LA MALETA
Mercedes Fernández Almorox
Hoy me he parado a contemplar mi maleta. Esa que siempre ha estado conmigo, la que me ha acompañado siempre, la que ha sido testigo mudo de todos los acontecimientos de mi casa, de mi familia.
Veréis, es una maleta
especial, ella no ha viajado demasiado, no, más bien poco. Alguna vez al
pueblo, a unos
Yo voy a contar un poco a lo que se ha dedicado mi maleta durante su vida.
La compré hace exactamente 48 años, fue para cuando iba a nacer mi segundo hijo, para llevarla a la clínica con su ropita. Todo nuevo, planchadito, alguna cosa de su hermana mayor, camisetitas, pañales, algún jerseycito…, todo bien colocadito. Como veréis, su primer uso fue precioso, la ropa de un bebé ¡Casi nada! hasta el médico al hacer su visita y verla, le dio unos golpecitos diciéndo: ¡vaya maleta que tienen estas mujeres! Yo me sentí muy contenta de que esa maleta fuera la mía.
Después ha contenido de todo: ropa de los niños que quedaba pequeña, trajes de bautizo, de comunión, el mío de boda… ¡tantas cosas!
En nuestro pisito de
Ha estado arriba encima del armario, debajo de la cama, siempre cerquita de nosotros. Ahora está más lejos, pienso que la hemos separado un poco de nosotros. Está en la buhardilla, porque ahora tenemos buhardilla, como véis hemos cambiado. A lo mejor mi maleta está un poco triste porque ya no se entera de casi nada. Pero a cambio ella guarda hace muchos años lo mismo: adornos de Navidad. Cada año, por la Inmaculada, el 8 de diciembre, la bajamos al salón para colocar bolas y espumillones en el árbol (que también llevan con nosotros un montón de años). Los adornos son los mismos o casi de cuando mis hijos eran pequeños; y se vuelve a su sitio pasados los Reyes.
Yo creo que ella es feliz, se le nota. Por fuera está un poco estropeada, rayada, un asa arreglada con un alambre… pero por dentro, sigue estando bonita con su forro impecable, precioso. Yo la comparo conmigo, que por fuera estoy echa una pena, cojeo, tengo colesterol, algo de corazón, muchas cosas, pero por dentro igual que mi maleta, estoy llena de cosas: escribir, andar, viajar, ver cosas, quiero ver a mis nietos mayores, todos trabajando; que no haya guerra y que para todos haya comida y luz suficiente para poder vivir felices.
A veces, he estado a punto de tirarla al contenedor. Pero al ir a hacerlo he cambiado de opinión. ¡Como si ella fuera una más de la familia! Creo que a ella no le gustaría, por eso he decidido que esté siempre conmigo, hasta que yo acabe mi vida aquí en la tierra.
Si tenéis alguna maleta como la mía, yo os aconsejo que penséis cuántas cosas ha vivivido junto a vosotros y lo penséis bien antes de tirarla. Os invito pues, a recordar día a día las cosas que ha hecho con vosotros. Seguramente os llevaréis más de una sorpresa.
Con cariño
Victoria


No hay comentarios:
Publicar un comentario