te recomiendo empezar por los últimos: la novela “Los insignes” y el libro de cuentos “Koundara”), léelos y, por favor, escribe reflexiones críticas sobre ellos. ¿Que no tienes un blog de reseñas o no las escribes habitualmente? Haz un esfuerzo. Yo me esfuerzo mucho para conseguir a mis escasos lectores. Puedes escribir la reseña de mi libro (o libros) y luego buscar una web en la que publicarla (no creas que esto es muy difícil). Entonces, por supuesto, no dudes en enviarme un enlace a ese comentario crítico. Te lo agradeceré. Si tu texto me parece pertinente y contiene reflexiones inteligentes, es posible que considere que escribes bien y que entonces yo sienta interés por tus libros publicados y los busque.

Espero, querido lector/a, que mis palabras te hayan hecho reflexionar.
Atentamente, tu escritor

David Pérez
(de David Pérez Vega)
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martes, 15 de mayo de 2018

15 años


Libro 6 de Palabras prestadas

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15 años

Las nubes grises
eran la antelación del deseo.
Salíamos a la calle,
anticipando la humedad,
en espera de la primera gota.
Ya en el aguacero, el primer beso.
Buscábamos entonces la protección
de la uralita cómplice
de la vieja fábrica,
que nos resguardaba
del espionaje de madres y vecinos.
Un resquicio efímero de libertad,
una breve oportunidad
que nos permitía experimentar
el incendio de la carne.

de Dudu Fdez
(Palabras prestadas)
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PARTIDA DE NACIMIENTO

Yo nací atada a un árbol con almendras,
un tronco duro que había que limpiar en el invierno.
Flores blancas perfumaron
el hueco donde a veces me escondía
hundida hasta los ojos.
Del mar solo recuerdo el hambre,
una hilera de sillas mirando el horizonte,
castillos destrozados,
juguetes rotos.
Yo nací con frío en los molares,
sin tiempo de jugar a las muñecas,
con el miedo disuelto en leche de papilla.
Una vez fui sola al cementerio
a regar las flores de mi tumba.

de María García Zambrano
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XVIII

En la mañana tranquila,
en la tibia madrugada,
pienso en ti.
Pienso en ti
en la tarde de paseo,
(el sol; mi mano; tu mano;
la penumbra de las nubes);
y en la noche, peregrino
a la luz de las estrellas,
siempre, siempre pienso en ti.

de Apuntes, 2001
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DECÁLOGO PARA FUTUROS NOVELISTAS

1. No pierdas ni un minuto de tu tiempo en la lectura de decálogos para futuros novelistas. Sólo sirven para demostrar que el aburrimiento y el deseo de admiración son motores incuestionables para la escritura más o menos creativa.
2. El hecho de que hayas llegado, pese a la advertencia del punto 1, al punto 2 significa que no tienes muy en cuenta las advertencias de los escritores que pierden su tiempo elaborando decálogos que saben inútiles. Estás en el buen camino.
3. Un decálogo para futuros novelistas no deja de ser un tópico que difícilmente admite sorpresa o emoción. Si aspiras a tener una carrera exitosa, huye de ellos, que sean otros los que pierdan su tiempo en su elaboración.
4. Si aspiras a tener una carrera exitosa (como novelista, se entiende), significa que alguien te ha engañado o que padeces una desviación importante en tu capacidad de comprensión del mundo que te rodea.
5. Si padeces una desviación importante en tu capacidad de comprensión del mundo que te rodea ya tienes una de las cosas que se precisan para construirte una carrera exitosa como novelista.
6. A diferencia de lo que ocurre con los poetas, la falta de ingresos monetarios derivados de la venta de tus novelas será motivo de mofa de todos los que no entienden que alguien con más de cuarenta años pierda su tiempo inventando historias.
7. Inventar historias, de eso va ser novelista (por si creías que tenía que ver con asuntos más elevados).
8. Si crees que esto de escribir novelas es algo elevado, lo tuyo no es ser novelista. Estás a tiempo de pasarte al mundo de la gastronomía, el auto-conocimiento o la poesía trascendental de inspiración nipona.
9. Si lo escrito en el punto número 8 te ha molestado, es que lo tuyo no es ser novelista. Tampoco poeta, por supuesto.
10. El hecho de que hayas llegado, pese a la advertencia del punto 1, al punto 10 significa… Bueno, no sé qué significa. Tal vez seamos amigos o conocidos o sentiste curiosidad. La curiosidad es otro de esos motores incuestionables para la escritura más o menos creativa

de Javier Cánaves
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martes, 8 de mayo de 2018

PIEL MUERTA



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PIEL MUERTA

Arrancarse los recuerdos como
piel muerta,
rascando con rabia las grietas
de lo inservible.
Lamer pausadamente
los dobleces amargos.
Quedarse en carne viva
frente al espejo.

