martes, 5 de diciembre de 2017

ORACIÓN DE UN DESOCUPADO


esperando una mano...
--

Escribir es una maldición que salva.
(Verónica Aranda)

---

ORACIÓN DE UN DESOCUPADO


Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,!
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello

De Juan Gelman

---

RONDANDO LA ESTANTERÍA


Rondando la estantería
de ropa de temporada
mira tú
una bata floreada
te guiña con chulería
anda ya
parece una tontería
que prenda tan descarada
mira tú
presuma condecorada
con aire de picardía
anda ya

De “Variaciones sobre el ocaso”, 2005
---

Clara Obligado Escritura Creativa
Trabajo de taller

Instrucciones para escribir un cuento

Coloque un papel en blanco sobre la mesa. Venza el natural pudor a mancillarlo con tinta. Agarre pluma o bolígrafo como la tradición exige; huya de máquina o engendros electrónicos que aniquilan el necesario tránsito entre el cerebro y los dedos. Elija la mano pertinente en virtud de su natural inclinación: zurda o diestra. Si es usted ambidextro, elija la mano en función de la temática: izquierda si es poética, diestra si el texto nos va a llevar por terrenos escabrosos.
Invoque a las musas planetarias. En caso de ausencia evidente, confórmese con seguir el vuelo de las moscas comunes y reflexione sobre la extraña similitud de nuestros genomas.
Fije la mirada de forma alternativa en el techo y en el suelo; con suaves movimientos circulares, friccione sus sienes a la espera de que las neuronas despierten. Levántese, tome un vaso de la alacena contigua. Escancie vino de forma generosa y beba un primer sorbo. Deguste de modo placentero. Tome la pluma y busque una palabra de comienzo. Desdeñe las palabras que suenen a manidas. Elija alguna sorprendente que atraiga a otras de su estirpe. Júntelas mientras toma otro sorbo de vino; deguste la frase que haya escrito, recréese en ella y observe si deja en el retrogusto, aromas de vainilla y tanino.
Voltee la hoja y déjela reposar; ingiera frutos secos. Relea la frase; si esta permanece en la retina, fíjela al papel, manténgala abrigada y comience a escribir una nueva, a ser posible que hilvane con la primera. Siga el procedimiento: vuelva a servirse vino; deguste la palabra y asegúrese de que no engaña al retrogusto. Si se siente exhausto, descanse. No someta al cerebro a una fatiga innecesaria. ¿Tiene dos frases conexas? ¡enhorabuena. ¡Tiene un micro! ¿Le sabe a poco? Aplique, de nuevo las instrucciones: vino, palabra luminosa y comience a escribir una novela.

de José Luis Lejárraga
---

No hay comentarios: