martes, 26 de septiembre de 2017

EL GENIO DE LA MULTITUD


Luz al fondo, entre las piedras...

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camino pensando en mí
sin darme cuenta
de que lo que no pienso
más interesa

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EL GENIO DE LA MULTITUD


Hay suficiente traición y odio, violencia,
necedad en el ser humano corriente
como para abastecer cualquier ejercito o cualquier
jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
que predican el amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
son -AL FINAL- aquellos que
predican
PAZ.
Aquellos que hablan de Dios
necesitan a Dios.
Aquellos que predican la paz
no tienen paz.
Aquellos que predican amor
no tienen amor.
Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con aquellos que están siempre
leyendo libros.
Cuidado con aquellos que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida
pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
tienen miedo de lo que no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes
multitudes;
no son nada solos.
Cuidado con
el hombre corriente
con la mujer corriente.
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, busca
lo corriente.
Pero es un genio al odiar
es lo suficientemente genial
al odiar como para matarte, como para matar
a cualquiera.
Al no querer la soledad
al no entender la soledad
intentarán destruir
cualquier cosa
que difiera
de lo suyo.
Al no ser capaces
de crear arte
no entenderán
el arte.
Considerarán tu fracaso
como creadores
sólo como un fracaso
del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es
incompleto
y entonces te
odiarán.
Y su odio será perfecto
como un diamante resplandeciente
como una navaja
como una montaña
como un tigre
como cicuta
su mejor
ARTE.


De Charles Bukowsky

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ABANDONARSE


Abandonarse cuando la negrura
del aire se te rompe en el instante
de la solicitud agonizante,
hasta el amanecer de la censura,

y descubrir la llave que clausura
el brazo que te acuna vacilante,
e ilumina rincones, humectante,
desbaratándote la cerradura

para difuminar pelea y calma,
y en el descuido requemarte el alma
con fuego que consiga confundir,

elevando el amor sobre su trono,
porque solo el amor es abandono,
y hasta el agotamiento resistir.


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005

martes, 19 de septiembre de 2017

LA VIOLENCIA DEL COLOR



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felicidades
te desean las flores
en tu camino

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LA VIOLENCIA DEL COLOR


Y tú estabas en medio de todo eso, tocando
Cristina Rivera Garza

y es que algo ocurre allí; quiero que me lo confiese la violencia del color
Cinthya García Leyva

Mirar de nuevo los dobleces
los pliegues o la carne
que devora otra carne

el abrazo se dice también en otra lengua

la partida de ajedrez inacabada en un plano superpuesto
unos ojos que se evitan
se deslucen
se atragantan
viene y va una mano sobre otra
El verde era el color de los verdugos, no aquí sino en su leviatán sonoro; en el cruce de las formas, el equilibrio de los sólidos es inevitable. Se dice, también, que en otra forma caben los restos del lenguaje, se dice que una frase es una puerta pero mienten, quizá sea una rendija o un candado, pero una puerta nunca; la apertura le está dada al balbuceo.

En medio de nosotros, una mesa
que sostiene nuestro juego
nuestras manos que se miran
disimuladamente con las uñas

las uñas son los ojos de los dedos, su glaucoma

una imagen es imagen de sí misma, su contradicción también, también su marco; una imagen que contiene lo que sabe, que lo niega y que se dice

eres mi doble o mi doblez
un pliegue
mapa de mis manos

la ruta que confunde la línea con el trazo

el gris es el color del ajedrez, el encuentro provocado por el jaque
el gris es el color de la mirada en los ojos de los perros
¿De qué color miran los dedos cuando ahogan? ¿De qué color el ojo anal, si acaso mira o se dice en el prolapso? ¿De qué color las manos del amante cuando limpias se atreven a tocar lo que se da?

el verde es el color
el gris la forma
la línea es una nota
a carcajadas
a horcajadas la cabalga entre los dientes
la lengua que habla del color
montada a pelo sobre pelo; un dedo es el jinete
Bilabial, la boca. El beso. El chasquido.
Bilabial también la vulva
la lóbrega plegada hacia su centro
¿Será verde o gris el color de la enramada?
Una imagen sobre otra, se tocan, se contienen; una imagen que se sabe al centro de otra: la violencia del color; una imagen que corta la mirada, que le impide su juntura; la violencia, del color de las imágenes depende la apertura del bastón, canal que se vierte en el desagüe. Una imagen sobre otra, sobrepuesta. La memoria es una imagen que se corta.

La
violencia
del encabal
ga
miento
la sílaba la bi
labial es la montura
beso de las imá
genes tan claras

impostura de la sombra
es la violencia de un color que se parece
a su sonido
verde bilabial o gris
como quien dice



de Roberto Cruz Arzabal (México, 1982)
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DIGO TU NOMBRE…


Digo tu nombre y callo.
Plomo es el cielo en la ciudad.

Digo tu nombre, y espero
luces, suspiros, ecos de la sombra.

Digo tu nombre, y miro
estrellas que rondaran mi ventana.

Digo tu nombre, y sueño nubes
riendo a la alborada; tiernas; grávidas.

Digo tu nombre entero, y adivino
tus formas en el agua; y te siento;
y escucho tu reír junto a mi almohada.

Digo tu nombre quedo,
y aguardo tu mirada
con la boca prendida de tu dedo.

Digo tu nombre sin saber tu nombre.
(Tú juegas con mi nada,
porque nada sería sin tus brincos,
porque nada sería sin tu nada.)

Digo tu nombre, y saltas
agarrado a la cuerda con tus manos;
y escucho tus palabras
de colores, de música, de fiesta…

Digo tu nombre cuando empujas,
príncipe de la luz, en mis entrañas;
y aún no sé de tu risa; ni tu cara;
ni el hechizo del vello que te cubre,
si trenzas o si a raya…

Digo tu nombre de luna,
y las estrellas tiemblan en el cielo;
y se riza la mar;
y en un brocal de cuna
susurran los almendros envidiosos.

