martes, 19 de junio de 2018

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foto de la red
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“Nadie deja su hogar
a no ser que su hogar sea la boca de un tiburón.

Solo corres hacia la frontera
cuando ves toda la ciudad corriendo también,
tus vecinos más rápido que tú.

El chico con el que fuiste al colegio,
que te besó hasta el vértigo detrás de la vieja fábrica,
sostiene una pistola más grande que su cuerpo.

Solo dejas tu hogar
cuando el hogar no deja que te quedes.

Nadie deja su hogar
a no ser que el hogar te persiga,
con fuego bajo los pies,
sangre caliente en tu vientre.

No es algo que pensaste hacer,
y cuando lo hiciste
llevaste el himno bajo tu aliento,
esperando a llegar al lavabo del aeropuerto
para romper tu pasaporte
y tragártelo: con cada bocado de papel
dejando claro que no volverías.

Tienes que entender
que nadie pone a sus hijos en un barco,
a no ser que el agua sea más segura que la tierra.

¿Quién escogería pasar
días y noches en el estómago de un camión,
a no ser que las millas de viaje
signifiquen algo más que el viaje?

Nadie escogería reptar bajo alambradas,
ni ser golpeado hasta que la sombra te deje,
violado, ahogado,
obligado a estar en el fondo del barco
porque eres más oscuro;
ser vendido,
pasar hambre,
disparado en la frontera como un animal enfermo,
ser compadecido,
perder tu nombre,
perder a tu familia,
pasar uno o dos o diez años
en un campo de refugiados,
donde te desnudan y registran.

Encuentras una cárcel allá donde vas
y, si sobrevives, te saludan en el otro lado
con un volved a casa negros, refugiados,
sucios inmigrantes, buscadores de asilo,
vienen a llevarse lo que es nuestro,
negros con sus manos extendidas,
huelen raro, salvajes,
mira lo que hicieron con su país,
¿qué harán con el nuestro?

Las miradas sucias en la calle
son más suaves que un miembro arrancado.

La indignidad de la vida diaria
es más tierna que catorce hombres,
que se parecen a tu padre,
entre tus piernas.

Los insultos son más fáciles de tragar
que las ruinas,
que el cuerpo de tu hijo en pedazos...

Por ahora olvida el orgullo,
tu supervivencia es más importante.

Quiero ir a casa,
pero el hogar es la boca de un tiburón,
el hogar es el cañón de una pistola,

y nadie dejaría su hogar
a no ser que el hogar te persiguiera hasta la costa,
a no ser que el hogar te dijera
que dejaras lo que no puedas dejar atrás,
aunque sea humano.

Nadie deja el hogar
hasta que el hogar es
una voz húmeda en tu oído que te dice:
vete, aléjate corriendo de mí,
no sé en qué me he convertido, pero sé
que cualquier lugar es más seguro que éste”.


de Warsan Shire.
Este poema, de la anglo-somalí Warsan Shire, se ha convertido en uno de los lemas en las reivindicaciones sobre la situación de los refugiados.
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XXIII

La corbata y la camisa.
La chaqueta en el perchero.
Una pluma en el tintero.
El funcionario improvisa
la respuesta o la pesquisa,
en su butaca sentado.
La taquilla, al otro lado,
una larga hilera era
de mucha gente que espera.
Y el funcionario, callado.

¡Cuánto se queja la gente!,
el funcionario pensaba,
al tiempo que reprochaba
con ademán indulgente
a la chusma intransigente
que bullía con la espera.
Y escucha por la tronera
una respuesta callada:
Si no solucionas nada,
¿qué pintas en esa esfera?

de apuntes, 2001
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LOA A LA MENTIRA

“—¿Me perdonaría el ilustre prócer, si le dijese que no he creído el cuento con que nos regaló hace un momento?
—¿Qué cuento?
—El de la conversión. ¿Puede saberse la verdad?
—Donde nadie nos oiga, Fray Ambrosio.
Asintió con un grave gesto. Yo callé compadecido de aquel pobre exclaustrado que prefería la Historia a la Leyenda, y se mostraba curioso de un relato menos interesante, menos ejemplar y menos bello que mi invención. ¡Oh, alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad, son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! ¡Y vosotras resecas Tebaidas, históricas ciudades llenas de soledad y de silencio que parecéis muertas bajo la voz de las campanas, no la dejéis huir, como tantas cosas, por la rota muralla! Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: Ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, les vuelve la Gracia. ¡Cuidad que es también un don del Cielo!... ¡Viejo pueblo del sol y de los toros, así conserves, por los siglos de los siglos, tu genio mentiroso, hiperbólico, jacaresco, y por los siglos te aduermas al son de la guitarra, consolado de tus grandes dolores, perdidas para siempre la sopa de los conventos y las Indias! ¡Amén!”

de Ramón María del Valle-Inclán
(Sonata de invierno –fragmento-)
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martes, 12 de junio de 2018

Orilla revuelta


Orilla revuelta

Noches sin sueño. Pensamientos de esos que nos visitan en las noches sin sueño. Intento retenerlos en mi memoria para compartirlos con todos vosotros.
A algunos les parecerá fatalista, para mí no tiene más trascendencia que el momento.

(del Blog de Adilia Aires, 6 de mayo de 2012)

5 de junio de 2018

No quiero llanto ni pena,
cuando se acerque mi fin,
quiero a mi gente serena,
que nadie llore por mí.

Sueño la brisa marina,
en el último soplo
de mi respirar.

Sueño por última vez:
bañarme en la playa,
correr, bailar...

Sueño tener a mis pies
las verdes olas del mar.

Sueño guitarras vibrando
y voces cantando
en la despedida.

La luz se va disipando,
como se apaga la vida.

El reloj marca la hora,
asoma la aurora,
nace el alba
fresca y pura,
cae en mi alma
la noche oscura.

Adilia Aires

Donde quiera que estés, queremos que sepas que has dejado una enorme familia desperdigada por todo el mundo; huérfanos de tu silencio, y de tu voz escrita con la mirada; atenta siempre a dedicar una palabra de ánimo, de elogio, de comprensión; ejemplo de voluntad, de compromiso y de sabiduría, a través de tu blog (blog de Adilia Aires), y de tu página de fb. Descansa en paz, amiga, hermana, madre…
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in memoriam
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QUÉDATE EN LAS ISLAS

Quédate en las islas,
tú, la niebla desnuda
que trajo el espejismo hasta mis ojos,
que quiero volver
a ser el lienzo en blanco,
el que aguarda a su amante entre los acebos,
el que no fue torturado aún
y no conoce sino el dolor de verse abatido
una tarde de otoño.

Hace demasiados años
que espero a que mi cuerpo me sorprenda
con su peso,
con emoción, entre los arabescos de plata
o entre las voces de los supervivientes.

Quédate en las islas
y deja el brocado de ortigas para otro,
que no quiero el resplandor,
pues siempre trae la furia si refulge,
que busco ser besado en el cuello
por la boca más dulce
sin que nadie lo sepa
y no quiero ser despedido
si decido marchar.

Quisiera, antes de que desaparezcas,
que tan solo me dejes las respuestas
que preciso y que busco:
¿Qué gozo le dará el oro a los muertos?
¿Divagar es de estúpidos?
¿Debe implicarse el poeta
o solo ser la voz de cada máscara?
¿Es un tullido el triste?

de Luis Felipe Comendador (2009)
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XXII

Van a sus casas
esas muchachas
con sus chiquillos.

Todo se queda quieto
por los pasillos.

Vacío queda
cuando se cierra todo.

Todo se para
hasta mañana. Todo.

Nada lo llena,
nada lo rompe. Calla.

Puerta cerrada.
Luz apagada. Nada.

Paran los juegos,
para el trabajo. Plomo
es el silencio…
que parará mañana.

de apuntes, 2001
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EL HIJO DEL JOYERO