Estar preparado
para la próxima mentira.

de Dudu Fdez,
PIEL MUERTA

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AMANECE DE NUEVO EL DOLOR EN LA ENTRAÑA

Amanece de nuevo el dolor en la entraña
bajo un cielo compacto con las nubes borrosas.
Cómo duelen las noches sin palabras de amor,
y que el día no traiga la acción de despertar.
Seré fuerte esta vez
como lo he sido otra
y otra más.
Sobrevivo a la noche como un vidrio roto
que se calla su herida.
Me aplico la ruptura sobre tu corazón,
tomo distancia,
y sobrevivo;
no soy yo solamente, es el día que me obliga,
y así no me resisto.

de Carmen Castejón Cabeceira
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XVII

A ti te gusta ponértelas.
A mí me gusta quitártelas…

de apuntes, 2001
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TODO BAJO CONTROL

El sátrapa de Cuelgamuros te preparó el camino: te dejó al frente de su corrupto legado.
Ahora tú apadrinas una Universidad Pública, diseñada con dinero público, pero destinada a cierta clase de privilegiados militantes y miembros de ciertos partidos y bandas organizadas, que cuentan con descuentos de hasta el 50% en el Master de Gobernanza, Marketin y Política y Comunicación Estratégica.
Las últimas reformas educativas han premiado a quien pueda pagar y al que no, “Que se joda”.
Los representantes de la ciudadanía revisan apresuradamente sus currículos.
La rubia (que no la cerveza) está amargada y su bote hace aguas.
“Aviso a todo el aparato”: SOS, SOS. Aprieten y cierren filas”
La general Dolores deja las cosas claras: “Hay que defender lo nuestro y a los nuestros”.
Y él sentado en la silla del águila alarga el brazo, y los suyos (con sus bolsillos llenos de lo nuestro) desfilan ordenados como Dios manda, y reverentemente se arrodillan en el besamanos.

Mañana, 14 de abril
Salud.

de Pedro García García
Club “La sonrisa”
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martes, 1 de mayo de 2018

EL NIÑO QUE PUDO HACERLO



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HUESOS

Yo sabía tus manos de memoria,
y puedo describir tu espalda soleada,
tus ojos que miraban
confundidos hacia tu oscuro adentro.
No conocí tus huesos.
¿Cómo habría podido conocerlos?
Pero es fácil conjeturar cómo eran:
tan blancos y firmes como tu dentadura.
Si hubieran tenido que cantar una canción
habría sido triste, como a veces tu risa.
Cuando tenías risa.
Cuando tenías huesos.
Cuando tenías aliento, todavía,
para poder cantar una canción.

de Piedad Bonet
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CARTA AL VACÍO

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.
Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.

de Ernestina Champourcin
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XVI

El tren, tarde sombría,
a su destino parte
acomodando sueños del revés.

Lo ve pasar de largo;
su corazón partido
siente el agudo silbo del exprés.

Alba del nuevo día.
Una cara serena
(oro en el pelo, perlas en el mar),

verá cómo se alejan
ensueños forasteros
antes de que pudieran navegar.


De apuntes, 2001
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EL NIÑO QUE PUDO HACERLO

Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.

Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas. Golpeó, golpeó y golpeó hasta que consiguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.

A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.

Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.

Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.
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Texto extraído del libro “Cuentos para entender el mundo”, publicado en la página web del AMPA de la Escuela de Atletismo de Fuenlabrada.
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martes, 24 de abril de 2018

TORTUOSO CAMINO


Dibujo de Katova para Lola Illamel ("donde no me esperas")
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BENDITOS LOS IGNOTOS

Benditos los ignotos,
los que no tienen página
en internet, ni perfil
que los retrate en Facebook,
ni artículo que hable
de ellos en Wikipedia.
Los que no tienen blog.
Ni siquiera correo
electrónico, todo
les llega, si les llega,
con un ritmo más lento.
Tienen pocos amigos.
No exponen sus instantes.
No desgastan las cosas
ni el lenguaje. Net
para ellos es malla
que detiene la plata de los peces.
Benditos los que viven
como cuando nacieron
y pasan la mañana oyendo el olmo
que creció junto al río
sin que nadie
lo plantara.
Benditos los ignotos,
los que tienen
todavía
intimidad.

de J. A. González Iglesias
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CANCIÓN PARA ÁNGEL GONZÁLEZ

