martes, 24 de abril de 2018

TORTUOSO CAMINO


Dibujo de Katova para Lola Illamel ("donde no me esperas")
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BENDITOS LOS IGNOTOS

Benditos los ignotos,
los que no tienen página
en internet, ni perfil
que los retrate en Facebook,
ni artículo que hable
de ellos en Wikipedia.
Los que no tienen blog.
Ni siquiera correo
electrónico, todo
les llega, si les llega,
con un ritmo más lento.
Tienen pocos amigos.
No exponen sus instantes.
No desgastan las cosas
ni el lenguaje. Net
para ellos es malla
que detiene la plata de los peces.
Benditos los que viven
como cuando nacieron
y pasan la mañana oyendo el olmo
que creció junto al río
sin que nadie
lo plantara.
Benditos los ignotos,
los que tienen
todavía
intimidad.

de J. A. González Iglesias
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CANCIÓN PARA ÁNGEL GONZÁLEZ

Camina claro en la noche
el caballero.
Va con los pasos muy breves,
pasos que sueñan despiertos.
La luz de los bares últimos
persigue el buen caballero,
hora ya de clarear.
Albor que vienes de lejos,
agrio azor de claridad,
no mates la noche turbia.
“En vaso corto y con hielo”
-y el oro que se derrama,
licor de la soledad.
Callado cuando otros hablan,
porque respeta el silencio,
canta amargo el caballero,
voz de quebrado cristal.
Canta en tinieblas amigas
el caballero
-carpe diem, qué veloz,
mundo de plata que huye.
La cueva de su guitarra
sirve de estuche a un lamento.
Amanece en la ciudad
y ya se va el caballero,
paso quedo, al mundo oscuro,
a domeñar
el dragón albo del sueño.
Ya se va de la noche el caballero,
pues se queda la noche sin verdad.
Hora ya de clarear.

de Felipe Benítez Reyes (2002)
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XV

Domina los impulsos,
irradia los efectos a su suerte;
controla los anhelos
que muestran desagrado.

Vuela el aire prendido en sentimientos
en pos de mariposas,
mas no llores la huida:
síguela donde el ímpetu indique su perfume.

De apuntes, 2001
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TORTUOSO CAMINO

Transito por sendas y veredas. Arroyos, animales y plantas me observan.
Intento procrastinar, aplazar mi farragoso y confuso estado mental.
Un ruido ex profeso me persigue, un rebaño de 155 ovejas balan al unísono, y en coro me repiten 155 veces ¡¡A por ellos oeoeoe…!!
Acelero la marcha, de reojo veo cómo, en un estricto gesto marcial, se agrupan disciplinadamente en corro. Intercalan cabezas y culos unos contra otros hasta confundir una cosa con otra, llegando a pensar si no serían lo mismo…
Agilizo el paso, siempre anhelé ser autónomo, autosuficiente y libre; independiente no me atrevo a pronunciar en los tiempos que corren de posverdad.
Ahora me persigue un grupo uniformado de jóvenes excursionistas (niños vestidos de gilipoyas mandados por gilipoyas vestidos de niños) con atuendos patrios, que nunca adoctrinados, quede claro.
Acarrados corean el “Vamos a contar mentiras tralará”, que por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas…
Entonces ya sí que me pongo a correr. La pureza del oxígeno dopa mi cerebro y mi pensamiento.
Cuánto daño sufrido, cuánto miedo y resignación nos dejó nuestro sátrapa.
Cuarenta años de franquismo, más cuarenta años de posfranquismo son ochenta años, muchos, demasiados años.
Agotado, me siento en una piedra al borde de mi querida fuente, y cierro los ojos.
Transustancialmente veo a cientos, miles, millones de idiotas en paro, con un trapo en sus ventanas, y al mismo tiempo 29.000 delincuentes fiscales brindando en sus yates. Milagros de la vida.
Entonces, despierto y atento, conscientemente ahora, decido echarme al monte.

de Pedro García García
(Club SONRISAS)
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martes, 17 de abril de 2018

cosas de poca importancia


cosas de poca importancia
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POEMA INACABADO

De Tormentas, tormentos y otros poemas personales
Hermanos,
estamos escribiendo la historia
minúscula.
la que se ejercita todos los días
en la conjunción
de los sueños
que tuvimos.
Con las manos,
las palmas blancas,
ensayamos amores.
corazones rotos.
Sueñas con el héroe que te pintan
pero la historia,
la otra,
la grande,
la cuentan
los otros. Cada quien,
según le va.
Tenemos que juntar
los tiempos,
atar sus junturas con letras de aire,
y soñar.
Soñar con los ojos muy abiertos
para que nunca
nunca
se pierdan.

De Andrés García Madrid
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¡QUÉ LÁSTIMA
¡Qué lastima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!
Sin embargo...
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!
De León Felipe
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XIV

Si las dudas oscurecen
los deleites de tu cielo,
cuéntame tu desconsuelo:
avísame si aparecen.
Porque si a ti te ensombrecen,
a mi me causan dolor
tus dudas. Yo soy deudor
de que vuelva la alegría
a ser nuestra compañía.
Sin sospecha. Sin rencor.

de apuntes 2001
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Un paseo

El cielo resplandecía raso y luminoso, la hierba, espigada y amarillenta, perfumaba el aire con un aroma que complacía nuestros sentidos, y nos envolvía en una danza de suaves coloridos. Caminábamos despacio, lentamente, bajo las sombras del parque; me aproximé a un hermoso y viejo árbol y me fusioné con él en un sentido y cálido abrazo. Percibí una apacible y placentera sensación de tranquilidad y sosiego.

De Mª Carmen Díaz
(Club sonrisas)
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martes, 10 de abril de 2018

inéditos


La Maliciosa
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Siempre me piden poemas inéditos.
Nadie lee poesía
pero me piden poemas inéditos.
Para la revista, el periódico, el performance,
el encuentro, el homenaje, la velada:
un poema, por favor, pero inédito.
Como si supieran de memoria lo que he escrito.
Como si estuvieran colmados de mi poesía
y ahora necesitaran algo inédito.
La poesía siempre es inédita, dijo el poeta en un poema,
pero ellos lo ignoran porque no leen poesía,
sólo piden poemas inéditos.

de Fabio Morábito
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EVOCACIÓN

Hoy sé que los quebrados son olivos
cercados en el área de la escuela.
Hoy sé que llevan remo y blanca vela
los amados balandros adjetivos.

Hoy sé que aquellos tiempos están vivos,
que cada asignatura es centinela
que vigila un recuerdo y lo revela
con gesto y con presencia redivivos.

Me encontré solitario, inerte, ciego,
sin risueño pasado, sin el juego
alegre entre los vientos del verano,

y yo busqué en los álamos mi vida
y al no encontrarla la creí perdida,
y estaba aquí, al alcance de la mano.

de José Hierro
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XIII

Todo es mentira: la flor en primavera;
el prado verde;
la fuente de las perlas; la noche.
Tu juventud hermosa. Las estrellas…

Es bonito el instante.
Es hermoso el momento,
pero es mentira.

Son divinas las flores mientras duran.
Y el verde hasta el estío.
Se secará la fuente.
La noche se hará día.
Marchitará tu risa.

¿Y las estrellas…?

de apuntes, 2001
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ZORONDONGO

Miraba un programa de circo que ponían en la tele, donde Pinito del Oro hacía filigranas en el trapecio; mientras tanto yo leía en el fascículo nª 10 de “La Tierra y el Hombre” que los saurios prehistóricos se expulsaban unos a otros de sus territorios a grandes mordiscos, y procuraban no acatarrarse para estar fuertes y ganar la pelea.

De Fabián López
(Club SONRISAS)
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martes, 3 de abril de 2018

OTRA VEZ LAS PRISAS


figuras sugerentes bajo la nieve...
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LOS SÍNTOMAS PRIMERO

Vieja sabia demente he de evocarte
por las tardes del campo en tu regreso
los cabellos y el manto desceñidos
con pétalos de flores salpicada.
¿Cómo transformas Primavera Loca
la algarabía de este viento rojo
de esta carne tan seca en vivos brotes
que palpitan cuajados de mil verdes...?
¿Qué excitante mudanza gravitando
como las huellas que embellecen mudas
la tersura desierta de una playa
cerniste lenta sobre el campo yerto...?
¡Oh trasfondo total! ¡Oh vigorosa
ley oculta rectora de la sangre
no va contigo el tiempo sí la vida!

de Ezequías Blanco
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DESTINATARIO: OLOF PALME

Querido compañero de partido:

El producto nacional aumenta día a día y las casas de apartamentos surgen de la tierra.
No nos quejamos, porque estamos bastante bien, pero de vez en cuando uno se pone a pensar.

Ahora, por ejemplo, anuncia Esso que busca cocineros y camareros y camareras, limpiadoras, recepcionista, también masajista para la sauna, a tiempo parcial, y maquinista, con la misión concreta de cuidar la piscina cubierta. Hay gimnasio, bar y locales para reuniones y congresos, al parecer.
(Adjuntamos el anuncio.)

Nos congratulamos, por supuesto, de los puestos de trabajo que gracias a la localización regional de esta construcción nos corresponden (aunque la fuerza de trabajo, sobre todo en la cocina, será italiana). Gastos de la construcción: cuatro millones. El periódico local ha hecho un magnífico reportaje.
(Adjuntamos el artículo.)

No nos malinterpretes, somos socialistas leales.
Creemos pues en la necesidad de hacer prioridades en el sector social y, en general, de las ventajas de hacer economías.

Creemos en las ventajas de la paz laboral y la solidaridad entre las clases sociales, caso de que sigan existiendo.

Creemos que la colaboración con el gran capital nacional es la condición para una óptima planificación de recursos teniendo en cuenta la actual estructura de nuestra sociedad y la división del poder en el campo de la economía.

Pero nos preguntamos, quizá más por los demás,
que tal vez nos pregunten ¿quién ha decidido, en realidad, que Esso pueda construir un hotel con semejante servicio para viajantes de comercio y, en el verano, para turistas, mientras nosotros que llevamos cuatro años viviendo en 1700 pisos carecemos de sauna, playa, servicios, tiendas, pub, guarderías, farmacia, banco, polideportivo y locales tanto para nuestros hobbys como para nuestras reuniones?

Hay un quiosco junto a la autopista en el que los chiquillos compran chicle con cromos coleccionables todos los días.

Ahora nos preguntamos —y no lo tomes de manera personal— si tú o el gobierno tenéis algo que ver
en el plan de prioridades de servicios arriba mencionado o si todo sigue estando dirigido como siempre desde los Estados Unidos. Agradeciéndote de antemano la respuesta firmamos

Cuatro trabajadores electorales de Löten

de Björn Håkanson (Suecia, 1937)
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XII

Espera, siempre espera
en la espera del tiempo detenida.
Te sueño verdadera,
y esa espera es la vida.
¿Por qué, rosa temprana, vas herida?

La tarde se demora.
Nadie pasea. Ya la luna llega.
Se nos pasó la hora,
y me desasosiega
sospechar que por otro estás tan ciega.

Espero en una esquina.
Soy de la noche la farola muda.
La noche celestina
me mira, me saluda.
Y cuando me retiro, me desnuda.

Percibo su ironía
en esa luz de luna tan sonora.
Eras mi teología,
mi diosa seductora.
La oscuridad mostró tu voz traidora.

Penosa noche pasa
quien teme la llamada misteriosa
reclamando en la casa
su fruta deliciosa.
(¿Cuándo brilló la espina sin la rosa?)

de “apuntes” 2001
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OTRA VEZ LAS PRISAS

Corro, corro, creo que llego. El bus cierra sus puertas en mis narices. Me enojo. Me tenso. Maldigo. Después de una dura y monótona jornada laboral. Cara abatida, aburrimiento, resignación. No me queda otra. Tengo que esperar al siguiente. Mi ceño fruncido, mi paciencia es amarga.
De repente noto manos que tapan mis ojos. Me sobrecoge el tacto, las reconozco. Un segundo. En un segundo cambia todo. Mis arrugas son ahora sonrisas. Sus brazos me rodean y siento, siento que mis ojos se cierran sin querer. Se precintaron las puertas, y se abrieron ventanales. En un periquete, tres décadas instantes somos.

de Pedro García García
(Club Sonrisas)

martes, 27 de marzo de 2018

TERCIOPELO AZUL


arte medieval
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Siendo niño
me decía mi madre:
"Cuando seas mayor, lo entenderás".

Y ahora que alguna cana asoma
por mi larga cabellera,
me doy cuenta que quizá
debo cumplir más aňos todavía
porque sigo sin entender
apenas nada.

de Carmelo González

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TERCIOPELO AZUL

Mi coño eleva el conocimiento que tú le has enseñado.
La velocidad y el violento latido de una horca.
Mi coño alimentado por una boca física
tiene el oficio azul de ser frágil y exacto.
Flexible y religioso, mi coño es la pirámide
de un resplandor de oxígeno que se pone mis bragas.
Tiene quinientos años de elegancia y de músculos
batidero de sangre volada de partículas.
Fluye con tabaco, la cicuta y el whisky,
tiene chispas de plata, monedas de cerveza.
Con tu estremecimiento causas en mí palabras
que dicen deserciones y dulces animales.
En tu lengua me dices cosas extraordinarias,
se me llena la oreja del ardor de los fósforos.
Pasa todo a mi coño, se forman las arrugas,
aprende, coronado como abrirse las venas.
Tan despierto y profundo como un túnel en llamas,
llega al centro, al tugurio de un burdel que se mueve.
Es un párpado oliendo tu medida en centímetros,
el aceite de un arma, con una bala de oro.
Extremaunción del vértigo que crece en los amantes,
mi coño es un estado mental de luz y sombra.
Suda como una sábana. Palpita como un trago.
Es móvil terciopelo azul. Báilalo lento.
Por la muerte.
Jode la tristeza.

de Isla Correyero
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XI

Castiga el sol abrasando
por la llanura manchega.
Ni siquiera el aire brega.
Va la brea licuando.
Un arrebato nefando
de miedo a la insolación,
es la desesperación
peregrina del sofista
que, coche no ve a la vista,
y se adivina carbón.

de “apuntes”, 2001
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EL REGRESO

María se levantó temprano, era una hermosa mañana de primavera, en el jardín se oía el trinar de los pájaros y ya apuntaban los primeros rayos del sol.
Todavía le quedaba mucho que preparar, tanto tiempo esperando y por fin había llegado el día. Tenía que tenerlo todo listo y como le gustaba a él. No se le había olvidado nada, había arreglado el jardín aquel en el que habían paseado juntos. Preparó su comida favorita, pollo en salsa, un poquito picante, como le gustaba a él. De postre flan del que tantas veces le había hecho, y que se lo comía siempre de una sentada.
Por último se maquilló y se arregló con su mejor vestido, pues a él siempre le gustaba verla guapa.
Había anhelado tanto aquel día y ya por fin había llegado.
Ese día regresaba su hijo después de tres largos años trabajando en Alemania.

de Maravillas
(Club de escritura SONRISAS)
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martes, 20 de marzo de 2018

MAME MBAYE

la primavera...

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MAME MBAYE

Toda una vida huyendo.
Huir de la miseria de un país corrupto. Saltar, correr, huir de las fronteras que cortan tu piel. Huir de las mafias que quieren cobrar su mordida, huir de la policía que te pide los papeles que no tienes, huir de un trabajo miserable que te obliga a vender falsificaciones hechas en países como del que huiste. Huir de tu sombra, de tu vida.
Correr hasta reventar.

de Josef Antoni en lucha

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¡A LA HUELGA, COMPAÑERAS!

¡No vayáis a trabajar!
Deja el cazo y la herramienta,
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Contra el estado machista
nos vamos a levantar,
vamos todas las mujeres
a la huelga general.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Se han llevado a mi vecina
en una redada más,
y por no tener papeles
ay, la quieren deportar.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!

¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Trabajamos en precario
sin contrato y sanidad,
el trabajo de la casa
no se reparte jamás.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Privatizan la enseñanza,
no la podemos pagar,
pero nunca aparecimos
en los temas a estudiar.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
¡A la huelga diez!
¡A la huelga cien!
¡A la huelga madre ven tú también!

¡A la huelga cien!
¡A la huelga mil!
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.
Yo por ellas, madre, y ellas por mí.

Versión del clásico de Chicho Sánchez Ferlosio del año 1963 A la huelga, adaptado para feminizarla, sustituyendo el "ellos" por "ellas", el "compañeros" por "compañeras", y algo más.
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X

Con zapatos de tacón
paseaba por la acera,
presta para la carrera,
una muchacha cañón.
Minifalda de aluvión,
los ojos de golosina,
sueña ser la concubina
de algún magnate cliente
que la saque, dulcemente,
de la miserable esquina.

De apuntes 2001
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LAS GRULLAS

Las grullas son aves migratorias de largas distancias que pasan el invierno principalmente en el norte de África. Suelen hacer paradas intermedias, viniendo de Asia, en Finlandia y Suecia.
Hay importantes áreas donde las grullas realizan paradas, como dehesas y humedales de la Península Ibérica, aquí suelen alimentarse y criar, siempre previo a sus constantes viajes.
Éstas danzan emitiendo grandes trompeteos, fuertes, resonantes y audibles desde considerables distancias.
Son muy curiosas de observar en sus danzas ondeando sus largos cuellos y agitando sus fuertes picos como si fueran rocas golpeadas entre sí. Cuando el invierno se acerca no deja de sorprenderme su paso por nuestros cielos en forma de v y sin dejar de emitir sus cánticos que nos hacen elevar nuestra mirada y deducir que los fríos se acercan.
(yo, un día, fui una…)

de Valentina
(Sonrisas)

martes, 13 de marzo de 2018

MEMORIA DEL TRÓPICO


Mulhacén
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A veces me pregunto
que tú, que tanto charlas,
¿cómo te las apañas
cuando estás con… nadie?

Quizá, sin darte cuenta,
hablas a esa persona inexistente...
Como yo contigo.

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MEMORIA DEL TRÓPICO

Ser el árbol del mango,
el canto y el encanto del pájaro gulungo.
Ser el millo y la papa, la raíz del jengibre,
los sones del candombe, sus danzones.
Ser cocuyos y ranas,
floresta de heliconias y cantutas,
los bochocós, el jaguar, la hicotea,
cochayuyos costeros, guayacanes y mangles.

Ser la palma de tagua, rajatrapos y cóndores,
los babalaos, los humos de la sacerdotisa,
salmodia del turpial cuando amanece.
Ser rito milenario y Pachamama,
plumaje de quetzal y ararajuba,
chapulín de alas rojas, cucarrón de alas verdes.
Ser viejo curandero y plañidera,
los caminos que aceptan el regreso, la huida.

Ser música de chuchos, marimbas y guaruras,
espíritu de ceiba y de mañío,
la aldea entre frondosos cafetales.
Ser tucán y pijije,
tronamentas, celajes, aguaceros, ventiscas.
Ser la luz de la luna
cuando atraviesa el ojo del cenote,
la flor incandescente del hibisco.
Ser pimienta y onoto,
madera de choibá y de calabonga,
transparencia del agua del alto Putumayo.
Ser pámpana de parra,
la exhalación terrígena,
las nieves de la ruda cordillera.
Ser ají y achiote,
los glifos astrológicos del calendario maya,
la nube que se posa en la planicie.

Ser Comala y Macondo, caracola marina
por la que nos susurran los océanos.
Ser la sal de la tierra,
conuco campesino en la llanura,
el águila posada en el nopal.
Ser el niño aturdido
por la visión de un dios, el ojo ciego
del huracán que arrastra un viejo tambo.
Ser trampero en la selva, pescador en los ríos.

Ser yuyal y ajolote, las monarcas viajeras,
quebradas, barrizales y potreros.
Ser los huesos molidos, los tambores del baile,
la princesa zenú, la diosa inca.
Ser tiguales y cactus,
serpiente mitológica emplumada,
los páramos de Rulfo, los cielos de Darío,
la fauna del color del alebrije.

Ser vuelo vertical de guacamayo,
las manos de la anciana chapolera,
la yuca, el coco, el ñame,
la arepa, el patacón, la chicha andina.
Ser el funyi en el tango y el pañuelo en la zamba,
las rutas que prometen el Eldorado,
los bollos de maíz, la madre negra.

Pero también los odios ancestrales,
la alambrada de púas, los venenos del chongo.
Pero también abrazo de anaconda,
dentellada de puma, picazón de tarántula.
Pero también las ruinas y el expolio,
la ciudad de chacales con codicia de hombres.
Pero también guerrilla y dictadura,
las manos en dos puños, los rifles clandestinos,
la plaga del dañoso comején.

Pero también la tribu y la matanza,
la errabunda comuna,
la venganza, el secuestro, los sangrientos afiches.
Pero también la fiera acorralada,
los guaicos que sotierran favelas y cambuches.
Pero también los cárteles, los combos,
la fe ciega y fanática, los héroes baleados.
Pero también la paz, la resistencia,
la casa del amigo,
la rebelión sonora, la utopía.

Ser uno entre vosotros. Y ser todo entre todos.
Y ser igual que el mundo: distinto en cada hombre.
La sombra inmemorial de mis antepasados,
aquí en la latitud de los asombros.
Los seres que cohabitan al poeta.
Los poetas que callan en mi idioma.


De José Manuel Díez
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IX

Es sabio el que ha sufrido.
Liviano el inocente.
Tolerante el anciano.
Dolido el indigente.

De “Apuntes”, 2001
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REQUIEM POR UN SER VIVO

Petirrojo… simpático y cantarín pajarillo que pone luz, color y alegría a nuestros parques y jardines.
Automóvil… máquina infernal, puesta en mis manos en el preciso momento del paso de este delicado ser vivo.
Resultado… silencio, tristeza, vacío.
Desde ese fatídico instante, he privado a la Naturaleza, y con ella a todos los seres sensibles, poder admirar a un ser tan delicado como bello ¡¡lo siento!!
Aunque, ¿qué suena?, ese canto le conozco, ¡un petirrojo!, y me saluda desde la rama de un ciprés, tal vez sea el espíritu luminoso de nuestro desgraciado accidente, o ¿será muestra de que la vida continúa? ¡¡Qué suerte volver a verte!!

De Felipe Gamboa
(Sonrisas)
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martes, 6 de marzo de 2018

sudor y nieve


foto Paki: los ocho de la fama por la canal de acceso
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sudor y nieve
mas allá de la niebla
La Maliciosa

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ORACIÓN EN COLUMBIA UNIVERSITY
A Dionisio Cañas

Bendito sea Dios, porque inventó el silencio,
y el chirrido de la chicharra,
y el lagarto de fastuoso traje verde,
y la brasa hipnotizadora
(horizontal crepúsculo pudo haberla llamado
don Pedro Calderón de la Barca en el declive del Barroco).
Bendito sea Dios que inventó el agua
el agua sobre todo.
Bendito sea Dios porque inventó el amanecer
y el balido que lo poblaba.
Ahora vuelvo a escuchar aquella melodía.
El arroyo arpegiaba sobre cantos rodados,
hacía el contrapunto.
Suena el concierto en mi memoria.
O puede que se trate
de una música diferente:
la que escuchó, primero, entre los arrayanes de Granada
Federico García Lorca,
y luego aquí, rescatada,
en Columbia University.
Bendito sea Dios que inventó los prodigios
que contaba mi padre
perfumado de espliego y de tomillo.
Eran historias de ciudades mágicas
en las que el agua circulaba
por venas de metal, agua caliente y fría
(nos lo contaba al borde del regato,
helado en el invierno, seco en estío:
«Venga, a lavarse, coño, guarros».
Y obedecíamos).
Bendito sea Dios que inventó la cabra –la cabra
que rifaba por los pueblos–
mucho antes que Pablo Picasso,
con barriga de cesto de mimbre
y tetas como guantes de bronce.
Maldito sea Dios porque inventó el estaño
parpadeante del olivo,
ramas y tronco de Laoconte,
y aquella sombra trágica de catafalco y oro:
un rayo congelado en la mano siniestra
y en la diestra un crepúsculo.
Maldito sea Dios porque inventó a mi padre
colgado de una rama del olivo
poco después de recogerse la aceituna.
No puedo perdonárselo.
Pero eso fue más tarde.
Antes fueron los niños.
Bendito sea Dios que inventó aquellos niños,
vestidos como príncipes o pájaros.
Con voces de cristal, «Papá», decían a su padre.
Bendito sea Dios por inventar una palabra
milagrosa, jamás oída,
y su padre correspondía
con vaharadas de ternura.
Maldito sea Dios, porque yo quise
arrezagarme en la ternura
pronunciando la mágica palabra
entonces descubierta. «¿Papá?» «Mariconadas,
si te la vuelvo a oír te llevas una hostia.»
Bendito sea Dios porque inventó los años,
1970, 1980, 1990…,
inventó el fuego, el oro viejo
de los arces de otoño,
y estos ríos profundos como penas,
largos como el olvido o el recuerdo,
hospitalarios, generosos,
por los que la ciudad va navegando
hasta la mar, que es el morir.
Bendito sea Dios que inventó libros sabios.
Se daba nombre en ellos
a lo que antes no lo tenía.
Bendito sea Dios porque inventó licenciaturas
masters, campus con risas y con marihuana,
laboratorios y celebraciones
con cantos en latín, gaudeamus igitur,
todo situado en niveles distintos del tiempo.
Bendito sea Dios que inventó la memoria
y que inventó el silencio de este lugar aséptico,
y las venas metálicas ocultas
en las que el agua espera
unas manos liberadoras que les devuelvan su canción.
Ahora sé que mi padre está vengado.
Mi padre, descolgado del olivo
pronuncia con mis labios las palabras totémicas,
y se estremece este recinto sagrado.
«Coño, joder, carajo, a lavarse la cara, hostias.»
Y abro los grifos, lavabos, duchas, retretes,
se desbordan las aguas que él soñaba
en la choza de adobe y paja,
cantan la gloria de la recuperación,
y mi padre navega por las aguas,
le provoco, gritándole desconsolado.
«¡Papá!» «Mariconadas», me contesta.
ahogado, recuperado,
navegante por los canales de oro,
vivo ya para siempre.


José Hierro
(De Cuaderno de Nueva York, 1998)
Nayagua27
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VIII

Buceo entre la bruma.
La oscuridad se rompe con la niebla.
Amenaza la roca en la montaña
imposible de ver. Solo la noche
urdida por un túnel, adivina
la jaula donde juego al escondite.

Pero esa certidumbre se termina
de tanto en tanto, y ni el faro puede
desentrañar la vía, que serpea
bajo la máquina,

y vuelve a mi cristal la telaraña
que rompe con su velo la alegría
de ver en el sosiego tu misterio,
mágica luna.

De apuntes 2001
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LA DUDA

Ya lo decía George Orwell en su novela 1.984.
El Gran Hermano vigilante, atento, alerta, ojo avizor, y muchos datos; infinidad de estadísticas, y la vara siempre en alto, por si alguien se desmanda.
Por todas las partes pantallas visuales, diarios, tertulias, tinta y papel gastado en falsear, y lo que no conviene se destruye y se borra; para falacia tras falacia comernos el tarro.
Yo entre tanta mentira por más que lo intento no sé descubrir la verdad “de los demás.”
Sé que me toman el pelo con tanto bombardeo; acabo aturdido, y no creo más que en mí mismo y,a veces, “casi dudo.”
No puede ser la sutilidad con que tratan de anular al individuo haciendo que de una forma u otra acabemos como “ovejas acarrás.”

LA GUERRA ES LA PAZ
LALIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA
George Orwell)

De Fabián López
(Club “Sonrisas”)
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martes, 27 de febrero de 2018

gensanta


Forges

¡Gensanta!, Blasillo, hermano
en la isla fugitivo,
náufrago sin un abrigo
y sin muslamen a mano:
es formideibol, Mariano:
el funcionario me mata
con normativas de lata,
(sillón y libro la Concha,)
y tú buscando la loncha
del minúsculo bocata…

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sobre el asfalto
las palomas descienden
polvo de estrellas

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APUNTE DE LA LUZ SOBRE UN LIENZO BLANCO
Entonces recordé de pronto tus palabras.
Que me hablaste del mar y mis veleros,
y era tu piel de espuma,
(las sábanas, un tacto de sal que nos mordía.)
Me dijiste que el frío
llegaba hacia tus piernas. Te arropé varias veces,
como quien abrigara
aquel beso que nunca se ha olvidado.
(Mi piel tenía
la quemazón del agua cuando hierve.)
Con un hilo de voz me propusiste
que abriera los balcones.
Anudé las cortinas y me saltó un reluz
de nieve en los cristales.
Comprobé que no todo se había derrumbado.
(La calle, intacta,
tal como la dejáramos,
después de este destierro.)
Me contaste la noche en mis llanuras,
(jugamos a decir oscuridad
en tres idiomas.)
Me enseñaste a ser alba y mediatarde,
(o habitar el crepúsculo,
casi cuando amanece.)
Describiste tus cuadros mientras se ensombrecía
la luz sobre tu boca,
(autorretrato a oscuras en mi espejo.)
Entonces recordé
de pronto que me amabas.
(Y muy lejos, aún era temprano.)

de Cristina Cocca
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VII

Es acaso el azar quien nos gobierna.

Igual que por azar
llegamos a este mundo
sin nada entre las manos.

Como si nuestra vida
fuese un barco sin rumbo
llevado por los vientos sin destino.

El azar navegando en el azar.

de “apuntes”, 2001
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POR FIN LLEGÓ EL DÍA

Rubén era un niño feliz. Cuando empezó la guardería no dio problemas, se entretenía con todo. Igualmente cuando pasó a primaria. Al llegar los carnavales, el colegio eligió el tema del agua. Su mamá le hizo una nube con gotas de agua y un arco iris; el siguiente año el tema elegido fue la caza, su mamá también se ocupó de buscar una escopeta de plástico y un pollo, también de plástico, que le colgó de la cintura. Al siguiente de granjero, también Rubén iba muy aparente, con sombrero de paja, unas zanahorias y una hazadilla.
Pero en sexto el colegio dejó libre el tema. Aquí Rubén exclamó: ¡por fin llegó el día! Su madre lo miró extrañada, y Rubén le dijo: mamá, quiero ir de niña, cómprame un vestido; y quiero que me llaméis Rebeca. Ese día salió del armario.
Sus padres empezaron la lucha con la burocracia, y menos mal que no le habían bautizado. Al año siguiente le matricularon como Rebeca.

Amelia
(de SONRISAS)

martes, 20 de febrero de 2018

AL ASUNTO DE ESCRIBIR


KAILASH
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chapoteando
burbujean las ondas
lucha de medios

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AL ASUNTO DE ESCRIBIR


Al asunto de escribir, y no es engaño,
le he echado yo más de un año
a la luz de tanta lumbre
que nos es raro que hoy, u hogaño,
algún versillo redondo se me alumbre.

Por mor desa llama viva que suponen,
me llegan algunos días
gañanes, tahúres, ciegos, tuercedías…
a que les enseñe presto algunas cuadernas vías,
cuando no silvas hermosas
o facturas de sonetos olorosas.

Yo me niego de primeras,
pues me conozco un montón
y me tengo por guarreras
en el arte más hortera
de la poetización.

Luego cedo, pues soy manso,
y, a mayores, soy narciso,
y me hago pis por el piso
si presiento que en un friso
mi nombre se hará remanso…
así que me pongo ganso,
tomo pose de pensar
y hago camino al andar
acompañado del neto
pupilo y puro paleto
que me vino a preguntar.

Primero le inquiero, astuto,
sobre los fines al caso
de su inquietud de fracaso
en el arte de trovar…
¿si es por amor o por odio,
si es por sexo o por un podio
en un parnasillo impar?