En una clase de escritura creativa, después de que una alumna hubiera leído un texto de encargo, pregunté a uno de sus compañeros qué le había parecido.
—Me ha gustado mucho porque lo he entendido y a mí me gustan las cosas que entiendo —dijo.
Su afirmación acerca de las virtudes de lo inteligible fue tan categórica, tan agresiva incluso, que no me atreví a replicar. Esperé a la siguiente clase para decir algo.
—¿Te gusta alguna cosa que no entiendas? —le pregunté con cautela.
—No —repitió tajante—, lo que no entiendo no me gusta. Desconecto, me voy.
Estuve por hurgar un poco en el asunto. Pero juzgué que no era el momento. Además, no quería poner en aprietos al chico, que me caía bien; era un buen tipo. Había acudido al taller para aprender a escribir como se habla porque pretendía hacer diálogos para el cine y la televisión.
—Si quieres escribir como se habla —le dije al principio—, no me necesitas a mí. Basta con que grabes a la gente y transcribas a continuación la cinta.
—Sospecho que hay un truco —respondió él.
—El truco —le dije— consiste en otorgar a la escritura una apariencia de oralidad.
—¿Una apariencia? —dijo él.
—Una apariencia —dije yo.
—¿Significa que parezca oral, pero que no lo sea? —dijo él.
—Exactamente —dije yo.
—¿Y eso cómo se logra? —preguntó él.
—Buscándose uno la vida —respondí yo.
Por alguna misteriosa razón, pensaba mucho en este chico. Había en él una suerte de opacidad que me resultaba conmovedora. Un día leí en el taller la primera frase de La Regenta, la novela de Clarín.
—Escuchad esto —pronuncié abriendo el libro—: “La heroica ciudad dormía la siesta”.
Me dirigí luego al chico al que solo le gustaba lo que entendía y al que en el futuro llamaremos Pedro:
—Pedro, ¿te gusta este comienzo?
—¿Te importaría volver a leerlo? —dijo él.
—“La heroica ciudad dormía la siesta” —repetí yo.
—Está bien —dijo él.
—¿Pero es una obra maestra? —dije yo.
—Hombre, tanto como obra maestra… —dudó él.
—A lo mejor no lo has entendido —¬aventuré yo.
—Sí que lo he entendido —se ofendió él—. Dice que la heroica ciudad dormía la siesta. No tiene más misterio.
—¿Y tú te imaginas a un héroe durmiendo la siesta? —pregunté yo.
—Perfectamente —dijo él.
—Ponme un ejemplo —dije yo.
—Mi padre —dijo él—. Mi padre se levanta a las tres de la madrugada, va al mercado central, compra la carne del día, la transporta hasta su puesto en el mercado del barrio, la coloca, abre la tienda, atiende a los clientes. Mi padre pesa 120 kilos. Es un gigante, no le tiene miedo a nada. Y después de comer da una cabezada en el sofá.
¿Qué responder a eso? El heroico padre de Pedro dormía la siesta.
Un día que fuimos a tomar una cerveza al terminar la clase le pregunté:
—Pedro, ¿tú me entiendes?
—No —dijo.
—¿Y te gusto como profesor?
—No —respondió sin vacilar.
—¿Por qué vienes entonces a mis clases?
—Porque sabes algo sobre la construcción de los diálogos que yo no sé.
Al día siguiente, leí en clase el comienzo de un cuento de Raymond Chandler que dice así: “Era uno de esos hermosos días de finales de abril, si a uno le importan esas cosas”. Pregunté a Pedro si le parecía genial.
—Creo que sí —dijo—, creo que es muy bueno.
—¿Por qué? —pregunté yo.
—Porque da, en muy poco espacio, mucha información sobre el que habla. Nos dice que es un tipo cansado.
—¿Y crees que las personas se expresan de ese modo?
Dudó. Me dirigí a la clase y pregunté si la gente, en la vida real, habla como los personajes en las novelas y en el cine. Los alumnos se miraron unos a otros. No era un grupo muy participativo. Saqué de mi cartera un papel donde llevaba impreso el famoso diálogo entre los dos protagonistas de Johnny Guitar:
Él: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Ella: A tantos como mujeres tú recuerdas.
Él: No te vayas.
Ella: No me he movido.
Él: Dime algo agradable.
Ella: Claro, qué quieres que te diga.
Él: Miénteme, dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Ella: Te he esperado todos estos años.
Él: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Ella: Habría muerto si no hubieses vuelto.
Él: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Ella: Aún te quiero como tú me quieres.
Él: Gracias, muchas gracias.
Me volví de nuevo a la clase. Volví a preguntar si la gente hablaba así en la vida.
Tuvieron que aceptar que no. Les dije que el día anterior, preparando la clase, había tropezado en Internet con una curiosa demanda. Alguien solicitaba una especie de catálogo de frases típicas de telenovela. La respuesta con más puntos citaba las siguientes:
—No soy más que una simple criada.
—¿Por qué tuve que nacer ciega?
—Hay que impedirlo a toda costa.
—Estoy esperando un hijo tuyo.
Los alumnos rieron al reconocer el lenguaje del melodrama, muy parecido al lenguaje de la vida. La vida les hacía gracia.
Pedro, en cambio, se había quedado pensativo. Me pidió que desmontara la frase con la que había comenzado todo: “Era uno de esos hermosos días de finales de abril, si a uno le importan esas cosas”. Se trataba de un ejercicio, el de desmontar frases, que hacíamos a veces, y que les gustaba.
Les solicité que pensaran en avenidas y en callejones. Dije que a veces uno camina por la avenida principal de una ciudad cuando le sale al paso un callejón más atractivo, en el que se introduce con la intuición de que romperá así la monotonía grandiosa, aunque previsible, de la avenida.
—Lo curioso —añadí— es que todo el mundo sabe lo que es un callejón, pero no todo el mundo sabe lo que es una oración subordinada.
La que nos habíamos propuesto desmontar era una oración compuesta por una principal (era uno de esos hermosos días de finales de abril) y una subordinada (si a uno le importan esas cosas). La principal, les expliqué, era principal porque podría sobrevivir sin la subordinada, y la subordinada era subordinada porque carecía de sentido por sí sola.
Ahora bien, añadí, la principal, pese a su capacidad de supervivencia, parecía idiota. “Era uno de esos hermosos días de finales de abril” se le ocurre a cualquiera. De hecho la inteligencia de la frase residía en la subordinada (“si a uno le importan esas cosas”). Observad, les pedí, la capacidad irónica de ese callejón gramatical. Repetimos: si a uno le importan esas cosas. De súbito, y gracias a su subordinada, la frase principal, que por sí misma no valía un céntimo, adquiere una fuerza asombrosa.
Bueno, estaba intentando explicarles (y explicar a Pedro en particular) lo que diferencia a la escritura creativa de la prosa común, del habla. Una frase pretenciosa, manoseada, mala (era uno de esos hermosos días de finales de abril) se convierte en buena si haces salir de ella, a modo de apéndice, un callejón inesperado (si a uno le importan esas cosas).
El lenguaje literario era en cierto modo un intruso que intentaba pasar inadvertido entre el lenguaje común. Parte de su interés, si no todo, residía en esa capacidad no ya de ser tolerado por el sistema siendo tan diferente a él, sino de confundirse con él hasta el punto de que mucha gente, como Pedro, suponía que aprender a escribir diálogos consistía en aprender a escribir como se habla. Confundía la literatura con la vida. Quería llevar su vida (su habla) a la escritura, quizá quería convertir su vida en una película.
¿Qué distingue a las frases magnéticas de las comunes? Que en su interior sucede un drama de carácter semántico. “La heroica ciudad dormía la siesta”. “Era uno de esos hermosos días de finales de abril si a uno le importan esas cosas”. Por cierto, que Pedro, mi alumno del taller de escritura, era un tipo magnético, aunque de un magnetismo turbio, oscuro, un magnetismo con lagunas de opacidad.
En una ocasión leí en el taller un verso de Anne Sexton que dice así: “Cuando fuiste mía llevabas un audífono”. Se rieron todos, menos Pedro.
—¿Por qué os reís? —pregunté.
Las explicaciones fueron al principio confusas, pero poco a poco fuimos aproximándonos a la cuestión. “Cuando fuiste mía”, la oración subordinada, en este caso, carecía de interés. La sorpresa salta al leer la principal, “llevabas un audífono”. ¡Dios mío!, a quién, si no a un genio, se le ocurriría completarla de este modo. Llevabas un audífono. Cuando fuiste mía llevabas un audífono. Si ustedes escriben en Google el sintagma “cuando fuiste mía”, les salen 3.480.000 resultados. Es el primer verso de miles canciones. Pero ninguno, de entre esos millones de “cuando fuiste mía”, se completa con un “llevabas un audífono”. En este caso, la frase principal es la intrusa. ¿Qué rayos hace ahí el “llevabas un audífono”? Se enfrenta al tópico, lo destroza, lo vuelve a su favor. Engaña a la lengua, al monstruo, le hace creer que va a escribir un poema romántico, un poema idiota, un texto de todo a cien, y al dar la vuelta a la frase le da esquinazo, le cuela el “llevabas un audífono”. En resumen, “llevabas un audífono” hace antiliteratura, que es la única forma posible de hacer literatura.
Un día leí en el periódico la reseña de una novela a la que el crítico calificaba de “rara”. Imaginé el caso contrario, una crítica sobre una novela cualquiera de la que se dijera que era normal. Tienen ante ustedes una novela normal. ¿Hay novelas normales? Quizá sí. Y quizá sean las que definan el gusto dominante. Las novelas normales poseen una facultad que no tiene precio: que se entienden. Se entienden, digámoslo todo, al modo en que Pedro había entendido el ejercicio de la alumna al que aludíamos al principio de estas líneas. Y no solo se entienden, sino que te entienden. Saben que estás agotado, que tienes en la cabeza mil cosas que resolver. Hay que llamar al servicio técnico del gas para que vengan a hacer la revisión anual, has de llevar el coche a la ITV y el gato al veterinario. La vida diaria está repleta de pequeñas ansiedades que dificultan la concentración. Si aún te queda un hueco para leer una novela, le pides entenderla y que te entienda, es decir, que te dé la razón. ¿Quién quiere una novela que no le dé la razón? ¿Quién quiere un poema de amor que diga que cuando fuiste mía llevabas un audífono? Cuando fuiste mía, no sé, la tormenta arreciaba, o se escuchó el canto de una alondra.
Pasaron los años y un día tropecé con Pedro en la calle. Iba vestido como un ejecutivo de éxito. Intercambiamos las frases habituales, tópicas, las frases que nos ordenaba decir la lengua y que jamás se dirían los personajes de una novela. ¡Cuánto tiempo!, ¿cómo te va?, ¿vives en Madrid?, etcétera. Una vez agotado el repertorio, le pregunté si le apetecía tomar un café.
—Claro —dijo él.
Nos metimos en un bar y continuamos intercambiando banalidades. Casi a punto de despedirnos, Pedro me apuntó con el dedo y me dijo con una sonrisa rara, una sonrisa que podía ser la imitación de una sonrisa:
—De modo que la heroica ciudad dormía la siesta.
—Sí —dije yo—, y cuando fuiste mía llevabas un audífono.
—Verás —dijo él—, entendí perfectamente, a la primera, la heroica ciudad dormía la siesta. La entendí tanto que me asustó y por eso intenté devaluarla. Mi padre no tenía una carnicería ni se levantaba a las tres de la madrugada para ir al mercado central ni pesaba 120 kilos. Mi padre no era un héroe. Mi padre tenía cinco joyerías, cinco; ahora tenemos diez porque me he incorporado yo al negocio. Y me gusta. Entonces, no. Estaba en la época de la rebeldía. No quería parecerme a mi padre. Ignoraba que escribir como se habla era un modo de parecerme a él por otra vía. Tú, sin darte cuenta, me hiciste ver que en el fondo quería ser como él. Un día dijiste en clase que se escribe desde el conflicto, que si no hay conflicto se puede escribir el código penal pero no Crimen y castigo. Yo creía que quería escribir Crimen y castigo, pero no era cierto. Me interesa más el código penal, lo entiendo mejor que Crimen y castigo. Gracias de todo corazón por abrirme los ojos.
Me quedé perplejo. Pedro no había acu¬dido al taller para aprender a escribir, sino para aprender a escribirse. Cada vez que abría una joyería, añadía un capítulo a su existencia. Un capítulo de un libro que entendía a la perfección, un capítulo de una novela “normal”, perfectamente inteligible. Y de esto era de lo que pretendíamos hablar desde el principio de estas líneas, de las fronteras entre lo inteligible y lo ininteligible; de los problemas de lo que entendemos y las virtudes de lo que no entendemos; de la diferencia entre hablar y ser hablado o escribir y ser escrito.
Juan Benet decía que con los libros nos pasa a los seres humanos lo mismo que les pasa a los hombres con las mujeres y a las mujeres con los hombres. Desde el punto de vista del hombre, hay mujeres que nos gustan, pero que no nos interesan, y mujeres que nos interesan, pero que no nos gustan. Nos casamos cuando coinciden el interés y el gusto. Quizá sea así. En todo caso, es verdad que hay libros que nos gustan y libros que nos interesan. No podemos entregarnos solo a los que nos gustan por el mero hecho de que los entendamos. Son los que nos dan la razón, cuando lo que hay que buscar en los libros, y en los cónyuges, es que nos la quiten.

