martes, 7 de julio de 2015

CARTAS



REVOLUCIÓN

Cuando desollasteis al gato negro
hubiera bastado para hacer la revolución.

Cuando acusasteis de bruja a la anciana
hubiera bastado para hacer la revolución.

Cuando quemasteis aquel bosque
hubiera bastado para hacer la revolución.

Cuando la mujer abortó por vuestras patadas
hubiera bastado para hacer la revolución.

Cuando colgasteis del árbol al negro
hubiera bastado para hacer la revolución.

Cuando arrancasteis la uña del meñique
hubiera bastado para hacer la revolución.

Cuando os quedasteis mirando la agonía
hubiera bastado para hacer la revolución.

Cuando sonreísteis al recibir el soborno
hubiera bastado para hacer la revolución.

Cuando lanzasteis la bomba número uno
hubiera bastado para hacer la revolución.

Ahora el estupor nos impide calcular
cuál sería vuestro merecido
y nuestro resarcimiento.


© Ana Pérez Cañamares
“Economía de guerra”
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CARTAS
Miércoles, 22


Despierta, vida mía, mujer enamorada
del ensueño y la musa. El tropo y el arcano
se ocultan en la bruma del último verano,
en la playa de siempre: en su dulce morada.

Es de día. Despierta, poeta enamorada.
Despierta de tu sueño de pensamiento vano.
Levanta de tu lecho. ¡Ea!, dame la mano
y juntos marcharemos abriendo la alborada.

Deja la noche injusta. El alba es tan hermosa…
Tantas cosas cambiaron en este amanecer…
Hoy no puede cantarse con palabras de rima.

Ya nadie la pretende, ni la escribe, ni mima
como mimaban antes al lirio y a la rosa,
y a la melancolía, con tinta del ayer…

Olvida, poetisa,
pintar de rima versos amorosos.
Domina la mecánica celeste,
el ritmo, la medida: melodía
parafernalia técnica del estro.
Traza el lenguaje mágico,
vehículo de vida y sentimiento,
pero deja la rima.

Dedícale a tu amado, orate de tu sueño,
la sinuosidad de tu desvelo:
esa noche pasada a la intemperie fría,
del miedo, de la duda, del silencio
recitado en la esquina de la pava;
pero sin rima.

Contra el sol de la mañana
¡camina!, ve de la mano
de un sofista y un cristiano
sin demora ni desgana.
Lávate en la palangana
esas legañas. Sublima
el camino de la sima
y aléjate del teorema:
cuando escribas tu poema,
traza los versos sin rima.

Que no, que mira,
de párvulos sería, de párvulos en juego
sobre la arena fina de singular piscina,
ceñirse a la tarima y al señuelo
de la rima.
¿No ves que causa grima
este desasosiego de la rima?

Ajusta sinalefas
para que los acentos encajen en su punto,
y un verso sea siempre
un verso
con su música rota o armoniosa,
con su medida
o inventado en la cresta de la ola
de la modernidad; pero sin rima.
Practica el verso blanco con medida,
disfruta la maldad del verso libre
y abomina
de la pesada rima
que lastra la edición de tus poemas…
porque ya no se lleva.
Y no le tengas pena.
La rima es el refugio del inepto;
la desazón del aire que cabalga,
traqueteo indecente
de un tren de los cuarenta
renqueando su tránsito precario
por los cerros del tiempo que morimos.
Rompe los pareados, los sonetos;
zejeles, seguidillas, villancicos;
décimas y cuartetas…
Escribe tu metáfora seguida
en la cuartilla
y córtala en pedazos pequeñitos,
y verás lo sencillo
que resulta forjar sin desatino,
sin el desasosiego
de la búsqueda queda o bulliciosa
-Heinrich, Huidobro, Schiller, Mallarmé…-
de esa palabra que con rima rima.


©pbaediciones

lunes, 29 de junio de 2015

CARTAS



LAS JOYAS

Ella estaba desnuda, y, sabiendo mis gustos,
sólo había conservado las sonoras alhajas
cuyas preseas le otorgan el aire vencedor
que las esclavas moras tienen en días fastos.

Cuando en el aire lanza su sonido burlón
ese mundo radiante de pedrería y metal
me sumerge en el éxtasis; yo amo con frenesí
las cosas en que se une el sonido a la luz.

Ella estaba tendida y se dejaba amar,
sonriendo de dicha desde el alto diván
a mi pasión profunda y lenta como el mar
que ascendía hasta ella como hacia su cantil.

Fijos en mí sus ojos, como en tigre amansado,
con aire soñador ensayaba posturas
y el candor añadido a la lubricidad
nueva gracia agregaba a sus metamorfosis;

Y sus brazos y piernas, sus muslos y sus flancos
pulidos como el óleo, como el cisne ondulantes,
pasaban por mis ojos lúcidos y serenos;
y su vientre y sus senos, racimos de mi viña,

avanzaban tan cálidos como ángeles del mal
para turbar la paz en que mi alma estaba
y para separarla del peñón de cristal
donde se había instalado solitaria y tranquila.

Y creí ver unidos en un nuevo diseño
-tanto hacía su talle resaltar a la pelvis-
las caderas de Antíope al busto de un efebo,
¡soberbio era el afeite sobre su oscura tez!

-Y habiéndose la lámpara resignado a morir
como tan sólo el fuego iluminaba el cuarto,
cada vez que exhalaba un destello flamígero
inundaba de sangre su piel color del ámbar.


© Charles Baudelaire

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CARTAS
Tertulia sobre la trascendencia

París
Miércoles
22 de Febrero

Llega la edad, Fina, en la que te encuentro hoy;
y ese día nefasto que nos tocó vivir.
Ese, o el otro.
El día en el que tenemos que tomarnos
las cosas en serio, decidir, tomar partido,
ha llegado.
Y ahí estás, con la pluma cespitando en el papel
donde descifras tus sentimientos más hondos,
retorciendo la historia que no habríamos querido vivir,
y que golpea, como los años que te rodean, sin cesar,
pero a los que atiendes, igual que a la historia,
en la tertulia de la vida
a la que no darás nunca la espalda.
Aunque…,
hay semanas que gustaría eludir.



©pbaediciones

martes, 23 de junio de 2015

CARTAS


mi casa: palo de brasil


AMOR SOBRE AMOR

Mi casa es un firmamento que no se apaga
porque estás siempre a mi lado
cosiendo la alegría maltrecha
en esas tardes que se deslizan apacibles,
repasando los pequeños rotos de la vida
con la ternura que tú sabes
parece que nada pasa
y pasa todo
estamos juntos
en la calma más llena
en la paz de estar a gusto
Ya no hace falta eludir la rutina
está impregnada de nosotros
enamorada de nosotros
Si estás cerca de mí
hay sentido, hay verdad, hay esperanza
esa es la flor de todas las flores
el amor de todo el amor


© José Luis Pérez Carranque

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CARTAS

Martes, 21

Él husmeaba el lóbulo de tu oreja derecha.
Una cumbre nevada se aplastaba en su pecho.
Tu mirada serena ignoraba su techo.
Prendían los maderos de su barca deshecha.

El mundo se alejaba. Huía por la brecha
ahondada en el abismo del borde de tu lecho,
y en la senda del bosque, tortuoso, derecho,
un comando acosaba encendiendo tu mecha.

Buceaba en tu nombre. De tu boca deshecha
la palabra nacía exigiendo el derecho
de sentir en tus dedos el sentir de su pecho
roturado en su espalda con diamantes de endecha.

Poco a poco cedían tus defensas. La brecha
en el muro se abría. Su comando al acecho
(cinco bravos jinetes) conquistaba el barbecho,
y su aliento calmaba tus heridas de flecha.

El mundo no existía. Ni hora, ni dios, ni fecha.
Amasijo. Sudores. Dolor, acoso, acecho…
Conquista del espasmo que ardía en el barbecho.
Conquista del espasmo que nacía en la brecha.

Desvelo y agonía. Furor. Barbecho. Flecha.
Las cumbres en sus manos. Tus manos en su techo.
Naufragio de tu barca. Su barco ya deshecho,
(y un mar de sinfonías que ardiente los acecha…)

Supo de tu demanda. Con tu barca deshecha
y al borde del desastre tu cálido derecho,
atacabas con rabia, te atabas a su pecho
sobornando la fuerza de su techo en tu brecha.

Manantial. Terremoto. Volcán. Poema: endecha.
Plenitud. Abandono. La brecha con el techo.
Inertes en la llama. Cenizas en el lecho…,
y un lirio desahuciado sobre una flor deshecha.



©pbaediciones

martes, 16 de junio de 2015

CARTAS


soledad


mi pobreza

mi pobreza es cántaro
que no se vierte sobre
la vida sino en la sombra
que creí mía, mi corazón.

poco sabía, cuando me
cuidaba de tantos miedos
y atesoraba tantas nadas
que la palabra de un amigo
iba a liberarme del dolor
de no saber ser extranjero
en este mundo sin patrias
para este tiempo escurridizo
que no tiene con el ladrón
de sueños ni con el sediento
de glorias otro premio que
la desaparición...

mi pobreza es cántaro
que el amigo más generoso
supo llevar afuera de mi
control y cuidado,
en esa ley del nómada
del desierto de cuidar
de los extraños perdidos
en los márgenes
de la fragilidad y la noche...


©Víktor Gómez
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CARTAS

Lunes, 20


Con el pulgar, solícito y paciente
ayudado del índice puntero,
manipula con maña y con esmero
absorto, distendido, complaciente.

¿Cómo saber la duda de su mente,
de presa tan esquiva prisionero?
Su oficio lo tenía tan entero
que a veces parecía estar ausente.

Toda su voluntad en el empeño
era derroche de ilusión: hazaña
digna de su misión, de su destino,

donde ponía, presa del ensueño,
la pasión más sincera y más extraña
para mover al goce más divino.

©pbaediciones

martes, 9 de junio de 2015

CARTAS


mi casa

piedra vuelta

miro con desconfianza los muros de mi casa
por fuera parecen sólidos por dentro
dan seguridad pueden las sillas las camas los sillones
apoyarse en su fuerte cadencia son personas
que han nacido a la luz de una verdad son esquemas
de un matemático de un cambista de un zahorí
sus piedras son las piedras de la necesidad
la argamasa fue nacida en las manos de un santo
Miro con desconfianza los muros de mi casa
cuando en ellos apoyo mi cabeza siento un amor intenso
por aguas caracoles mares bandas de música
escritores de ciencia ficción mujeres ejecutadas
por grupos serenamente islámicos
reducciones de cuota reinas en pijama
ergástulos pujanzas artistas para el moma
Siento una gran desconfianza por los muros de mi casa
Me permito observar su piedra vuelta
su piedra vuelta


©Jesús Urceloy
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CARTAS

Domingo, 19


El índice de precios que nace del consumo
no dice lo que piensa; no puede alzar el velo
de la mujer discreta que mira con recelo
la cesta de la carne, de la fruta, del zumo.

El índice de precios (con esto lo resumo)
envidia, (si pudiera) la tentación, el vuelo
del índice que puede palpar del monte el pelo
y sentir la delicia de la humedad… del zumo.

El índice de precios a la mujer hermosa
le tasa los perfumes, le mide la entretela,
le pesa la cocina y le vende un cumplido;

pero a Venus naciendo no regala una rosa;
ni acaricia la espuma que la cubre y la vela;
ni la mima y la besa; ni le quita el vestido.


©pbaediciones

martes, 2 de junio de 2015

CARTAS



No lo conseguí, mamá,
pero no se lo digas a los hermanos,
ni a papá.

Diles que llegue a ese lugar
del que tanto nos hablaba el abuelo,
donde los tanques echan agua
y las balas son de caramelo;
que aquí no me falta el pan,
ni el dinero para pagar.

Que sigan luchando
por un mundo mejor;
diles que vivo en Italia

y que mi barco no se hundió.


©Patricia Vitorique
Mayo/31/2015
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CARTAS

Sábado, 18


Merodeo en lo oscuro con el aura dormida
y adivino la ruta de tu horizonte rosa;
pongo rasgos y cara al amor y a la vida,
y unas alas de seda de trivial mariposa.

Ven, que quiero mirarte a la luz de la luna.
Ven. Están impacientes mil estrellas del cielo:
desean que les pongas un nombre a cada una
distinto cada instante, sin temor, sin recelo.

De la mano venida al umbral de la noche,
abandona tu suerte entre el cielo y la alfombra:
deja que te dibuje desnuda, sin reproche
aunque el tiempo se pare cuando ocupe tu sombra,

pues mis ojos desean bañarte en una estrella
que rompa sus destellos sobre tu mar bravía,
y sientan que palpitas bajo la noche bella
cuando sutil atraque mi barco en tu bahía.


©pbaediciones

sábado, 23 de mayo de 2015

CARTAS


adelfas
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AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

©Antonio Gamoneda
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CARTAS

Viernes, 17


El pueblo en el ocaso, henchido de sosiego,
de par en par dispone al viento sus ventanas,
armoniza su suerte a la sombra del río,
y aspira las delicias de la brisa serrana.

Terrazas y avenidas debajo de la luna,
(una luna redonda como una hostia sagrada),
se llena de parejas ansiosas de aire fresco
que en el agua se miran y en la hierba descansan…

A lo lejos los coches braman sobre el asfalto:
provocan a la luna y laceran la calma
al arrasar veloces con su ráfaga y ruido
la quietud de la noche en la ciudad callada.

Mirando el agua irse bajo la piedra muda
ausente a las caricias de la corriente clara,
con el rumor de voces, qué lejos y qué cerca
tu mirada, tu aroma, tu risa, tu palabra…



©pbaediciones

martes, 5 de mayo de 2015

CARTAS





Caer en un rostro, existir
con su respiración y con su boca...
Cuando tú estabas en peligro;
tú gritaste, mas fue
en la garganta de otro ser humano;
se levantó tu cuerpo
y fue en los brazos de otro ser humano.
Entonces comprendías.
Y tu necesidad y tu dolor
no fueron nunca como antes. Tú
ya no ves signos. Ahora, tú desprecias
todas las dudas. Y tu pensamiento
no es espejo que calla; ya es amor
y destino y conducta y existencia.

©Antonio Gamoneda
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CARTAS


Jueves, 16

La sábana revuelta. La luna en la ventana.
Sueños de madrugada nacen en un rincón.
La sombra de la noche arropa con sus alas
el tenue desafío de tu respiración.

Un sueño temerario, más vivo (o más doliente)
eleva su sigilo trepado en algodón
y otea el horizonte vestido de pijama,
la mano en la visera y el ojo de ladrón.

Un vuelo de visillo encubre tus encantos.
(La luna marchitaba toda la habitación,
y un rayo de misterio, reflejo de un reflejo,
trazaba su sendero hasta tu corazón).

El sueño vigilante, inmóvil, apacible,
se sume en la congoja de una sutil pasión,
y busca y se desliza sobre un brocal en sombra
de fondo inescrutable de fuego y de carbón.

El ruido de la noche oculta tu silencio.
(La luna sonreía por su provocación:
caricias dibujaba la plata de su rayo
pintando fantasías de gozo y desazón).

Pendiente del misterio, alerta a sus mentiras,
enhiesto su deseo a punto de explosión,
el sueño se remonta sobre la luz de plata,
ingrávido, paciente, buscando la ocasión.

Mas tú, bañada en luna y en sombras jaspeada
vivías otro mundo sin consideración
al sueño trastornado por un sueño prohibido
que soñaba contigo… en tu mismo colchón.

Y al alba, cuando vino el sol a tu ventana
y el canto de la alondra de ti se distanció,
desanimado y triste, como la bruma tibia,
el sueño temerario en luz se disolvió.


©pbaediciones

martes, 28 de abril de 2015

CARTAS


lo efímero

EL DÍA QUE ME DESPERTÉ Y ERA MISS UNIVERSO


Fue un día muy normal, en primavera.
Un día de tostadas y café y ducha y coche y curro y coche y casa.
Pero sabía que algo había cambiado.
Lo notaba en el aire, en el ligero
tictac de mis pestañas, en
la hinchazón de mi labio superior,
en mi
esternocleidomastoideo.
Al entrar en el bar y preguntarme
el camarero “¿Qué desea?”,
le respondí: “Que no haya hambre en el mundo”.
Bizqueó, se apartó de la mesa, amablemente
me trajo una ensalada.
Me comí sólo la lechuga, sin sal. Saqué del bolso una manzana verde.
Me comí la mitad. La otra la envolví en tela de raso, azul, muy suave.
Cuando, al pagar, alguien me dijo “Gracias”,
yo respondí: “Gracias a ti, al jurado,
a las instituciones que hacen
posible este concurso,
a las autoridades y
a mi querido público que me sigue y me apoya en mi página en Facebook y otras redes sociales”.
Después salí, me coloqué la banda, que se había quedado enredada en el bolso,
y fui fijándome en las chicas que andaban por la calle.
En su elegancia, su personalidad, su porte, su pose y su seguridad
al caminar con paso decidido por la escalera blanda de la vida.
Me supe superior, me supe bella,
me supe seguidora de Confucio,
me supe alta y risueña y positiva,
me supe, finalmente,
venezolana.
Caminé por la acera como si fuera alfombra
roja de gala, regalé mi sonrisa
amplia y rosada y gliss a los transeúntes,
limpié de malas vibraciones el mundo con mi amor
universal,
y luego llegué a casa,
me depilé, comprobé la tersura de mi cutis, la
liviana gravidez de mis dos pechos,
y antes de irme a la cama imaginé
más premios, más certámenes, más cenas suntuosas,
más hoteles,
más limusinas,
más damas de honor.
Al día siguiente,
creo que era martes,
desayuné,
volví a mi vida gris,
compré el periódico,
me miré en el espejo
de un bar
y sonreí."


©Gonzalo Escarpa

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CARTAS

Miércoles, 15


Surca la luna llena su vacío
vestido de tiniebla. Resplandece
la verde madreselva plateada
de túnica fingida, y en la esquina

donde se junta la ilusión del alba
con el aroma del jazmín y el celo
de los rosales, canta desolado
a la luna de plata de la noche,

(y a la calle teñida de farola),
un mirlo que pasea su secreto
de una rama sutil hasta otra rama…

La seda de sus dedos se resiste
al olvido en la noche, prisionera
del beso que ha cerrado tu ventana…


©pbaediciones

martes, 21 de abril de 2015

CARTAS

mu-danza social


***



A UN ESQUELETO DE MUCHACHA


En esta frente, Dios, en esta frente
hubo un clamor de sangre rumorosa,
y aquí, en esta oquedad, se abrió la rosa
de una fugaz mejilla adolescente.

Aquí el pecho sutil dio su naciente
gracia de flor incierta y venturosa,
y aquí surgió la mano, deliciosa
primicia de este brazo inexistente.

Aquí el cuello de garza sostenía
la alada soledad de la cabeza,
y aquí en cabello undoso se vertía.

Y aquí, en redonda y cálida pereza,
el cauce de la pierna se extendía
para hallar por el pie la ligereza.


©Rafael Morales



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CARTAS

Madrid
Miércoles
15 de Febrero


Tú sabes de la plenitud.
Lo contaste en la tertulia
de aquella tarde gris perla
aderezada de ocurrencias.
El abanico de tu mirada
abarcaba el espectro de la sala…
Paseabas tus ojos y tu risa,
y llenabas el lugar
con hazañas de tu infancia,
porque, como bien decías,
aquellos recuerdos están más presentes,
y ahora
ya
te cuesta
recordar
lo de ayer.
Pero la cumbre lleva a la plenitud.
Y,
en esta tercera semana,
de eso te
voy a
hablar.

©pbaediciones

martes, 14 de abril de 2015

CARTAS


baile del sol con las nubes

AVISO A CAMINANTES


En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje,
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engañó la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego. Poco dura
el milagro. Después, si te negaras
a partir, solo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.


©Eloy Sánchez Rosillo



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CARTAS
Martes, 14


Todo llega, muchacha, todo pasa.
Todo pasa, muchacho, todo llega.
Y esa emoción de tantas madrugadas
soñando los temores del invierno,
al fin en el otoño se han cumplido
con el milagro de la primavera.
Primavera de música y colores
tal como la inventabais cada tarde,
evocación de tiempos de futuro,
mientras se consumían las estrellas
en la lenta caída del paseo.
Toda la vida es vuestra. Os pertenece
por encima del sol, de las montañas,
y el mar ya no podrá imponer sus leyes
a vuestra voluntad de ser felices.
Cogidos de la mano, compañera,
apoyada en su piel de madrigales,
pasaréis las tormentas y los ríos,
adiós diréis a las dificultades
y al calor agobiante de la vida,
porque juntos formáis una persona
y ya nada podrá contra vosotros.

©pbaediciones

martes, 7 de abril de 2015

CARTAS



UN SONETO PARA JODER A UNOS CUANTOS


Un soneto me manda hacer Roberta
parecido al que Lope hizo a Violante,
y en el primer cuarteto este ignorante
que suscribe se larga por la puerta

de atrás. Bueno. El segundo es una oferta
que puedo rechazar más adelante
si resulta ripioso, o bien pedante,
o si la lengua ya me sale muerta.

Si en algo son mejores los tercetos
es que son cortos, y la rima incluso
la puedes colocar a tu manera.

Nadie sabe hoy de ritmos, y estos retos
Jesús, van decayendo y en desuso:
Muerta la rabia se acabó la fiera.

17 de noviembre de 2009


© Jesús Urceloy, 2009



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CARTAS


Lunes, 13


No te veo, muchacho enamorado,
en la espesura de tus girasoles,
oculto por la trama del olivo,
tu sombra presentida en el ocaso
sobre surcos de tierra y algodones.
No te imagino desde mi butaca
a contraluz de un sol de medianoche
cargado de ponzoñas y venenos
midiendo la sonrisa de un insecto
saltamontes en tierra de secano.
Apenas te distingo en la distancia
entre los azahares del naranjo
y el verde de patata y zanahoria,
calibrando contrastes y texturas,
crecimiento, subida; sublevado
en el trajín de lunas olorosas.
No quiero contemplarte seducido
en este trance luminoso y dulce,
los lazos deslizando por la espalda,
puntillita de blonda por tus dedos,
el tacto de la seda…; la nostalgia
dolorosa de un sueño que renace;
esos preciosos ojos que se apagan
en un suspiro largo, sofocado
por el fuego que calma y apresura
la sed de tantas noches misteriosas,
y la luna rendida en tu ventana.


©pbaediciones

martes, 31 de marzo de 2015

CARTAS



OCTUBRE DEL 56

Quisiera recordar la tarde última
en que Jesús Carrión junto a su perro
y la antigua escopeta, que le hizo vivir
la guerra y que engañado
decía no mató hombre, que a menudo
tiró al azar ¡Dios quiera un sólo herido!,
salieron hacia el campo, con las luces
lejanas y el dolor insoportable
de la vida acabándose, y un breve
cigarrillo liado aún con destreza,
y la barba amañada y tan vestido,
el sombrero a los ojos y en la estancia
dos mujeres que amó y en él vivían:
¿Qué quieres hoy de cena? -Me es igual,
haced vosotras. -Hasta luego. -Adiós.
Pero no puedo. Ni el disparo puedo
imaginar, ni el perro silencioso,
ni sus mujeres en la cama alzándose:
sólo la carta que una vez leí
hacia el setenta y siete y he perdido:
«Mañana, ya sabéis, comenzaría
la cura. Lo hago por no molestar.»

©Jesús Urceloy
de "La profesión de Judas"


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CARTAS

Domingo, 12


Añoran los olivos de la sierra
el paso de tu sombra y de tu rama,
y la risa graciosa de tu dama
de azabache cabello.

Y las verdes umbrías de tu tierra,
celosa de saberse tan lejana,
lloran tu ausencia…

Pero no te deprimas:
armoniza tu paso de nostalgia
con la felicidad de esta mañana.


©pbaediciones

martes, 24 de marzo de 2015

CARTAS



EL RASTRO


Memoria de la vida,
memoria de los días y la vida,
cuchillo que abre el mundo
esparciendo unas vísceras que no consigo descifrar.

Memoria de las tardes y la luz,
alumbras la mirada
eres el vigía implacable,
la brújula severa, el testigo carcelario
que anuda el tiempo en su mazmorra.

Qué buscas, memoria, qué andas buscando.
Me sigues como un perro hambriento
y tiendes a mis pies tu mirada lastimera;
husmeas, perniciosa, en el camino
el rastro de los días que fueron,
que ya no son y que jamás serán.

Te arropan los andrajos de la dicha
y la desolación te ha vuelto precavida;
memoria de la vida, memoria de los días y la vida.

©Guadalupe Grande


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CARTAS

Sábado, 11


Que no me digas no. Rizando el rizo
no es que no digas no: no dices nada
desde tu sombra, desde tu mirada,
silueta de cristal, pelo cobrizo.

¡Ay! quien te tomará. ¡Ay!, quien te hizo
tan tuya, tan ufana, tan bandera
siempre de parangón de primavera…
¿cómo no sucumbir a tal hechizo?

No dices no ni nada; (ten la tea
y enciende tu camello desolado;
—con ese cenicero ten cuidado—).

No dices nada, pero sin premura
paseas tu mirada limpia y pura…,
y ocultas otra vida, Melibea.


©pbaediciones

martes, 17 de marzo de 2015


la espera

UN SONETO HUMILDE

Y aquí va el segundo de los cinco poemas. Es un soneto humilde.
El autor, siguiendo las premisas de Sherlock Holmes,
descubre –mientras la clase está vacía- algo elemental.

Con un te quiero en rojo, y dibujado
un corazón sangrante al que le ensarta
una flecha y un nombre, hay una carta
bajo el pupitre, en el cajón, a un lado…

El papel es de un bloc cuadriculado,
hay un número de hoja, y es la cuarta
vez que un nombre se tacha, acaso Marta,
quizás María (o Mario). No han firmado.

Hay en el suelo restos de colores,
lápices, puntas, y en un borde, usada,
una goma muy blanca de Milán.

Afuera, en el recreo, entre clamores,
risas, caídas, gritos, juegos, cada
mayo el amor se sube al tobogán.


©Jesús Urceloy / 2015


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CARTAS

- Lo dijo por la radio la mañana
Viernes, 10


En el amanecer de tu ventana
pinta rosas de sol la primavera.
El hálito vital del horizonte
recorta con trazado sinuoso
azul de cielo. Las estrellas funden,
en pálidos retoques del albor,
vagas cornisas, turbias chimeneas,
antenas y fachadas.
Un anuncio tirano lo revela:
la radio lo repite
y, en tu mejilla, tonos encendidos
de frío y de semáforo lo avalan.
Autobuses urbanos pone luces
a sombras derrotadas, y el tren de cercanías
en la estación en gente se desangra.
Gente que te contempla con despego.
Como si no supiera nada.
Pero la vida grita lo evidente
y desborda la calma; y todo se conjura
— miradas, risas, inocentes gestos —
enfatizando lo que no adivinan.
Tú los miras, y callas.
Te llevan en el río apresurado
por sendas, galerías, antesalas,
escaleras que bajan y que suben
en fuga de riada, avenidas y calles
que se cruzan, y chocan, y dispersan
en el amanecer de la jornada.
Te llevan y protegen.
Como si no supieran nada.

Pero grita la vida; y la radio lo dice,
y la gente lo habla
con palabras nerviosas y tranquilas
lanzadas desde todos los rincones
de la ciudad, que ya está despertada.

Tu despertar…
Con gesto decidido y luz en tu mirada,
embelesada buscas perfiles al espejo.
Te dominan temores, y preguntas
porqué grita la vida
si quieres ocultarlo a las miradas.
Para entonces el sol, enardecido
con reflejos dorados,
compite con las luces de la calle
que vibran al compás de los latidos
— sutiles y profundos—
en un nido de nubes y de gasa.