Y hasta la noche apagará su miedo
cuando rompas, al alba.


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005

martes, 12 de septiembre de 2017

y no nos levantamos contra los usureros


Vista desde el Chamorzo Chico

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era la sanidad pública y envidiable
vinieron del gobierno y la malbarataron
corrimos a endeudarnos al plan de la privada
y no nos levantamos contra los usureros
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la distopía
transforma ciudadanos
en clientela
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TÚ Y TU DESNUDO SUEÑO


Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta a ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
-cauce fiel de abandono, línea pura-,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Qué pavorosa esclavitud de isleño
yo insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.


(Gerardo Diego)
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RINCÓN LATINO

La noche. Rincón Latino.
El tiempo roto. Papel
mojado en la madrugada.
Noche de fuego. Café.
Solo en el cielo la luna.
El amor, por escabel.
Breve noche. Las adelfas
rizan el mar. En el pie
baten olas reposadas
al ritmo de algún querer.
La pasión nace rendida.
Olas vienen. Avidez
de las olas. En la mar.
Sobre la arena. Tu piel.
Sube y baja la marea.
Galopa en la mar un pez
de plata. Viene la noche.
Largamente. Parisién
es el Rincón. Y la luna,
en el amor, cascabel.
Noche del Rincón Latino.
Para nunca envejecer.
Los recuerdos, olvidados
más allá de la niñez.
Y en el velo de la noche,
noche del Rincón, la fe.
Solos, en ese momento,
el mar, y la playa. Es
de burbujas la mañana.
Hasta un nuevo amanecer.


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005

martes, 5 de septiembre de 2017

Fluye vida en el cuadro


Subida por el cauce seco del Arroyo del Toro
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en la distancia
fluye vida en el cuadro
trazos de cerca

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PONTE DE RODILLAS, TÍO


Ponte de rodillas y dime que ya me has olvidado.
Ponte de rodillas tío y pídeme perdón.

Como cenizas como metal como ciruelas negras
me he transformado sobrellevando el peso de tu sombra.
Te he visto al alba con una cadena de palidez en torno de tu inmovilidad
y he permanecido en una silla de leche y de madera
mientras te miraba la enfermedad del corazón y el temblor respiratorio que tienes tío.

Violentamente preparada y desmedida
me he levantado de mi muerte y mi deseo
para desplomarme ante tu indiferencia.

La cantidad de destrucción que me has causado tío
es como un saco de piedras atado a mi brazo derecho.

He acumulado venganzas y pasiones que no son de este mundo. Solitarias y desobedecidas.

Mitigar mi dolor es tan imposible como una conspiración en contra tuya.
Mis enemigos son tus más patológicos amigos.

Si trabajo es por ti tío
y tú jamás has resucitado mi trabajo.

Sin resurrección y sin aliento sigo
a pesar de la calcinación en que me has devorado y hecho humo.

Pon distancia entre tu gris vestidura
y mi ascético espacio
y déjame respirar cruzando el mundo
definitivamente tío pidiéndome perdón
soltándome
como una perra
alada.


Isla Correyero
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BOTÓN DE ÁMBAR


El sol en lo alto. La cala desierta
bajo las estrellas, su luz apagada.
El mar, horizonte. Las rocas defienden
tu cuerpo que sale de espuma cercada.

Las olas dibujan mapas en la arena;
perfilan siluetas; trazan hologramas
con la mar de fondo, trizada en las rocas.
Tu cuerpo, desnudo, reposa en la playa.

Tumbado en la arena te miro en escorzo.
Promesa de fuego. De goce. De magia.
Tu pie. Tu cadera. El aire de un beso.
La jungla perdida. La fruta dorada...

…una gota brilla. Late por la duna.
En el horizonte sobre la toalla.
En ese collado de tibia pendiente,
erguida, golosa en tu botón de ámbar.


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005

martes, 29 de agosto de 2017

el valle


anochecer en Iruelas
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quietud y calma
en la tarde de Iruelas
eternidades
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RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido,
ya conocéis mi torpe aliño indumentario,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo,
quien habla solo espera hablar a Dios un día;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de de la mar.


Antonio Machado
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TORMENTOSO AMOR


De que te quiero, amor, yo soy testigo;
pues la conquista de tu baluarte
compensa mis anhelos para amarte
contra muros, balcones y postigos.

Mas aunque siempre quise estar contigo
—dulce Venus desnuda— temo a Marte,
belicoso guerrero, dios del arte
cruel, y despiadado, y enemigo.

Mira si no es castigo mi zozobra:
rendido a la tibieza de tu encanto
subterfugios invento para amarte,

mas cuando soy cautivo de tu sombra
en réplica cruel vuelves tu canto
de reproches equívoco y… de Marte.


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005
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nace la sombra
en espejo de agua
nadan estrellas
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martes, 22 de agosto de 2017

Bellas palabras


casa vacía

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bellas palabras
quemarán viscerales
tus sentimientos

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HOJAS DE CASTAÑO


Una casa en donde crecen guisantes.
Una mujer de ojos rasgados.
Una noche efímera
como los ojos de los peces.

Se oye la voz de Hera
entre el murmullo de las hojas del castaño.

Amaneció
sin que el ruiseñor dejara de cantar.

La sombra se recostó en el mármol
y se volvió una rosa.


de Junzaburo Nishiwaki (Japón, 1894-1988)
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ESENCIA


Esa forma tan tuya de mirarme
desde la celosía de tus ojos,
entrecerrados, respirando enojos
como para ofenderme o enrabiarme,

frena mi anhelo, causa mi desarme.
A medio abrir la puerta, son abrojos
las flores que te ofrezco. Son rastrojos
mis campos de amapolas. Un adarme

te importo. Siembras desengaño
con tus excesos. Pero cuando asoma
la ironía, no hay duda; ya no hay daño.

Cuando dices que todo ha sido broma,
ya no me siento extraño:
soy el tonto que atrapas en tu aroma.


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005
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deja la senda
encontrarás mil mundos
insospechados

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martes, 15 de agosto de 2017

Y tres: así estaba y así está...


Y tres: así estaba, y así está...
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¡oh, Gloria Fuertes!,
dispárame tus dardos;
los necesito.

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AL BORDE

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

Gloria Fuertes
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1.- NO ME QUITES LA MANO

No me quites la mano de la mano.
No me quites mi mano de tu mano.
No me quites tu mano de mi mano…
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2.- JUEGO DE SEDUCCIÓN

1

¿Que no quieres…? ¡No me digas!
Dime que sí, te lo ruego.
Como una rosa de fuego.
Como un manojo de ortigas.
Haremos muy buenas migas.
Tú eres mujer. Yo soy hombre
de palabra. No te asombre
si yo te propongo un trato.
Ven. Hablemos. Solo un rato.
Pero…, dime ya tu nombre.

2

Mira que eres mamarracho.
Déjame en paz, por favor.
Si no aguantas un hervor
aunque presumas de macho.
Escucha: cualquier muchacho
de la calle, sí, cualquiera,
seguro que más valiera
de mi brazo que un orate
como tú, so escaparate.
Anda y busca quien te quiera.

3

¿Tú me pides que te diga
lo que quieres escuchar?,
¿el murmullo de la mar?
¿Pretendes que te persiga
del cabello hasta la liga,
modelando tu figura
delicada, con finura?
Verso a verso recortada,
no me mires enfadada,
solo canto tu hermosura…

4

Palabrería…, palabra
en busca de tu capricho:
eres la clase de bicho
que me suplica que abra
la puerta que firme labra
mi honradez, y mi nobleza;
Tú reclamas la flaqueza
por donde puedas entrar
al misterioso lugar…
donde guardo mi pureza.

5

No me vengas con el cuento
de los secretos sutiles
a la sombra de candiles
que nacen del pensamiento.
Mira que pongo el acento
en el halago: cortejo
con cantares tu… reflejo.
Enaltezco tu alegría
buscando tu sintonía.
No me digas que soy viejo.

6

Mírate, desesperado
por la conquista del día.
Si pretendes sintonía
busca una vaca en un prado,
o acércate a ese mercado
donde puedes consolarte
con la vista, y el descarte.
Yo no soy de esa manera.
Yo no soy una cualquiera.
Yo no soy tu baluarte.

7

Mira, mujer, como miro
con mis ojos de inocencia
tu fragancia y tu decencia,
que por ellas yo suspiro,
no como urraca o vampiro,
que soy un enamorado
por tu ser, abandonado
en el polvo de la calle.
Arráncame de este valle.
No me dejes condenado.

8

Tu mentira y añagaza
no me van a convencer:
sé que pretendes arder
con la presa de tu caza,
pero dura está esta plaza
de conquista y rendición.
Yo no pongo condición
alguna. No me interesa
ser tuya lánguida presa.
Esa es la pura cuestión.

9

Tu persona y mi persona
necesitan entenderse.
Hablar. Dialogar. Beberse
bajo la misma corona.
Ese recelo abandona.
Ven a buscar en la luz
lo que ves a contraluz
embozado entre la sombra.
Oye la voz que te nombra.
En la cara, y en la cruz.

10

En la cruz de la moneda
es donde yo te veía
retozando tu agonía.
Voy a poner lo que pueda
para cortar esa veda
que me impedía pensar.
Pero no quiero dudar.
Dame la mano. Charlamos.
Tranquilos zanganeamos.
(Y hasta me puede gustar…)

11

(Caramba con el muchacho…
¿Y si la suerte me cambia?
Me moriría de rabia
si lo pierdo. Y es un cacho
de pan. No es tan mamarracho.
Y no es que me importe un bledo
su terquedad, su denuedo;
su figura desgarbada;
ese parecer ser nada…
Mira. Mejor me lo quedo.)


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005
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3.- DUDAS


dudan lectores
ante los diecisiete
golpes del haiku

cultos poetas
preguntan el sentido
que darle al senryu

la soleá,
¿cómo suena en el aire
de otro lugar?
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martes, 8 de agosto de 2017

algo para escribir


sorpresa en el bosque (2)

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lame la orilla
el vaivén de las olas
fuego la arena

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GLORIA EN LA GLORIA

Está Gloria Fuertes
en su santa gloria,
debajo de un pino,
escribiendo prosa.
Vino san Perico
y le dijo: ¡hola!,
¿qué estás escribiendo
en cuaderno rosa?
Le escribo a los niños
y a las amapolas,
y a las golondrinas,
y al mar, y a las olas,
y a un burrito cojo,
y a una cabra mocha…
Y a un loro pirata,
a un gallo sin cola,
a un león mellado
y a una caracola.
Al viento y las flores,
a todo el que llora;
le escribo al mendigo
y al que canta coplas…
Le escribo a la vida
que tanto me importa.

©Santos Fernando Arévalo Ávila
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PLAYA VACÍA


Golpea el viento. Gritan los pendones
quejidos herrumbrosos. El sosiego
deja paso a la angustia. Rompe el agua
en trizas espumosas de cabreo:
en arena de polvo se deshace
desdibujando surcos. Tu pareo
ondea frenesí. Se nos vacía
sobre la playa el mar. Sobre tu cuerpo
modela el viento curvas. Tus pestañas
entornan protectoras los ensueños
mientras su furia arrecia. Se rebela
y arranca tu vestido el bravo viento,
y la playa, vacía de bañistas,
admira cada línea de tu cuerpo,
tranquilo de tensión y de miradas:
Solo mis ojos cubren tus secretos.

de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005
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en la montaña
recado de escribir
nunca te falte

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martes, 1 de agosto de 2017

Sorpresa (1)


Sorpresa en el bosque (más en una semana)

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en el silencio
el susurro de un roce
luna tus ojos

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Un ser humano


Un ser humano
debería ser capaz de cambiar un pañal,
de planear una invasión,
de sacrificar un cerdo,
de pilotar un barco,
de diseñar un edificio,
de escribir un soneto,
de hacer el balance de una cuenta,
de construir una pared,
de colocar un hueso dislocado,
de consolar a un moribundo,
de recibir órdenes,
de dar ordenes,
de cooperar, de actuar solo,
de resolver ecuaciones,
de analizar un problema nuevo,
de abonar la tierra con estiércol,
de programar un ordenador,
de cocinar algo rico,
de luchar bien, de morir valientemente.

La especialización es para los insectos.


©Robert Heinlein
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MUJER EN LA PLAYA


La playa la desnuda. Dibujada
se tiende bajo el sol del mediodía,
y en la arena se acoge su alegría
de humedades y sombra modelada.

Besan su piel la brisa enamorada
y el murmullo del mar; algarabía
frenética de miel y pleitesía
a esa estatua de sal tan bien formada.

El sexo, las rodillas y la espalda,
con trazos inseguros y concretos,
en arena perfilan su presencia;

y al azar de la brisa y la esmeralda
de la mar, quedan todos sus secretos,
cuando la playa pierde su inocencia.


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005
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martes, 25 de julio de 2017


Cala en el Cerro de los Romeros
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pequeña cala
de difícil acceso
solo los dos

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ORACIÓN

Déjame ver el mar aunque me muera,
aunque no me hayas dado nada más,
déjame ver el mar, porque quizás,
aunque nadie me quiere, él me quisiera.

¡Déjame, Dios, entrar! Me han rechazado
en todas partes, sólo quedas Tú.
Ni uno solo, ni una multitud
me quiso, déjame aquí a Tu lado.

Déjame ser el mar. No ser humana.
No hablar, no oír, que ardiendo está mi frente
consumida en hogueras de maldad.

Seré una ola más de las que pasan.
Me romperé en mil gotas de repente.
De algún modo, seré felicidad.


©María José Vidal Prado
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LA COSA


Una pareja paseaba junta.

Exploraban desiertas callejuelas
y sombras de farola. Titilaban
claveles, lirios, rosas… Las adelfas
cimbreaban la brisa en el descuido
de jardines de miel. Palomas negras
modelaban tormentas, tempestades
en la esquina borrosa de un poema.
Sus manos levantaban la hojarasca
del tiempo breve, de la lucha eterna:
esa mañana concertó el encuentro,
cuidadosa, romántica. Pasean
del brazo; de la mano. Se susurran
palabras de temblor. Y, prisionera
la muchacha del brillo de su boca,
se dejaba querer: la casapuerta,
la calle, la deshora, la penumbra
vacía de la esquina, la quimera
tomada por la sombra de la sombra
más negra de la noche… Sin reserva,
despliega su estrategia: contraataca
con palabras de fuego, sin pereza
resbalando en sus ojos. Se arracima
con ímpetu guerrero; sus promesas
enmudecen los gritos. Su soltura
sorprende la pasión de su colega,
que ve cómo su…, cosa…, su sentido
de macho dominante, se despeña
con estrépito mudo. Se desarma
el castillo, la torre; la defensa
alimentada desde la mañana…
Y a la chiquilla despechada deja.


de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005

martes, 18 de julio de 2017

grita la madre


casas abandonadas en La Rinconada

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grita la madre
la comida en la mesa
sigue jugando

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A PROPÓSITO DE LA CUMBRE DEL G-20.

En una cumbre sin árboles, donde habita un gusano, campean a sus anchas los veinte magníficos.
Sacrifican convenios y nóminas a un dios que se nutre del sudor de los hombres.
Se permite jurar en vano a tu prójimo para activar el comercio.
Es punible crear certidumbre mientras las chabolas aumentan.
Es necesario comprar a los líderes que no temen cruzar el mar muerto.
Hay que alzar una torre muy alta aunque su base sea el óxido.
Es lícito hacer malabares en el trapecio mientras el domador a escondidas chasquea su látigo.
Es inútil llenar el botijo de agua cuando se coloca el último bloque de piedra.
Hay que palpar lo intocable para que el paria no maldiga su suerte.
Es moral enviar a la tropa para equilibrar la balanza de un bárbaro.
Hay que agasajar con buen vino y mejores viandas al usurero que financia la guerra.
No hay que olvidar al poeta que canta hay que enmudecer sus cuerdas vocales.
Enrojecen mis glóbulos blancos y abandonan la calma.
Mi repulsa es el croar de una rana traducido en insomnio.
El zumbar de un mosquito que desquicia los nervios.
El rugir de una bestia que no se arrodilla por un trozo de carne.
La marsellesa que interrumpe la producción de una fábrica.
El chasquear de una lluvia de piedras y fuego que detiene un blindado.
El estallido de una lata de coca cola caduca en un centro de ocio.
El crepitar de las llamas en un pozo de crudo que impide el tráfico aéreo.
El lamento de un príncipe que perdió su castillo por cobrar comisiones.
Los veinte magníficos no mandan a tiempo su perro adiestrado.
Las banderas son negras y mi voz es un báculo que al levantarse retira las aguas.
Jodido poeta
Tu palabra es una pluma en el suelo que el aire desprecia.


©Josef Antoni "En voz alta"

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5. ALALEH
para Alaleh
(En los montes de Irán crecen
florecillas rojas
de un leve parecido a las amapolas:
alaleh, shaghayegh…)


Era la primavera. Mi ventana
florece con el eco de una voz:
la princesa iraniana.
Es su primer viaje.
Quería visitar mi observatorio.

Menuda. Cáliz verde de flor trémula. Fina.
Néctar el labio, tibio; abierto a la textura
del placer. Armonía. Mirada susurrante
en donde perecer…
Ingenua. Y excitante; virginal…,
hablaba a mis espaldas.

Entre las tonterías que se dicen,
por el nombre sentí curiosidad:

— Es de una flor que crece en la pradera
de mi natal Irán.
Le llaman shaghayegh, y se parece
a la amapola;
pero el rojo es más rojo:
como el alaleh.


©de “Variaciones sobre el ocaso”, 2005

martes, 11 de julio de 2017

intensa insuficiencia


foto: Pato de piedra
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el muladar
despojo de jabato
la ley del monte
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CANTO ESPIRITUAL NEGRO

Te han arrancado
de tu sencilla tierra,
donde el cálido sol hacía
tus sones melodiosos
y tus voces
quejidos del eterno trabajo;
tu música hablaba
con fluidos y líricos lamentos,
te han atrapado en el bosque
de tu meditación,
donde los sabuesos olfatearon
tu nota susurrada
y sólo los pájaros y las flores comprendieron
la dulzura
con que sollozabas y te ahogabas;
y te pusieron en esta sala de mármol con figuras
que endureció el orgullo,
con la conciencia atormentada,
como si contemplaran a la fuerza
un carnaval, para las cuales
un espíritu extranjero y vandálico
ha intentado modelarte
en las maravillas de los virtuosos,
queriendo ahogar
tu belleza
entre los truenos de una orquesta.

©Claude McKay,
(versión)

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DE LA MANO A TU SENO

Sufro mi desconsuelo
errante de silencios y de noche.
Por un campo sembrado de amapolas,
de vacío, de sueños cenagosos
con el sabor agraz de la nostalgia
alojado en mi pecho,
agotado te busco,
y el viento me transporta con sus alas
de la mano a tu seno.

Ensoñando secretos y misterios
navego el canalillo
de la noble tersura de tu cielo,
y en el escote la ilusión naufraga.
Lágrimas de codicia,
de anhelo y esperanza
mis manos desparraman,
desmenuzan mis dedos.
Mi piel sobre tu piel
desdibuja caricias inventadas,
mientras me guía un aura tembloroso
de la mano a tu seno.


Tu cuerpo se apodera de mis ojos
como el imán del hierro:
clavado en tu sonrisa,
derrotado, rendido, sin aliento,
mancillo como un río de arrebato
apasionado, y beso,
desde el cauce-canal,
las trémulas e inquietas caracolas
veladas por la gasa de tu pelo,
y un suspiro me arrastra solapado
de la mano a tu seno.

Agridulce recorro
nubes de desaliento
en el jardín prohibido,
arcano de desdicha y sufrimiento,
de delicia secreta, dolorosa,
entre fuegos y risas y misterios…
El campo de amapolas amanece
de mi profundo sueño,
y de tu mano asido
estrechado en turgencias me despierto.


De "Variaciones sobre el ocaso", 2005
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el amor es
intensa insuficiencia
vaya putada

de Rafael Pérez Castells

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miércoles, 5 de julio de 2017


Luis desde el cielo
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la recompensa
a la dura subida
vista de pájaro

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SOBRE EL MURO PINTARRAJEADO


Sobre el muro pintarrajeado
que da sombra a las escasas bancas,
el arco del cielo aparece
completo.

Quién recuerda aún el fuego que arde impetuoso
en las venas del mundo;
—en un reposo frío las formas, opacas,
se diseminan.

Veré de nuevo mañana las bancas
y la muralla y la atareada calle.
En el futuro que se abre, las mañanas
están ancladas como barcas en el muelle.

©Eugenio Montale,
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DESNUDO

Una mujer desnuda es lo más santo.
¿Quién no contemplará la maravilla?
Conozco un arzobispo de Sevilla
que gozaba el desnudo con el canto.

¿Y el arcipreste que cantaba tanto
de los pecados contra todo el sexto?
¿Acaso no gozaba en el incesto
que practicaban su papel y el llanto?

Por eso en cueros la mujer domina
la voluntad más santa y peregrina
del cura, del obispo, del soldado,

y hace milagros sin mover la nada
de un gesto, de un suspiro; la mirada
de la mujer desnuda: eso es sagrado.


De Variaciones sobre el ocaso, 2005

martes, 27 de junio de 2017

un pino derrotado


Foto: Paquita
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cruza la senda
un pino derrotado
por la ventisca

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Perseguidos

Nos persiguen antiguos calendarios,
los dedos índice;
todos los ojos,
todas las miradas.
Nos persiguen errores enterrados
y una maldición que nunca cesa.
Nos persigue un deseo
incontrolable de marcharnos
y estar solos.
Nos persiguen recuerdos moribundos,
los amores,
y la mierda de todas las noticias.
Mirando el mar
medito sobre esto
y en cómo podremos escapar
de tanta cárcel.

©Carmelo González
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Mujer

Una ventana abierta. Sin cristales.
El vuelo de una falda mariposa.
Una risa que canta, pudorosa,
endechas, elegías, madrigales.
Un camino de mirtos y de hiedra.
Oro en las hojas del otoño joven.
La piel cuando palpita. La cosecha
del trigo candeal dulce y salobre.
Amable primavera golondrina
trazando filigranas en el viento,
lejana, seductora, peregrina
de promesas ilusas. El aliento
del caminar pausado. La mirada
perdida en el azul de los espejos.
Señuelo. Trabazón. Una palabra.
Un ademán. Indecisión. Un gesto
sin objeto, sin pena, sin querencia,
ajeno a la intención, sin sinsabores,
eso eres tú, mujer, cuando caminas
delante de mis ojos soñadores.