De JUAN JOSÉ MILLÁS
Elpais - 9 de JUNIO de 2018
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martes, 5 de junio de 2018

POR EL PUENTE DEL RETÉN


Foto: el Puente del Retén sobre el Manzanares, en La Pedriza
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UNA MÚSICA SIN ACORDES

Una música sin acordes,
sin compás
ni letra que entorpezca
(Pasión)

Una música hecha de
cadencia y sudor,
de dolor y urgencia.
(Orgasmo)

La música terrible
de la soledad
hecha fuego.
(Silencio)

de Dudu Fernández
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RETRATARME PARA DARTE LA FOTO

No es suficiente, poderte mirar hondo,
ni basta con los dedos señalarte la risa.

No es nada olerte el pelo,
ver tu danza,
escucharte la voz
ponerla en cinta.

No es suficiente no, soñar contigo
rezar para que vivas,
retratarme para darte la foto,
escribirte en la noche
con obsesión pensar en tus maneras…

¡No es suficiente no, darte la vida,
ni decir a la gente que te quiero,
ni entregar al mendigo mis ahorros,
ni quemar el pasado es suficiente!

de Gloria Fuertes
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XXI

El tiempo, que se calcula,
cuando desea se planta.
El tiempo, que va volando,
en eterno se convierte.

de apuntes 2001
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POR EL PUENTE DEL RETÉN
(Canto Cochino-Ventisquero de la Marquesa-Navacerrada)

Hoy, un grupo de montaña de la Ciudad de Getafe,
apenas romper el día, hacia el Ventisquero sale.

Un mayo primaveral acompaña desbordante
la expedición sosegada. El rumor de los caudales
del arroyo; La Pedriza, se muestran exuberantes
a su gran esfuerzo, ajenos por senderos inmutables,
bajo los bosques de pinos; cañadas y roquedales;
sobre piedras y raíces; entre brozas y jarales.

Y con risas y silencios, van retratando el instante.

Por el Puente del Retén, un idílico paisaje,
pasan y posan, ufanos, curtidos, los caminantes.
Es la senda sinuosa de aguas bravas y follaje;
y es el ascenso moroso hasta las nieves tenaces
que lentamente destilan el nacer del Manzanares.

Rezagado de la fila, buscando sin par encuadre,
(le llamaremos Andolfo), sube a húmedos pedregales
con el esmarfon en ristre y el equilibrio inestable.

Quería inmortalizar el paso de los andantes.

No le da tiempo a pulsar el icono espejeante:
en reacción previsible, ese musgo deslizante
lo lanza por la pendiente un par de metros delante,
desde el tablero del puente hasta la balsa del cauce.

No son más de cuatro palmos del fondo sobre cantales,
pero resulta nefasto para sus piernas pujantes;
además del remojón, el arroyo le resarce
con doloroso chasquido de la tibia en ese trance.

Retroceso de la hilera, que se alejaba distante.
Disposiciones diversas de ayuda para el rescate.
Evaluación del herido. Decisión de cabotaje:
- casi todos seguirán; tres se quedan expectantes
acompañando al dañado mientras llegan auxiliares,
a los que con el esmarfon se les avisa al instante…

Y la cruda realidad: no hay señal para llamarles
en ninguna compañía de móviles en el Parque.
Y ni al 1-1-2, comodín invariable,
le llega la invocación; habrá que replantearse
para reclamar socorro regresar hasta la base
en busca de algún remedio que comunique con alguien…

Alguien que, raudo, responde con firmeza y con empaque;
con la eficiente mesura de buenos profesionales:
El equipo de Bomberos de Madrid. Llega del aire;
lo calman y lo aderezan para su breve viaje,
y con sus alas lo llevan por los cielos nacionales
desde el Puente del Retén a uno de los Hospitales.

¡Un hurra por los Bomberos!, hermanos, héroes, ángeles.

La Pedriza
Sábado, 26 de mayo de 2018
(pdrob)
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martes, 29 de mayo de 2018

NO SÉ DE DÓNDE NACE ESTA NEGRURA


Foto de pb: Tejedo de Tosante
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#109

UN SILBATO

Con el hueso de un albaricoque puedes hacer un silbato,
los hacíamos de niños en verano,
cuando el sol besaba el horizonte
y el sudor nos dejaba en la piel sabor a sal y a batallas.

Entonces, el sol era la piel de un tambor de guerra
que tocaba a retirada,
estirábamos los días persiguiéndolo por las paredes.

Pero la noche implacable,
nos mordía los talones con sus sobras,
como una mancha de tinta que se extiende,
tan negra como el agujero de aquel silbato bajo la almohada.


de Carmen Hernández Montalbán
(palabras prestadas)

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NO SÉ DE DÓNDE NACE ESTA NEGRURA

No sé de dónde nace esta negrura
que vacía de sangre los pulmones
y empuja irremediablemente
a la ceguera y al silencio.

No sé de dónde viene esta corriente
helada en la que flotan
todos los cisnes muertos y los versos.

Por qué florece en mi garganta
un eco de canciones de otro tiempo
envueltas en el vaho de la nostalgia.
El agua ya pasada es la que mueve
las aspas de este corazón
al borde del hastío.

Busco y me asomo a los abismos
donde se pierde la esperanza,
y bebo todo el aire en la caída.
En esa bocanada
engullo las mentiras, las traiciones,
todas las que he sufrido y contaminan
los manantiales que me surcan.

Una música turbia
envuelve las palabras,
renacen los hechizos,
sahumerios encantados por la fiebre
del pensamiento líquido
que hierve en los matraces.

El pensamiento bulle, brota
la demencia. Soy incapaz
de traducir el laberinto
absurdo en que me muevo.
Mis pasos no me llevan
a espacios conocidos,
me alejan de mí mismo, me extravían.
Sé que voy a tardar en encontrarme.

No soy nadie esta noche,
sólo un hombre perdido,
amenazando simetrías,
razones y equilibrios.

No soy nadie, quizá por eso escriba,
por ver si algo de mí
estuviera escondido en las palabras
y pudiera ayudarme a amanecer
y cruzar la frontera del dolor.

de José Viyuela
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XX

Encerrado en mi mundo deploro
el tiempo perdido,
en la negra butaca sentado
fumando un pitillo.

En mi negra butaca sentado
evoco las flores
despojadas con mano culpable
de sus tornasoles.

Entretengo la tarde, la noche,
las horas del alba
en mirar esas cosas que asoman
ante mi ventana.

Una nube rolando del este
anuncia chubasco.
En el aire dos pájaros negros
formulan presagios.

Bajo el árbol percibo murmullos.
Ladridos al viento.
Una niña menuda pasea
a un perro sin dueño...

A la sombra de mis ventanales,
cristales tintados,
voy restando, minuto a minuto,
los pasos que bajo.

Al final, cuando acabe las hojas
y borre mi huella,
ya sabré que perdí la batalla…
perdiéndola a ella.

de apuntes, 2001
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VOCES SUMERGIDAS EN EL ECLIPSE DE LOS NÚMEROS


Las cosas podían haber sucedido de otra manera, y sin embargo, sucedieron así. Aquella tarde me di cuenta de que el horror que estaba llegando a estas regiones, que ya llegó a países hermanos y vecinos, estaba por llegar también a este país, a este pueblo mío. A estos espacios de mi vida donde respiré por primera vez una bocanada de aire, aquí donde algo así como un aliento de óxido y tierra, alado viento de fresco mineral, vagó por primera vez entre las entrañas de este cuerpo, aquí donde comencé a ser. No puedo creerme lo que les voy a relatar porque, en realidad, no quiero creérmelo. Ojalá renunciando a ello pudiera ser que no se diera y ojalá no llegara a ocurrir, pero me temo que así fue. Esto será inevitablemente un relato de guerras y huidas, de negociaciones y trampas, de sangre ósea y entrañas con niños en fondos marinos.
Un mal día de verano mi amigo Said me informó de que unos comerciantes del agua, esos empresarios de la sed, habían encontrado el veneno negro del tiempo aquí en Ilamane, en mi pueblo. Dieron con esa sangre oscura del pasado sobre la tierra, aceite de hueso ígneo que explota en los motores de mil caballos… encontraron petróleo. Me dijo que habían dado con petróleo a las afueras, en esa zona de descampados, tierra que nadie codiciaba antes y que a nadie preocupó nunca. Una ingente cantidad de petróleo escondida bajo esta tierra de jardines y patios, de jacarandas y olivos. Me comentó que en las noticias se estaba hablando de negociaciones y pactos externos, de ventas y conflictos, de petrodólares y armas de defensa. Frente a ello le dije, ¡petróleo, aquí, en este pueblo que nadie sitúa siquiera en un mapa! Aquí, en Al-Jaza´ir, Argelia… No me lo quise creer y él no quiso ni contestarme. Hace ya diez años, en el sesenta y cinco, ascendió al gobierno Boumedienne desde el Frente de Liberación Nacional, tras los golpes de Estado que revocaron a Ben Bella cambiándose así la dirección del poder, y desde entonces algunas cosas habían cambiado por aquí. En los cafés y restaurantes la gente hablaba de literatura y cine, poetas emborrachaban a los espectadores ocasionales con vino y versos, poco a poco, como un engranaje discorde y mínimo, viejo y somnoliento, este país cambia. Pero ahora llegan estos vientos del Oeste, cargados de malolientes noticias y de ajenos seres en uniforme de corbata y lustrosos zapatos de piel.
Y ahora que han encontrado la sustancia viscosa, ese símbolo maldito del dólar se arraigará también aquí como un virus sobre las manos de nuestra gente y armas nuevas destruirán huesos y casas, escuelas y ánimos. Como sello cortante, el pacto ciego se advendrá como un mal juego donde las reglas no se conversan y las cartas las baraja el jefe de la mesa. Cuando los otros se enteren, cuando oigan que aquí hay lo que codician, vendrán a tomarlo como viejos buitres gordos sobre un joven halcón. Vendrán y se lo comerán todo, ya que su hambre pesa más que nuestra vida. A ellos nuestra sed no les importa. Pero no somos tontos, conocemos lo que está pasando en Irak, en Irán, en eso que para ellos es "Oriente Medio", sabemos del influjo del coche americano sobre la madre que sostiene al niño ametrallado, los comerciantes comerciarán y serán sometidos por su comercio. Son Estados Unidos o Europa, las recientes OPEP, es el dólar para pagar esa masa negra de guerra y sangre, son futuros esclavizados de personas que aún siquiera nacen. Eso está llegando aquí ya.

