…por si alguien ha muerto
Una charada coral de antes de la pandemia
1
“Vengo por sí alguien a muerto. Clavo los ojos en la mesa; en la pequeña taza de porcelana blanca con una lista azul. Observo el portátil de baja* de la mesa y encendido. Es entonces cuando me percato de que sigue ahí, y de que lo sabía todo. No puedo hacer nada para remediar la situación... Demasiado tarde. No creo que pueda llegar a mi destino...
* de baja: debajo
Informe Geir
El subinspector entra en el lugar del crimen, observa todo minuciosamente y, después de un tiempo largo que parece de contemplación, dice:
—El asesino es gallego o tiene alguna
conexión con Galicia, probablemente de Pontevedra.
—¿Y como puede saberlo? —contesta el
ayudante.
—La porcelana con el decorado azul es típico de Galicia, este concretamente es de Sargadelos, y además el salvapantalla del ordenador encendido tiene abierto un periódico de Pontevedra: ”Diario de Pontevedra” .
—Estamos
ante de un caso de ajuste de cuentas entre las ligas de contrabando en Galicia.
—Parece que no llegaron a su destino… Sigue
buscando, necesitamos más pistas”
2
El comisario retoma el último informe, y lo desecha. Tras la ventana trepida la ciudad. Su mirada se pierde por el cristal durante unos segundos, pero solo ve el puzzle sin componer y las piezas dispersas sobre su escritorio.
Antes de esfumarse, Inés dejó una nota con una corrección. La examina de nuevo. De todos los documentos, lo único cierto son las desapariciones. De pronto lo entiende. “*debajo”. Es la clave. Toma el teléfono y hace una llamada.
—Teniente Sabaté, ¿está segura de que el
portátil sigue encendido bajo la mesa?
3
La respuesta le reafirma en sus sospechas. Le parece inverosímil, pero, a lo largo de sus muchos años de servicio en la ciudad, otras hipótesis suyas, muy poco ortodoxas, habían confirmado su buen juicio. No obstante, como no puede ser de otro modo, se cuida mucho de destapar sus cartas ante sus subordinados. Conoce chascos chuscos muy sonados. Antes debe atar convincentemente los cabos. El caso está adecuadamente enfocado. Un asunto cobra prioridad, y el comisario Wyo —ese es su nombre— ordena tajante:
—¡Que bajo ninguna circunstancia se
desconecte, ni se apague, ese maldito ordenador, teniente Sabaté! Ocúpese de
que se cumpla esta orden.
Cuelga con un golpe seco; con mano firme
aferra el vaso de whisky y se lo echa al coleto de un trago.
Informe
Maravillas
Con
desesperación miré al pequeño ordenador sabiendo que él despejaría todas mis
dudas sobre el asesinato. Pero, ¿cómo salir de allí? De repente me di cuenta de
que al lado estaba el pasillo de acceso a la caseta de jardinería: la puerta
entreabierta parecía que me invitaba a entrar... Al salir cogí el portátil y, ya en el pasillo, me encontré con varios empleados, pero sin levantar sospechas, pues
¿quién iba a sospechar de un simple jardinero...?
Al cruzar la verja empezaron a sonar las
alarmas, ¡Habían descubierto que ya no estaba allí el aparato!
Corrí a toda prisa hasta llegar al lugar
donde había quedado con el inspector González, mi jefe.
—Aquí tiene hah, hah, creo que él hah, hah lo sabe todo.
—Bien, bien, Zapata, nunca me defraudas.
Pero relájate, hombre, que ya todo ha pasado. Vamos a tomarnos algo.
Ya en el bar pedimos un café, y, para mi
sorpresa, la taza era idéntica a la que había encima de la mesa: de porcelana
blanca y con una lista azul.
—Nos están siguiendo, jefe! Y ésta es la
prueba...
4
Su experiencia, maldita sea, le aconseja no dejarse llevar por la primera impresión: por lo evidente. Suele llamar a engaño, maldita sea, dice, como le pasó a Juan, que llegó a casa y se encontró a su esposa y a Luis, su mejor amigo, desnudos en la cama. Justo cuando estaba a punto de decir algo, Luis se levantó de un salto y le espetó:
—Espera, espera, colega, ¿a quién vas a
creer, a tus ojos o a mí? Es fácil dejarse llevar por el momento, le razona, pero, blanco y en botella..., no necesariamente siempre es… eso.
El empirismo le lleva al análisis de la
información para determinar si es fiable. Y en el caso que le ocupa, advierte
que la taza de porcelana tiene rasgos fenicios, más característicos de la costa
mediterránea que de la atlántica.
A la vista de este dato, piensa, es
imprescindible dilucidar quien ordenó a
El comisario Wyo, satisfecho de su
progreso, se sirve otro lingotazo.
5
Wyo abre “Platón y un ornitorrinco entran en un bar…”, de Thomas Cathcart y Daniel Klein, y lee:
“…lo que determina la conducta humana son una serie de condicionantes biológicos inconscientes.”
Este Freud es la leche, piensa. El
portátil, sobre su escritorio, parece mirarle con temor. Está como a la
expectativa, o sea, en stanbay.
Wyo suelta el libro, toma un sorbo de Jhony
Walker y se encara con el dispositivo. Éste se ilumina y muestra la última
búsqueda.
—¡Escupe!, —le dice Wyo. Y la página abre
el itinerario que alguien había planificado para un viaje de fin de semana.
6
(flash-back)
Wyo se recuestaba en su sillón, ponía su nuca contra sus palmas entrelazadas, sus pies apuntando al techo desde el escritorio, y se dedicaba a divagar, considerando lo útil que fue su reflexión de ayer:
“una habitación, una taza, un portátil. Y
dos desapariciones. No hay muerto. La habitación es un despacho. La taza,
mediterránea. Solo queda el portátil.”
En un impulso se levantó con
brusquedad, y se lanzó hacia la habitación dominado por un
presentimiento; rompió con un empellón el precinto de la puerta y se acuclilló bajo la mesa. El portátil le miraba sorprendido desde su pantalla.
—¡Háblame, bicho!, —le gritó:—
¡cuéntame lo que ya sé!
El portátil callaba. Es un último modelo de
la manzana mordida. Hubiera dado igual apagarlo. Seguía activo hasta sin
batería: estaba dotado de AI.
Wyo lo sacó de debajo de la mesa, y
se lo llevó a su despacho…
Y 7
Esto se acaba; nos vemos en Biolibere, piensa Wyo redactando sus conclusiones sobre el asunto:
“… y a
Wyo no pasa por alto la foto: desafiante
desde el centro del arco de medio punto recién pintado, con las rocas
milenarias de fondo, le vino a la memoria al agente 007, al principio de cada
una de sus aventuras, en la luz del cañón de una pistola.