Todos contestan primero
que buscan el verdadero
camino hacia la poesía…
luego, cuando corre el día,
van mostrando su venero,
que casi siempre es putero,
pues pretenden que el puntero
penetre como un venablo
en un cuerpo de mujer…
y, pinchado el alfiler
en su diana precisa,
yo amablemente les hablo:

Ha de antiguo, y es sabido,
que para tocar poesía
hace falta esa alcancía
que aquí llamamos papel
[los hay de pura verjura,
de satén o, si está dura
esa cosa del rimar,
los tienes cuadriculados,
con rayitas a los lados
y hasta de milimetrar];
luego se hace necesario
un instrumento corsario
que lleve tinta en su alma
[bolígrafos, lapiceros
plumas de ricos plumeros,
rotulador y compás
–que a veces viene divino
en lo de redondear–]…
y una mesa, cómo no,
que puede ser de alta encina
o de esos pinos que empinan
los montes con un pinar
[la mesa es muy necesaria,
pues le gusta a la fragaria
tesitura de los versos
que se apoyen los anversos
de las hojas primorosas
en superficie segura
y que no sea rugosa];
a más, una buena silla,
con cojín y barandilla,
con respaldo y balancín
te ha de venir de perilla.

Con el material dispuesto
y una luz de cielo raso
–mejor dos, pues se da el caso
de que se te funda a un paso–
ya podemos empezar
con el trámite payaso
de entreabrir en el Parnaso
la puerta del mueblebar.

Si quiere ser un poeta de combate
nuestro neobotarate
ha de hacérsele notar
que debe pisar la calle
por do bien que se la halle,
que debe entrar en tabernas
hasta que en las contubernas
le permitan opinar,
que ha de dormir en prostíbulos
[pero siempre sin follar],
que ha de beber con obreros,
con peones del textil
y con pordioseros mil
que se gastaron su paro
en esos juegos tan raros
que bonolotan al gil…
hecha la apuesta de calle,
es fácil que con reposo
nuestro botarate halle
algún verso en ese poso…
escríbalo, dele vueltas,
metaforícelo un poco
y al cabo de un par de copos
al pavo de su poema
ya le habrá crecido el moco.

Si el gañán se nos deviene
romántico anglosajón,
ha de jugar al rondón
de amar sin comerse un rosco
[es decir, que se me entienda,
ha de desear sin prenda,
arder sin poder tocar
y, cuando más le apetezca,
a la cama sin coitar].
No es fácil este proceso castrativo,
pues deja al poeta esquivo,
rijoso, blando y nocivo…
cuando no lo deja enfermo y ojeroso.
Incluso algunos tendencian a ser fidias
y blandamente se estatuan o suicidian.
Si el gañan pasa el proceso
de ver y oler a su musa
sin catarla,
tiene el poema en la fusa,
incluso en la semifusa y en la blanca.
Sufrir cuatro palabritas
medidas silabeando
y el poema ya está andando.

Si el morucho se me va por lo difícil
y pretende hacer la críptica poesía
que tiene en Patrocinio padre y guía,
simplemente le ubico el diccionario
frente a sus breves ojos combinarios
y le ruego que al azar lance el anzuelo
y lleve a su papel el negro velo
de lo que ha de ser verso inexcrutable
[dará lo mismo que se lea en bable,
en asturcón o en lírico castúo,
pues será bueno y, además, loable
su resultado memo].

Demasiado ya he dicho en este trecho
y, quiero que se entienda, doy por hecho
que con esta ripiosa lección mía
no vuelva ya ningún poeta en vías
a pedirle consejo a este deshecho
de hombre, de escritor… que está en barbecho
por falta de poemas estos días.

Estoy harto de mí…
¿cuánto más he de estarlo de esa horda
de aprendices que piden soga y borda?

Si aún no logré tensar con nitidez mi cuerda,
lo diré claro y alto: ¡Que a la mierda!

de Luis Felipe Comendador
(2009)
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VI

Inmerso en los problemas de la vida,
cegado por la prisa, sin nostalgia
de lo que dejo atrás,
olvido la sonrisa, la alegría
de vivir, de mirar al sol nacer
cada mañana. Y una noche
de insomnio y desazón, miro dentro de mí;
busco, pero no estoy…

Una oración evoco
y trato un armisticio con mi alma.


de “apuntes”, 2001

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KAILASH
(Taller SONRISAS)

El presente escrito tiene su origen en una foto que recibí por wasap, en la que se ve una impresionante Luna rojiza. La foto iba acompañada del siguiente comentario: “Kailash, monte sagrado cuya cima nadie ha pisado todavía”. Este dato es inexacto. Me explicaré: entre las cosas que más aprecio, guardo un escrito de mi padre que se refiere al Kailash. En el momento que sucedieron los hechos que en él se describen, mi padre tenía treinta y cuatro años, coincidiendo con su viaje al Tibet, donde sin dar explicación alguna, estuvo desaparecido durante veinticinco años. El relato dice así:
Para mi esposa e hijos, a los que he querido hasta la locura.
Espero, cuando leáis este escrito, juzguéis con benevolencia la tristeza y el estado de permanente ausencia que mostré desde mi regreso del Tibet. Desde entonces, todos y cada uno de los días, he vivido con la vehemente idea de romper el silencio y explicar lo que me sucedió allí. A la postre he callado porque, como fácilmente comprenderéis, en cualquiera de los casos, la verdad se volvería contra mí y os dañaría también a vosotros. Ni siquiera en este momento tengo la certeza de hacer bien, no obstante, no soporto que la cobardía sea el último pensamiento que me quede en la vida. Plenamente lúcido os cuento mi verdad.
El cinco de junio, a las 4 a.m., el avión aterrizó en el aeropuerto internacional de Kamandú. En la aduana declaré que visitaba el país por motivo religioso. Mentí cuando dije que pretendía unirme a los peregrinos que anualmente realizan la kora o circunvalación del monte Kailash para ganar la gracia de Buda o de Shiva. El agente nepalí debió entenderlo así: me miró incrédulo. Estampó el sello en el pasaporte e hizo ademán para que continuara mi camino. Tuve el tiempo justo para tomar, en un modesto chiringuito, una taza de te caliente y unos dulces de dudoso aspecto, antes de subir a una destartalada camioneta que me llevaría al Tibet, donde se hallaba mi destino, el monte sagrado Kailash, que se eleva a 6.714 m.de altitud. El último pico importante del mundo, cuya cima nadie había pisado hasta entonces, porque allí está la morada del bondadoso Buda, dios de la máxima dicha, y también la de Shiva, díos de la destrucción y la transformación, acompañados de sus respectivas consortes Dorje y Parvati. El recorrido fue un calvario, al extremo de agotar mis fuerzas, obligándome a permanecer en un maloliente catre durante una semana preso de vómitos y diarreas. Era consciente de hallarme en un lugar remoto e inhóspito, un frágil europeo a los ojos de las personas que me cuidaban, cuyas necesidades eran tantas, que me hacían sentir culpable de mis dolencias. Con la enfermedad medianamente vencida y amparado por la oscuridad de la noche, decidí completar el objetivo de mi viaje: subir a lo más alto del Kailash. Quería ser el primero. Me enfrenté a estrechas y empinadas canales; torrentes de agua que daban origen a imponentes ríos como el Bramaputra; inclinadas laderas cubiertas de inestables bloques de roca; siempre progresando por el laberinto que los dioses habían imaginado para subir. El sol lucía radiante cuando llegué al borde de un glaciar colgado en una extensa plataforma, sembrado de amenazantes seracs y profundas grietas de paredes azul turquesa y fondos oscuros por donde corría el agua a una gran velocidad, arrastrando piedras que producían un ruido aterrador. Anochecía cuando pude ver, muy lejos todavía, la cima del Kailash. Me sentía agotado, pero decidí continuar. ¿Qué otra cosa podía hacer? Los pasos eran cortos, muy cortos y lentos, lentísimos por la mucha fatiga y la escasez de oxigeno. En la plenitud de la noche, bajo un cielo estrellado como nunca he vuelto a ver, surgió de repente un resplandor casi cegador que, como poderoso imán, me atrajo hacia él. Por fin había llegado el día: estaba pisando la mismísima cima del Kailash. A mis espaldas oí ruidos. Me volví: a corta distancia estaba un hombre delgadísimo, harapiento, desgreñado, ojeroso y mirada asustadiza; sentados, alrededor de una mesa, dos hombres, de imponente aspecto, y entre ellos, también sentadas, dos mujeres, de aspecto más imponente todavía. De inmediato comprendí que invadía la morada de los dioses. Me acerqué a la mesa con temor. Buda, con amable gesto me indicó que tomara asiento. Shiva lanzó varios rayos originando otros tantos truenos. Parvati me tranquilizó, “No te asustes, son artificios de bienvenida” miró a Dorje y al unísono me dijeron, “No eres el primero ni serás el último” y mirando cariñosamente al delgadísimo y harapiento hombre le anunciaron “Por fin ha llegado el día que esperabas” Inmediatamente comprendí que había dejado de ser libre, sometido a la voluntad de aquellos personajes en pago de mi vanidad. No volví a ver más ni tener noticia alguna del delgadísimo hombrecillo. El tiempo transcurría y mi ánimo se doblegaba sin ninguna esperanza, sin embargo confieso haber disfrutado algún momento durante el secuestro. En mi cautiverio no sufrí maltrato. Al contrario: comía y gozaba en igualdad con los dioses hasta la edad en que el deseo languidece. Era patente que mi cuerpo envejecía mientras los dioses y sus consortes gozaban de juventud inmutable y eterna. La desesperación se acrecentaba; a pesar del tiempo transcurrido, nadie después de mi se atrevía a escalar el Kailash. Al final, haciendo una excepción, decidieron en el veinticinco aniversario de mi llegada, mi libertad. Los cuatros me guiaron hasta un collado desde donde el descenso al valle no presentaba mayor dificultad. Puedo afirmar que los dioses lloran. El regreso a casa me resultó más difícil que la ascensión al Kailash.

de Blas Mendiola
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martes, 13 de febrero de 2018

UNA VISITA ESPECIAL


la espera...
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en una guerra
el hombre más sensato
es fratricida

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UNA VISITA ESPECIAL

Llego, te busco, te veo, te miro.
Me miras, me ves.
Te beso, me besas, espero…
Te pregunto cómo estás.
Contestas, hablas,
pero tus palabras se enredan,
las mías se frenan.
Nos vamos, andamos,
cantamos, miramos, nos vemos,
estamos tan cerca y a la vez tan lejos.
El tiempo se para, el mundo se aísla.
Tu mundo es otro, donde tú te encuentras.
Qué difícil es mirarte porque teniéndote cerca,
el abismo me aprieta, me ahoga.
Tu aspecto me anima,
no veo dolor, no veo sufrimiento.
Al final descubro que el mal es de otro,
tal vez el mío no es el tuyo,
tú en tu mundo pareces conforme.
Solo cuando me marcho
el corazón se me encoge,
te miro, me duele, me miras
y siempre parece que dices:
¿Dónde te vas?, ¿por qué te vas? No me dejes…
Solo un consuelo,
te olvidas, me olvidas, me pierdes,
TE QUIERO.