Pablo Agea. "Petróleo"
(pintura de vidriera)

Por la calle hacia el oeste busco refugio del sol moribundo de esta tarde de verano en la posada de mi amiga Aaminah y su esposo Armand. El ardiente té negro y el dulce dátil me transportan a la terraza. En la calle la gente camina, del trabajo van goteando hacia los hogares. Pienso en estas gentes, en cómo respirarán entre humos y rejas, entre espinas y ladrillos, en que estarán ocupados en sacar y meter barriles, en defenderse del vacío y de la bala, en alistarse en la ceguera y el dolor. Pero mientras, la música de laúd de Fatin Jalil le hace merecer su nombre rompe mis reflexiones meciéndome lento entre el horizonte y el atardecer. Con sus cuerdas afiladas en llanto estridente, en tensión leve que respeta un silencio de ojos cerrados, dejo caer sobre la almohada mi cabeza por un rato, disfrutando el presente amargamente efímero de este momento. Momento blanco de cal en la maceta y naranjas de luz entre las hojas de menta, de fresco vivir en este espacio que amo y que me permite, humilde, seguir aquí.
Sin más aviso caigo en sueño, estoy dentro, observando el acontecer de imágenes y símbolos. Veo amapolas danzando al viento de la mañana, veo campesinos, sus ojos duros y sus sonrisas abiertas, como granadas en primavera. Las suelas desgastadas de sus zapatos me hablan del tiempo, de su paso sobre las cosas y de cómo así, golpe a golpe, vamos muriendo. Como soplidos en las flores de jazmín, como silbidos de agua sobre la paciente piedra blanda que solo abre su ser a quien la acaricia con esmero. ¿Y qué llevará dentro, cuál es el secreto vacío de este mundo? Jalaluddin escribía del amor de aquel Sol de Tabriz que le limpió los ojos con la saliva de la rosa, hablaba del caminar pausado del átomo de tierra sobre este mundo, su tranquilidad en verso es como viento que peina los cabellos de estas sendas antiguas, caminadas sin cesar por la gente. Una tranquilidad la nuestra que es caprichosa, que es presumida, efímera y pasajera, que no se da a todos aunque todos al fin la busquen. Las lanzas de fuego que sobrevuelan poblaciones rompen el fino silencio de la noche, rompen el alma del bebé durmiente que sólo desea oír el trote coreográfico del corazón que lo alimenta, no la explosión, no el quiebre del suelo y el sueño. Una mosca pliega su vuelo en mi nariz y vuelvo al ruido de cristales en la posada. La tarde, ya hecha noche, avisa con su frío de que llegó el momento de adentrarse entre sus paredes, ahora tenuemente iluminadas por las lámparas de las mesas y las velas de las esquinas. Aquí esperaré a Mariam. Quiero, necesito, un poco de su voz. Ella ha sido mi amiga desde que teníamos seis años, al salir de clase jugábamos juntas en el jardín de su tío, olíamos las cítricas flores de azahar y recolectábamos hierbas para los tés de la tarde. Sabemos, pues, del suave olor de nuestras pieles, del rizo eterno de nuestros cabellos, existe un amor entre nosotras que es pasión fraterna, amistad de herida mutua más allá de toda sangre, pasión que anhela a la vez la palabra sabia y el sexo candente. De alguna manera siempre fue así entre nosotras, en el secreto de mi cuarto jugábamos a descubrir nuestros cuerpos tiernamente y sin juicios que reprimieran el devenir de las caricias.
A su llegada, yo sólo pienso en esa falda que lleva puesta. De pliegues sueltos, de sensual azul y lunares blancos, de viento curioso y presagio íntimo, de dulce frescor del verano hecho noche, reducido en su tela fina. Le comento lo de Said, los de los buitres, lo de la oscura sombra líquida y lo de la sed. Ella ya lo sabía, su hermano se lo había desvelado en la mañana. No aguanto más esto Mariam, hemos de irnos ya de esta tierra conquistada, maldecida por esos ciegos en traje que planean sobre nuestros futuros erguidos en alguna torre de cristal y mármol, hemos de irnos, le digo. ¿Pero qué espacio nos refugiará en esta maraña de hambre, polvo y guerras? ¿Qué ruta nos permitirá salvarnos de este horror del devenir? Ella, con su semblante de quietas cejas, con su tez clara como la mañana, me responde que está de acuerdo, que conoce cómo llegar a las caravanas que suben al norte, que podría ser en la siguiente semana y que nos dejarían en la frontera, en el mar, donde la cercada y amurallada Europa se avecina. Así, podríamos intentar llegar a algún país, a algún lugar que nos dé refugio, que nos permita una anhelada paz que luchamos por legitimar. Una paz en este mundo de estrategia y control que parece que no hay derecho que la funde y garantice para nosotras, que no habría sino sudor y muerte que la trajera a rastras, arrancando las posibilidades de lo imposible con las uñas desgastadas de las y los de siempre. Entonces, así haremos Mariam, le digo, la semana que viene nos esperamos en la esquina noreste de la Estación Central, que queda a dos calles del lugar de reunión de los que viajarán como nosotras, infiltrándose por los caminos desconocidos como el agua que se irriga por la tierra seca. Llevaremos poco equipaje; algunos libros, ropas, algo de dinero, comida, aseo. Lo mínimo, le digo.
Y la semana pasó lenta pero afortunadamente pasó, como todo, sin descanso. Vi varias veces a Mariam durante el trance pero no hablamos de nada del viaje hasta el día anterior en el que lo confirmamos en la tienda de frutas de su tía. Al día siguiente, la encontré a la hora y lugar citados y así fue como nos decidimos a partir, cruzando las calles veloces pero sin que la presura desvelara escapada alguna. Montamos en la caravana que nos llevaría al norte, llegando en tres días aproximadamente al olor salado y húmedo, a las rocas quebradas en arena por el agua, que destroza paciente su forma pulverizando en mineral su cuerpo. El viaje fue largo, tremendamente cansado, entre los sudorosos olores y el traqueteo continuado el destino se hizo presencia y ya en el norte respiramos aliviadas. El conductor de la caravana fue nuestra fortuna, era el primo de un amigo de nuestra infancia, que también estudió en nuestro mismo colegio y rápido nos reconoció. Él nos precavió de los posibles problemas durante esta interminable deriva de ruedas y polvo, éxodo de hambre y llanto, en la que hay seres desconocidos que se vuelven temibles personajes y otros héroes de la mejor mitología. A cambio de su ayuda nosotras le apoyamos con los mapas y trazados, tratando de orientarlo siempre que lo necesitaba. Creo que sin esta solidaridad, mutua comunidad del problema, las ruedas no hubieran tocado el norte. Nos indicó ya una vez allá que la mejor manera de cruzar a Europa era en la noche, desde los arrabales, donde puertos improvisados sirven de palanca a los botes de los que huyen del dolor y el conflicto que visita como plaga inagotable a nuestros pueblos.

Ángel Zabala. "Patera"
(46x38, acrílico sobre lienzo)

Y así fue como en la noche nos topamos con uno de esos botes, frágil, como el cristal frente a las llamas, andaba cargado ya con ocho personas, pareciendo imposible que eso avanzara entre las aguas ahora afortunadamente calmas. Ahí, ya arriba, había personas mucho más debilitadas y vulneradas que nosotras, gentes de todo tipo. Madres jovencísimas con hijos escapando de sus familias, niños con miedo y cuchillos escondidos, ancianos desesperados y agotados, esta gente compartiría desde ahora nuestro destino. Y si el viaje en caravana ya fue realmente una mierda, este que estaba por venir sería la desesperación. Olores, hambre, vómitos, frío, humedad, miedo, ruidos, peleas y gritos… esos fueron nuestros ambientes. El único salvavidas que existía consistía en permanecer dentro de lo que fuera esa cosa de plástico endurecido que nos hacía flotar. Mariam y yo andábamos muy cansadas, hacía día y medio que no comíamos, desde antes de subir al bote, esto hizo que los ánimos se sumergieran aún más, ya por debajo del bote que nos llevaba a ninguna parte. En la quinta noche de travesía topamos con algo sólido, el estrépito nos despertó a todos cuando al fin habíamos podido sumirnos en el sueño un rato, entre el agotamiento y el dolor. Ya esa noche se nos hacía muy dura, sobre todo por la insoportable evidencia que se sostenía en la fulminante muerte de un niño y su madre en la tercera noche sin agua. Ese algo sólido no era para nada una playa de arena fina y suave, se trataba de otro bote como el nuestro, éste de algo así como un metal blando, como hojalata. El antiguo bote yacía boca arriba, destrozado en pedazos, abierto y fracturado, cortante como filo de navaja. La colisión con nuestro bote no le hizo mucho, fue el nuestro el peor parado.
Un boquete nuevo se abría en la superficie plástica de nuestra "embarcación", que ahora expiraba el aire que la sostenía a flote en un mar oscuro que no nos decía nada, pero que susurraba muerte y fatalidad. El llanto del niño de cuchillo escondido fue el aviso del réquiem de estos muertos, luego en contrapunto con los gemidos de los demás. Mariam me abrazaba y yo no podía evitar que de mis ojos emanaran las lágrimas del final, esas lágrimas que me recordaban como el más triste castigo a las fuentes de mi pueblo, a esos patios y jardines con sabor a calma, ya lejanos, ya nunca más de mis ojos. Y es que la gente como nosotras, la gente de nuestros pueblos, no tiene finales felices, es la tragedia cotidiana lo que se plasma en el mirar de nuestros ojos, en el grito sediento de nuestros amigos. Miré a Mariam y ella me miró, quería que los últimos segundos fueran nuestros y así fueron. Mientras el agua hundía el bote que sucumbía ya por el lateral anexo besé la mejilla de mi amiga, pero no le dije adiós, su mano y la mía fluirían juntas entre los fondos oscuros del Mediterráneo como hace años fluían en los senderos, entre bosques de palmeras, en aquellas noches oscuras de poesía, de amorosa charla y pacíficos besos a los que nosotras no tuvimos más derecho. Los últimos segundos vividos me regalaron el recuerdo de unos versos de Khayyam que Mariam solía recitarme… Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden. Aurora. Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan. Noche.

