20.- Y yo me iré…
…y yo me iré,
y quedarán los pájaros cantando…
Juan Ramón Jiménez
Y yo me iré perdiendo en la distancia
de los años, con la melancolía
de imaginar la sombra de la noche
rota por vuestra luz sobre la vía,
mientras la rueda sigue dibujando
la ruta entre Madrid y Andalucía,
en el invierno; y en la primavera;
y en los azares de la sementera.
Y yo me iré perdiendo en la distancia
de la memoria, sin dejar estela
sobre la mar. Mi rastro, mi arrogancia
no teñirá horizontes de acuarela.
Se perderá la sombra y la fragancia
que de mi paso generó la huella.
Como el agua en el agua de ese río,
etéreo quedará lo que fue mío.
Partiré del andén hacia la historia
que marca los destinos en pendiente:
un tiempo nuevo donde la memoria
repasará el recuerdo adolescente:
amor y penas; alegría; euforia
cuando me descubría omnipotente
-relojes, trenes, compañeros; mando…-,
…y quedarán los pájaros cantando….
pbernal
desde mi cabina
---
Mostrando las entradas con la etiqueta desde mi cabina. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta desde mi cabina. Mostrar todas las entradas
sábado, 10 de enero de 2009
viernes, 9 de enero de 2009
desde mi cabina, 3 (6 de 7)
19.- La hoja blanca
En el tablero yace la cuartilla.
Una jindama entre los dedos juega
el lápiz a la espera, por si llega
sin avisar la musa-maravilla.
Un árbol en la estepa. La cuartilla
permanece desnuda. Por la vega
del Tajo el verde al secarral se entrega.
A un lado baila sola la otra silla.
A lo lejos los Montes de Toledo
dicen que les importa más de un bledo
si escribo o si manejo la palanca
que alienta, como cualquier otro día,
la interminable marcha por la vía…
… y en el pupitre, muda, la hoja blanca.
pbernal
desde mi cabina
----
En el tablero yace la cuartilla.
Una jindama entre los dedos juega
el lápiz a la espera, por si llega
sin avisar la musa-maravilla.
Un árbol en la estepa. La cuartilla
permanece desnuda. Por la vega
del Tajo el verde al secarral se entrega.
A un lado baila sola la otra silla.
A lo lejos los Montes de Toledo
dicen que les importa más de un bledo
si escribo o si manejo la palanca
que alienta, como cualquier otro día,
la interminable marcha por la vía…
… y en el pupitre, muda, la hoja blanca.
pbernal
desde mi cabina
----
jueves, 8 de enero de 2009
desde mi cabina, 3 (5 de 7)
18.- La tarde mágica
Rumor y sosiego. Ruido adolescente.
Juegan unos niños. Música en el agua.
Habito la sombra de un tilo gigante.
Su fronda mitiga del astro la flama.
En el horizonte, la enramada verde
trenza picos blancos de nieve: gargantas,
peñascos y grutas donde se guarecen
gacelas, venados, águilas y cabras…
Más allá del llano, salvando los tejos,
del río revuelto las agua más bravas
lamen las orillas de grises praderas,
fértiles vergeles, quintas y majadas.
Un tren. Su penacho de nube de plomo
pinta con acero la bóveda clara.
Coches a la sombra. El sol centellea
cuando en sus cristales el fuego resbala.
Solo, en la penumbra fresca, y entregado
al arrullo dulce del mirlo que canta,
olvido mi vida por esos senderos.
Y disfruto el tiempo de la tarde mágica.
pbernal
desde mi cabina
---
Rumor y sosiego. Ruido adolescente.
Juegan unos niños. Música en el agua.
Habito la sombra de un tilo gigante.
Su fronda mitiga del astro la flama.
En el horizonte, la enramada verde
trenza picos blancos de nieve: gargantas,
peñascos y grutas donde se guarecen
gacelas, venados, águilas y cabras…
Más allá del llano, salvando los tejos,
del río revuelto las agua más bravas
lamen las orillas de grises praderas,
fértiles vergeles, quintas y majadas.
Un tren. Su penacho de nube de plomo
pinta con acero la bóveda clara.
Coches a la sombra. El sol centellea
cuando en sus cristales el fuego resbala.
Solo, en la penumbra fresca, y entregado
al arrullo dulce del mirlo que canta,
olvido mi vida por esos senderos.
Y disfruto el tiempo de la tarde mágica.
pbernal
desde mi cabina
---
miércoles, 7 de enero de 2009
desde mi cabina, 3 (4 de 7)
17.- La cuchara
Esa cuchara, niña, la cuchara
que tu madre no sabe cómo llegó a esta casa,
tiene su historia. Nace
una fría mañana de febrero
en un rincón perdido detrás de la montaña.
Aun por amanecer el día se demora,
y una familia triste despide a los viajeros
con besos, con abrazos, con lágrimas calladas,
con un consejo sabio, con una pena muda;
con un guiño
a esa pequeña niña que apenas se levanta.
— El tren pasa temprano. Vamos. —La despedida
se alarga entre la sombra desierta de la calle,
y en un momento mágico, le tiende una cuajada
para cuando despierte: — Llévate la cuchara.
El tren llegó a destino. Prisas en los andenes.
Atrás quedó la leve letanía
de la canción del tren sobre la vía.
Vieron amanecer en los cristales
mientras el angelito descansaba.
Se despertó. Lloró los avatares
del sobresalto
al ver que aquel invento tanto traqueteaba.
Mimos, caricias: — Mira la ventana,
y los árboles, montes y sembrados,
y las rayas que cruzan y se rompen
y van diciendo adiós…- Mas para nada.
La niña berreaba, hasta que su mamá
la cuajada sacó de aquella bolsa
junto con la cuchara.
Gozosa disfrutó la golosina.
Ya no se separo de la cuchara.
Han pasado los años, y en la mesa
de vez en cuando ponen la cuchara
desparejada de sus compañeras,
un poco diferentes sus destellos de alpaca.
Un regalo perdido de la abuela.
Un recuerdo lejano
perdido en un rincón de la montaña.
pbernal
desde mi cabina
---
Esa cuchara, niña, la cuchara
que tu madre no sabe cómo llegó a esta casa,
tiene su historia. Nace
una fría mañana de febrero
en un rincón perdido detrás de la montaña.
Aun por amanecer el día se demora,
y una familia triste despide a los viajeros
con besos, con abrazos, con lágrimas calladas,
con un consejo sabio, con una pena muda;
con un guiño
a esa pequeña niña que apenas se levanta.
— El tren pasa temprano. Vamos. —La despedida
se alarga entre la sombra desierta de la calle,
y en un momento mágico, le tiende una cuajada
para cuando despierte: — Llévate la cuchara.
El tren llegó a destino. Prisas en los andenes.
Atrás quedó la leve letanía
de la canción del tren sobre la vía.
Vieron amanecer en los cristales
mientras el angelito descansaba.
Se despertó. Lloró los avatares
del sobresalto
al ver que aquel invento tanto traqueteaba.
Mimos, caricias: — Mira la ventana,
y los árboles, montes y sembrados,
y las rayas que cruzan y se rompen
y van diciendo adiós…- Mas para nada.
La niña berreaba, hasta que su mamá
la cuajada sacó de aquella bolsa
junto con la cuchara.
Gozosa disfrutó la golosina.
Ya no se separo de la cuchara.
Han pasado los años, y en la mesa
de vez en cuando ponen la cuchara
desparejada de sus compañeras,
un poco diferentes sus destellos de alpaca.
Un regalo perdido de la abuela.
Un recuerdo lejano
perdido en un rincón de la montaña.
pbernal
desde mi cabina
---
martes, 6 de enero de 2009
desde mi cabina, 3 (3 de 7)
16.- Llueve sobre mojado
Cruzas entre la niebla sin ruta, sin destino.
Hacia ninguna parte. Las nubes amenazan.
De un lado y otro lado llegan zumbidos sordos.
Es tu corcel la duda. Gotas en los cristales
alegran tu rutina trillando los caminos..
Quedan atrás las luces. Llueve sobre mojado.
Ternura y algodón arropan las colinas,
avanzan por el campo, ocultan la mirada,
y tú sigues bogando en este denso mar.
Espinos y alcauciles la bruma difumina.
La niebla se aproxima al vidrio. El horizonte,
por una vez tan cerca, casi puedes tocarlo.
El sol, por un momento, entre las piedras luce,
pero la niebla ceja y esconde los colores
que pintan tu camino. Nunca podrás lograrlo.
Ingrávido, navegas encima del rail
en el afán maldito de huir hacia la nada.
La cápsula te lleva. Suena la rodadura.
pbernal
desde mi cabina
---
Cruzas entre la niebla sin ruta, sin destino.
Hacia ninguna parte. Las nubes amenazan.
De un lado y otro lado llegan zumbidos sordos.
Es tu corcel la duda. Gotas en los cristales
alegran tu rutina trillando los caminos..
Quedan atrás las luces. Llueve sobre mojado.
Ternura y algodón arropan las colinas,
avanzan por el campo, ocultan la mirada,
y tú sigues bogando en este denso mar.
Espinos y alcauciles la bruma difumina.
La niebla se aproxima al vidrio. El horizonte,
por una vez tan cerca, casi puedes tocarlo.
El sol, por un momento, entre las piedras luce,
pero la niebla ceja y esconde los colores
que pintan tu camino. Nunca podrás lograrlo.
Ingrávido, navegas encima del rail
en el afán maldito de huir hacia la nada.
La cápsula te lleva. Suena la rodadura.
pbernal
desde mi cabina
---
lunes, 5 de enero de 2009
desde mi cabina, 3 (2 de 7)
15.- Horizonte
Me llamas, horizonte, con destellos de fuego y esperanza.
(Susurro una plegaria a los dioses por tanta maravilla.)
Tus nubes de colores juegan con el añil sobre una villa
perdida por la bruma en lontananza.
Con el cielo te juntas más allá de la punta de mi lanza.
Me llamas, horizonte, a compartir tu mesa; y en mi silla
azuzo los caballos. Rompe en espuma el mar contra mi quilla,
y a tu refugio mi pasión avanza.
Pero la línea fija que tan lejos señalas, horizonte,
la veo entorpecida por el arroyo y el reloj y el monte,
como si fuera quieto, sentado yo tras una balconada.
Si cada vez que corro huyes de mis afanes de tocarte.
Si cuando me detengo me incitas a seguirte y a encontrarte,
esperaré a la noche: unidos ha de vernos la alborada.
pbernal
desde mi cabina
---
Paca Mora
Madrugá del mes de Mayo
cuando los trigos peina la brisa
Paca Mora va a caballo
entre los toros de su divisa.
De lejos la van siguiendo
los ojos negros del mayoral
que al tiempo la está queriendo
sin que su boca le diga ná.
La niña también lo quiere
y no lo deja entrever
y antes morirse prefiere
que publicar su querer.
Paca Mora, ¡Ay, Paca Mora!
Yo sé que te dan llorando
las claritas de la aurora.
¿No estás viendo, compañera
que el secreto de tus labios
lo delatan tus ojeras?
