Hambre. Necesidad de devorarte
lentamente, sentado en la camilla,
-aunque mejor sentados en la silla-
mientras paladeamos el descarte.
Que no quiero comerte ni matarte
a dentelladas desde la canilla,
ni mirarte mirar por la mirilla
mientras tú me contemplas contemplarte.
Yo solo quiero lo que quiero y siento
con la dedicación y con el tiento
del jardinero sobre sus rosales:
que me repitas con el mismo acento,
sentados ambos en el mismo cuento,
“¡quiero comerte, porque tú lo vales!”
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el haiku
4
24/5
Noche tranquila,
alondra en la mañana,
la espera sigue.
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