Adrián Espada
2016
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Nota: Existe una recopilación de los poemas premiados en "Palabras Prestadas", en pdf, (2011-2017, 140 páginas, A5) a disposición de quien desee tenerlos. Sólo tienes que pedírmelo.

martes, 22 de mayo de 2018

DE LA PUERTA DEL SOL


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#6

bendita incoherencia la ilusión
que teme a saciedad
ama a lujuria

y cabalga desnuda
sin atender ni al ruido ni a la furia

de Luis Araújo
(palabras prestadas)
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DE LA PUERTA DEL SOL

De la Puerta del Sol (3 veces)
-mamita mía-
nadie se marcha, nadie se marcha.
Las gentes indignadas (3 veces)
-mamita mía-
¡qué bien te guardan, qué bien te guardan!

Los bancos y las cajas (3 veces)
-mamita mía-
nos han robado, nos han robado.
Y ahora nuestros derechos (3 veces)
-mamita mía-
quieren quitarnos, quieren quitarnos.

Madrid, ¡qué bien resistes {3 veces)
-mamita mía-
tanto saqueo, tanto saqueo!
Con recortes aguantas {3 veces)
-ciudadanía-
Y el agua al cuello, y el agua al cuello.

De la Puerta del Sol (3 veces)
-mamita mía-
nadie se marcha, nadie se marcha.
Las gentes indignadas (3 veces)
-mamita mía-
¡qué bien te guardan, qué bien te guardan!

de Josef Antoni
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ELOGIO DEL CINE POPULAR

el cine Salaberri
el Florida el Kursal el Canadá
costaban cinco duros los festivos
en platea / y echaban dos películas

una era de reestreno los domingos
y duraba en cartel de siete a quince días
a veces hasta un mes

y otra era de Tarzán en blanco y negro
o de los Marx incluso Búster Keaton
Cari Grant Jerri Lewis Fred Astaire

los chicos muchas tardes
nos íbamos andando
hasta Urgel desde Aluche

Manolo se marcaba
con las manos tachunda chunda chunda
un solo en el capó
de un coche / el Gordo hacía
muy bien de Pato Dónald /
y Sabino le daba
patadas a los botes
con puntería / yo
con cierta gracia he de reconocerlo
contaba algunos chistes

aquellos años vimos mucho cine en color
las superproducciones de la Tuenticenturi
de la Eme Ge Eme Columbia United Artist
y salían Paul Newman Clint Eastwood Bud Spencer
Steve Macqueen John Wayne y Robert Redford

y muchos tíos más / éramos tíos
y nos gustaban mucho aquellos tíos

en invierno en verano a las cinco en el cine
echasen lo que echasen
regaliz rojo arroz inflado pipas
berenjenas de Almagro
familias al completo comiendo bocadillos
niño acércate al bar y trae dos Cocacolas
no me gusta la peli
pues duérmete joder y no molestes

cosas que hoy día suenan
a peli de Berlanga a cuentos viejos
de un lugar tan pasado que jamás
fue de nosotros /
del que huimos soñando en un futuro
mejor / aquellas salas
de cine / la memoria
descolocada hambrienta /
esas tardes de nada que aparecen
entre las sombras /
que a traición nos desvelan un paisaje
pasado en blanco y negro
en edición de lujo
y sin doblar

de Jesús Urceloy
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XIX

Tengo una gran alegría.
Siento calor en mi pecho.
Una emoción encendida
de amor, de pasión, de fuego.
Nunca contaros podría
con palabras lo que siento.

Una buena nueva me lleva a mi casa:
ya nació mi niño de promesas lleno.
Ya nació mi niño. Su madre lo guarda:
Duerme, niño; cierra tus ojitos negros,
que mama te mece, te mima, te canta,
mientras tu hermanita te mira con celos:
Descansa, mi niño, descansa
en tu cuna de plata y de cielo.

de apuntes, 2001
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ESTIMADO/A LECTOR/A:

Me voy a permitir el tuteo.
Si me has escrito un mensaje para proponerme la lectura de tu libro, entiendo que me conoces gracias a mi blog de reseñas, “Desde la ciudad sin cines”, o has leído mis reflexiones literarias en alguna de las revistas con las que colaboro.

Trato de leer mucho y esto lo hago para ser un buen escritor. Siempre he procurado seguir aquellos tres consejos que daba William Faulkner para los jóvenes escritores: “Leer, leer y leer”. Así que leo mucho, y reflexiono sobre lo leído a través de mis reseñas, para conseguir escribir mejor. También disfruto mucho leyendo, una actividad que considero intrínseca a la condición de escritor. Por supuesto, para disfrutar de la lectura, en mi escaso tiempo libre, es muy importante para mí poder seleccionar yo mis propias lecturas.
Me gustaría comentarte, querido lector/a, que cuando me aceptaron mi primer libro para ser publicado, sobre 2008 (mi novela “Acantilados de Howth” apareció en 2010), pensé que, al ir a salir en una editorial pequeña y con poca difusión, sería una buena idea, para conseguir lectores, darme a conocer con un blog personal, y por esto decidí empezar con “Desde la ciudad sin cines” en 2009. Pensé que si alguien leía las reflexiones que yo hacía sobre mis lecturas y le parecían bien escritas y pertinentes, este lector (o lectora) podría sentirse interesado por mis libros cuando fuesen publicados. De este modo, aunque publicase en editoriales pequeñas podría hacerme con un público. Tal vez no he conseguido publicar en editoriales más grandes porque, precisamente, he dedicado mucho tiempo a ser un escritor; es decir, a leer de forma reflexiva y a meditar sobre lo escrito por otros y por mí, en vez de a establecer relaciones y vínculos más fructíferos.

Es decir, yo no sé quién eres tú, no sé si escribes bien o no. Eres tú quien me ha leído a mí, y por tanto, en la pequeña relación que hemos establecido, el escritor soy yo y tú eres el lector (o la lectora). En tu mensaje no veo que me hables de mis libros publicados (ahora mismo son seis: tres novelas, dos poemarios y un libro de relatos), no sé si los has buscado, los has leído o qué opinas de ellos.

Escribir mis reseñas me lleva mucho tiempo y trabajo, un tiempo y trabajo empleados para ser mejor escritor y conseguir lectores para mis libros publicados. Mi blog de reseñas o mis participaciones en revistas son mi esforzado y humilde escaparate de escritor. No escribo reseñas para leerte a ti, sino para que tú me leas a mí (recuerda que en esta relación que hemos establecido el escritor soy yo y el lector eres tú). Tú no entras en un restaurante para no consumir nada y vender tu comida casera al dueño, ¿verdad? Piénsalo, esto es exactamente lo que estás haciendo ahora.
Si mi gran esfuerzo para seducirte como escritor en busca de lectores no ha funcionado contigo, ¿por qué piensas que ha de funcionar tu no-esfuerzo conmigo?

Busca mis libros (te recomiendo empezar por los últimos: la novela “Los insignes” y el libro de cuentos “Koundara”), léelos y, por favor, escribe reflexiones críticas sobre ellos. ¿Que no tienes un blog de reseñas o no las escribes habitualmente? Haz un esfuerzo. Yo me esfuerzo mucho para conseguir a mis escasos lectores. Puedes escribir la reseña de mi libro (o libros) y luego buscar una web en la que publicarla (no creas que esto es muy difícil). Entonces, por supuesto, no dudes en enviarme un enlace a ese comentario crítico. Te lo agradeceré. Si tu texto me parece pertinente y contiene reflexiones inteligentes, es posible que considere que escribes bien y que entonces yo sienta interés por tus libros publicados y los busque.

Espero, querido lector/a, que mis palabras te hayan hecho reflexionar.
Atentamente, tu escritor

David Pérez
(de David Pérez Vega)
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martes, 15 de mayo de 2018

15 años


Libro 6 de Palabras prestadas

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15 años

Las nubes grises
eran la antelación del deseo.
Salíamos a la calle,
anticipando la humedad,
en espera de la primera gota.
Ya en el aguacero, el primer beso.
Buscábamos entonces la protección
de la uralita cómplice
de la vieja fábrica,
que nos resguardaba
del espionaje de madres y vecinos.
Un resquicio efímero de libertad,
una breve oportunidad
que nos permitía experimentar
el incendio de la carne.

de Dudu Fdez
(Palabras prestadas)
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PARTIDA DE NACIMIENTO

Yo nací atada a un árbol con almendras,
un tronco duro que había que limpiar en el invierno.
Flores blancas perfumaron
el hueco donde a veces me escondía
hundida hasta los ojos.
Del mar solo recuerdo el hambre,
una hilera de sillas mirando el horizonte,
castillos destrozados,
juguetes rotos.
Yo nací con frío en los molares,
sin tiempo de jugar a las muñecas,
con el miedo disuelto en leche de papilla.
Una vez fui sola al cementerio
a regar las flores de mi tumba.

de María García Zambrano
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XVIII

En la mañana tranquila,
en la tibia madrugada,
pienso en ti.
Pienso en ti
en la tarde de paseo,
(el sol; mi mano; tu mano;
la penumbra de las nubes);
y en la noche, peregrino
a la luz de las estrellas,
siempre, siempre pienso en ti.

de Apuntes, 2001
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DECÁLOGO PARA FUTUROS NOVELISTAS

1. No pierdas ni un minuto de tu tiempo en la lectura de decálogos para futuros novelistas. Sólo sirven para demostrar que el aburrimiento y el deseo de admiración son motores incuestionables para la escritura más o menos creativa.
2. El hecho de que hayas llegado, pese a la advertencia del punto 1, al punto 2 significa que no tienes muy en cuenta las advertencias de los escritores que pierden su tiempo elaborando decálogos que saben inútiles. Estás en el buen camino.
3. Un decálogo para futuros novelistas no deja de ser un tópico que difícilmente admite sorpresa o emoción. Si aspiras a tener una carrera exitosa, huye de ellos, que sean otros los que pierdan su tiempo en su elaboración.
4. Si aspiras a tener una carrera exitosa (como novelista, se entiende), significa que alguien te ha engañado o que padeces una desviación importante en tu capacidad de comprensión del mundo que te rodea.
5. Si padeces una desviación importante en tu capacidad de comprensión del mundo que te rodea ya tienes una de las cosas que se precisan para construirte una carrera exitosa como novelista.
6. A diferencia de lo que ocurre con los poetas, la falta de ingresos monetarios derivados de la venta de tus novelas será motivo de mofa de todos los que no entienden que alguien con más de cuarenta años pierda su tiempo inventando historias.
7. Inventar historias, de eso va ser novelista (por si creías que tenía que ver con asuntos más elevados).
8. Si crees que esto de escribir novelas es algo elevado, lo tuyo no es ser novelista. Estás a tiempo de pasarte al mundo de la gastronomía, el auto-conocimiento o la poesía trascendental de inspiración nipona.
9. Si lo escrito en el punto número 8 te ha molestado, es que lo tuyo no es ser novelista. Tampoco poeta, por supuesto.
10. El hecho de que hayas llegado, pese a la advertencia del punto 1, al punto 10 significa… Bueno, no sé qué significa. Tal vez seamos amigos o conocidos o sentiste curiosidad. La curiosidad es otro de esos motores incuestionables para la escritura más o menos creativa

de Javier Cánaves
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martes, 8 de mayo de 2018

PIEL MUERTA



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PIEL MUERTA

Arrancarse los recuerdos como
piel muerta,
rascando con rabia las grietas
de lo inservible.
Lamer pausadamente
los dobleces amargos.
Quedarse en carne viva
frente al espejo.