Deja a un lado los blasones
de tu orgullo y condición
y abre puertas y balcones
pá alegrar tu corazón.
Hazme caso, Paca Mora
y que no te den llorando
las claritas de la aurora.
Paca Mora va a caballo
soñando alegre con un "te quiero"
y de pronto, igual que un rayo,
le sale un toro por el sendero.
corrió el mayoral celoso
a la defensa de su querer
por pronto que quiso el mozo
llegó la muerte primero que él.
La niña ya en la agonía
sonríe al verlo llorar
y en la mañana encendía
corre volando un cantar.
¡Paca Mora, ay Paca Mora!
Por ti se quejan llorando
las campanas de la aurora
y la alondra mañanera
va diciendo a la amapola:
¡Ay que pena compañera!
Qué desgracia de este toro
que en la sombra y a traición
me robó la flor de oro
que nació en mi corazón.
¡Qué penita, ay Paca Mora!
Con mi voz irán doblando
las campanas de la aurora.
Quintero, León y Quiroga
----------------------
Me llamas, horizonte, con destellos de fuego y esperanza.
(Susurro una plegaria a los dioses por tanta maravilla.)
Tus nubes de colores juegan con el añil sobre una villa
perdida por la bruma en lontananza.
Con el cielo te juntas más allá de la punta de mi lanza.
Me llamas, horizonte, a compartir tu mesa; y en mi silla
azuzo los caballos. Rompe en espuma el mar contra mi quilla,
y a tu refugio mi pasión avanza.
Pero la línea fija que tan lejos señalas, horizonte,
la veo entorpecida por el arroyo y el reloj y el monte,
como si fuera quieto, sentado yo tras una balconada.
Si cada vez que corro huyes de mis afanes de tocarte.
Si cuando me detengo me incitas a seguirte y a encontrarte,
esperaré a la noche: unidos ha de vernos la alborada.
pbernal
desde mi cabina
---
Paca Mora
Madrugá del mes de Mayo
cuando los trigos peina la brisa
Paca Mora va a caballo
entre los toros de su divisa.
De lejos la van siguiendo
los ojos negros del mayoral
que al tiempo la está queriendo
sin que su boca le diga ná.
La niña también lo quiere
y no lo deja entrever
y antes morirse prefiere
que publicar su querer.
Paca Mora, ¡Ay, Paca Mora!
Yo sé que te dan llorando
las claritas de la aurora.
¿No estás viendo, compañera
que el secreto de tus labios
lo delatan tus ojeras?
Deja a un lado los blasones
de tu orgullo y condición
y abre puertas y balcones
pá alegrar tu corazón.
Hazme caso, Paca Mora
y que no te den llorando
las claritas de la aurora.
Paca Mora va a caballo
soñando alegre con un "te quiero"
y de pronto, igual que un rayo,
le sale un toro por el sendero.
corrió el mayoral celoso
a la defensa de su querer
por pronto que quiso el mozo
llegó la muerte primero que él.
La niña ya en la agonía
sonríe al verlo llorar
y en la mañana encendía
corre volando un cantar.
¡Paca Mora, ay Paca Mora!
Por ti se quejan llorando
las campanas de la aurora
y la alondra mañanera
va diciendo a la amapola:
¡Ay que pena compañera!
Qué desgracia de este toro
que en la sombra y a traición
me robó la flor de oro
que nació en mi corazón.
¡Qué penita, ay Paca Mora!
Con mi voz irán doblando
las campanas de la aurora.
Quintero, León y Quiroga
----------------------
domingo, 4 de enero de 2009
desde mi cabina, 3 (1 de 7)
14.- El rumor de la fuente
(Trajano en Sevilla)
Falso techo de toldo
entre arcadas romanas.
Palomas son las mesas
intrépidas, posadas
en mármoles de oro.
Templo de sol, de agua.
Unos niños menudos
juegan ahí, en la playa,
frente al busto dormido
de Trajano. Resbala
sobre el jaspe una ninfa…
Rumor de fuente mansa.
pbernal
desde mi cabina
---
(Trajano en Sevilla)
Falso techo de toldo
entre arcadas romanas.
Palomas son las mesas
intrépidas, posadas
en mármoles de oro.
Templo de sol, de agua.
Unos niños menudos
juegan ahí, en la playa,
frente al busto dormido
de Trajano. Resbala
sobre el jaspe una ninfa…
Rumor de fuente mansa.
pbernal
desde mi cabina
---
sábado, 3 de enero de 2009
desde mi cabina, 2(6 de 6)
13.- ...en breves segundos
Para J. M. G. del R.*
Maniobras el mando hasta mellarlo
contra la última muesca de su jaula,
los ojos prisioneros en la aguja,
mano y pomo un gurruño.
La señal atraviesa en un destello
como poste de luz por la ventana.
Los técnicos no saben lo que ocurre.
Avanzan los segundos.
Tú sigues la carrera, y tus esfuerzos
diriges a invertir las inducciones
en los motores, para detenerlo,
como último recurso.
Viene la otra señal. Más allá el cambio
indica que te apartan de la vía,
y el pato vuela bajo y excesivo;
quiere tomarte el pulso.
Con todos tus sentidos en la marcha
desaforada y libre hacia la curva,
decides que abandonen la cabina,
que corran todos juntos,
e insistes, porque están paralizados,
clavados en el suelo, con los ojos
rendidos a la fuerza del destino,
que viene como un puño.
Atienden y te dejan, aunque gritan
que corras, que te pongas a resguardo
del golpe en cualquier hueco del pasillo,
que queda todo tuyo.
Pero al mando te aferras, y tu cuerpo
al respaldo se pega, temeroso,
mientras sufre bandazos y quejidos.
Rechinan hierros bruscos.
Has pasado, y suspiras. La topera
se vislumbra a lo lejos: un tabique
armado de ladrillo y hormigón.
Se acerca resoluto.
Misterios informáticos cambiaron
los tiempos de respuesta. Las señales
de los sistemas solo transmitían
vagas órdenes; humo.
Sonaron las alarmas, y el proyecto
cruzó la red y se tornó en picado,
al tiempo que pasaban por delante
cambios, sembrados, juncos.
No querías probar el morro virgen,
ni saltar el ladrillo y el cemento.
Ni demostrar tus nervios, si la sangre
se quebraba en tu mundo.
Fue el ímpetu bravío que te pierde;
tu ilusión por el tren que se desliza
por el hierro, que vuela; la osadía
frente a un ser inseguro:
tren en pruebas. Librado de los técnicos,
procesaste los datos, te afianzaste
al sillón, y saltaste la barrera.
Todo en breves segundos.
* JM. G. del R. soportó el choque de un Pato (AVE 102) en pruebas contra una topera, en la estación de Urda. Antes de la colisión forzó a los acompañantes a abandonar la cabina, lo que sin duda los salvó, intentando en su puesto minimizar los efectos de la colisión
pberna
desde mi cabina
---
Para J. M. G. del R.*
Maniobras el mando hasta mellarlo
contra la última muesca de su jaula,
los ojos prisioneros en la aguja,
mano y pomo un gurruño.
La señal atraviesa en un destello
como poste de luz por la ventana.
Los técnicos no saben lo que ocurre.
Avanzan los segundos.
Tú sigues la carrera, y tus esfuerzos
diriges a invertir las inducciones
en los motores, para detenerlo,
como último recurso.
Viene la otra señal. Más allá el cambio
indica que te apartan de la vía,
y el pato vuela bajo y excesivo;
quiere tomarte el pulso.
Con todos tus sentidos en la marcha
desaforada y libre hacia la curva,
decides que abandonen la cabina,
que corran todos juntos,
e insistes, porque están paralizados,
clavados en el suelo, con los ojos
rendidos a la fuerza del destino,
que viene como un puño.
Atienden y te dejan, aunque gritan
que corras, que te pongas a resguardo
del golpe en cualquier hueco del pasillo,
que queda todo tuyo.
Pero al mando te aferras, y tu cuerpo
al respaldo se pega, temeroso,
mientras sufre bandazos y quejidos.
Rechinan hierros bruscos.
Has pasado, y suspiras. La topera
se vislumbra a lo lejos: un tabique
armado de ladrillo y hormigón.
Se acerca resoluto.
Misterios informáticos cambiaron
los tiempos de respuesta. Las señales
de los sistemas solo transmitían
vagas órdenes; humo.
Sonaron las alarmas, y el proyecto
cruzó la red y se tornó en picado,
al tiempo que pasaban por delante
cambios, sembrados, juncos.
No querías probar el morro virgen,
ni saltar el ladrillo y el cemento.
Ni demostrar tus nervios, si la sangre
se quebraba en tu mundo.
Fue el ímpetu bravío que te pierde;
tu ilusión por el tren que se desliza
por el hierro, que vuela; la osadía
frente a un ser inseguro:
tren en pruebas. Librado de los técnicos,
procesaste los datos, te afianzaste
al sillón, y saltaste la barrera.
Todo en breves segundos.
* JM. G. del R. soportó el choque de un Pato (AVE 102) en pruebas contra una topera, en la estación de Urda. Antes de la colisión forzó a los acompañantes a abandonar la cabina, lo que sin duda los salvó, intentando en su puesto minimizar los efectos de la colisión
pberna
desde mi cabina
---
viernes, 2 de enero de 2009
desde mi cabina, 2(5 de 6)
12.- Bercimuelles
Arranca el tren en busca del destino
bajo estas atalayas:
aquí, precisa y breve, la memoria
perdura viva de la vieja historia
-corta, concisa, mocha-
de la estructuración apresurada
del ámbito de Atocha.
Cosas aquí pasaron, compañero.
Tú las tienes presentes.
Yo recordar no quiero.
Estrecha se quedaba
para el trajín que se le avecinaba,
y objeto fue de grave devaneo
-psicólogo y tumbona
por aquello de lo de Barcelona-
hasta que recurrieron a Moneo.
Atocha se complica, le dijeron;
obsoleta se queda tu gran obra.
Tenemos un disgusto
por el gran barajuste que queremos,
que nos parece justo
proporcionarte, Rafael, el gusto
de romper y añadir donde le sobre
espacio para lo que pretendemos.
Pesó, midió y aquilató Moneo
con trazos en el cielo y en el aire
y empezó el mamoneo:
con el tiempo pautado,
antes de que la aurora despuntara,
cierran espacios, desmantelan vías,
levantan las toperas, la mampara,
cortan megafonía,
descementan el brillo de la sala,
desmontan tuberías
con sus tripas de alambre y de metralla,
elevan celosía,
y luego la acristalan,
y hasta del parking cierran 30 plazas…
Cilindros abrazaron
a cada mástil, descubierta y rota
su zapata, por reforzar la base
soporte del avance de la cota.
Desdibujan el hueco del cliente
en polvo, ruido, hierro quejumbroso,
irrespirable, cáustico, macizo,
-hologramas palpables los viajeros
hacia su tren por burdo pasadizo-.
Meses de duda y fango
prueban su cortesía,
pues la cota y la rampa disfrutaron,
y el creciente esplendor de la excelencia,
cuando ese laberinto desmontaron.
