miércoles, 7 de enero de 2009

desde mi cabina, 3 (4 de 7)

17.- La cuchara

Esa cuchara, niña, la cuchara
que tu madre no sabe cómo llegó a esta casa,
tiene su historia. Nace
una fría mañana de febrero
en un rincón perdido detrás de la montaña.
Aun por amanecer el día se demora,
y una familia triste despide a los viajeros
con besos, con abrazos, con lágrimas calladas,
con un consejo sabio, con una pena muda;
con un guiño
a esa pequeña niña que apenas se levanta.
— El tren pasa temprano. Vamos. —La despedida
se alarga entre la sombra desierta de la calle,
y en un momento mágico, le tiende una cuajada
para cuando despierte: — Llévate la cuchara.

El tren llegó a destino. Prisas en los andenes.
Atrás quedó la leve letanía
de la canción del tren sobre la vía.
Vieron amanecer en los cristales
mientras el angelito descansaba.
Se despertó. Lloró los avatares
del sobresalto
al ver que aquel invento tanto traqueteaba.
Mimos, caricias: — Mira la ventana,
y los árboles, montes y sembrados,
y las rayas que cruzan y se rompen
y van diciendo adiós…- Mas para nada.
La niña berreaba, hasta que su mamá
la cuajada sacó de aquella bolsa
junto con la cuchara.
Gozosa disfrutó la golosina.
Ya no se separo de la cuchara.

Han pasado los años, y en la mesa
de vez en cuando ponen la cuchara
desparejada de sus compañeras,
un poco diferentes sus destellos de alpaca.
Un regalo perdido de la abuela.
Un recuerdo lejano
perdido en un rincón de la montaña.

pbernal
desde mi cabina
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