De Variaciones sobre el ocaso, 2005

martes, 20 de junio de 2017

fuego y hormigas


google
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suben plegarias
se sorprenden los dioses
fuego y hormigas
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Carne de musa

Ella va dejando trocitos de su cuerpo
en cada cama.
Es un puzzle de las noches que pierde,
para creer que gana.
Ella llora cuando nadie puede verla
y ríe en público, mirando al patio de butacas.
Ella es carne de musa para poetas desnortados,
y musa de carne de sus poemas secretos
cuando sólo el desconcierto la respeta.
Ella suele coquetear con la tragedia
y no se rinde cuando la soledad ataca.
Colecciona desengaños
y los clava en su almohada
para que le canten
mientras duerme sola
esa historia de amor triste
que esperaba.
Por miedo a que el olvido la lastime,
ella va olvidando de costado.
Y el olvido ya la hiere,
pero ella
aún
no se ha enterado.
Esa cenicienta que a veces se emborracha
para ponerle tu cara a un príncipe cualquiera
que se convierta en calabaza
a las seis de la mañana.
Esa muchacha que llama a quien no debe,
que cuelga a quien la quiere las llamadas,
que lava sus penas en los bares
y tiende su corazón en las ventanas.
Esa mujer fatal para si misma
que fuma para nadie en los espejos
mientras las horas pasan sin tocarla
y aquello que soñó queda más lejos.
No intentes protegerla de si misma,
de algún modo ella ama esas heridas
que no podrás curar, sólo lamerlas.
No quieras cambiarle el argumento
ella teje su historia con derrotas
que escribe para seguir huyendo.
Por miedo a que la vida la atropelle,
ella va tocando la vida de costado,
Y la vida ya la quiere,
pero ella
aún
no se ha enterado.

©Carlos Salem
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Crisálida


La luna tiñe de cera
los ensueños de una charca.
Hilos de plata, quimeras
fluyen tibias; como el agua
de la lluvia en los cristales
cuando rebosan del alma
anegando de suspiros
en duermevela callada
una noche de silencios,
de tristezas, de venganza.

Eran risas en la hierba
cerca, muy cerca del agua.
Espejeaba la luna,
-plata, jazmín, esmeralda-,
a los ojos de la noche.
Posponía la alborada
un ramito de canela
refrescante, pura brasa,
puñadito de colores
en abrazos acunada,
ángel del cielo venido
a eternizar la distancia…
El mundo se desvaía
en los confines del agua.

Eran risas en la hierba.
Eran risas. Pero al alba…
Mariposa de colores
azules, pálidos… Blanca
la luna se deshacía
en espejuelos del agua
rizada por una brisa
de cánticos de cigarra.
No era tristeza de luna.
No. La charca no lloraba.
¡Ay!, noche de risa ciega
en la hierba, junto al agua,
ángel, ¿donde estás?; sirenas
te convocaron al alba,
hilos de plata subían
desmenuzando montañas,
y el celeste de la noche
en abanico aclaraba.

Puñadito de colores,
ramillete de esmeraldas:
¿dónde la seda de un beso
y el calor de una mirada?
La silueta de tu sombra,
dulce mariposa blanca,
-rocío cubre la hierba-
¿en dónde la reposabas?

Con tus alas de paloma,
ángel, te deshilachabas
en las madejas del sueño
rumoroso de las aguas,
aventando los temores
sin halagos, sin palabras
que recordar de una noche
a la orilla de una charca,
nacida de los azules
poblados de la esperanza.

No te fuiste con la luna;
siempre estarás en su alma
desmenuzando rencores
y estimulando nostalgias,
endulzando pesadumbres
y precipitando lágrimas,
cuando la luna de cera
tiña de sueños el agua.


De Variaciones sobre el ocaso, 2005

martes, 13 de junio de 2017

EL AHORCADO DEL CAFÉ


estampa póstuma
---
todas las hojas
se acomodan al suelo
en el estío
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EL AHORCADO DEL CAFÉ BONAPARTE


Para no conocer los abismos del humo
para no tragarse los periódicos de la tarde
para no usar unos espejuelos cubiertos de sangre o telaraña
El que estaba sentado en un rincón lejos de los espejos
tomándose una taza de café no oyendo el tocadiscos
sino el ruido de la pobre llovizna
El que estaba sentado en un rincón lejos de los relámpagos
lejos de los leones morados de todas las guerras
hizo un cordón con una hoja de papel
en la que estaban escritos el nombre del Papa el nombre del Presidente
y otros dos mil Nombres Ilustres
y a la vista de todos los presentes
se colgó del sombrerero que brillaba sobre su cabeza amarilla
El patrón del café salió bajo su capa negra en busca de un policía
Armstrong cantaba sin cesar la luna había aparecido
como una gata furiosa en un tejado
Tres borrachos daban puñetazos en el mostrador
y el ahorcado después de mecerse dulcemente durante un cuarto de hora
con su voz muy lejana
comenzó a pronunciar un hermoso discurso:

«Maintenant je suis pendu dans le Bona
La lluvia es el cuarzo de mi miseria
Los políticos roen mi bastón
Si no me hubiera ahorcado moriría
de esa extraña enfermedad
que sufren los que no comen
En mis bolsillos traigo cartas estrujadas
que me escribí yo mismo
para engañar mi soledad
Mi garganta estaba llena de silencio
ahora está llena de muerte

Estoy enamorado de la mujer que guarda las llaves de la noche
Ella se ha mirado en mis ojos sin saber quién he sido
Ahora lo sabrá leyendo mi historia de hollín en los periódicos
Sabrá que me llamaba Louis Krizek
ciudadano del corazón de los hombres libres
heredero de la ceniza del amanecer
He vivido como un fantasma
entre fantasmas que viven como hombres
He vivido sin odio y sin mentira
en un mundo de jueces y de sombras
La tierra en que nací no era mía
ni el aire en que reposo tampoco
Tan sólo he poseído la libertad
es decir el derecho a sufrir a errar
a ser este cuerpo frío
colgado como un fruto
entre los que cantan y ríen
entre una playa de cerveza
y un templo edificado para adorar el miedo
La mujer que guarda las llaves de la noche
sabrá que me llamaba Louis Krízek
y que cojeaba un poco y que la amaba

Sabrá que no estoy solo que conmigo
va a desaparecer un viejo mundo
definitivamente borrado por el alba
Así como la niebla a veces aplasta
las flores del cerezo
la muerte ha aplastado mi voz»

Cuando el patrón volvió con un policía de lata y azufre
el ahorcado del Café Bonaparte
ya no era más que el humo tembloroso de un cigarro
bajo el sombrerero
sobre una taza con restos de café.