Estas cosas pasaron, compañero.
Tú las tienes presentes.
Yo recordar no quiero.
La remodelación que hizo Moneo
de la célebre cota
no se debe tomar a chirigota.
Yo mérito le veo
a reforzar sin desmontar aleros,
sin detener los trenes,
sin alterar el pulso del viajero
por el campo de minas
embozado en el polvo del sendero
sin luz, sin aire, sin explicaciones
al pagano de las complicaciones…
-aunque mucho me temo que Moneo
no respirara el polvo del meneo-.
Ese polvo que todos respiramos…
Tú lo tienes presente.
Yo recordar no quiero.
No sé si fue Moneo o el meneo
creciente de las maniobras
que también a las vías
alcanzaron las obras
-no terminadas hasta nuestros días-.
Quitaron, empalmaron, añadieron
corazón, espadines y señales,
agujas, catenaria…, celosía
en los cielos sembraron,
cobre, cristal, amor y platería
sobre campos labrados
de hierro, piedra, canaleta y vía.
Hasta el carril de los andenes
sufrió modelación:
vías multiplicaron con bretelles.
¡Qué cosas nos pasaron, compañero!
La señal elusiva. La fantasma.
Modos de selección: los bercimuelles.
Vil discriminación con el puntero,
-si tú pides, yo pido…-
Tú lo tienes presente.
Yo recordar no quiero,
Mas, hoy por hoy, aunque sin conclusión,
al fin inauguramos la estación.
pbernal
desde mi cabina
---
Arranca el tren en busca del destino
bajo estas atalayas:
aquí, precisa y breve, la memoria
perdura viva de la vieja historia
-corta, concisa, mocha-
de la estructuración apresurada
del ámbito de Atocha.
Cosas aquí pasaron, compañero.
Tú las tienes presentes.
Yo recordar no quiero.
Estrecha se quedaba
para el trajín que se le avecinaba,
y objeto fue de grave devaneo
-psicólogo y tumbona
por aquello de lo de Barcelona-
hasta que recurrieron a Moneo.
Atocha se complica, le dijeron;
obsoleta se queda tu gran obra.
Tenemos un disgusto
por el gran barajuste que queremos,
que nos parece justo
proporcionarte, Rafael, el gusto
de romper y añadir donde le sobre
espacio para lo que pretendemos.
Pesó, midió y aquilató Moneo
con trazos en el cielo y en el aire
y empezó el mamoneo:
con el tiempo pautado,
antes de que la aurora despuntara,
cierran espacios, desmantelan vías,
levantan las toperas, la mampara,
cortan megafonía,
descementan el brillo de la sala,
desmontan tuberías
con sus tripas de alambre y de metralla,
elevan celosía,
y luego la acristalan,
y hasta del parking cierran 30 plazas…
Cilindros abrazaron
a cada mástil, descubierta y rota
su zapata, por reforzar la base
soporte del avance de la cota.
Desdibujan el hueco del cliente
en polvo, ruido, hierro quejumbroso,
irrespirable, cáustico, macizo,
-hologramas palpables los viajeros
hacia su tren por burdo pasadizo-.
Meses de duda y fango
prueban su cortesía,
pues la cota y la rampa disfrutaron,
y el creciente esplendor de la excelencia,
cuando ese laberinto desmontaron.
Estas cosas pasaron, compañero.
Tú las tienes presentes.
Yo recordar no quiero.
La remodelación que hizo Moneo
de la célebre cota
no se debe tomar a chirigota.
Yo mérito le veo
a reforzar sin desmontar aleros,
sin detener los trenes,
sin alterar el pulso del viajero
por el campo de minas
embozado en el polvo del sendero
sin luz, sin aire, sin explicaciones
al pagano de las complicaciones…
-aunque mucho me temo que Moneo
no respirara el polvo del meneo-.
Ese polvo que todos respiramos…
Tú lo tienes presente.
Yo recordar no quiero.
No sé si fue Moneo o el meneo
creciente de las maniobras
que también a las vías
alcanzaron las obras
-no terminadas hasta nuestros días-.
Quitaron, empalmaron, añadieron
corazón, espadines y señales,
agujas, catenaria…, celosía
en los cielos sembraron,
cobre, cristal, amor y platería
sobre campos labrados
de hierro, piedra, canaleta y vía.
Hasta el carril de los andenes
sufrió modelación:
vías multiplicaron con bretelles.
¡Qué cosas nos pasaron, compañero!
La señal elusiva. La fantasma.
Modos de selección: los bercimuelles.
Vil discriminación con el puntero,
-si tú pides, yo pido…-
Tú lo tienes presente.
Yo recordar no quiero,
Mas, hoy por hoy, aunque sin conclusión,
al fin inauguramos la estación.
pbernal
desde mi cabina
---
jueves, 1 de enero de 2009
desde mi cabina, 2(4 de 6)
11.- Virus
Hoy ha sido atacado brutalmente
por la fiera más cruel y miserable.
Sus armas no han podido
contra el peso nefasto de sus tropas,
y ha cedido al estigma
de la devastación en sus cuarteles.
Tomado su objetivo en el lugar
-allí donde más duelen las heridas-,
contempla las cenizas imposibles
de tantas posesiones inmoladas;
de tantas esperanzas diluidas,
de tantas obras primas inconclusas…
¿quién las podrá evaluar sin injusticia?
(¿A quién quiere engañar con sus temores?.)
Lo ha hundido el invencible,
el invisible, y, sin dudar, fantástico
parásito: el virus informático.
pbernal
desde mi cabina
---
Hoy ha sido atacado brutalmente
por la fiera más cruel y miserable.
Sus armas no han podido
contra el peso nefasto de sus tropas,
y ha cedido al estigma
de la devastación en sus cuarteles.
Tomado su objetivo en el lugar
-allí donde más duelen las heridas-,
contempla las cenizas imposibles
de tantas posesiones inmoladas;
de tantas esperanzas diluidas,
de tantas obras primas inconclusas…
¿quién las podrá evaluar sin injusticia?
(¿A quién quiere engañar con sus temores?.)
Lo ha hundido el invencible,
el invisible, y, sin dudar, fantástico
parásito: el virus informático.
pbernal
desde mi cabina
---
miércoles, 31 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 2(3 de 6)
10.- Octubre, octubre
(año 2003)
En este octubre del tres, con resonancias de lujo,
a pesar de algún revés, se nos abren horizontes
hacia nuevas experiencias, hacia el mundo proceloso
de las obras faraónicas, de los desiertos vacíos,
de las rampas colosales y las pendientes inmensas,
de la función demostrada (a pesar de algún revés),
con flecos aún por cubrir, pero con ese entusiasmo
que distingue nuestra obra cuando enfrentamos la vía
a los retos esperados (a pesar de algún revés),
con la emoción de seguir haciendo la historia nuestra,
y avanzar pausadamente en el deber, y cumplir
lo prometido al futuro (a pesar de algún revés).
La Tribuna manifiesta deseos de su dominio
en su hacer de pioneros que los kilómetros suman
un día tras otro día, semanas, meses… El tiempo
no pasa en balde, y demuestran su valor y su coraje
en las alas del destino, esculpiendo en el balasto
sus nombres, que antes marcaron en la picota del mundo,
y ahora figuran, ufanos, en los anales del AVE.
A pesar de algún revés.
pbernal
desde mi cabina
---
(año 2003)
En este octubre del tres, con resonancias de lujo,
a pesar de algún revés, se nos abren horizontes
hacia nuevas experiencias, hacia el mundo proceloso
de las obras faraónicas, de los desiertos vacíos,
de las rampas colosales y las pendientes inmensas,
de la función demostrada (a pesar de algún revés),
con flecos aún por cubrir, pero con ese entusiasmo
que distingue nuestra obra cuando enfrentamos la vía
a los retos esperados (a pesar de algún revés),
con la emoción de seguir haciendo la historia nuestra,
y avanzar pausadamente en el deber, y cumplir
lo prometido al futuro (a pesar de algún revés).
La Tribuna manifiesta deseos de su dominio
en su hacer de pioneros que los kilómetros suman
un día tras otro día, semanas, meses… El tiempo
no pasa en balde, y demuestran su valor y su coraje
en las alas del destino, esculpiendo en el balasto
sus nombres, que antes marcaron en la picota del mundo,
y ahora figuran, ufanos, en los anales del AVE.
A pesar de algún revés.
pbernal
desde mi cabina
---
martes, 30 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 2(2 de 6)
9.- Lanzadera
Al sol le falta tiempo de dar los buenos días.
La densa niebla llena los tránsitos de Atocha.
Los trenes, encendidos, alumbran las ventanas.
Viajeros despistados recorren los andenes
con caminar aleve mirando atolondrados:
temen subir en otro perdidos en el tiempo,
y miran previsores al tren y a su billete.
En el andén parados, a un lado y otro lado,
convoyes nebulosos esperan su partida.
En el sutil goteo que marcan los clientes,
camina el tripulante*, con puños en los ojos.
Y sube equivocado en uno posterior.
Viajeros que soñaban con un café cargado
mecidos por la brisa y al son de su vaivén,
descubren la persiana de la cafetería
cerrada a cal y canto, y nadie a quien pedir.
Y el mozo tripulante, al ver que se marchaban
las luces enfrentadas a las de su lugar,
dudó por un momento, y casi se desnuca:
-¡maldita sea mi estampa!-. Pensó, cuando se iba,
que el tren retrocedía. ¡Que se iba para atrás!
* Tripulante: persona que atiende la cafetería en el tren, (en este caso, lanzadera).
pbernal
desde mi cabina
---
Al sol le falta tiempo de dar los buenos días.
La densa niebla llena los tránsitos de Atocha.
Los trenes, encendidos, alumbran las ventanas.
Viajeros despistados recorren los andenes
con caminar aleve mirando atolondrados:
temen subir en otro perdidos en el tiempo,
y miran previsores al tren y a su billete.
En el andén parados, a un lado y otro lado,
convoyes nebulosos esperan su partida.
En el sutil goteo que marcan los clientes,
camina el tripulante*, con puños en los ojos.
Y sube equivocado en uno posterior.
Viajeros que soñaban con un café cargado
mecidos por la brisa y al son de su vaivén,
descubren la persiana de la cafetería
cerrada a cal y canto, y nadie a quien pedir.
Y el mozo tripulante, al ver que se marchaban
las luces enfrentadas a las de su lugar,
dudó por un momento, y casi se desnuca:
-¡maldita sea mi estampa!-. Pensó, cuando se iba,
que el tren retrocedía. ¡Que se iba para atrás!
* Tripulante: persona que atiende la cafetería en el tren, (en este caso, lanzadera).
pbernal
desde mi cabina
---
lunes, 29 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 2(1 de 6)
8.- Admonición
Aire, Tierra, Fuego y Agua,
principios de la existencia;
Luna, Sol, Planetas…, Dioses
que desde el cielo gobiernan;
nosotros que roturamos
a tiempo la sementera,
y como el yunque sufrimos
golpes, granizo, molienda…,
¿qué pecado cometimos
para tanta penitencia?
pbernal
desde mi cabina
---
Aire, Tierra, Fuego y Agua,
principios de la existencia;
Luna, Sol, Planetas…, Dioses
que desde el cielo gobiernan;
nosotros que roturamos
a tiempo la sementera,
y como el yunque sufrimos
golpes, granizo, molienda…,
¿qué pecado cometimos
para tanta penitencia?
pbernal
desde mi cabina
---
domingo, 28 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 1 y (7.12 de 7)
12 -------
La niebla me acompaña: navego una laguna.
Un bando de palomas acosa la pradera.
Tonalidades ocre resaltan en el pasto.
Palacios y alquerías en algodón pardean.
Del páramo desierto emergen los almendros
vestidos de tristeza.
Una tribu de encinas acampa en un otero.
Pinceladas de olivo se recrean.
Sobre la bruma pálida, una muralla oscura
vacía de colores avanza por la selva.
Pasiva y desdeñosa, afirma el horizonte.
Es la montaña. Quiere, deshilachada y terca,
detenerte en el llano. No te preocupe, Máquina:
conozco una vereda.
pbernal
desde mi cabina
---
La niebla me acompaña: navego una laguna.
Un bando de palomas acosa la pradera.
Tonalidades ocre resaltan en el pasto.
Palacios y alquerías en algodón pardean.
Del páramo desierto emergen los almendros
vestidos de tristeza.
Una tribu de encinas acampa en un otero.
Pinceladas de olivo se recrean.
Sobre la bruma pálida, una muralla oscura
vacía de colores avanza por la selva.
Pasiva y desdeñosa, afirma el horizonte.
Es la montaña. Quiere, deshilachada y terca,
detenerte en el llano. No te preocupe, Máquina:
conozco una vereda.
pbernal
desde mi cabina
---
sábado, 27 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 1 (7.11 de 7)
11 -------
Hay un espejo reflejando el cielo,
azules de pastel y de acuarela.
Minas abandonadas. Horizonte
donde se alternan túneles, laderas,
valles, cerros y bosques; abanicos
abiertos y cerrados.
Se rebela,
bajo el ciempiés del viaducto, el río
breve, tranquilo, llano…; centellea
en su saber estar hasta el estío,
que se lo ha de beber en una siesta.
pbernal
desde mi cabina
---
Diciembre mazapán
Escarcha, luz de azúcar,
Tristeza contenida.
Fechas para los ojos
Que no saben de números.
Somos recién nacidos.
Navidad y un deseo
de empezar. Empezar…
un beso
Tirsa
---
Hay un espejo reflejando el cielo,
azules de pastel y de acuarela.
Minas abandonadas. Horizonte
donde se alternan túneles, laderas,
valles, cerros y bosques; abanicos
abiertos y cerrados.
Se rebela,
bajo el ciempiés del viaducto, el río
breve, tranquilo, llano…; centellea
en su saber estar hasta el estío,
que se lo ha de beber en una siesta.
pbernal
desde mi cabina
---
Diciembre mazapán
Escarcha, luz de azúcar,
Tristeza contenida.
Fechas para los ojos
Que no saben de números.
Somos recién nacidos.
Navidad y un deseo
de empezar. Empezar…
un beso
Tirsa
---
viernes, 26 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 1 (7.10 de 7)
10 -------
Por debajo va la vía.
Encima, la catenaria;
y a los lados, como rejas,
mil columnas como lanzas.
Como un oso, prisionero,
salta mi tren en su jaula.
pbernal
desde mi cabina
---
Por debajo va la vía.
Encima, la catenaria;
y a los lados, como rejas,
mil columnas como lanzas.
Como un oso, prisionero,
salta mi tren en su jaula.
pbernal
desde mi cabina
---
jueves, 25 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 1 (7.9 de 7)
9 -------
Cercas de hierro
jalonan el talud de la montaña.
No quieren que se escape por el monte;
no quieren que dialogue con el alba;
no quieren que se junte con la nieve,
ni a la paloma blanca…
No quieren que se suba a las encinas
mi máquina.
pbernal
desde mi cabina
---
Villancico romanceado del portalillo en crisis
Llegaron los pajes,
mulas y camellos,
los músicos chunda
tachunda en estéreo.
Y haciendo ese ruido
propio de un estreno
fingiendo tarimas
tres mil carpinteros.
Siempre, que a estos casos
pintan calvo ejemplo
comisiones varias,
gente del gobierno:
Bien representando
corte o parlamento
montados en coches
llegaron a cientos,
De medallas y orlas
generales llenos,
artistas los muchos,
poetas los menos.
Mozas y pastores,
ediles, serenos,
cantantes, mi abuela,
y un señor de Priego.
Y casi cerrando
tal desfile austero
llegaron los reyes
casi para adviento.
La estrella, golosa
sobre el firmamento,
sacaba mil flashes
por tan magno encuentro.
Unos daban palmas,
otros daban miedo,
unos, medio a gritos,
discursos y besos.
Y entre el regocijo
de la plebe inmersos
otros se aliviaban
del vientre los vientos.
Con tanta prosapia
de la curia en pleno
no faltaron faldas
que elevar su vuelo.
Con tanto palabro
saludo y progreso
la banda tocaba
su larailolero.
Desde una ventana
que daba al tercero
de la pensión Gómez
muy próxima al centro
San José miraba
con asombro inmenso
aquel triquitraque
de estulticia en pleno.
La Virgen lavaba
como dice el cuento,
solo que ante el grifo
del lavabo austero.
El Niño en la cuna
jugaba discreto
con un buey de goma,
la mula de yeso.
Y en conserjería
un arcángel de esos
con trompeta al cinto
pensaba en lo bueno
de haber colocado
en el portal, dentro,
aquellas figuras
de cartón y fieltro.
Desde su ventana
San José, perplejo,
como siempre, en crisis
ya no daba crédito.
Urceloy / diciembre de 2008
---
Cercas de hierro
jalonan el talud de la montaña.
No quieren que se escape por el monte;
no quieren que dialogue con el alba;
no quieren que se junte con la nieve,
ni a la paloma blanca…
No quieren que se suba a las encinas
mi máquina.
pbernal
desde mi cabina
---
Villancico romanceado del portalillo en crisis
Llegaron los pajes,
mulas y camellos,
los músicos chunda
tachunda en estéreo.
Y haciendo ese ruido
propio de un estreno
fingiendo tarimas
tres mil carpinteros.
Siempre, que a estos casos
pintan calvo ejemplo
comisiones varias,
gente del gobierno:
Bien representando
corte o parlamento
montados en coches
llegaron a cientos,
De medallas y orlas
generales llenos,
artistas los muchos,
poetas los menos.
Mozas y pastores,
ediles, serenos,
cantantes, mi abuela,
y un señor de Priego.
Y casi cerrando
tal desfile austero
llegaron los reyes
casi para adviento.
La estrella, golosa
sobre el firmamento,
sacaba mil flashes
por tan magno encuentro.
Unos daban palmas,
otros daban miedo,
unos, medio a gritos,
discursos y besos.
Y entre el regocijo
de la plebe inmersos
otros se aliviaban
del vientre los vientos.
Con tanta prosapia
de la curia en pleno
no faltaron faldas
que elevar su vuelo.
Con tanto palabro
saludo y progreso
la banda tocaba
su larailolero.
Desde una ventana
que daba al tercero
de la pensión Gómez
muy próxima al centro
San José miraba
con asombro inmenso
aquel triquitraque
de estulticia en pleno.
La Virgen lavaba
como dice el cuento,
solo que ante el grifo
del lavabo austero.
El Niño en la cuna
jugaba discreto
con un buey de goma,
la mula de yeso.
Y en conserjería
un arcángel de esos
con trompeta al cinto
pensaba en lo bueno
de haber colocado
en el portal, dentro,
aquellas figuras
de cartón y fieltro.
Desde su ventana
San José, perplejo,
como siempre, en crisis
ya no daba crédito.
Urceloy / diciembre de 2008
---
miércoles, 24 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 1 (7.8 de 7)
8 -------
El sol a ras de tierra.
La sombra se adelgaza
y un árbol llega
hasta la redondez de la montaña.
Mi Córdoba de aleja, y un estanque
resume la quietud de la mañana
mostrando por el suelo
trazos de nube cenital. Cabalga
sobre la dura rueda y el carril
mi alma.
pbernal
desde mi cabina
---
La Navidad nos recuerda
que no es flor para un momento
ni nieve sobre la tierra;
pues debe ser todo el tiempo
una acción de amor que mueva
corazón y pensamiento.
***
Con mis mejores deseos para el 2009,
y todos los que vengan.
Eladio San Juan Brasero.
---
El sol a ras de tierra.
La sombra se adelgaza
y un árbol llega
hasta la redondez de la montaña.
Mi Córdoba de aleja, y un estanque
resume la quietud de la mañana
mostrando por el suelo
trazos de nube cenital. Cabalga
sobre la dura rueda y el carril
mi alma.
pbernal
desde mi cabina
---
La Navidad nos recuerda
que no es flor para un momento
ni nieve sobre la tierra;
pues debe ser todo el tiempo
una acción de amor que mueva
corazón y pensamiento.
***
Con mis mejores deseos para el 2009,
y todos los que vengan.
Eladio San Juan Brasero.
---
martes, 23 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 1 (7.7 de 7)
7 -------
Suena la radio. Gritan su consigna
los de la maniobra de mañana*.
— ¡Engancha!, ¡junta!, mira a ver si afloja!
¡Atiende la señal!, ¡despacio…!— Cantan
una canción resumen de sus horas,
de cada turno, de cada jornada,
de cada día y mes, de cada año
entre hierros y topes, entre grasa
pisando légamo, balasto, hielo…;
deshumanización es lo que cantan.
pbernal
desde mi cabina
---
Suena la radio. Gritan su consigna
los de la maniobra de mañana*.
— ¡Engancha!, ¡junta!, mira a ver si afloja!
¡Atiende la señal!, ¡despacio…!— Cantan
una canción resumen de sus horas,
de cada turno, de cada jornada,
de cada día y mes, de cada año
entre hierros y topes, entre grasa
pisando légamo, balasto, hielo…;
deshumanización es lo que cantan.
pbernal
desde mi cabina
---
lunes, 22 de diciembre de 2008
desde mi cabina, 1 (7.6 de 7)
6 -------
Rufo salta cabriolas
y se pone de pie sobre sus patas,
y se sube a mi pecho,
se abalanza
enloquecido porque ha descubierto
alguien con quien jugar — ¡átalo, anda!,
no sea que le dañe sin quererlo
con la máquina…
pbernal
desde mi cabina
---
Rufo salta cabriolas
y se pone de pie sobre sus patas,
y se sube a mi pecho,
se abalanza
enloquecido porque ha descubierto
alguien con quien jugar — ¡átalo, anda!,
no sea que le dañe sin quererlo
con la máquina…
pbernal
desde mi cabina
---
Suscribirse a:
Entradas (Atom)