miércoles, 13 de mayo de 2026

…por si alguien ha muerto

 …por si alguien ha muerto

 

Una charada coral de antes de la pandemia

 

1

 “Vengo por sí alguien a muerto. Clavo los ojos en la mesa; en la pequeña taza de porcelana blanca con una lista azul. Observo el portátil de baja* de la mesa y encendido. Es entonces cuando me percato de que sigue ahí, y de que lo sabía todo. No puedo hacer nada para remediar la situación... Demasiado tarde. No creo que pueda llegar a mi destino...

* de baja: debajo

Informe Geir

El subinspector entra en el lugar del crimen, observa todo minuciosamente y, después de un tiempo largo que parece de contemplación, dice:

     —El asesino es gallego o tiene alguna conexión con Galicia, probablemente de Pontevedra.

     —¿Y como puede saberlo? —contesta el ayudante.

     —La porcelana con el decorado azul es típico de Galicia, este concretamente es de Sargadelos, y además el salvapantalla del ordenador encendido tiene abierto un periódico de Pontevedra: ”Diario de Pontevedra” .

      —Estamos ante de un caso de ajuste de cuentas entre las ligas de contrabando en Galicia.

     —Parece que no llegaron a su destino… Sigue buscando, necesitamos más pistas”

 2

 El comisario retoma el último informe, y lo desecha. Tras la ventana trepida la ciudad. Su mirada se pierde por el cristal durante unos segundos, pero solo ve el puzzle sin componer y las piezas dispersas sobre su escritorio. 

Antes de esfumarse, Inés dejó una nota con una corrección. La examina de nuevo. De todos los documentos, lo único cierto son las desapariciones. De pronto lo entiende. “*debajo”. Es la clave. Toma el teléfono y hace una llamada.

     —Teniente Sabaté, ¿está segura de que el portátil sigue encendido bajo la mesa?

 3

 La respuesta le reafirma en sus sospechas. Le parece inverosímil, pero, a lo largo de sus muchos años de servicio en la ciudad, otras hipótesis suyas, muy poco ortodoxas, habían confirmado su buen juicio. No obstante, como no puede ser de otro modo, se cuida mucho de destapar sus cartas ante sus subordinados. Conoce chascos chuscos muy sonados. Antes debe atar convincentemente los cabos. El caso está adecuadamente enfocado. Un asunto cobra prioridad, y el comisario Wyo —ese es su nombre— ordena tajante:

     —¡Que bajo ninguna circunstancia se desconecte, ni se apague, ese maldito ordenador, teniente Sabaté! Ocúpese de que se cumpla esta orden.

     Cuelga con un golpe seco; con mano firme aferra el vaso de whisky y se lo echa al coleto de un trago.

 

Informe Maravillas

 

Con desesperación miré al pequeño ordenador sabiendo que él despejaría todas mis dudas sobre el asesinato. Pero, ¿cómo salir de allí? De repente me di cuenta de que al lado estaba el pasillo de acceso a la caseta de jardinería: la puerta entreabierta parecía que me invitaba a entrar... Al salir cogí el portátil y, ya en el pasillo, me encontré con varios empleados, pero sin levantar sospechas, pues ¿quién iba a sospechar de un simple jardinero...?

     Al cruzar la verja empezaron a sonar las alarmas, ¡Habían descubierto que ya no estaba allí el aparato!

     Corrí a toda prisa hasta llegar al lugar donde había quedado con el inspector González, mi jefe.

     —Aquí tiene hah, hah, creo que él hah, hah lo sabe todo.

     —Bien, bien, Zapata, nunca me defraudas. Pero relájate, hombre, que ya todo ha pasado. Vamos a tomarnos algo.

     Ya en el bar pedimos un café, y, para mi sorpresa, la taza era idéntica a la que había encima de la mesa: de porcelana blanca y con una lista azul.

     —Nos están siguiendo, jefe! Y ésta es la prueba...   

 4

 Su experiencia, maldita sea, le aconseja no dejarse llevar por la primera impresión: por lo evidente. Suele llamar a engaño, maldita sea, dice, como le pasó a Juan, que llegó a casa y se encontró a su esposa y a Luis, su mejor amigo, desnudos en la cama. Justo cuando estaba a punto de decir algo, Luis se levantó de un salto y le espetó:

     —Espera, espera, colega, ¿a quién vas a creer, a tus ojos o a mí? Es fácil dejarse llevar por el momento, le razona, pero, blanco y en botella..., no necesariamente siempre es… eso.

     El empirismo le lleva al análisis de la información para determinar si es fiable. Y en el caso que le ocupa, advierte que la taza de porcelana tiene rasgos fenicios, más característicos de la costa mediterránea que de la atlántica.

     A la vista de este dato, piensa, es imprescindible dilucidar quien ordenó a la Sargento Inés que fuera a ver si había algún muerto, sin prevenirla de los riesgos…

     El comisario Wyo, satisfecho de su progreso, se sirve otro lingotazo.

 5

 Wyo abre “Platón y un ornitorrinco entran en un bar…”, de Thomas Cathcart y Daniel Klein, y lee:

  “…lo que determina la conducta humana son una serie de condicionantes biológicos inconscientes.”

     Este Freud es la leche, piensa. El portátil, sobre su escritorio, parece mirarle con temor. Está como a la expectativa, o sea, en stanbay.

     Wyo suelta el libro, toma un sorbo de Jhony Walker y se encara con el dispositivo. Éste se ilumina y muestra la última búsqueda.

     —¡Escupe!, —le dice Wyo. Y la página abre el itinerario que alguien había planificado para un viaje de fin de semana.

 

6 (flash-back)

 

Wyo se recuestaba en su sillón, ponía su nuca contra sus palmas entrelazadas, sus pies apuntando al techo desde el escritorio, y se dedicaba a divagar, considerando lo útil que fue su reflexión de ayer: 

“una habitación, una taza, un portátil. Y dos desapariciones. No hay muerto. La habitación es un despacho. La taza, mediterránea. Solo queda el portátil.”

     En un impulso se levantó con brusquedad, y se lanzó hacia la habitación dominado por un presentimiento; rompió con un empellón el precinto de la puerta y se acuclilló bajo la mesa. El portátil le miraba sorprendido desde su pantalla.

     —¡Háblame, bicho!, —le gritó:— ¡cuéntame lo que ya sé!

     El portátil callaba. Es un último modelo de la manzana mordida. Hubiera dado igual apagarlo. Seguía activo hasta sin batería: estaba dotado de AI.

     Wyo lo sacó de debajo de la mesa, y se lo llevó a su despacho…

 Y 7

 Esto se acaba; nos vemos en Biolibere, piensa Wyo redactando sus conclusiones sobre el asunto:

     “… y a la Sargenta Inés, La Capitana Sonrisas le solicitó un trámite, en cuya enunciación aquella confundió lo de “moros en la costa” por lo del "muerto..." Algo debió alertarla; quiso esconder el portátil de la vista de algún intruso ocasional, y lo dejó bajo la mesa. Luego tuvo que marcharse a un evento de Atletismo con sus chicos, y dejó la críptica nota. Volverá para el ágape. 

    La Capitana, que astutamente preparó el complot lanzando la equívoca mención sobre el muerto, se fue a una misión secreta...”

     Wyo no pasa por alto la foto: desafiante desde el centro del arco de medio punto recién pintado, con las rocas milenarias de fondo, le vino a la memoria al agente 007, al principio de cada una de sus aventuras, en la luz del cañón de una pistola.



sábado, 24 de enero de 2026

La maleta


 

LA MALETA

"Con frases cortas y un lenguaje preciso nos haces evocar el mundo rural, sus costumbres y formas de vivir, nos envuelves en la calma y felicidad de lo cotidiano."

Mercedes Fernández Almorox

"Me ha emocionado mucho leer los relatos de Victoria, no solo porque he reconocido en ellos la calidez humana de la gran mujer que conocí cuando yo era muy jovencita, también he visto en ellos a una mujer luchadora e incansable, rebelde y muy adelantada a su tiempo. Una gran comunicadora. Un derroche de fantasía y realidad que ella conjuga con un toque muy personal.

Ana Martín

"Para Libere Letras es un honor contar con una autora como Victoria Vadillo. Sus relatos son únicos porque reflejan vivencias que también lo son , así como su pasión por la escritura. por eso conmueven. Victoria nos recuerda que el don de narrar es profundamente humano y pertenece a quienes, como ella, lo cultivan con placer y generosidad."