De Esperanza Fernández
(Sonrisas)
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V


En el alba de un abril,
en un vertedero agraz,
sobrevivía un rapaz
con los dientes de marfil.
Sucio de cara y perfil,
conforme su atrevimiento,
mirando la flor del viento,
el muchacho sonreía.
Ni el hambre de cada día
ocultaba su contento.

El raterillo vigila,
con su mirada curiosa,
la tarea laboriosa
preparando la mochila.
Ha descubierto tranquila
a la dueña de la casa;
empuja la puerta, pasa
de la cocina, registra,
y su cuidado administra,
porque, ¡malo si fracasa!

Y ya metido en faena,
ha cerrado la ventana,
abre un cajón, y devana
por su cuenta, y por ajena,
lo que, canto de sirena,
se le antoja saquear.
Vigila y vuelve a mirar
la cocina y el fogón:
toda su preocupación
está puesta en escapar.

Con su carita de pillo
envidia toda la casa,
y de sala en sala pasa
por las puertas y el pasillo.
La mujer toma un cepillo
de barrer; calla y espera.
Asco de mundo. Quimera.
Y con ternura suspira
hasta que el niño se pira.
Que se lleve lo que quiera.

de “apuntes”, 2001
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del taller SONRISAS

Allí estuve. Camino del refugio de Pombie con el objetivo de ascender al pico Midi D`Ossau. Paquita, mi compañera, tuvo un tropiezo: se rompió un dedo. Mis dos niños, que nos acompañaban, decidieron dejar el intento. Paquita se negó y nos obligó a continuar. Así lo hicimos. Con gran esfuerzo alcanzamos el collado, desde donde se iniciaba la parte difícil. Tres chimeneas o canales. La ascensión fue bellísima. Un padre y sus dos hijos.

de Blas Mendiola
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martes, 6 de febrero de 2018

LÍNEA III


Foto de Jorge: desde la ventana
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LÍNEA III

Buscando solución a sus problemas
se echó sobre la muerte
lanzándose a las vías

Los demás maldijeron
llegar tarde al trabajo.


de Carmelo González González, “Exorcismo”.
(incluido en "poemas robados", 2008)

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ADELHEID

Se arrodilló en la nieve y ahí mismo
ahí donde caía
brotó verde la hierba
tierna como si fuera
verano cuando el verde es más perfecto,
si en vez de invierno julio
un día de septiembre.
Era hierba y crecía sin semilla.
Estaba blanca nieve lívida
mordida por el frío
y respiraba apenas
un aire entre los dientes.
Las yemas de los dedos secas,
los labios muertos, las rodillas rotas
manchadas por la savia de esas hojas
recién nacidas de una fuerza
innominada.


de Eleonora González Capria
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IV

En el campo, los hombres,
los campesinos,
en la tierra trabajan
por pan y vino.

Duro trabajo,
con el sol en la espalda
y en sombra el amo.


Bajo la luna llena,
todas las noches,
cantan coplas y versos
a sus amores.

Y en el oscuro,
se adormecen sus voces
en un susurro.


Princesita morena
de risa clara:
tú que quitas la pena
con algazara,

ríe sin duelo
y dame tu alegría:
dame tu beso.


de “apuntes”, 2001
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TRABAJOS DE TALLER

Rapero
(a Pablo Hásel)

No pongas en tus palabras
al rey ni a algún otro mandatario,
no lo escribas, no lo cantes,
no lo nombres a diario:
puedes convertirte en presidiario.

Ya lo sabes, no me importa,
esto es pura estratagema,
ya soy viejo, ahora estoy en otro tema,
si por no ser joven no lo soy,
sí soy un viejo antisistema.

Quieren manejar mi mente,
soy consciente,
pienso solo y tengo mis convicciones;
aunque nunca me lo explican, yo ya sé
por qué suben las acciones.

Ahora los duques contratan,
como tantos empresarios,
esclavos de nuevo cuño:
son los llamados becarios,
que trabajan con muchos títulos
y no reciben salarios.


de Santiago
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La carta blanca

Me veo… como una hoja seca a merced del viento. Él se arrebuja en una silla de enea, pegado al sol del mediodía que cruza los cristales. Entro y salgo de las salas llenas de cachivaches, por donde campo a mis anchas. Me acerco vacilante con algo en la mano, y le pregunto con mi lenguaje primario: “¿Qué ez ezto, abelito?” Él me mira ausente, y hace un gesto ininteligible. Me pierdo en otra sala; revuelvo lo que me viene en gana, y se repite el periplo a la silla de enea; y la pregunta; y la respuesta. Hasta que llego con una cajita de madera. El abuelo se turba visiblemente e, intentando no mostrar sorpresa, ni demasiado interés, me dice con voz temblona: -Déjalo donde estaba. Y no lo abras nunca…

Evoco la silla vacía en aquel año, e incluso en los siguientes, cuando ya no vivíamos en la casa, que frecuentábamos de forma puntual. Alguna de esas ocasiones, ya con más aplomo y reserva, había buscado la cajita sin éxito, hasta que el tiempo diluyó aquel afán en una sensación de sueño o irrealidad.

Un día descubrí el misterio de la caja, sumando los cuchicheos de los mayores sobre ella. Deduje, entre palabras y silencios, cómo de muchachos, el abuelo y los chicos y chicas del barrio, habían ideado un juego diabólico al que le dedicaban la última noche del año. Juntos lo fueron perfeccionando, hasta compilarlo en treinta y tres cartas de baraja, en cuyas caras describían objetivos a cumplir durante el nuevo año. Sólo una, que se les pasó, estaba en blanco; y decidieron que, si alguien la recibía, pondría sus propias metas.

Crecí y vislumbré la intriga del juego. Y, cuando me ausenté a la ciudad para completar mis estudios, se vino conmigo el germen: la idea para reproducir la baraja, y jugar en las tardes de frío y tedio con mis colegas. Pero nunca lo llevé a cabo: otros cuidados llenaban nuestras horas, aunque siempre conservé mi secreto interés por la cajita.

Una Navidad en que regresé al pueblo, pregunté abiertamente por el juego de cartas. Enseguida advertí alarma e incomodidad en los rostros familiares. Ante su renuencia a hablar, una de las tías, después de cerciorarse de lo que yo sabía, me advirtió de aquella orden del abuelo: “Déjala donde está y no la abras nunca.”

Hoy, 31 de diciembre, tengo cita con la casa. Quizá la última. Entro, y un inexplicable impulso me lleva directamente a la sala donde la encontré hace tantas décadas. La he rescatado, he abierto su tapa y veo que un folio amarillento envuelve la baraja. La saco, sopeso el mazo y barajo: suena como un aleteo de palomas. Disfruto su sólida textura. Huele a pasado. Corto, y tomo una carta al azar… Está en blanco.

Con ella en la mano, despliego el papel. Y ahí están las fechas y nombres de los niños que sacaron la carta blanca, y no sobrevivieron a ese año… El del abuelo. Y el mío…

de Pedro
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martes, 30 de enero de 2018

ME RETRACTO DE TODO LO DICHO


Foto Paki.
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ni en el campo de batalla
discrimina la guadaña…

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ME RETRACTO DE TODO LO DICHO

Antes de despedirme
tengo derecho a un último deseo:
generoso lector
quema este libro
no representa lo que quise decir
a pesar de que fue escrito con sangre
no representa lo que quise decir.

Mi situación no puede ser más triste
fui derrotado por mi propia sombra:
las palabras se vengaron de mí.

Perdóname lector
amistoso lector
que no me pueda despedir de ti
con un abrazo fiel:
me despido de ti
con una triste sonrisa forzada.

Puede que yo no sea más que eso
pero oye mi última palabra:
me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
me retracto de todo lo que he dicho.


de Nicanor Parra
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III

Tormenta revoltosa
de luz y ruido llena.
Refrescante chubasco,
mansa lluvia.

El agua reverdece
la sombra del estío.

Bajo la luz opaca
del infinito espacio,
me oculto a la mirada
del vivo resplandor…


de “apuntes”, 2001
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Decálogo para cuentistas

1. El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector pueda a su vez contarlo.
2. La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada, y si es inventada, real.
3. El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.
4. La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto, mejor. Si no logra ninguno de estos efectos, no sirve como cuento.
5. El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin aspavientos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.
6. El cuento debe solo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.
7. El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.
8. El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.
9. En el cuento no deben haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.
10. El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.
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Trabajos de taller (sonrisas)

Frases con: a Dios y adiós; a hora y ahora; a parte y aparte; a penas y apenas; a sí mismo y asimismo; bien venida y bienvenida; de más y demás; medio día y mediodía.

“Como es mediodía, y yo solo trabajo medio día, le doy la bienvenida a la mañana en la que a hora tan temprana me columpio, ahora que puedo, pues no está de más correr por la cocina y el salón, de parte a parte, evitando tropezar con la aspiradora que, a Dios pongo por testigo, no sería la primera vez. Y si no es así, que me condene a penas oportunas: apenas hace días dudo de si para los demás soy bien venida. Asimismo, pienso que cada cual se evalúe a sí mismo. Y sin más dilación os digo adiós.”

De Inés
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“A sí mismo, se dice en el silencio, / asimismo callado como el día, / que bien venida sea / la bienvenida que le da la calma, / esa que menosprecian los demás; / tal vez de más cuando ha pasado medio día, / y aún no es mediodía. / Y pide a Dios por que le sea leve / si tiene que lanzar / algún adiós a hora intempestiva, / ahora que aún puede / hablar a parte de la nueva cima, / en un aparte lejos de los ruidos.
A fin de cuentas, / a penas y alegrías, / apenas le dedica su atención.”

De Pedro
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martes, 23 de enero de 2018

abrasarse


abrasarse

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Con paso firme hoy la injusticia
los opresores se disponen a dominar
otros diez mil años más.

La violencia garantiza: todo seguirá igual.

No se oye otra voz que la de los dominadores,
y en el mercado grita la especulación:
¡ahora es cuando empiezo!

Y entre los oprimidos, muchos dicen ahora:
¿Jamás se logrará lo que queremos?

Bertol Brecha, “Poemas y canciones” 1932.


II

Cobija el monte bajo
una fauna feraz y reposada.
Cubre la jara el soto con su manto,
lo endulza con sus mieles.

Ceniza sube en holocausto al cielo.
Crepitan llamaradas.
Huyen los animales acosados
por la voraz venganza de la muerte.


de “apuntes”, 2001
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DE POESÍA... O EL ESTUDIO DE MI SOMBRA.

La poesía consiste en construir lugares que de otra forma serían inexpresables... si nombro ‘pluma’ a mi pluma, la estoy enunciando en su calidad de objeto físico, y ese nombrar no es poesía, es mera comunicación con quien me escucha... si la pongo en relación con otras cosas nombradas [como papel, tinta, mano...], estoy aumentando la dosis de comunicación con el que está enfrente y me estoy haciendo entender hasta llegar a expresar usos y funciones [la pluma con tinta escribe en el papel y va de mi mano... la pluma sin tinta, aunque vaya de mi mano, no escribe en el papel], y ese relacionar lo nombrado no es poesía... puedo incluso hasta jugar con las palabras que representan esos objetos para, sin llevarlas a efectos físicos, buscarles las distintas posibilidades reales [con la pluma y la mano me puedo rascar la cabeza... con la tinta puedo manchar mi mano y cambiar su color... con mi mano puedo arrugar el papel y lanzarlo...], y ese trabajo mental sobre la posibilidad tampoco es poesía.
¿En qué consiste entonces la poesía que pueda hacerse con la pluma, la mano, el papel y la tinta?... pues sencillamente en llevar esos términos con representación real a planos en los que comiencen a descontextualizarse para configurar un universo distinto de pura construcción mental, un universo que precisa de belleza, autenticidad, ingenio y crecimiento libre en la cabeza de quien lo recibe [o sus contrarios si son buscados por el poeta]. Pero no debemos equivocarnos y pensar que la poesía debe ser un camino hacia la fantasía y que debe estar ajena a nuestra experiencia cotidiana [eso sería un error de bulto], sino que la poesía es pura atrevimiento en la construcción de una nueva realidad [algunos filósofos la llaman ‘realidad última’], cambiando los valores de lo nombrado y cambiando sus relaciones... y siempre buscando una comprensión última, siempre moviéndonos en un camino de conocimiento... así, conseguiremos ir creando un mundo distinto dentro del mundo... para que lo imaginemos mejor, es como si el mundo real fuese nuestro cuerpo físico y la poesía comenzase justo en la sombra que proyecta, que según le incida la luz, puede ser penumbra y sombra nítida a la vez o puede multiplicarse según el número y la posición de los focos... y aunque tú midas un metro con setenta centímetros, tu sombra puede medir diez metros o unos escasos 30 centímetros... y puede aparecer y desaparecer, girar a tu alrededor, quedarse a tu espalda o buscarte siempre el frente... puede adaptarse al terreno, ser suelo y pared, rocas informes e incluso estar sobro otro hombre o poseer poco a poco a una mujer... mirar tu sombra, seguirla, jugar con ella... puede perfectamente hacerte entender lo que es la poesía... así, la poesía siempre está más allá de la realidad que le da luz, componiendo y descomponiendo un nuevo universo que, cómo no, también es real [la realidad última]... y junto a ello está el lenguaje [y también el idioma, que es el encargado de la plasticidad] como única herramienta de ‘posibilidad’... con él nos hacemos humanos en su más hermosa dimensión, con él ordenamos el mundo, lo creamos y lo recreamos; desde él nos salimos de la dimensión física y llegamos a la dimensión poética, nadamos en su polisemia y nos ahogamos a veces en ella, con él nos equivocamos y acertamos, con él construimos y deconstruimos, con él encontramos claridad y también todo se hace turbio y confuso... así las cosas, debemos tener claro que la poesía no aclara conceptos, sino que abre caminos y alumbra nuevas dimensiones sobre las que trabajar para lograr una experiencia estética individual que puede ser llevada al otro [en el que probablemente será radicalmente distinta a la obtenida por quien poetizó]... la poesía no debe nunca demostrar, sino que debe quedarse en el ‘mostrar’ mediante la herramienta de la posibilidad [el lenguaje] los caminos de la imposibilidad.
Hacer un poema es una de las labores más altas y serias que puede plantearse el ser humano... e intentar un poema (?) sin saber qué es la poesía, lo que contiene, a lo que lleva, en qué consiste... es una de las formas más preclaras de no estar hecho como hombre.

de Luis Felipe Comendador
“De poesía”

martes, 16 de enero de 2018

mar de nubes


Foto de Paki: mar de nubes
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ANTE UNA PARED DE ADOBE

Tierra de eterno regadío, ahora
que es el tiempo de arar, ¿eres tú campo,
te abres al grano como entonces, sientes
aquel tempero? En vano
cobijarás con humildad al hombre.
Vuelve a la fe de la faena, a tu amo
de siempre, al suelo de Osma.
¿Y aquel riego tan claro
muy de mañana, el más beneficioso?
Creía yo que aún era verano
por mis andanzas, y heme
buscando techo. Si tú, que vas a dármelo
para hoy y muy pronto para siempre,
adobe con el cielo encima, a salvo
del aire que madura y del que agosta,
¿a qué sol te secaste, con qué manos
como estas mías tan feraz te hicieron,
con cuántos sueños nuestros te empajaron?
¡Mejor la sal, mejor cualquier pedrisca
que verte así: hecho andamio
de mi esperanza! Pero venid todos.
La tarde va a caer. ¡Estaos al raso
conmigo! ¡Aún no tocadle! Ya algún día,
surco en pie, palmo a palmo,
abriremos en ti una gran ventana
para ver las cosechas, como cuando
sólo eras tierra de labor y ahora
rompías hacia el sol bajo el arado.

de Claudio Rodríguez
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I

Del cuarto de costura
hilvanes
la zapatilla arrastra.

Van y vienen viajeros por el suelo.
Se prenden de la felpa.

Se pelea la escoba
en desigual combate, y pierde.

Todo lo invaden,
corrientes cabalgando,
las hilachas.

de “apuntes”, 2001
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INSTRUCCIONES PARA DESLIZARSE POR UN CUENTO
Homenaje al cronopio mayor, Julio Cortázar

Cualquier congénere, y más aún quien suele caminar por las veredas o aceras, y hasta calzadas, mientras escribe un mensaje en el celular haciendo caso omiso de transeúntes, semejantes, columnas y carteles, con las consecuencias imaginables, habrá notado que existen letras que combinadas forman palabras que combinadas forman oraciones que combinadas forman párrafos que combinados forman un texto que cuando no cumple una función utilitaria sino estética recibe el nombre de “literatura” Pues bien, si quisiera usted escribir eso, debería adueñarse de las palabras, masticarlas o beberlas para sentirles la consistencia y el gusto, conocer su significado, su función en la oración, y dado que algunas son duras, otras amargas, otras dulces, otras enigmáticas, y no todas combinan entre sí, debería usted buscar asesoramiento en la gramática y sus ayudantes, morfología y sintaxis, para sacarse usted todas las dudas y hasta todas las certezas equivocadas que ha adquirido.
Cuando ya sepa usted escribir “mi mamá me mima, yo amo a mi mamá” podrá comenzar un juego que se llama “leer”, propio de cronopios, y que consiste en abrir un libro y mediante el reconocimiento de cada palabra ir hilando sentidos e ir deslizándose por el texto hacia ese otro mundo creado por el escritor para tomar el lugar de los personajes y vivir las circunstancias que los envuelven. Así podría usted dar La vuelta al día en ochenta mundos, querer mucho a Glenda, o acudir a Los premios sin moverse de su casa. Sepa usted que sin leer mucho y bien cualquier cosa que escriba puede resultar insulsa, renga, raquítica o inconexa.
Ahora puede usted tomar una hoja de papel en blanco, pues en las hojas de los árboles es difícil escribir, y un lápiz o un bolígrafo. Así podrá escribir usted en negro (azul, rojo o verde) sobre blanco, pero también podría usted disponer solo de una hoja de papel de color negro y un lápiz de color blanco, con lo cual escribiría usted en blanco sobre negro. Tampoco debe usted despreciar el ordenador o computadora con su procesador de textos y su posibilidad de guardar el archivo electrónico o escribir diferentes versiones, y también de perderlo todo cuando la máquina se empaca como una mula, pues cambia, todo cambia. No solo debe elegir el color del papel y el instrumento de escribir sin también los personajes, el argumento, el nudo y el desenlace. Procure usted que haya tensión, suspenso y conflicto en la historia, que pueda visualizarse, y que si no hay un giro imprevisto que al menos el final atrape o deje pensando. No sea solemne ni didáctico, y no se preocupe por lo que no pueda entenderse del todo. Déjele un lugar y algún trabajo al lector para que complete lo que falta.
Se sale del cuento cuando se ha realizado alumbrado, barrido y limpieza y ya no admite más borrados ni correcciones, y cuando habiendo sido leído por lectores avezados la historia les resulta verosímil o creíble. Caso contrario, tiene usted a su disposición la tecla “delete” o el consabido y nunca bien ponderado cesto de papeles.

de Carles Tàvec
(del taller de escritura creativa de Clara Obligado)

martes, 9 de enero de 2018

"Tres Reyes Raros"


ACUATEXTO, de Francisco Ballester Monfort. Va unido al cuento "Tres Reyes Raros"

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Este blog, conforme a la idea de carencias en recursos que acosa al Uni Verso, es un lugar de reciclaje que rinde culto al ínclito Escarpa (fatiga de materiales), y su único propósito es evitar el despilfarro de residuos contaminantes, aunque a veces contribuya a ello.
En esta edición, una cara amiga me ha enviado un cuento recuperado de las profundidades de Internet. Dice que aún toma sedantes para calmar su ansiedad, por el destrozo que ese cuento le causaba a la noble lengua de Cervantes.
Dado mi escaso criterio, pero siguiendo su petición (y la del autor), lo reproduzco aquí después de haber pasado por el taller de reparaciones en el que la susodicha amiga (de nombre candelay.), lo introdujo para su… eso.
Personalmente, “Tres Reyes Raros” es un cuento hermoso, digno, acorde con estos tiempos del calendario. Juzgue el lector, si gusta. Y compare…
- Otro: puede facilitarse en pdf a petición.
- Otrosí: hay un libro, “ortografía de la lengua española”, editado por la RAE, (está en la red) muy útil para tenerlo a mano en el escritorio…

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AUTORRETRATO ACTUAL


Soy la mujer que se va haciendo grande
entre arrugas y ojeras
entre rimel de tapar y carmín.

Tengo las piernas con bastantes pelos
y ningunas ganas de depilarme.
Quizás cuando llegue el nuevo verano...