Camina claro en la noche
el caballero.
Va con los pasos muy breves,
pasos que sueñan despiertos.
La luz de los bares últimos
persigue el buen caballero,
hora ya de clarear.
Albor que vienes de lejos,
agrio azor de claridad,
no mates la noche turbia.
“En vaso corto y con hielo”
-y el oro que se derrama,
licor de la soledad.
Callado cuando otros hablan,
porque respeta el silencio,
canta amargo el caballero,
voz de quebrado cristal.
Canta en tinieblas amigas
el caballero
-carpe diem, qué veloz,
mundo de plata que huye.
La cueva de su guitarra
sirve de estuche a un lamento.
Amanece en la ciudad
y ya se va el caballero,
paso quedo, al mundo oscuro,
a domeñar
el dragón albo del sueño.
Ya se va de la noche el caballero,
pues se queda la noche sin verdad.
Hora ya de clarear.

de Felipe Benítez Reyes (2002)
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XV

Domina los impulsos,
irradia los efectos a su suerte;
controla los anhelos
que muestran desagrado.

Vuela el aire prendido en sentimientos
en pos de mariposas,
mas no llores la huida:
síguela donde el ímpetu indique su perfume.

De apuntes, 2001
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TORTUOSO CAMINO

Transito por sendas y veredas. Arroyos, animales y plantas me observan.
Intento procrastinar, aplazar mi farragoso y confuso estado mental.
Un ruido ex profeso me persigue, un rebaño de 155 ovejas balan al unísono, y en coro me repiten 155 veces ¡¡A por ellos oeoeoe…!!
Acelero la marcha, de reojo veo cómo, en un estricto gesto marcial, se agrupan disciplinadamente en corro. Intercalan cabezas y culos unos contra otros hasta confundir una cosa con otra, llegando a pensar si no serían lo mismo…
Agilizo el paso, siempre anhelé ser autónomo, autosuficiente y libre; independiente no me atrevo a pronunciar en los tiempos que corren de posverdad.
Ahora me persigue un grupo uniformado de jóvenes excursionistas (niños vestidos de gilipoyas mandados por gilipoyas vestidos de niños) con atuendos patrios, que nunca adoctrinados, quede claro.
Acarrados corean el “Vamos a contar mentiras tralará”, que por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas…
Entonces ya sí que me pongo a correr. La pureza del oxígeno dopa mi cerebro y mi pensamiento.
Cuánto daño sufrido, cuánto miedo y resignación nos dejó nuestro sátrapa.
Cuarenta años de franquismo, más cuarenta años de posfranquismo son ochenta años, muchos, demasiados años.
Agotado, me siento en una piedra al borde de mi querida fuente, y cierro los ojos.
Transustancialmente veo a cientos, miles, millones de idiotas en paro, con un trapo en sus ventanas, y al mismo tiempo 29.000 delincuentes fiscales brindando en sus yates. Milagros de la vida.
Entonces, despierto y atento, conscientemente ahora, decido echarme al monte.

de Pedro García García
(Club SONRISAS)
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martes, 17 de abril de 2018

cosas de poca importancia


cosas de poca importancia
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POEMA INACABADO

De Tormentas, tormentos y otros poemas personales
Hermanos,
estamos escribiendo la historia
minúscula.
la que se ejercita todos los días
en la conjunción
de los sueños
que tuvimos.
Con las manos,
las palmas blancas,
ensayamos amores.
corazones rotos.
Sueñas con el héroe que te pintan
pero la historia,
la otra,
la grande,
la cuentan
los otros. Cada quien,
según le va.
Tenemos que juntar
los tiempos,
atar sus junturas con letras de aire,
y soñar.
Soñar con los ojos muy abiertos
para que nunca
nunca
se pierdan.

De Andrés García Madrid
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¡QUÉ LÁSTIMA
¡Qué lastima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!
Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!
De León Felipe
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XIV

Si las dudas oscurecen
los deleites de tu cielo,
cuéntame tu desconsuelo:
avísame si aparecen.
Porque si a ti te ensombrecen,
a mi me causan dolor
tus dudas. Yo soy deudor
de que vuelva la alegría
a ser nuestra compañía.
Sin sospecha. Sin rencor.

de apuntes 2001
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Un paseo

El cielo resplandecía raso y luminoso, la hierba, espigada y amarillenta, perfumaba el aire con un aroma que complacía nuestros sentidos, y nos envolvía en una danza de suaves coloridos. Caminábamos despacio, lentamente, bajo las sombras del parque; me aproximé a un hermoso y viejo árbol y me fusioné con él en un sentido y cálido abrazo. Percibí una apacible y placentera sensación de tranquilidad y sosiego.

De Mª Carmen Díaz
(Club sonrisas)
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