Estar preparado
para la próxima mentira.

de Dudu Fdez,
PIEL MUERTA

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AMANECE DE NUEVO EL DOLOR EN LA ENTRAÑA

Amanece de nuevo el dolor en la entraña
bajo un cielo compacto con las nubes borrosas.
Cómo duelen las noches sin palabras de amor,
y que el día no traiga la acción de despertar.
Seré fuerte esta vez
como lo he sido otra
y otra más.
Sobrevivo a la noche como un vidrio roto
que se calla su herida.
Me aplico la ruptura sobre tu corazón,
tomo distancia,
y sobrevivo;
no soy yo solamente, es el día que me obliga,
y así no me resisto.

de Carmen Castejón Cabeceira
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XVII

A ti te gusta ponértelas.
A mí me gusta quitártelas…

de apuntes, 2001
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TODO BAJO CONTROL

El sátrapa de Cuelgamuros te preparó el camino: te dejó al frente de su corrupto legado.
Ahora tú apadrinas una Universidad Pública, diseñada con dinero público, pero destinada a cierta clase de privilegiados militantes y miembros de ciertos partidos y bandas organizadas, que cuentan con descuentos de hasta el 50% en el Master de Gobernanza, Marketin y Política y Comunicación Estratégica.
Las últimas reformas educativas han premiado a quien pueda pagar y al que no, “Que se joda”.
Los representantes de la ciudadanía revisan apresuradamente sus currículos.
La rubia (que no la cerveza) está amargada y su bote hace aguas.
“Aviso a todo el aparato”: SOS, SOS. Aprieten y cierren filas”
La general Dolores deja las cosas claras: “Hay que defender lo nuestro y a los nuestros”.
Y él sentado en la silla del águila alarga el brazo, y los suyos (con sus bolsillos llenos de lo nuestro) desfilan ordenados como Dios manda, y reverentemente se arrodillan en el besamanos.

Mañana, 14 de abril
Salud.

de Pedro García García
Club “La sonrisa”
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martes, 1 de mayo de 2018

EL NIÑO QUE PUDO HACERLO



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HUESOS

Yo sabía tus manos de memoria,
y puedo describir tu espalda soleada,
tus ojos que miraban
confundidos hacia tu oscuro adentro.
No conocí tus huesos.
¿Cómo habría podido conocerlos?
Pero es fácil conjeturar cómo eran:
tan blancos y firmes como tu dentadura.
Si hubieran tenido que cantar una canción
habría sido triste, como a veces tu risa.
Cuando tenías risa.
Cuando tenías huesos.
Cuando tenías aliento, todavía,
para poder cantar una canción.

de Piedad Bonet
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CARTA AL VACÍO

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.
Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.

de Ernestina Champourcin
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XVI

El tren, tarde sombría,
a su destino parte
acomodando sueños del revés.

Lo ve pasar de largo;
su corazón partido
siente el agudo silbo del exprés.

Alba del nuevo día.
Una cara serena
(oro en el pelo, perlas en el mar),

verá cómo se alejan
ensueños forasteros
antes de que pudieran navegar.


De apuntes, 2001
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EL NIÑO QUE PUDO HACERLO

Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.

Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas. Golpeó, golpeó y golpeó hasta que consiguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.

A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.

Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.

Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.
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Texto extraído del libro “Cuentos para entender el mundo”, publicado en la página web del AMPA de la Escuela de Atletismo de Fuenlabrada.
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martes, 24 de abril de 2018

TORTUOSO CAMINO


Dibujo de Katova para Lola Illamel ("donde no me esperas")
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BENDITOS LOS IGNOTOS

Benditos los ignotos,
los que no tienen página
en internet, ni perfil
que los retrate en Facebook,
ni artículo que hable
de ellos en Wikipedia.
Los que no tienen blog.
Ni siquiera correo
electrónico, todo
les llega, si les llega,
con un ritmo más lento.
Tienen pocos amigos.
No exponen sus instantes.
No desgastan las cosas
ni el lenguaje. Net
para ellos es malla
que detiene la plata de los peces.
Benditos los que viven
como cuando nacieron
y pasan la mañana oyendo el olmo
que creció junto al río
sin que nadie
lo plantara.
Benditos los ignotos,
los que tienen
todavía
intimidad.

de J. A. González Iglesias
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CANCIÓN PARA ÁNGEL GONZÁLEZ

Camina claro en la noche
el caballero.
Va con los pasos muy breves,
pasos que sueñan despiertos.
La luz de los bares últimos
persigue el buen caballero,
hora ya de clarear.
Albor que vienes de lejos,
agrio azor de claridad,
no mates la noche turbia.
“En vaso corto y con hielo”
-y el oro que se derrama,
licor de la soledad.
Callado cuando otros hablan,
porque respeta el silencio,
canta amargo el caballero,
voz de quebrado cristal.
Canta en tinieblas amigas
el caballero
-carpe diem, qué veloz,
mundo de plata que huye.
La cueva de su guitarra
sirve de estuche a un lamento.
Amanece en la ciudad
y ya se va el caballero,
paso quedo, al mundo oscuro,
a domeñar
el dragón albo del sueño.
Ya se va de la noche el caballero,
pues se queda la noche sin verdad.
Hora ya de clarear.

de Felipe Benítez Reyes (2002)
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XV

Domina los impulsos,
irradia los efectos a su suerte;
controla los anhelos
que muestran desagrado.

Vuela el aire prendido en sentimientos
en pos de mariposas,
mas no llores la huida:
síguela donde el ímpetu indique su perfume.

De apuntes, 2001
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TORTUOSO CAMINO

Transito por sendas y veredas. Arroyos, animales y plantas me observan.
Intento procrastinar, aplazar mi farragoso y confuso estado mental.
Un ruido ex profeso me persigue, un rebaño de 155 ovejas balan al unísono, y en coro me repiten 155 veces ¡¡A por ellos oeoeoe…!!
Acelero la marcha, de reojo veo cómo, en un estricto gesto marcial, se agrupan disciplinadamente en corro. Intercalan cabezas y culos unos contra otros hasta confundir una cosa con otra, llegando a pensar si no serían lo mismo…
Agilizo el paso, siempre anhelé ser autónomo, autosuficiente y libre; independiente no me atrevo a pronunciar en los tiempos que corren de posverdad.
Ahora me persigue un grupo uniformado de jóvenes excursionistas (niños vestidos de gilipoyas mandados por gilipoyas vestidos de niños) con atuendos patrios, que nunca adoctrinados, quede claro.
Acarrados corean el “Vamos a contar mentiras tralará”, que por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas…
Entonces ya sí que me pongo a correr. La pureza del oxígeno dopa mi cerebro y mi pensamiento.
Cuánto daño sufrido, cuánto miedo y resignación nos dejó nuestro sátrapa.
Cuarenta años de franquismo, más cuarenta años de posfranquismo son ochenta años, muchos, demasiados años.
Agotado, me siento en una piedra al borde de mi querida fuente, y cierro los ojos.
Transustancialmente veo a cientos, miles, millones de idiotas en paro, con un trapo en sus ventanas, y al mismo tiempo 29.000 delincuentes fiscales brindando en sus yates. Milagros de la vida.
Entonces, despierto y atento, conscientemente ahora, decido echarme al monte.

de Pedro García García
(Club SONRISAS)
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martes, 17 de abril de 2018

cosas de poca importancia


cosas de poca importancia
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POEMA INACABADO

De Tormentas, tormentos y otros poemas personales
Hermanos,
estamos escribiendo la historia
minúscula.
la que se ejercita todos los días
en la conjunción
de los sueños
que tuvimos.
Con las manos,
las palmas blancas,
ensayamos amores.
corazones rotos.
Sueñas con el héroe que te pintan
pero la historia,
la otra,
la grande,
la cuentan
los otros. Cada quien,
según le va.
Tenemos que juntar
los tiempos,
atar sus junturas con letras de aire,
y soñar.
Soñar con los ojos muy abiertos
para que nunca
nunca
se pierdan.

De Andrés García Madrid
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¡QUÉ LÁSTIMA
¡Qué lastima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!
Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!
De León Felipe
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XIV

Si las dudas oscurecen
los deleites de tu cielo,
cuéntame tu desconsuelo:
avísame si aparecen.
Porque si a ti te ensombrecen,
a mi me causan dolor
tus dudas. Yo soy deudor
de que vuelva la alegría
a ser nuestra compañía.
Sin sospecha. Sin rencor.

de apuntes 2001
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Un paseo

El cielo resplandecía raso y luminoso, la hierba, espigada y amarillenta, perfumaba el aire con un aroma que complacía nuestros sentidos, y nos envolvía en una danza de suaves coloridos. Caminábamos despacio, lentamente, bajo las sombras del parque; me aproximé a un hermoso y viejo árbol y me fusioné con él en un sentido y cálido abrazo. Percibí una apacible y placentera sensación de tranquilidad y sosiego.

De Mª Carmen Díaz
(Club sonrisas)
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martes, 10 de abril de 2018

inéditos


La Maliciosa
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Siempre me piden poemas inéditos.
Nadie lee poesía
pero me piden poemas inéditos.
Para la revista, el periódico, el performance,
el encuentro, el homenaje, la velada:
un poema, por favor, pero inédito.
Como si supieran de memoria lo que he escrito.
Como si estuvieran colmados de mi poesía
y ahora necesitaran algo inédito.
La poesía siempre es inédita, dijo el poeta en un poema,
pero ellos lo ignoran porque no leen poesía,
sólo piden poemas inéditos.

de Fabio Morábito
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EVOCACIÓN

Hoy sé que los quebrados son olivos
cercados en el área de la escuela.
Hoy sé que llevan remo y blanca vela
los amados balandros adjetivos.

Hoy sé que aquellos tiempos están vivos,
que cada asignatura es centinela
que vigila un recuerdo y lo revela
con gesto y con presencia redivivos.