©pbaediciones

martes, 10 de marzo de 2015

CARTAS


huellas del abandono

LA CASA DE PEDRO


El silencio, la quietud, la zozobra,
hacen esfuerzos por no decorarla de penumbra.
Mirándola de frente, diría que esta desabitada,
que le falta una luz femenina que se aleja.
Diría que los visillos cuelgan con indiferencia,
que el viejo laurel, la mesa, las sillas del jardín,
miran hacia otro lado como si renunciaran al futuro.

Todo permanece de un blanco inmaculado
como un día de boda.
Todo permanece igual que una promesa:
Pedro cuelga su ropa en el tendedero,
la cancela abre sus días al silencio,
la quietud y la zozobra.


© Antonio Delgado
febrero/2015
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CARTAS

Jueves, 9

No me dijiste, Laura,
(mechas entreveradas
de rubio en el castaño de tu pelo)
que tu risa sonaba
como arroyo de fuente cantarina
con brillos de lucero.

Tampoco me dijiste
que una perla perdida de tu boca
—rosa, clavel, prometedora, loca—,
por la lisura tersa
de tu mejilla cándida y bermeja,
se te subió a la oreja.

Ni me hablaste del novio
de mirada de mar y de nostalgia,
—ese que te despierta con sonrojo
en cualquier madrugada
venido de algún sueño tembloroso
a posarse en tu almohada
y a mirarse en el verde de tus ojos—.

Olvidaste decirme, niña Laura,
muchacha alcalaína,
—por la cruel premura de la hora
que todos los secretos atesora—,
de los mayos y abriles que te adornan,
con cuántos cuenta tu figura alpina.

Dime, Laura, porqué: porqué será
que no me lo dijiste
—mira cómo me pongo mustio y triste—.
¡Anda!, y háblame ya de tu secreto,
de tus anhelos, de tus emociones,
de tu “Laura no está…”,
esa canción que cantan las canciones.



©pbaediciones




martes, 3 de marzo de 2015


Unos segundos después

EN TU CUERPO DESCUBRO


En tu cuerpo descubro, al ofrecérseme,
el rosa y el ciclamen y el violeta
de los geranios variopintos,
el dorado perfil de la cebolla,
el rojo destallar de la azalea,
la bondad de la papa,
el perfume del te,
la luz del cáñamo
y el negro resplandor del pensamiento


©jesús munárriz
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Miércoles, 8


Ante la inmensidad del mar, gozabas.
El mar te provocaba: sus venidas
te besaban los pies. Tú te apartabas
en el juego de siempre, y te reías.

En la arena palabras y mensajes
de allende el mar el mar depositaba:
sueños, ternura; restos de abordajes…
risas y músicas amontonaba.

— ¡Hola!, -dijiste al mar. Lo saludabas
igual que se saluda a un compañero.
— ¡Hola!, —le repetías—, ¡marinero!-
¡Con qué placer el mar te celebraba!

Reías y llorabas de alegría
al saber que de ti el mar se acordaba,
y al ¡hola, mar, amigo!, contestaba
el mar con olas llenas de alegría.



©pbaediciones

martes, 17 de febrero de 2015

CARTAS

amanece, segundo 4


CONOCIMIENTO DEL REINO SUBMARINO


Ahora solo soy huesos. Los peces me conocen
y atraviesan confiados las cuencas de mis ojos.
Se han disuelto mis manos en la sal y mis piernas
crecen entre raíces en las rocas y el fango.
Recuerdo vagamente mi vida y sueño a veces
que hay plantas abisales coronando mi cráneo.
Por la noche mis huesos están tristes y echan
de menos el sonido de un corazón latiendo
y el pulso de la carne
que sirvió de alimento a la fauna marina.
Es la vuelta al origen. Me resigno y me digo
que ya andarán mis ojos entre perlas y estrellas
como siempre quisieron cuando solo eran ojos,
ni claros ni serenos, de un hombre en un naufragio.


©Javier Rodríguez Marcos
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CARTAS
Martes, 7

CANCIÓN DE CIEGO


Cuando la madre y la hija
enhebran el camino de la plaza,
un viejo y un niño ocupan la esquina.
Los rodean criadas y ociosos
en la encrucijada que lleva al mercado.


“Que nos libre el Dios del cielo,
Tener y ser envidiado.
Que una casa y una hacienda,
Y una familia es sagrado.
Y ninguno poderoso
Tiene derecho a tomarlo.”


Hay un gastado plato con ribete azul;
una caña larga; un viejo violín;
unas gafas negras…; un lote de sábanas,
de las que una pende sobre la pared.


“Pasó cerca de un cortijo,
Como a contarlo voy yo.
Vivía con su mujer
Un honrado labrador.
Un muchacho y una moza
Tenían entre los dos…”


Y, ante el auditorio, el viejo
se cala las gafas, y alerta al infante,
que coloca el plato en el centro del corro
y al lado se planta, dispuesto el violín.