Lola Illamel

 Junto a una compañera del Club Sonrisas (foto 2025)

Recién cumplidos sus 85 años, Victoria Vadillo (Victoria López González) accede a publicar su primer blibro: "Escribí historias que nunca compartí". Nació en Nódalo, (Soria), en 1940, y narra las vivencias de su infancia y juventud con la autenticidad y calidez que muestra la experiencia; es un placer escucharla, y una lección constante gozar de su presencia.  


 La maleta

Hoy me he parado a contemplar mi maleta. Esa que siempre ha estado conmigo, la que me ha acompañado siempre, la que ha sido testigo mudo de todos los acontecimientos de mi casa, de mi familia. 

Veréis, es una maleta especial, ella no ha viajado demasiado, no, más bien poco. Alguna vez al pueblo, a unos 200 km, pero poco. Eso sí, cada vez que lo ha hecho yo la he tratado con cariño, como un tesoro, siempre a mi lado, con cuidado de que no se estropeara. En el tren siempre la colocaba con esmero, que nada la rozara para que no se estropease y lo mismo en los autocares que iban al pueblo. Mi maleta. Una bonita, de color marrón medio, un marrón alegre y llamativo. Por dentro es preciosa, tiene forro de seda del mismo color, que le daba una elegancia y una categoría como no os podéis imaginar. 

Yo voy a contar un poco a lo que se ha dedicado mi maleta durante su vida. 

La compré hace exactamente 48 años, fue para cuando iba a nacer mi segundo hijo, para llevarla a la clínica con su ropita. Todo nuevo, planchadito, alguna cosa de su hermana mayor, camisetitas, pañales, algún jerseycito…, todo bien colocadito. Como veréis, su primer uso fue precioso, la ropa de un bebé ¡Casi nada! hasta el médico al hacer su visita y verla, le dio unos golpecitos diciéndo: ¡vaya maleta que tienen estas mujeres! Yo me sentí muy contenta de que esa maleta fuera la mía. 

Después ha contenido de todo: ropa de los niños que quedaba pequeña, trajes de bautizo, de comunión, el mío de boda… ¡tantas cosas! 

En nuestro pisito de 50 metros, la he utilizado para todo. Ha sido una más de la familia. Pensándolo bien creo que se ha alegrado de las cosas buenas y celebraciones, lo mismo que ha sufrido por enfermedades, discusiones, la muerte de los abuelos, etc. 

Ha estado arriba encima del armario, debajo de la cama, siempre cerquita de nosotros. Ahora está más lejos, pienso que la hemos separado un poco de nosotros. Está en la buhardilla, porque ahora tenemos buhardilla, como véis hemos cambiado. A lo mejor mi maleta está un poco triste porque ya no se entera de casi nada. Pero a cambio ella guarda hace muchos años lo mismo: adornos de Navidad. Cada año, por la Inmaculada, el 8 de diciembre, la bajamos al salón para colocar bolas y espumillones en el árbol (que también llevan con nosotros un montón de años). Los adornos son los mismos o casi de cuando mis hijos eran pequeños; y se vuelve a su sitio pasados los Reyes. 

Yo creo que ella es feliz, se le nota. Por fuera está un poco estropeada, rayada, un asa arreglada con un alambre… pero por dentro, sigue estando bonita con su forro impecable, precioso. Yo la comparo conmigo, que por fuera estoy echa una pena, cojeo, tengo colesterol, algo de corazón, muchas cosas, pero por dentro igual que mi maleta, estoy llena de cosas: escribir, andar, viajar, ver cosas, quiero ver a mis nietos mayores, todos trabajando; que no haya guerra y que para todos haya comida y luz suficiente para poder vivir felices. 

A veces, he estado a punto de tirarla al contenedor. Pero al ir a hacerlo he cambiado de opinión. ¡Como si ella fuera una más de la familia! Creo que a ella no le gustaría, por eso he decidido que esté siempre conmigo, hasta que yo acabe mi vida aquí en la tierra. 

Si tenéis alguna maleta como la mía, yo os aconsejo que penséis cuántas cosas ha vivivido junto a vosotros y lo penséis bien antes de tirarla. Os invito pues, a recordar día a día las cosas que ha hecho con vosotros. Seguramente os llevaréis más de una sorpresa. 

Con cariño 

Victoria