Me encontré solitario, inerte, ciego,
sin risueño pasado, sin el juego
alegre entre los vientos del verano,

y yo busqué en los álamos mi vida
y al no encontrarla la creí perdida,
y estaba aquí, al alcance de la mano.

de José Hierro
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XIII

Todo es mentira: la flor en primavera;
el prado verde;
la fuente de las perlas; la noche.
Tu juventud hermosa. Las estrellas…

Es bonito el instante.
Es hermoso el momento,
pero es mentira.

Son divinas las flores mientras duran.
Y el verde hasta el estío.
Se secará la fuente.
La noche se hará día.
Marchitará tu risa.

¿Y las estrellas…?

de apuntes, 2001
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ZORONDONGO

Miraba un programa de circo que ponían en la tele, donde Pinito del Oro hacía filigranas en el trapecio; mientras tanto yo leía en el fascículo nª 10 de “La Tierra y el Hombre” que los saurios prehistóricos se expulsaban unos a otros de sus territorios a grandes mordiscos, y procuraban no acatarrarse para estar fuertes y ganar la pelea.

De Fabián López
(Club SONRISAS)
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martes, 3 de abril de 2018

OTRA VEZ LAS PRISAS


figuras sugerentes bajo la nieve...
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LOS SÍNTOMAS PRIMERO

Vieja sabia demente he de evocarte
por las tardes del campo en tu regreso
los cabellos y el manto desceñidos
con pétalos de flores salpicada.
¿Cómo transformas Primavera Loca
la algarabía de este viento rojo
de esta carne tan seca en vivos brotes
que palpitan cuajados de mil verdes...?
¿Qué excitante mudanza gravitando
como las huellas que embellecen mudas
la tersura desierta de una playa
cerniste lenta sobre el campo yerto...?
¡Oh trasfondo total! ¡Oh vigorosa
ley oculta rectora de la sangre
no va contigo el tiempo sí la vida!

de Ezequías Blanco
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DESTINATARIO: OLOF PALME

Querido compañero de partido:

El producto nacional aumenta día a día y las casas de apartamentos surgen de la tierra.
No nos quejamos, porque estamos bastante bien, pero de vez en cuando uno se pone a pensar.

Ahora, por ejemplo, anuncia Esso que busca cocineros y camareros y camareras, limpiadoras, recepcionista, también masajista para la sauna, a tiempo parcial, y maquinista, con la misión concreta de cuidar la piscina cubierta. Hay gimnasio, bar y locales para reuniones y congresos, al parecer.
(Adjuntamos el anuncio.)

Nos congratulamos, por supuesto, de los puestos de trabajo que gracias a la localización regional de esta construcción nos corresponden (aunque la fuerza de trabajo, sobre todo en la cocina, será italiana). Gastos de la construcción: cuatro millones. El periódico local ha hecho un magnífico reportaje.
(Adjuntamos el artículo.)

No nos malinterpretes, somos socialistas leales.
Creemos pues en la necesidad de hacer prioridades en el sector social y, en general, de las ventajas de hacer economías.

Creemos en las ventajas de la paz laboral y la solidaridad entre las clases sociales, caso de que sigan existiendo.

Creemos que la colaboración con el gran capital nacional es la condición para una óptima planificación de recursos teniendo en cuenta la actual estructura de nuestra sociedad y la división del poder en el campo de la economía.

Pero nos preguntamos, quizá más por los demás,
que tal vez nos pregunten ¿quién ha decidido, en realidad, que Esso pueda construir un hotel con semejante servicio para viajantes de comercio y, en el verano, para turistas, mientras nosotros que llevamos cuatro años viviendo en 1700 pisos carecemos de sauna, playa, servicios, tiendas, pub, guarderías, farmacia, banco, polideportivo y locales tanto para nuestros hobbys como para nuestras reuniones?

Hay un quiosco junto a la autopista en el que los chiquillos compran chicle con cromos coleccionables todos los días.

Ahora nos preguntamos —y no lo tomes de manera personal— si tú o el gobierno tenéis algo que ver
en el plan de prioridades de servicios arriba mencionado o si todo sigue estando dirigido como siempre desde los Estados Unidos. Agradeciéndote de antemano la respuesta firmamos

Cuatro trabajadores electorales de Löten

de Björn Håkanson (Suecia, 1937)
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XII

Espera, siempre espera
en la espera del tiempo detenida.
Te sueño verdadera,
y esa espera es la vida.
¿Por qué, rosa temprana, vas herida?

La tarde se demora.
Nadie pasea. Ya la luna llega.
Se nos pasó la hora,
y me desasosiega
sospechar que por otro estás tan ciega.

Espero en una esquina.
Soy de la noche la farola muda.
La noche celestina
me mira, me saluda.
Y cuando me retiro, me desnuda.

Percibo su ironía
en esa luz de luna tan sonora.
Eras mi teología,
mi diosa seductora.
La oscuridad mostró tu voz traidora.

Penosa noche pasa
quien teme la llamada misteriosa
reclamando en la casa
su fruta deliciosa.
(¿Cuándo brilló la espina sin la rosa?)

de “apuntes” 2001
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OTRA VEZ LAS PRISAS

Corro, corro, creo que llego. El bus cierra sus puertas en mis narices. Me enojo. Me tenso. Maldigo. Después de una dura y monótona jornada laboral. Cara abatida, aburrimiento, resignación. No me queda otra. Tengo que esperar al siguiente. Mi ceño fruncido, mi paciencia es amarga.
De repente noto manos que tapan mis ojos. Me sobrecoge el tacto, las reconozco. Un segundo. En un segundo cambia todo. Mis arrugas son ahora sonrisas. Sus brazos me rodean y siento, siento que mis ojos se cierran sin querer. Se precintaron las puertas, y se abrieron ventanales. En un periquete, tres décadas instantes somos.

de Pedro García García
(Club Sonrisas)

martes, 27 de marzo de 2018

TERCIOPELO AZUL


arte medieval
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Siendo niño
me decía mi madre:
"Cuando seas mayor, lo entenderás".

Y ahora que alguna cana asoma
por mi larga cabellera,
me doy cuenta que quizá
debo cumplir más aňos todavía
porque sigo sin entender
apenas nada.

de Carmelo González

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TERCIOPELO AZUL

Mi coño eleva el conocimiento que tú le has enseñado.
La velocidad y el violento latido de una horca.
Mi coño alimentado por una boca física
tiene el oficio azul de ser frágil y exacto.
Flexible y religioso, mi coño es la pirámide
de un resplandor de oxígeno que se pone mis bragas.
Tiene quinientos años de elegancia y de músculos
batidero de sangre volada de partículas.
Fluye con tabaco, la cicuta y el whisky,
tiene chispas de plata, monedas de cerveza.
Con tu estremecimiento causas en mí palabras
que dicen deserciones y dulces animales.
En tu lengua me dices cosas extraordinarias,
se me llena la oreja del ardor de los fósforos.
Pasa todo a mi coño, se forman las arrugas,
aprende, coronado como abrirse las venas.
Tan despierto y profundo como un túnel en llamas,
llega al centro, al tugurio de un burdel que se mueve.
Es un párpado oliendo tu medida en centímetros,
el aceite de un arma, con una bala de oro.
Extremaunción del vértigo que crece en los amantes,
mi coño es un estado mental de luz y sombra.
Suda como una sábana. Palpita como un trago.
Es móvil terciopelo azul. Báilalo lento.
Por la muerte.
Jode la tristeza.

de Isla Correyero
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XI

Castiga el sol abrasando
por la llanura manchega.
Ni siquiera el aire brega.
Va la brea licuando.
Un arrebato nefando
de miedo a la insolación,
es la desesperación
peregrina del sofista
que, coche no ve a la vista,
y se adivina carbón.

de “apuntes”, 2001
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EL REGRESO

María se levantó temprano, era una hermosa mañana de primavera, en el jardín se oía el trinar de los pájaros y ya apuntaban los primeros rayos del sol.
Todavía le quedaba mucho que preparar, tanto tiempo esperando y por fin había llegado el día. Tenía que tenerlo todo listo y como le gustaba a él. No se le había olvidado nada, había arreglado el jardín aquel en el que habían paseado juntos. Preparó su comida favorita, pollo en salsa, un poquito picante, como le gustaba a él. De postre flan del que tantas veces le había hecho, y que se lo comía siempre de una sentada.
Por último se maquilló y se arregló con su mejor vestido, pues a él siempre le gustaba verla guapa.
Había anhelado tanto aquel día y ya por fin había llegado.
Ese día regresaba su hijo después de tres largos años trabajando en Alemania.

de Maravillas
(Club de escritura SONRISAS)
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martes, 20 de marzo de 2018

MAME MBAYE

la primavera...

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MAME MBAYE

Toda una vida huyendo.
Huir de la miseria de un país corrupto. Saltar, correr, huir de las fronteras que cortan tu piel. Huir de las mafias que quieren cobrar su mordida, huir de la policía que te pide los papeles que no tienes, huir de un trabajo miserable que te obliga a vender falsificaciones hechas en países como del que huiste. Huir de tu sombra, de tu vida.
Correr hasta reventar.

de Josef Antoni en lucha

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¡A LA HUELGA, COMPAÑERAS!

¡No vayáis a trabajar!
Deja el cazo y la herramienta,
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Contra el estado machista
nos vamos a levantar,
vamos todas las mujeres
a la huelga general.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Se han llevado a mi vecina
en una redada más,
y por no tener papeles
ay, la quieren deportar.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!

¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Trabajamos en precario
sin contrato y sanidad,
el trabajo de la casa
no se reparte jamás.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Privatizan la enseñanza,
no la podemos pagar,
pero nunca aparecimos
en los temas a estudiar.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!

¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.

Versión del clásico de Chicho Sánchez Ferlosio del año 1963 A la huelga, adaptado para feminizarla, sustituyendo el "ellos" por "ellas", el "compañeros" por "compañeras", y algo más.
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X

Con zapatos de tacón
paseaba por la acera,
presta para la carrera,
una muchacha cañón.
Minifalda de aluvión,
los ojos de golosina,
sueña ser la concubina
de algún magnate cliente
que la saque, dulcemente,
de la miserable esquina.

De apuntes 2001
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LAS GRULLAS

Las grullas son aves migratorias de largas distancias que pasan el invierno principalmente en el norte de África. Suelen hacer paradas intermedias, viniendo de Asia, en Finlandia y Suecia.
Hay importantes áreas donde las grullas realizan paradas, como dehesas y humedales de la Península Ibérica, aquí suelen alimentarse y criar, siempre previo a sus constantes viajes.
Éstas danzan emitiendo grandes trompeteos, fuertes, resonantes y audibles desde considerables distancias.
Son muy curiosas de observar en sus danzas ondeando sus largos cuellos y agitando sus fuertes picos como si fueran rocas golpeadas entre sí. Cuando el invierno se acerca no deja de sorprenderme su paso por nuestros cielos en forma de v y sin dejar de emitir sus cánticos que nos hacen elevar nuestra mirada y deducir que los fríos se acercan.
(yo, un día, fui una…)

de Valentina
(Sonrisas)

martes, 13 de marzo de 2018

MEMORIA DEL TRÓPICO


Mulhacén
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A veces me pregunto
que tú, que tanto charlas,
¿cómo te las apañas
cuando estás con… nadie?

Quizá, sin darte cuenta,
hablas a esa persona inexistente...
Como yo contigo.

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MEMORIA DEL TRÓPICO

Ser el árbol del mango,
el canto y el encanto del pájaro gulungo.
Ser el millo y la papa, la raíz del jengibre,
los sones del candombe, sus danzones.
Ser cocuyos y ranas,
floresta de heliconias y cantutas,
los bochocós, el jaguar, la hicotea,
cochayuyos costeros, guayacanes y mangles.

Ser la palma de tagua, rajatrapos y cóndores,
los babalaos, los humos de la sacerdotisa,
salmodia del turpial cuando amanece.
Ser rito milenario y Pachamama,
plumaje de quetzal y ararajuba,
chapulín de alas rojas, cucarrón de alas verdes.
Ser viejo curandero y plañidera,
los caminos que aceptan el regreso, la huida.

Ser música de chuchos, marimbas y guaruras,
espíritu de ceiba y de mañío,
la aldea entre frondosos cafetales.
Ser tucán y pijije,
tronamentas, celajes, aguaceros, ventiscas.
Ser la luz de la luna
cuando atraviesa el ojo del cenote,
la flor incandescente del hibisco.
Ser pimienta y onoto,
madera de choibá y de calabonga,
transparencia del agua del alto Putumayo.
Ser pámpana de parra,
la exhalación terrígena,
las nieves de la ruda cordillera.
Ser ají y achiote,
los glifos astrológicos del calendario maya,
la nube que se posa en la planicie.

Ser Comala y Macondo, caracola marina
por la que nos susurran los océanos.
Ser la sal de la tierra,
conuco campesino en la llanura,
el águila posada en el nopal.
Ser el niño aturdido
por la visión de un dios, el ojo ciego
del huracán que arrastra un viejo tambo.
Ser trampero en la selva, pescador en los ríos.

Ser yuyal y ajolote, las monarcas viajeras,
quebradas, barrizales y potreros.
Ser los huesos molidos, los tambores del baile,
la princesa zenú, la diosa inca.
Ser tiguales y cactus,
serpiente mitológica emplumada,
los páramos de Rulfo, los cielos de Darío,
la fauna del color del alebrije.

Ser vuelo vertical de guacamayo,
las manos de la anciana chapolera,
la yuca, el coco, el ñame,
la arepa, el patacón, la chicha andina.
Ser el funyi en el tango y el pañuelo en la zamba,
las rutas que prometen el Eldorado,
los bollos de maíz, la madre negra.

Pero también los odios ancestrales,
la alambrada de púas, los venenos del chongo.
Pero también abrazo de anaconda,
dentellada de puma, picazón de tarántula.
Pero también las ruinas y el expolio,
la ciudad de chacales con codicia de hombres.
Pero también guerrilla y dictadura,
las manos en dos puños, los rifles clandestinos,
la plaga del dañoso comején.

Pero también la tribu y la matanza,
la errabunda comuna,
la venganza, el secuestro, los sangrientos afiches.
Pero también la fiera acorralada,
los guaicos que sotierran favelas y cambuches.
Pero también los cárteles, los combos,
la fe ciega y fanática, los héroes baleados.
Pero también la paz, la resistencia,
la casa del amigo,
la rebelión sonora, la utopía.

Ser uno entre vosotros. Y ser todo entre todos.
Y ser igual que el mundo: distinto en cada hombre.
La sombra inmemorial de mis antepasados,
aquí en la latitud de los asombros.
Los seres que cohabitan al poeta.
Los poetas que callan en mi idioma.


De José Manuel Díez
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IX

Es sabio el que ha sufrido.
Liviano el inocente.
Tolerante el anciano.
Dolido el indigente.

De “Apuntes”, 2001
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REQUIEM POR UN SER VIVO

Petirrojo… simpático y cantarín pajarillo que pone luz, color y alegría a nuestros parques y jardines.
Automóvil… máquina infernal, puesta en mis manos en el preciso momento del paso de este delicado ser vivo.
Resultado… silencio, tristeza, vacío.
Desde ese fatídico instante, he privado a la Naturaleza, y con ella a todos los seres sensibles, poder admirar a un ser tan delicado como bello ¡¡lo siento!!
Aunque, ¿qué suena?, ese canto le conozco, ¡un petirrojo!, y me saluda desde la rama de un ciprés, tal vez sea el espíritu luminoso de nuestro desgraciado accidente, o ¿será muestra de que la vida continúa? ¡¡Qué suerte volver a verte!!

De Felipe Gamboa
(Sonrisas)
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martes, 6 de marzo de 2018

sudor y nieve


foto Paki: los ocho de la fama por la canal de acceso
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sudor y nieve
mas allá de la niebla
La Maliciosa

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ORACIÓN EN COLUMBIA UNIVERSITY
A Dionisio Cañas

Bendito sea Dios, porque inventó el silencio,
y el chirrido de la chicharra,
y el lagarto de fastuoso traje verde,
y la brasa hipnotizadora
(horizontal crepúsculo pudo haberla llamado
don Pedro Calderón de la Barca en el declive del Barroco).
Bendito sea Dios que inventó el agua
el agua sobre todo.
Bendito sea Dios porque inventó el amanecer
y el balido que lo poblaba.
Ahora vuelvo a escuchar aquella melodía.
El arroyo arpegiaba sobre cantos rodados,
hacía el contrapunto.
Suena el concierto en mi memoria.
O puede que se trate
de una música diferente:
la que escuchó, primero, entre los arrayanes de Granada
Federico García Lorca,
y luego aquí, rescatada,
en Columbia University.
Bendito sea Dios que inventó los prodigios
que contaba mi padre
perfumado de espliego y de tomillo.
Eran historias de ciudades mágicas
en las que el agua circulaba
por venas de metal, agua caliente y fría
(nos lo contaba al borde del regato,
helado en el invierno, seco en estío:
«Venga, a lavarse, coño, guarros».
Y obedecíamos).
Bendito sea Dios que inventó la cabra –la cabra
que rifaba por los pueblos–
mucho antes que Pablo Picasso,
con barriga de cesto de mimbre
y tetas como guantes de bronce.
Maldito sea Dios porque inventó el estaño
parpadeante del olivo,
ramas y tronco de Laoconte,
y aquella sombra trágica de catafalco y oro:
un rayo congelado en la mano siniestra
y en la diestra un crepúsculo.
Maldito sea Dios porque inventó a mi padre
colgado de una rama del olivo
poco después de recogerse la aceituna.
No puedo perdonárselo.
Pero eso fue más tarde.
Antes fueron los niños.
Bendito sea Dios que inventó aquellos niños,
vestidos como príncipes o pájaros.
Con voces de cristal, «Papá», decían a su padre.
Bendito sea Dios por inventar una palabra
milagrosa, jamás oída,
y su padre correspondía
con vaharadas de ternura.
Maldito sea Dios, porque yo quise
arrezagarme en la ternura
pronunciando la mágica palabra
entonces descubierta. «¿Papá?» «Mariconadas,
si te la vuelvo a oír te llevas una hostia.»
Bendito sea Dios porque inventó los años,
1970, 1980, 1990…,
inventó el fuego, el oro viejo
de los arces de otoño,
y estos ríos profundos como penas,
largos como el olvido o el recuerdo,
hospitalarios, generosos,
por los que la ciudad va navegando
hasta la mar, que es el morir.
Bendito sea Dios que inventó libros sabios.
Se daba nombre en ellos
a lo que antes no lo tenía.
Bendito sea Dios porque inventó licenciaturas
masters, campus con risas y con marihuana,
laboratorios y celebraciones
con cantos en latín, gaudeamus igitur,
todo situado en niveles distintos del tiempo.
Bendito sea Dios que inventó la memoria
y que inventó el silencio de este lugar aséptico,
y las venas metálicas ocultas
en las que el agua espera
unas manos liberadoras que les devuelvan su canción.
Ahora sé que mi padre está vengado.
Mi padre, descolgado del olivo
pronuncia con mis labios las palabras totémicas,
y se estremece este recinto sagrado.
«Coño, joder, carajo, a lavarse la cara, hostias.»
Y abro los grifos, lavabos, duchas, retretes,
se desbordan las aguas que él soñaba
en la choza de adobe y paja,
cantan la gloria de la recuperación,
y mi padre navega por las aguas,
le provoco, gritándole desconsolado.
«¡Papá!» «Mariconadas», me contesta.
ahogado, recuperado,
navegante por los canales de oro,
vivo ya para siempre.


José Hierro
(De Cuaderno de Nueva York, 1998)
Nayagua27
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VIII

Buceo entre la bruma.
La oscuridad se rompe con la niebla.
Amenaza la roca en la montaña
imposible de ver. Solo la noche
urdida por un túnel, adivina
la jaula donde juego al escondite.

Pero esa certidumbre se termina
de tanto en tanto, y ni el faro puede
desentrañar la vía, que serpea
bajo la máquina,

y vuelve a mi cristal la telaraña
que rompe con su velo la alegría
de ver en el sosiego tu misterio,
mágica luna.

De apuntes 2001
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LA DUDA

Ya lo decía George Orwell en su novela 1.984.
El Gran Hermano vigilante, atento, alerta, ojo avizor, y muchos datos; infinidad de estadísticas, y la vara siempre en alto, por si alguien se desmanda.
Por todas las partes pantallas visuales, diarios, tertulias, tinta y papel gastado en falsear, y lo que no conviene se destruye y se borra; para falacia tras falacia comernos el tarro.
Yo entre tanta mentira por más que lo intento no sé descubrir la verdad “de los demás.”
Sé que me toman el pelo con tanto bombardeo; acabo aturdido, y no creo más que en mí mismo y,a veces, “casi dudo.”
No puede ser la sutilidad con que tratan de anular al individuo haciendo que de una forma u otra acabemos como “ovejas acarrás.”

LA GUERRA ES LA PAZ
LALIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
George Orwell)

De Fabián López
(Club “Sonrisas”)
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