martes, 29 de enero de 2019

un temblor compartido.


Espacio Mercado, Getafe
El 29 de enero, martes, a las 19:00 h. se presenta UN TEMBLOR COMPARTIDO, libro que firmo con el pintor Joaquín San Juan. Lo edita AMARGORD ediciones en su colección PICTOEMAS.
Por si podéis.
Un abrazo.
Matías Muñoz Borja
---

DE NUEVO

De nuevo
las calles son estrechas.
De nuevo
el aire se ha viciado con la angustia.
Y si bien no te rindes
al odio o la amargura,
regresas,
cubierto de ceniza,
borradas tus respuestas
a las viejas preguntas.

De nuevo
la conciencia plural,
el hormigueo al tomar la calle
y caminar
sintiendo en la pisada
un temblor compartido.

de Matías Muñoz Borja

---
CÓMO DECIR, AMOR, EN QUÉ MOMENTO...

Cómo decir, amor, en qué momento
te rompes dulcemente entre las manos,
sin quejas, sin recuerdos, sin arcanos
y tal vez sin temor ni sufrimiento.

Cómo volver a amar, qué sentimiento
de elementos divinos o profanos
puede reverdecer entre desganos,
en la etapa final del desaliento.

Pregunta al corazón por qué no cree,
pregúntale al mirar qué cosas lee,
pregunta al labio cruel por qué no besa,

y te dirán, sin duda, su fatiga
del amor fiel o la pasión mendiga,
su falta de esperanza o de sorpresa.

Julia Prilutzky.
---

MANIFIESTO

Yo siempre fui un chiquillo de adulto disfrazado
con miedos ancestrales clavados como espinas.
Quise que me mimaran: sentirme acariciado;
pero pasé la vida sumido en mis rutinas.

Envidié la palabra que fluye libremente
e inunda de colores fantásticos espacios.
Y conecta los pueblos; las personas; la gente,
tanto entre los humildes como en nobles palacios.

Disfruté la sonrisa de un niño, cuando nace
de la mirada franca, de la llana alegría,
y derrama inocencia sin saber que lo hace;
y mueve con su infancia, y con su algarabía.

Admiré los colores tatuados en el plano,
desdibujado y vivo, de nuestra geografía,
cuando subí a los trenes, o anduve por el llano,
confundido con ellos en muda sintonía.

Lamenté las cruzadas que rompían fronteras
de seres indefensos, desnudos de mañanas,
y nutrieron negocios entre las dos riberas,
cimentados en tumbas de sueños y de nanas.

El alma me angustió presa de sensaciones
cuando finalizaron las horas de aquel día:
poblaron las tinieblas mil manifestaciones,
y al pueblo las hurtaron, por cruda hipocresía.

Sacudió mi conciencia escuchar los tambores
de pueblos contra pueblos en lucha fratricida,
mientras en sus poltronas reían los señores
de la guerra, sumando a su bolsa y su vida.

Disfruté del instante brevísimo y eterno:
ese sublime tempo donde desbordan fresas
en cáliz compartido; en donde lo fraterno
no tiene propietario; ni paga con promesas.

Respeto procuré, honestidad, paciencia.
Cuidé de mis asuntos. Legué mis ideales.
Deslices cometí, errores de inconsciencia,
y allí donde moré dejé mis madrigales.

Decliné la vereda del otoño galano
con un porte tan digno como fue mi coraje;
degusté las delicias cercanas a mi mano;
admiré los perfumes de juvenil linaje:

observé a las muchachas que mi paso cruzaban,
y un temblor de guitarra anunció recaídas
hacia la pesadumbre de las cosas que acaban,
de los velados miedos, de primaveras idas.

No fui bueno ni malo. Nada gané o perdí.
Cumplí mis compromisos. Sufrí con tanta guerra.
Gocé con los amores. A todos me ofrecí.
Fui nada. Nada soy, pienso bajo la tierra.
---

EL VALOR DE ESCRIBIR LA VERDAD

Para mucha gente es evidente que el escritor debe escribir la verdad; es decir, no debe rechazarla ni ocultarla, ni deformarla. No debe doblegarse ante los poderosos; no debe engañar a los débiles. Pero es difícil resistir a los poderosos y muy provechoso engañar a los débiles. Incurrir en la desgracia ante los poderosos equivale a la renuncia, y renunciar al trabajo es renunciar al salario. Renunciar a la gloria de los poderosos significa frecuentemente renunciar a la gloria en general. Para todo ello se necesita mucho valor.
Cuando impera la represión más feroz gusta hablar de cosas grandes y nobles. Es entonces cuando se necesita valor para hablar de las cosas pequeñas y vulgares, como la alimentación y la vivienda de los obreros. Por doquier aparece la consigna: «No hay pasión más noble que el amor al sacrificio».
En lugar de entonar ditirambos sobre el campesino hay que hablar de máquinas y de abonos que facilitarían el trabajo que se ensalza. Cuando se clama por todas las antenas que el hombre inculto e ignorante es mejor que el hombre cultivado e instruido, hay que tener valor para plantearse el interrogante: ¿Mejor para quién? Cuando se habla de razas perfectas y razas imperfectas, el valor está en decir: ¿Es que el hambre, la ignorancia y la guerra no crean taras?
También se necesita valor para decir la verdad sobre sí mismo cuando se es un vencido. Muchos perseguidos pierden la facultad de reconocer sus errores, la persecución les parece la injusticia suprema; los verdugos persiguen, luego son malos; las víctimas se consideran perseguidas por su bondad. En realidad esa bondad ha sido vencida. Por consiguiente, era una bondad débil e impropia, una bondad incierta, pues no es justo pensar que la bondad implica la debilidad, como la lluvia la humedad. Decir que los buenos fueron vencidos no porque eran buenos sino porque eran débiles requiere cierto valor.
Escribir la verdad es luchar contra la mentira, pero la verdad no debe ser algo general, elevado y ambiguo, pues son estas las brechas por donde se desliza la mentira. El mentiroso se reconoce por su afición a las generalidades, como el hombre verídico por su vocación a las cosas prácticas, reales, tangibles. No se necesita un gran valor para deplorar en general la maldad del mundo y el triunfo de la brutalidad, ni para anunciar con estruendo el triunfo del espíritu en países donde éste es todavía concebible. Muchos se creen apuntados por cañones cuando solamente gemelos de teatro se orientan hacia ellos. Formulan reclamaciones generales en un mundo de amigos inofensivos y reclaman una justicia general por la que no han combatido nunca. También reclaman una libertad general: la de seguir percibiendo su parte habitual del botín. En síntesis sólo admiten una verdad: la que les suena bien.
Pero si la verdad se presenta bajo una forma seca, en cifras y en hechos, y exige ser confirmada, ya no sabrán qué hacer. Tal verdad no les exalta. Del hombre veraz sólo tienen la apariencia. Su gran desgracia es que no conocen la verdad.

Bertolt Brecht
´´

No hay comentarios: