sábado, 24 de enero de 2026

La maleta


 

LA MALETA

"Con frases cortas y un lenguaje preciso nos haces evocar el mundo rural, sus costumbres y formas de vivir, nos envuelves en la calma y felicidad de lo cotidiano."

Mercedes Fernández Almorox

"Me ha emocionado mucho leer los relatos de Victoria, no solo porque he reconocido en ellos la calidez humana de la gran mujer que conocí cuando yo era muy jovencita, también he visto en ellos a una mujer luchadora e incansable, rebelde y muy adelantada a su tiempo. Una gran comunicadora. Un derroche de fantasía y realidad que ella conjuga con un toque muy personal.

Ana Martín

"Para Libere Letras es un honor contar con una autora como Victoria Vadillo. Sus relatos son únicos porque reflejan vivencias que también lo son , así como su pasión por la escritura. por eso conmueven. Victoria nos recuerda que el don de narrar es profundamente humano y pertenece a quienes, como ella, lo cultivan con placer y generosidad."

Lola Illamel

 Junto a una compañera del Club Sonrisas (foto 2025)

Recién cumplidos sus 85 años, Victoria Vadillo (Victoria López González) accede a publicar su primer blibro: "Escribí historias que nunca compartí". Nació en Nódalo, (Soria), en 1940, y narra las vivencias de su infancia y juventud con la autenticidad y calidez que muestra la experiencia; es un placer escucharla, y una lección constante gozar de su presencia.  


 La maleta

Hoy me he parado a contemplar mi maleta. Esa que siempre ha estado conmigo, la que me ha acompañado siempre, la que ha sido testigo mudo de todos los acontecimientos de mi casa, de mi familia. 

Veréis, es una maleta especial, ella no ha viajado demasiado, no, más bien poco. Alguna vez al pueblo, a unos 200 km, pero poco. Eso sí, cada vez que lo ha hecho yo la he tratado con cariño, como un tesoro, siempre a mi lado, con cuidado de que no se estropeara. En el tren siempre la colocaba con esmero, que nada la rozara para que no se estropease y lo mismo en los autocares que iban al pueblo. Mi maleta. Una bonita, de color marrón medio, un marrón alegre y llamativo. Por dentro es preciosa, tiene forro de seda del mismo color, que le daba una elegancia y una categoría como no os podéis imaginar. 

Yo voy a contar un poco a lo que se ha dedicado mi maleta durante su vida. 

La compré hace exactamente 48 años, fue para cuando iba a nacer mi segundo hijo, para llevarla a la clínica con su ropita. Todo nuevo, planchadito, alguna cosa de su hermana mayor, camisetitas, pañales, algún jerseycito…, todo bien colocadito. Como veréis, su primer uso fue precioso, la ropa de un bebé ¡Casi nada! hasta el médico al hacer su visita y verla, le dio unos golpecitos diciéndo: ¡vaya maleta que tienen estas mujeres! Yo me sentí muy contenta de que esa maleta fuera la mía. 

Después ha contenido de todo: ropa de los niños que quedaba pequeña, trajes de bautizo, de comunión, el mío de boda… ¡tantas cosas! 

En nuestro pisito de 50 metros, la he utilizado para todo. Ha sido una más de la familia. Pensándolo bien creo que se ha alegrado de las cosas buenas y celebraciones, lo mismo que ha sufrido por enfermedades, discusiones, la muerte de los abuelos, etc. 

Ha estado arriba encima del armario, debajo de la cama, siempre cerquita de nosotros. Ahora está más lejos, pienso que la hemos separado un poco de nosotros. Está en la buhardilla, porque ahora tenemos buhardilla, como véis hemos cambiado. A lo mejor mi maleta está un poco triste porque ya no se entera de casi nada. Pero a cambio ella guarda hace muchos años lo mismo: adornos de Navidad. Cada año, por la Inmaculada, el 8 de diciembre, la bajamos al salón para colocar bolas y espumillones en el árbol (que también llevan con nosotros un montón de años). Los adornos son los mismos o casi de cuando mis hijos eran pequeños; y se vuelve a su sitio pasados los Reyes. 

Yo creo que ella es feliz, se le nota. Por fuera está un poco estropeada, rayada, un asa arreglada con un alambre… pero por dentro, sigue estando bonita con su forro impecable, precioso. Yo la comparo conmigo, que por fuera estoy echa una pena, cojeo, tengo colesterol, algo de corazón, muchas cosas, pero por dentro igual que mi maleta, estoy llena de cosas: escribir, andar, viajar, ver cosas, quiero ver a mis nietos mayores, todos trabajando; que no haya guerra y que para todos haya comida y luz suficiente para poder vivir felices. 

A veces, he estado a punto de tirarla al contenedor. Pero al ir a hacerlo he cambiado de opinión. ¡Como si ella fuera una más de la familia! Creo que a ella no le gustaría, por eso he decidido que esté siempre conmigo, hasta que yo acabe mi vida aquí en la tierra. 

Si tenéis alguna maleta como la mía, yo os aconsejo que penséis cuántas cosas ha vivivido junto a vosotros y lo penséis bien antes de tirarla. Os invito pues, a recordar día a día las cosas que ha hecho con vosotros. Seguramente os llevaréis más de una sorpresa. 

Con cariño 

Victoria