martes, 2 de enero de 2018

Las naves, siguen, pasan.



piedra inasible y huérfana

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Modela el barro
el poderoso ser;
no, el albedrío.
Me ahoga tu tristeza.
Las naves, siguen, pasan.

de Luisa Fernández Marcote

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Desde el Olivo
escapan aceitunas
verdes en esperanzas,
negras de noche o luna.

Que son tus ojos niña
clara inocencia
como dos lucecitas
de Cielo Tierra.

Cerquita del estuario
cuando anochezca...
contaremos un sueño
con cada estrella.

Será como ese cuento
hilado en un poema
de páginas escritas,
cintas de seda
en colores de mar,
Tu y Yo Sirenas.


De Lola Deán Guelbenzu
(Palabras prestadas)
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30. PRIMAVERA


Me agrada la gente. Ver gente me llena.
Se ríe la fuente con la primavera;
el zorzal anida; el mirlo flirtea
y, por la espesura, los jilgueros juegan
entre los helechos con sus mil peleas.
Se llena de risas la jaula dispersa,
Caudales de plata riegan la pradera,
chiquillos exploran las blancas veredas
entre margaritas, y un suspiro rueda
por lindes doradas, sensibles y tiernas
buscando tus brazos de pétalos sepia…
Me alegra la gente. Ver gente me llena.


De “variaciones sobre el ocaso” 2005
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¿POETAS O FILÓSOFOS?... Y MARÍA ZAMBRANO.

Metáfora y concepto, pensamiento y poema, realidad y placer, razonamiento y sueños… la Poesía y la Filosofía dialogan constantemente, a pesar de la tendencia [presuntamente] imitativa de la primera y de la empecinada y seca búsqueda de la verdad de la segunda [Platón ya admiraba a los poetas de verdadera inspiración porque eran capaces de decir “cosas de tanto precio y valor” sin tener que esperar a la prueba de validez que aporta la razón, otorgándoles una suerte de lucidez irracional cercana a “la locura de los dioses”… y a más fue Hölderlin cuando enunció en ‘Hiperión’ que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa”].
En el decurso del tiempo, las verdades poéticas [a veces mejores que las del filósofo] llegan sin pensar, es decir, por ‘inspiración’, circunstancia que se produce por un estado alterado del espíritu y no por un proceso racional y metódico… y desde aquí se llega [se debe llegar siempre que, hablando de un poeta, hablemos de un buen poeta, y no de otra cosa… que hay demasiada ‘otra cosa’ que se autodenomina poeta e intenta poemas que, también, son otra cosa] a la mixtura de la satisfacción estética con la satisfacción intelectual, resultando que la Poesía es fruto de la capacidad de pensar, pero sobre todo de la específica capacidad de ‘imaginar’ [Kant y Hegel nos llevaron a estos conocimientos en su día]. Así las cosas, llegamos a concluir que la Poesía no tiene limitaciones, ya que puede excederse cómo y cuanto quiera en la experiencia sensible, creando nuevas realidades, excediendo, por tanto, lo concreto y atado… mientras que la Filosofía es limitada, precisamente porque no puede excederse de la realidad concreta.
Es delicioso leer a María Zambrano cuando explica que la Filosofía es búsqueda guiada por un método y que la Poesía es encuentro… y caer en la cuenta de que con una metáfora somos ‘capaces’ de llegar allá donde el concepto no podrá hacerlo nunca.

De Luis Felipe Comendador

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