“Era la moza muy linda,
Más que la luz que da el sol.
Una mañana de mayo
El Señorito la vio.
Y requirió sus favores
De grado o imposición.”


Con la vista al frente, el viejo señala
blandiendo la caña, la inicial viñeta,
colgada a su espalda,
y va desgranando, con voz poderosa,
marcando las sílabas de cada palabra:


“Pobre muchacha bonita
Musa rota de un pintor.
En su tiempo le nacía
Hermosísimo varón.
Y lo tomó el Señorito
Y para él se lo quedó.”


la hija lanzaba monedas al viento;
replica el violín;
el viejo seduce, místico silencio;
chistan algunos a quien rompe el halo
que ciñe la calle


“Hízose grande el muchacho,
Y el Señorito murió.
Y él seguía trabajando
En las tierras del Señor.
Pero no tenía nada.
Su padre lo abandonó…”


Demuda la madre, y arrastra a la niña
lejos de la esquina…

(de “Candela”)


©pbaediciones


martes, 10 de febrero de 2015

CARTAS




DESPUÉS


Tras la ceniza muerta de estos días,
cuando el vacío blanco de estas noches
se gaste, cuando la niebla de este instante
sin forma, sin imagen, sin caminos,
se disuelva, cumpliendo su tormento,
la tierra emergerá pura del mar
de lágrimas sin fin donde me invento.


© Sophia de Mello


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CARTAS

Lunes, 6


(La luz, como una piedra,
levanta los sucesos
enhebrando eslabones
hasta el final del tiempo.

Nada es verdad, ¿verdad?,
nada mentira.
Tal vez sea la verdad
tan solo una mentira
de mentira.

Duele la luz del día.
Y el horizonte incierto.
Y la pena celada
junto al sendero...;
tu mano de mi mano,
tu risa de cometa
en muda algarabía
con tu mirada clara.
Y el brillo de tu boca...

La magia del momento
cuando se marcha el sol,
y ese rayo de luna
que desnuda recelos…).

— ¿Esto es amor, amor,
o estoy soñando?


©pbaediciones

martes, 3 de febrero de 2015

CARTAS



Dedicado al león de las antiguas bañeras del Balneario Cervantes,
en cuya compañía pasé mis mejores horas de relajación.


EL LEÓN CONTEMPLA CON OJOS DE PIEDRA

El león contempla con ojos de piedra
su imagen plantada en el agua,
doble mirada hierática sin pupila.
La majestad de lo inmóvil, detenida en el tiempo.

Cabrillea la luz en las ondas y refleja
las melenas de mármol teñidas de rojo
del hierro que, eterno, suspende en el agua.
Y un cerco de hojas que a su lado se posa.

La ninfa, traviesa, apoya el pie en la nariz poderosa.
Sonríe sin miedo a la fiera,
pétrea imagen de blanco mojado,
y pisa con gracia al pomposo monarca.

Las cuencas veladas de los pétreos ojos
contemplan inertes la mancha dorada
de luz ambarina, rosada y morena,
de la piel mojada.

Quizá reflexiona la eternidad de la piedra
que inmóvil, fría y serena, reposa,
sin ver la efímera carne que flota en el agua,
alegre, ligera y caprichosa.

¡Cuán bello es de estatua el rey de la selva!
¡Qué eterna es la piedra!
Y cómo en el agua y el mármol
con brillos de luz resalta la hermosa.


© Lidia Falcón
Santa Cruz de Mudela, Ciudad Real, 4 a 11 de agosto 2004




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CARTAS

Domingo, 5

Cuando mi mimas, cuando relatas
cuentos y risas, cantos y hazañas,
son tus ternuras y tus palabras
dulces de leche que no empalagan.

Narra leyendas tu voz lozana,
mansa de lumbre, blanda de lana,
viva de historias, rica de sagas,
fértil de sueños de buenas hadas
como tus brazos cuando me abrazan.

En tu consuelo seco mis lágrimas,
perlas de fuego sobre tu cara,
si en las tinieblas vienen nostalgias
y las alejas con tus palabras,

(nana, nanita, ¡ea! mi nana…)

Tú me sustentas y salvaguardas,
y me susurras de madrugada
para que sueñe con tu mirada.

Eres el día cada la mañana
cuando despuntan sus alas blancas
y de mi lecho tú me levantas.

Eres la calle y eres la casa
con sus paredes y sus ventanas;
y es tu regazo, son tus entrañas,
techo y abrigo, nido y bufanda,
dulce cobijo con que me amparas
de los calores y las heladas.
Nunca me dejes, mami adorada.

(Ea, ea, ea, ea, nanita nana).

©pbaediciones