martes, 30 de octubre de 2018

AY, VOZ SECRETA


agarrados a la tierra...
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AY, VOZ SECRETA

Ay voz secreta del amor oscuro
¡ay balido sin lanas!, ¡ay herida!,
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!,
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡ay perro en corazón, voz perseguida!
¡Ay silencio sin fin, lirio maduro!

Huye de mi, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza
apiádate de mi, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!

de Federico García Lorca
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XXXVI

Me siento acomplejado y prisionero
bajo la dura ley de la ordenanza
que dicta y ejecuta el refranero.

Mas no soy el primero que se lanza
al tren de los refranes, y bucea
en busca de cumplir una venganza.

Muy cierto es el refrán de alguna aldea
que dice que patrón es el que manda
cuando lo hay, y no quien se marea;

pero siempre se dijo al zarabanda
que olvide los asuntos de la villa
y a sus zapatos vaya con la banda.

Hoy día no resulta que la silla,
si no la sacas al escaparate,
la vendas sin pregones, sin semilla;

pero también es cierta, y acicate,
la regla de que no sabe de plato
quien no condimentó con aguacate.

Si te dieran la escoba y el zapato,
mientras el suelo limpias de la casa
no podrías bailar con el mulato.

Igual sucedería con la brasa:
sin la disposición de buena leña
el fuego quedaría en una gasa.

El Jefe difundió la contraseña
de que su palo cada cual llevara
como los marineros en su peña,

y luego divulgaban con su vara
maquiavélicos planes de desquite
para robar clientes en algara.

Y la oferta que puso en el envite
sirvió de regodeo a la canalla
mientras el pueblo entraba en el convite

mirando por la tele la batalla
que para conquistar nuevos clientes
lanzaron por las ondas y en la valla.
Y a los obreros, piedras en los dientes.

de apuntes, 2001
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(Carta de Charles Bukowski a John Martin, publicista de Black Sparrow Press; en 1969 le hizo La Oferta: 100 dólares al mes si Bukowski dejaba su trabajo en el servicio postal de EE. UU., (desde hacía casi 15 años), y se dedicaba exclusivamente a escribir. Aceptó. Dos años después, entregó a Black Sparrow Press su primera novela: Post Office (“Cartero” en español, disponible gratis en PDF).

12 de agosto de 1986

“Hola, John:

Gracias por la carta. A veces no duele tanto recordar de dónde venimos. Y tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que intentan escribir o hacer películas al respecto, no lo entienden bien. Lo llaman “De 9 a 5”. Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar.
Ya conoces mi viejo dicho: “La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores”.
Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo.
Cuando era joven no podía creer que la gente diera su vida a cambio de esas condiciones. Ahora que soy viejo sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sexo? ¿Por una televisión? ¿Por un automóvil a pagos fijos? ¿Por los niños? ¿Niños que harán justo las mismas cosas?
Desde siempre, cuando era bastante joven e iba de trabajo en trabajo, era suficientemente ingenuo para a veces decirle a mis compañeros: “¡Eh! El jefe podría venir en cualquier momento y echarnos, así como así, ¿no se dan cuenta?”.
Ellos lo único que hacían era mirarme. Les estaba ofreciendo algo que ellos no querían hacer entrar a su mente.
Ahora, en la industria, hay muchísimos despidos (acererías muertas, cambios técnicos y otras circunstancias en el lugar de trabajo). Los despidos son por cientos de miles y sus rostros son de sorpresa:
“Estuve aquí 35 años…”.
“No es justo…”.
“No sé qué hacer…”.
A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Yo podía verlo. ¿Por qué ellos no? Me di cuenta de que la banca del parque era igual de buena, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusiera allá? ¿Por qué esperar?
Escribí con asco en contra de todo ello. Fue un alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí: un “escritor profesional”. Pasados los primeros 50 años, he descubierto que hay otros ascos más allá del sistema.
Recuerdo que una vez, trabajando como empacador en una compañía de artículos de iluminación, uno de mis compañeros dijo de pronto: “¡Nunca seré libre!”.
Uno de los jefes caminaba por ahí (su nombre era Morrie) y soltó una carcajada deliciosa, disfrutando el hecho de que ese sujeto estuviera atrapado de por vida.
Así que la suerte de, finalmente, haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría creería en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente, y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará (sin importar qué tan lejos me haya ido) cómo llegué en medio del asesinato y la confusión y la pena hacia, al menos, una muerte generosa.
No haber desperdiciado por completo la vida parece ser un logro, al menos para mí.

Tu muchacho,
Hank”
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