©Fayad Jamís Bernal (Cuba, nacido en México, 1930-1988)

Fayad Jamís Bernal, incluido en Nueva poesía cubana (Ediciones Península, Barcelona, 1970, ed. de José Agustín Goytisolo).

(De asamblea de palabras, blog de Fran Cenamor)
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UNA MADRE SE VA, Y...…


Una madre se va y la vida sigue
con la silla vacía; y el hueco de su alma
sin la sonrisa cálida en la sombra
que aguarda
la vuelta intempestiva; y el aliento
en la ventana,
cuando la desazón de la existencia
asoma por la esquina de la cama.

Una madre se va como la espuma
de un rápido de río de montaña
y arrastra en su vorágine la risa;
y rompe la esperanza;
y en las entrañas deja la tomiza;
y tuera en la garganta.

Una madre se va,
y queda en el ambiente la fragancia
de sus manos abiertas
cobijando la noche con sus armas
de luna y corazón; como el latido
de la dedicación incontestada
de una canción de cuna
en lontananza…



de “espejos rotos”, 2005
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Último poema de espejos rotos.
El poemario queda a disposición de quien lo desee, en pdf y dedicado.



martes, 6 de junio de 2017

atardece


atardece...
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mágica hora
el tiempo se detiene
pasa la vida
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El muerto


Aquél que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría
no podrá morir nunca.

Yo lo veo muy claro en mi noche completa.
Me costó muchos siglos de muerte poder comprenderlo,
muchos siglos de olvido y de sombra constante,
muchos siglos de darle mi cuerpo extinguido
a la hierba que encima de mí balancea su fresca verdura.
Ahora el aire, allá arriba, más alto que el suelo que pisan los vivos
será azul. Temblará estremecido, rompiéndose,
desgarrado su vidrio oloroso por claras campanas,
por el curvo volar de gorriones,
por las flores doradas y blancas de esencias frutales.
(Yo una vez hice un ramo con ellas.
Puede ser que después arrojara las flores al agua,
puede ser que le diera las flores a un niño pequeño,
que llenara de flores alguna cabeza que ya no recuerdo,
que a mi madre llevara las flores:
yo querría poner primavera en sus manos.)

¡Será ya primavera allá arriba!
Pero yo que he sentido una vez en mis manos temblar la alegría,
no podré morir nunca.
Pero yo que he tocado una vez las agudas agujas del pino
no podré morir nunca.
Morirán los que nunca jamás sorprendieron
aquél vago pasar de la loca alegría.
Pero yo que he tenido su tibia hermosura en mis manos
no podré morir nunca.

Aunque muera mi cuerpo, y no quede memoria de mí.


©José Hierro (de Alegría)

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En la puerta un papel que amenaza…


En la puerta un papel que amenaza,
un papel del poder reclamando
que le pague las deudas pendientes
que nunca contrajo.

Su mirada perdida sonríe
(nadie sabe en qué estaba pensando,
ignorante de un débito oscuro
que puede turbarlo).

Son sus años un largo camino
por los duros contornos de un rato,
y el espacio un recinto cambiante
difuso y extraño.

Su familia de pronto le llega
en cualquier situación y escenario,
y les dice y se alegra de verlos
aunque sin notarlos.

Cuántas veces lloró sus recuerdos.
Cuántas veces pensó en olvidarlos.
Cuántas veces temió revivirlos
queriendo matarlos.

Ahora lleva sin pena ni gloria
cada tiempo que vive sin garbo,
cada olvido del día y la hora,
del yo, del pasado.

¡Y que vengan pidiéndole cuentas
de unos gastos que nunca ha gastado!,
mira, Dios, cómo pagan los hombres
que ordenan sus pasos.

Porque dicen las leyes que escriben
esos sabios que quieren mermarlo
que es la cosa primera que mandan
cuidarlos, honrarlos.

Pero luego, no saben si existen;
si en las noches rezuman sus llantos
al compás de una lluvia que cala
de tan largos años.

Se preocupan de hacer efectivos,
pero no de si viven los hados
que mantienen despiertas sus carnes
y su juicio ajado.

No comprende que pidan justicia
esos hombres vestidos de largo
cuando fallan en darla a los pobres,
a los limitados,

y reclaman con fiera arrogancia
sin contar que sus normas y vados
van a herir la conciencia perdida
de tantas y tantos

que ofrecieron su esfuerzo en la vida
con la viva pasión de los años
sin pensar en cobrar usufructos
hoy tan bien negados:

¿cómo quieren que cumpla preceptos
que el poder sin mesura ha dictado
si el futuro, si se hace presente,
va a difuminarlos?

¿Qué sentido le da la gerencia
a abonar unas tasas, los gastos
que le han dicho que son por sus sobras
que no ha generado?

Pues, señor, ya no vive en su casa
desde al menos más de siete años,
que a un lugar retiró sus cuarteles
por no hacer más daño

a una gente que no se enteraba
de que ya se agotaban sus ánimos,
y el poder, que velaba su vida,
decidió ignorarlos.

Y ahora vienen con furia y con fuerza
a exigir lo que nunca pagaron,
y amenazan los pobres recursos
en que se ampararon

esos años más negros y tristes,
con Alzheimer llevando su mano,
y una cuesta sin freno a una meta
abierta en el llano.



de “espejos rotos”, 2005

lunes, 29 de mayo de 2017

corta es la larga escalera



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corta es la larga escalera
que me lleva a salamanca.
la cultura, en bicicleta,
y las nubes en volandas.
la política se espesa
y se expresa la palabra.