Visto de blanco o negro,
no entiendo de colores intermedios
ni de acuerdos, aunque parezcan rosas.

Mis alumnos me hacen llorar a veces
pero nadie me ve porque me escondo
entre un libro de cuentos y una jaula.

Podría considerarme dichosa
si me hubieran enseñado a vivir
sola. Las semanas no se reparten.

Mis amigos viven bastante lejos
y cuando los veo dicen que miento
si estoy triste. Hay tantos cuartos secretos...

Cada vez voy leyendo más deprisa
y cuando pase algún tiempo y sea vieja
me libraré, por fin, de mis deseos.


De Marisol Huerta
(Puedo empezar así, 2009)
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QUIERO


Quiero juntar palabras; que cubran el camino
como las amapolas salpican los bancales;
que bajo la hojarasca se tiñan de deseo;
que cambien la tristeza por trinos madrigales.

Quiero que mis palabras bajo las hojas muertas
canten en el paseo; como los cereales
mecidos por la brisa sensual de la rivera,
al cálido reflejo de tardes estivales.

Quiero que tus palabras, mecidas en la sombra
del sendero cubierto por mis trazos vocales,
despierten la semilla del grito y del silencio,
cuando las hojas pises con pasos fraternales.

Quiero que las palabras, mezcladas con la tierra,
compartan el susurro de los cañaverales;
que jueguen con el agua; que dancen con el mirlo;
que sientan las pasiones de versos inmortales.


De “variaciones sobre el ocaso” 2005
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"LOS TRES REYES RAROS
de Francisco Ballester Monfort
(Este cuento va unido al acuatexto)

Hoy es 6 de enero, y son las primeras horas de la tarde del día de reyes. El comienzo de la década de los 60 de este siglo está siendo frío y lluvioso. El país, muy pobre, aun arrastra el peso de la posguerra, y el viejo edificio convento-orfanato apenas se ve entre la niebla, salvo por la luz de la ventana del despacho de la dirección.
-¡Pase!, dice la Madre superiora con voz destemplada. Está claro que está molesta o enfadada por algún motivo, aunque su autoridad la obliga a controlarse... La figura que aparece por el dintel de la puerta se tiene que agachar para entrar. Parece de otro mundo; es un varón de casi dos metros de estatura, extremadamente huesudo y delgado, con una larga barba de un sucio pelirrojo natural, y el rostro arrugado y lleno de pecas. Va disfrazado de lo que querría ser el Rey Gaspar, envuelto en una cortina vieja de lo que fue brocado granate un día. Una peluca naranja, hecha con tiras de trapo del piso, se ajusta a su largo cráneo mediante el ceñidor de la cortina, y cae de un modo cómico sobre sus enclenques hombros.
Con una voz atiplada, casi de mujer, aquel extraño ser dice en un castellano con fuerte acento germánico:
-¿Me ha hecho llaamarr Maadrre...?
-Sí, sí; pase y siéntese, Dieter...
Sor Aldrina, inclinándose levemente a su derecha, le dice en voz baja a Don Blas, comisario de policía:
-Dieter es austriaco; tiene la enfermedad de Marfán: trabajaba de contorsionista en el circo hasta que, cuando pasó por la ciudad, cayó enfermo del corazón. Lo recogimos en el hospicio en su convalecencia: no tenía donde ir... ni familia ni… nadie... Luego se quedó con nosotros. Es un poco extraño, pero es muy bueno con la contabilidad, y muy hábil con las reparaciones en el mantenimiento de nuestra casa. ¡No sé lo que haríamos sin él…!
El comisario, que, sin dejar de mirar al frente, se ha inclinado hacia la monja para oír su cuchicheo, asiente con un gruñido. Lleva un traje arrugado de rayas oscuras con solapas enormes, camisa blanca con las formas del cuello zurcidas, la corbata floja. Completa su estampa un bigote fino, el pelo engominado, una punta de "Celtas" apagada en la boca, y un terrible olor a tabaco y a humanidad descuidada.
-Y… ¿esa...?, -dice Don Blas con voz aguardentosa, señalando con la barbilla a la figura de la izquierda, que permanece muy quieta y callada en un enorme sillón castellano, de madera oscura y torneada, situado frente a la aparatosa mesa del despacho.
Es una mujer de tez oscura y arrugada que, maquillada con betún, parece de raza negra. Es minúscula, no enana, pero sí muy bajita y delgada; e, incluso sentada, le cuelgan los pies a un palmo del suelo. Está disfrazada de Rey Baltasar con unas toallas verdes a modo de turbante, y unas plumas de colores de origen incierto. En realidad, parece una de esas pequeñas vírgenes negras del románico.
Mientras espera una respuesta, el comisario la escruta detenidamente frunciendo el ceño bajo el ala ancha del sombrero pardo, que se ha dejado puesto desconsideradamente; luego mira a la superiora.
-Esa es Zulema, de origen marroquí -dice Sor Aldrina-. Cocina en el orfanato. Es sordomuda, pero muy lista y dispuesta; y, a pesar de su defecto, cocina como los propios ángeles; sobre todo si tenemos en cuenta el estrecho presupuesto del que dispone... Lleva toda la vida con nosotros. Su madre, quinta esposa de un soldado de la guardia mora de Franco, la abandonó aquí al acabar la guerra, cuando se dio cuenta de que no era normal.
Un vozarrón de bajo de ópera anuncia una presencia.
-¿¡Se puede, Madre!?
Se trata de un hombretón moreno, hirsuto, ancho, grueso, terriblemente musculoso, que parece vestir de Rey Melchor. Lleva una enorme corona, recortada en cartón dorado; una barba blanca hecha con un trozo de piel de cordero, y una piel de zorro de un abrigo viejo. Completa el cuadro un albornoz de un grisáceo indefinido, probablemente debido a la suciedad.
-Pase Vd., Ambrosio; ¡bueno!, ¡ya estamos todos! Ambrosio fue boxeador –apunta al comisario-; vivió del pugilismo profesional hasta que una lesión ocular le privó de su medio de vida, y recaló por necesidad con nosotras. Aquí hace de celador, corta leña... y los trabajos que requieren de su enorme fuerza, de la que los demás carecemos. ¡Bueno, comisario!, ya tiene aquí a los tres.
-¿Supongo que los tres saben por qué estoy aquí? –les dice el policía. En silencio, los tres reyes miran al suelo. -Creo también que no se os escapa que he venido a deteneros, a llevaros a comisaría, y luego al talego, -continúa. Los tres reyes se mueven inquietos en sus asientos. –Y ¿sabéis por qué, verdad? ¿No tengo que deciros que robar, aunque se trate de juguetes, es un delito grave, merecedor de castigo, de prisión? Pero ¿cómo se os ocurre esa barbaridad?, ¿Es que sois gilipollas?, ¿estáis tontos?, ¡no!, no me contestéis, no es una pregunta: ¡es una afirmación! ¡Sois gilipollas, y además idiotas! Pero, ¡joder!, ¿a quién de vosotros se le ocurrió este delirio?, sin experiencia, sin planear, sin pensar… ¡Hala!, a romper la puerta de los almacenes de juguetería la noche de fin de año, que está todo el mundo en la calle. ¡Hala!, a cargar la furgona del convento de juguetes, y... ¡Hala!, a irse de copas luego, ¡como para pasar desapercibidos!, con esa discreta pinta que os delata. ¡Ah!, y solo por sesenta putos juguetes baratos, armáis un escándalo de cojones, ¡venga, a reír, y a gritar, y al cachondeo…, y atrás dejáis revueltas mil quinientas cajas de juguetes en el almacén... ¡Ea!, !vamos, hablar! ¡Confesar!, ¡decir algo, o me lío a hostias con los tres!
Ambrosio, el ex boxeador, haciendo de tripas corazón, habla por los tres, con voz resignada y conciliadora:
-Mire, comisario…: no… recordamos a quién se le ocurrió…; estábamos en la cocina, después de cenar, y pillamos un pedo del siete con un par de botellas de anís del mono, que nos dieron en una rifa... y a alguien…, no sé a quién, se le ocurrió que este año, que ha sido tan duro, por una vez en su vida, esos desdichados del orfanato se merecían un juguete; y a los tres nos pareció una buena idea… inspirada por el Altísimo... -La superiora lo interrumpe:
-Entonces, ¿esos juguetes no habían sido de un donante anónimo, como me dijo usted, Dieter?
-¡Claarrro Maadrrre! ¡Qué le iba yo a decirrr...! ¿Que robar fue una idea de Dios?
-¡Qué majadería!, -retoma la Superiora-; y ahora, si os encierran, ¿cómo me apaño con todos estos niños?, -gruña consternada.
Ambrosio, con gestos de calma, habla de nuevo:
-La verdad, comisario, es que no estamos arrepentidos. Asumimos las consecuencias de nuestros actos, pero... déjenos repartir los juguetes que, a estas horas, ya no se pueden devolver. Y los niños no tienen la culpa de nada. Luego, luego... nos iremos con Vd., y confesaremos; voluntariamente...

Los cinco bajan al Refectorio. Allí, los tres estrambóticos reyes han dispuesto una tarima con tres sillas, en las que se sientan, rodeados de regalos. Los niños, en fila, comienzan a pasar de uno en uno recogiendo su paquete, con una alegría serena. Extrañamente, permanecen en silencio, sin griterío, como si fueran a comulgar. En sus caras hay una rara expresión... No es solo de alegría; es como... mística; solemne; incrédula... Para ellos, aquello es la prueba de que Dios existe, y de que, a veces, y solo a veces, se ocupa de ellos.

El Comisario, desde la sombra de un rincón, se da la vuelta; borra de un manotazo una lágrima rebelde, y, sigilosamente, comienza a subir la escalera hacia la calle. Por primera vez en su vida dejará escapar a unos delincuentes... para eso están las excepciones... para confirmar las reglas, masculla pensativo; y se pierde, caminando en la niebla de la fría y húmeda noche.

FIN

Acuatexto: obra de pintoescritura inseparable que se compone de una acuarela propia y un texto inspirado en ella.
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www.pacoballestermonfort.blogspot.com"

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martes, 2 de enero de 2018

Las naves, siguen, pasan.



piedra inasible y huérfana

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Modela el barro
el poderoso ser;
no, el albedrío.
Me ahoga tu tristeza.
Las naves, siguen, pasan.

de Luisa Fernández Marcote

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Desde el Olivo
escapan aceitunas
verdes en esperanzas,
negras de noche o luna.

Que son tus ojos niña
clara inocencia
como dos lucecitas
de Cielo Tierra.

Cerquita del estuario
cuando anochezca...
contaremos un sueño
con cada estrella.

Será como ese cuento
hilado en un poema
de páginas escritas,
cintas de seda
en colores de mar,
Tu y Yo Sirenas.


De Lola Deán Guelbenzu
(Palabras prestadas)
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30. PRIMAVERA


Me agrada la gente. Ver gente me llena.
Se ríe la fuente con la primavera;
el zorzal anida; el mirlo flirtea
y, por la espesura, los jilgueros juegan
entre los helechos con sus mil peleas.
Se llena de risas la jaula dispersa,
Caudales de plata riegan la pradera,
chiquillos exploran las blancas veredas
entre margaritas, y un suspiro rueda
por lindes doradas, sensibles y tiernas
buscando tus brazos de pétalos sepia…
Me alegra la gente. Ver gente me llena.


De “variaciones sobre el ocaso” 2005
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¿POETAS O FILÓSOFOS?... Y MARÍA ZAMBRANO.

Metáfora y concepto, pensamiento y poema, realidad y placer, razonamiento y sueños… la Poesía y la Filosofía dialogan constantemente, a pesar de la tendencia [presuntamente] imitativa de la primera y de la empecinada y seca búsqueda de la verdad de la segunda [Platón ya admiraba a los poetas de verdadera inspiración porque eran capaces de decir “cosas de tanto precio y valor” sin tener que esperar a la prueba de validez que aporta la razón, otorgándoles una suerte de lucidez irracional cercana a “la locura de los dioses”… y a más fue Hölderlin cuando enunció en ‘Hiperión’ que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa”].
En el decurso del tiempo, las verdades poéticas [a veces mejores que las del filósofo] llegan sin pensar, es decir, por ‘inspiración’, circunstancia que se produce por un estado alterado del espíritu y no por un proceso racional y metódico… y desde aquí se llega [se debe llegar siempre que, hablando de un poeta, hablemos de un buen poeta, y no de otra cosa… que hay demasiada ‘otra cosa’ que se autodenomina poeta e intenta poemas que, también, son otra cosa] a la mixtura de la satisfacción estética con la satisfacción intelectual, resultando que la Poesía es fruto de la capacidad de pensar, pero sobre todo de la específica capacidad de ‘imaginar’ [Kant y Hegel nos llevaron a estos conocimientos en su día]. Así las cosas, llegamos a concluir que la Poesía no tiene limitaciones, ya que puede excederse cómo y cuanto quiera en la experiencia sensible, creando nuevas realidades, excediendo, por tanto, lo concreto y atado… mientras que la Filosofía es limitada, precisamente porque no puede excederse de la realidad concreta.
Es delicioso leer a María Zambrano cuando explica que la Filosofía es búsqueda guiada por un método y que la Poesía es encuentro… y caer en la cuenta de que con una metáfora somos ‘capaces’ de llegar allá donde el concepto no podrá hacerlo nunca.

De Luis Felipe Comendador

martes, 26 de diciembre de 2017

Villancico de 2017


Foto de Paki
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¿El proceso de escribir es difícil?
Es como llamar difícil al modo
extremadamente prolijo y natural
con que es hecha una flor.

De Verónica Aranda

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“Bueno, como cada 365 días, más o menos, ahí va para ustedes mi Villancico anual. Si el año pasado fue un madrigal, este año le toca un sonetillo. ¡Felicidad para todos!

Villancico de 2017
(Sonetillo –con estrambote jocoso- del portalillo de Belén.)

San José, que ya ni peca,
anda mosca tras el truco,
pues le canta que algún cuco
le quita y cata su ceca.

María, pura manteca,
de tanto pico caduco
o le manda a Pernambuco
o se hace en seco la sueca.

Y el Niño, de un acurruco,
ni quita ni pone mueca
ni se descalza un patuco.

Hay, con su lira de teca,
sobre el portal de bejuco
un ángel de filmoteca.

¡Y Herodes ríe, qué rey,
con la mula y con el buey!


De Jesús Urceloy / diciembre, 2017”
(Copiado de fb)
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29.- VARIACIONES SOBRE EL OCASO


Sombras avanzan en el infinito
perfil de nieve sucia y de cizaña.
(Roca prendida por la telaraña.)
Sin aspaviento; sin clamor. Sin grito,
el sol es atrapado en el garlito:
se deshilan sus rayos con tal arte
que la negrura al resplandor lo parte,
y aniquila la luz en el gambito.

El crepúsculo acosa en el finito
lugar donde se oculta la cabaña.
Se dilata la turbia telaraña
sin aspaviento, sin clamor, sin grito,
y al sol abraza dentro del garlito.
Deshilacha las granas con tal treta,
que la tiniebla al resplandor lo reta,
mientras la luz se aleja de su hito.

El ocaso recorta en el finito
perfil de cielo y nieve la cabaña
y la roca, bastiones de la hazaña
en los días de glorias y de mito;
el sol es atrapado en el garlito;
descompone los brillos con tal prisa
que se le desmadeja en la cornisa
el aura, la razón y el monolito…

Cerca el ocaso al sol en lo finito
igual que ayer y hoy, e igual mañana,
cómo con cada día la temprana
luz refulgente brilla despacito;
avivo el paso mientras lo medito,
y en el balcón del tiempo recostado,
noto que mis batallas de soldado
a la sombra de soles han prescrito.


De “variaciones sobre el ocaso” 2005
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#1

A lo lejos, los nativos, que parecían dormir la siesta, miraban sin embargo cómo aquel astrofísico dibujaba, lentamente y tras sus gruesas lentes, en la pizarra, el intestino de un tornado que había arrasado su pequeño, su querido poblado, como si ese gesto pudiera dar una explicación lógica a la desaparición de sus casas, de su arte…

Mientras el científico se afanaba en brindarles un lógico consuelo, ellos ya habían trenzado nuevas hamacas, en las que dormir su habitual siesta, con el intestino macerando la rica comida preparada gracias a la caza que los había alejado del poblado cuando el tornado hacía de las suyas.

Los niños nativos dibujaban en el suelo, sin necesidad de pizarra, las mujeres cantaban levantando de adobe sus nuevas casas. Nada parecía poder alterar esas preciosas sonrisas, quizás en su lengua el único tiempo del verbo posible fuera el presente.

De Ouka Leele, (Palabras prestadas)

martes, 19 de diciembre de 2017

ANOCHECIENDO


cielo impreciso
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Escribir: “…es una salvación porque salva el día que se vive que nunca se entiende a menos que se escriba.”

De Verónica Aranda
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ANOCHECIENDO

No sé qué hacer con esta sombra
que me lleva hasta ti.
Tú, haciéndote ceniza
en tu tumba de esquina soleada
esperando que vuelva convertido.
No sé si llego adelantado o tarde.
¿A qué hora habíamos quedado?
No sé qué hacer con esta sombra
que me pide dormir, dormir, dormir…
Échate a un lado madre,
que voy muerto de sueños.


De Manolo Romero
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NIÑA, VIEJA…, Y HOGAR
(para Luisa, in memoriam)

Paloma mañanera. Crepúsculo de sueño.
Pequeña niña vieja. Ante tu tocador,
el vuelo de una sombra en tránsito cobarde,
desvela tu nirvana; rompe tu comprensión.

Promesas infantiles transitan por tu cuerpo.
Flotan en el vacío de tu día sin fin.
Y tú, que las observas risueña, con encanto,
evocas los recuerdos de un tiempo juvenil.

Las cuencas de tus ojos, resecas por el llanto,
enfocan el espejo temerosas de ver
los pálidos cabellos, la piel desencajada,
la fuerza desvaída; reflejos de tu ayer.

Tu mano desdentada; tu boca de sarmiento;
el blanco de tu pelo; el poso de tu piel,
fueron en otro tiempo caricias prodigiosas:
música; tacto; beso: delicias para él…

Paloma de la tarde; te miran con reserva
ojos adolescentes, lejos de imaginar
que tienen frente a ellos la estampa de su vida,
esa historia que todos queremos ignorar.

Paloma de la noche; letargo de la espera;
otoño; primavera eterna, tan fugaz…;
deja que me resguarde en tus pliegues de cera,
niña; mujer; viajera; vieja; madre…, y hogar.


De “Variaciones sobre el ocaso”
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Instrucciones para escribir un cuento (2)

Para escribir un cuento deben darse dos condiciones indispensables sin las cuales le será muy difícil afrontar la tarea con dignidad: debe usted saber escribir y debe usted saber borrar.
Una vez se haya convencido de que posee ambas cualidades en una medida razonable, lo demás será coser y cantar.
Bastará con elegir un tema o asunto, derivado de la observación, la experiencia o la fantasía, abstraerlo en cualquiera de los casos, ensimismarlo y trasponerlo a un espacio —temporal, geográfico, histórico, usted dirá— donde pueda desenvolverse con soltura, usted como narrador y el asunto o tema. Hasta aquí ha comenzado, sutil e imparable, la arquitectura del cuento.
Idee personajes, al menos uno y en número suficiente para que el cuento adquiera consistencia. Algunos planos y otros complejos, con o sin nombre, rubios, altivos o inexpertos; con una cicatriz, un pasado turbulento, o un carácter sobresaliente sobre los demás, por dramático o por acostumbrado. Usted los querrá a todos. No se asuste si alguno se presenta de forma inesperada por el margen de algún folio, y le violenta a cambiar el rumbo de su historia o si debe purgar a su favorito. No se asuste, si en el hueco que usted reservaba para una batalla se encuentra un idilio, si el cuchillo que portaba su temible protagonista arranca una carcajada a los niños. Se ha convertido usted en un escritor brújula, por mucho que se empeñe en seguir un mapa. Es el cuento, y no usted, quién se ha hecho con el ritmo, el acento, la voz y el equilibrio. Debe ser así y reverlarse es inútil. No es caos si aparece el final antes que el título o si la madre nace después del hijo. Reitero: no es caos.
Recuerde que, desde el momento en que usted decidió escribirlo, el cuento ha ido adquiriendo su propia existencia, y cometerá sus propios errores y tendrá sus propios triunfos, al margen de usted. Sí, al margen de usted. Así, un cuento no tendrá porqué parecerse a otro cuento, ni la realidad con la ficción, ni el escritor con la persona.
Puede ser que, a medida que vaya escribiendo, tenga que desechar ideas o personajes ya escritos, como ya anticipamos. De hecho, será altamente recomendable. También deberá deshacerse de párrafos o medias historias cuando crea que el texto está terminado. Le dolerá, una, dos o cien veces, cada vez, pero nadie le dijo que escribir un cuento fuera una tarea amable y sólo amable. Se sufre. ¡Vaya si se sufre! Al fin y al cabo, ha sido su elección.
Hasta aquí, dispone de las instrucciones básicas para acometer la tarea. Como ve, escribir un cuento no parece presentar mucha dificultad.

Conchi González Catalán
del Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado
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