©Gonzalo escarpa

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Mis plantas se han ahogado por exceso de riego,
tocar su tierra seca me producía ansiedad.
He ido a la cocina,
me he encontrado en el frutero que todos los pomelos
están medio podridos,
y en la despensa apenas queda una galleta
que se ha reblandecido.
En la calle mi coche no circula,
le hace falta un motor.
No me gusta y aún así vivo con todo esto,
me rodea materia que está muerta.
Los relojes sin pila perdiendo sus agujas
no marcan ningún tiempo
como si este presente y no digamos futuro
me hubiesen abandonado.
Esta casa alquilada
en la que tengo que pedir permiso
para colgar un cuadro, se me cae por los hombros.
Me he sentido olvidada como una yerba sola
no puedo con el mundo, si es que hay mundo fuera
porque dentro se me ha deshabitado.
Escucho en el silencio de todo lo que ha muerto
llegar la noche entera con su falta de luz
con más quietud si acaso
Y me repito a solas que volverá el sol,
lo veo entrar por la ventana y me oriento,
vuelve el sol a cubrirme, lo digo de verdad;
aunque como todo lo anteriormente dicho,
cada día se muera unos instantes.


© Carmen Castejón Cabeceira
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Una mano dibuja



Una mano dibuja la caricia
y el pómulo se tensa
a la lágrima seca de la vieja.

Cargados de tristeza
en la profundidad de un sueño que se pierde,
los ojos agradecen la ternura
y miran con recelo las palabras:

— ¡Qué guapa te han vestido esta mañana!

Juegan los pies en un paso de baile,
insinuado apenas; parpadea
la cara en el escorzo
de joven picardía; y las pestañas,
- abanico de lamas deslucidas, -
aletean sonrisas olvidadas.

En el camino largo
de la cansada ruta centenaria
mi vieja se ha dejado los recuerdos.


de “espejos rotos”, 2005

martes, 23 de mayo de 2017

intimidades


una cueva en el valle

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entre dos rocas
la penumbra protege
intimidades

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CUANDO EL HOMBRE SE EXTINGA


Cuando el hombre se extinga,
cuando la estirpe humana al fin se acabe,
todo lo que ha creado
comenzará a agitarse,
a ser de nuevo,
a comportarse libremente
como
los niños que se quedan
solos en casa
cuando sus padres salen por la noche.

Héctor conseguirá humillar a Aquiles,
Luzbel volverá a ser lo que era antes,
fornicará Susana con los viejos,
avanzará un gran monte hacia Mahoma.

Cuando el hombre se acabe
cualquier día,
un crepitar de polvo y de papeles
proclamará al silencio
la frágil realidad de sus mentiras.


©Ángel González.
---

EL HOMBRE DE LA SILLA


El hombre de la silla – los ojos como lanzas –
aviva desvaríos prendido de la puerta:
cristales oxidados cerrados a la calle
por donde se desangra la soledad más yerta.

La pulcra galería de tonos agradables
se puebla de fantasmas de blanca vestimenta;
abrigos y bufandas ocultan desolados
deshechos de persona; ceniza macilenta.

La sala resplandece, y una voz sin historia
se apodera del aire: llama con un suspiro
a cruzar a otra sala; a enfrentar una mesa;
a descubrir un brazo y entregarlo al vampiro.

El hombre de la silla clava sus esperanzas
en el sol de la calle; en el tráfico–río
que lo devuelva pronto a su tierra de nadie,
a rondar el paseo con su silla y su frío.



de “espejos rotos”, 2005

martes, 16 de mayo de 2017

EL FALSO LLANO


pradera en el valle
---

desde la fronda
el silencio respira
ojos del valle

---

EL FALSO LLANO


En 1492
descubrí los barcos, abandonaban el horizonte para
rozar los dedos de nuestra isla. Lucía era dueña de sus
silencios aunque sus silencios no tuviesen dueño,
ningún periódico huraño previno a los niños de
ninguna tormenta, ningún teniente coronel anunció
nubarrones, el mar era azul azul, ahí no nos
perdíamos nada, volvía a ser tarde aunque llegamos a
punto de que el sol desvirgara nuestro presente.

En 1942
el día en que mi madre me regaló una corona de
pinchos para recompensarme por el esfuerzo, como si
todavía le doliera la sensación de que mi cabecita
saliera de su vientre, como si el barco hundido con la
proa todavía hincada entre sus muslos no dejara de
naufragar, Lucía abandonaba el silencio y hablaba con
los tripulantes, quería que su silencio solo fuera
nuestro y contaba en idiomas extraños a los
desconocidos que nuestra isla requería ser un secreto.

El 1942
los barcos encallaron en nuestra isla y Lucía y yo todas
las noches aflojábamos tornillos como delfines
desesperados, los barcos se hundieron y mi madre
aguantó los embates como una fiera.
Todo fue a peor, los tripulantes aún están aquí y yo
intento averiguar si Lucía está entre ellos.


©Óscar Aguado
de “El falso llano”
(Editorial Gato Encerrado)

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EL VIEJO



El viejo la miró mientras cruzaba,
súbitamente roto su sosiego.
Supo de las barreras de su ego
prendido al aire que su paso daba.

Sorbió el encanto de su pie: trenzaba
bailes de bailarina, de pasiego,
con un meneo de caderas; fuego
de luz sus ojos cuando la miraba.

Una punzada fue la sacudida
del aire en sus pulmones, suspendido
al ver la maravilla sin clemencia

de la muchacha firme, decidida
perturbando su pulso, sorprendido
cuando ya no ocultaba su impotencia.


de “Espejos rotos”, 2005