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miércoles, 18 de marzo de 2009

Hierro y humo 7 (2 de 2)

LOS PAPELES


Escribí en un papel la referencia
de aquel papel firmado por María
y me puse a buscarlo
por los armarios y la estantería.

Amontonados sin razón, sin norma,
(igual que se amontonan -con las prisas
cuando ya llegas tarde sin remedio-
las promesas de amor con una cita),

estaban apilados en tropeles
y una capa de polvo los cubría.
Ocultaban ajenos su presencia
en aquel anaquel de librería.

Manuales de todos los servicios:
del traje, de las máquinas y vías;
de la regulación de las tarjetas;
circulares de normas y tarifas...;

Avisos NEC, informes, dependencias
de reglamentaciones de la vía;
recortes de la prensa; semanarios
con los comunicados que servían…

Sin otra ocupación interesante
(no esperaba visitas),
fui ordenando con vaga indiferencia
las notas de María

y poco a poco me iba dando cuenta,
al par que lo leía,
que aquella impresionante biblioteca
en ningún sitio lógico cabía:

En la memoria, mínima reseña;
en la cartera menos todavía,
y a duras penas en las polvorientas
baldas de librería.

Sumidos en su siesta,
dormidos desde algún oscuro día,
me pareció cruel poner en orden
a la descomunal papelería

y arrugando el papel, le di la espalda
a ese propósito que me movía,
y abandoné la masa que sestea
en la vieja y cargada estantería.

Anoté en un papel la referencia…

pbernal
hierro y humo
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ME RETRACTO DE TODO LO DICHO


Antes de despedirme
tengo derecho a un último deseo:
generoso lector
quema este libro
no representa lo que quise decir
a pesar de que fue escrito con sangre
no representa lo que quise decir.

Mi situación no puede ser más triste
fui derrotado por mi propia sombra:
las palabras se vengaron de mí.

Perdóname lector
amistoso lector
que no me pueda despedir de ti
con un abrazo fiel:
me despido de ti
con una triste sonrisa forzada.

Puede que yo no sea más que eso
pero oye mi última palabra:
me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
me retracto de todo lo que he dicho.

Nicanor Parra
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martes, 17 de marzo de 2009

Hierro y humo 7 (1 de 2)

CINCO MINUTOS, CINCO


El dividendo niega disonancia
entre quienes trabajan y lo escrito,
e inclina y predispone la jugada:
cinco minutos, cinco. Sólo cinco.

Sobre su mesa el jefe desparrama
papeles como cartas en garito,
y resume, decide, y lo proclama:
— ¡Cinco minutos, cinco! ¡Sólo cinco!

Tiemblan los cielos, gozan los clientes:
aplauden los temores y algún grito
de la cabina. Sueñan que les pasa:
cinco minutos, cinco. ¿Sólo cinco?

Ha limitado el tiempo de los trenes.
Ha roto los proyectos eruditos
de la marcha económica ensayada.
Cinco minutos; cinco. Sólo cinco.

Silba Julio Martín una balada.
Atrás deja los robles y los pinos.
Una bocina suena, ¿falla algo?
(Cinco minutos, cinco. Sólo cinco.)

Remonta la pendiente de La Sagra.
Siente por sus espaldas el pellizco
de alguna luz de alarma:
cinco minutos, cinco; sólo cinco.

Al máximo de amperios va la Rama
y el voltaje no llega a veinticinco.
Frío sudor, la madrugaba fría,
cinco minutos, cinco; sólo cinco.

Rocío disimula la alborada.
Moja la vía: viene como un pingo,
como una pista donde deslizarse
cinco minutos, cinco; ¿sólo cinco?

Pasean por la vía cinco toros.
Con arte los torea Martinito.
Un bravo mira desde la alambrada…
(Cinco minutos, cinco; sólo cinco.)

Manolito Castaño le convoca
con un sutil aviso:
"— Cambiamos de bloqueo en Calatrava…"
(Cinco minutos, cinco. Sólo cinco.)

El Técnico de turno le concreta:
"— Soy Cano. Cuando llegues a destino,
me cambias a la cuatro cinco Ramas…"
(Cinco minutos, cinco. Sólo cinco.)

De Córdoba a Sevilla vuela el "bala",
tumbos va dando, tumbos y hasta brincos,
y en sus ojos clavados alfileres,
cinco minutos, cinco; sólo cinco.

El asiduo viajero rememora
la vela que le puso al Santo Cristo
de la Vega: sueña que se retrasa
cinco minutos. Cinco, y un poquito.

pbernal
hierro y humo
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lunes, 16 de marzo de 2009

Hierro y humo 6 (2 de 2)

ESPECIALISTAS


De sombras y de grasa salpicados,
el andar reposado, decidido,
mono amarillo, guantes protectores,
parece que desprecian el peligro.

Avanzan los andenes confiados
atentos al reclamo y los sonidos
de la radio -colgada en su cintura-
de los trenes que llegan a destino.

Discuten la estrategia de su arte,
mensajes se transmiten al oído,
patean sin reservas el balasto
y al tope lo tutean como amigo.

Maestros en el quite,
son los topes su más fiero enemigo:
un tren que retrocede
es toro resabiado y resentido.

Su gran virtud es ser desconfiados,
que cada cual responde de su sino.
Hay que vivir alerta. Los planetas
ni mueven ni deciden su destino.

Entonan bajo el sol su duro canto.
Embarra la tormenta su camino.
Disfrutan de la brisa
de la mágica noche en el estío.

Con el sol, las estrellas o las nubes
pasan sábados, fiestas y domingos
indiferentes a los elementos;
viven su singular estoicismo.

Son nobles; responsables; esforzados.
Trabajan con entrega y sacrificio.
Tratan al tren como si fuera suyo.
Rezan al dios del vino.

pbernal
hierro y humo
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domingo, 15 de marzo de 2009

Hierro y humo 6 (1 de 2)

NOCHES DE ANDÉN


Suben y bajan cantando
a la luz de las estrellas,
nueva luna, luna bella;
negra noche; negro canto,
que cantar causa quebranto
al dolor y a la tristeza.

Luces suben, luces gritan
en el tablero de mandos,
dicen, vienen indicando
con insistencia velada,
arena que se derrama,
horas que van atajando.

Bajan, suben, se detienen
y sacuden la pereza,
van encajando las piezas
laberinto del trabajo,
y las horas van pasando
sin gloria, fatiga y pena.

En la línea de poniente
hay estrellas que se marchan
mientras susurran y cantan
sus historias de misterio,
ceniza de cementerio,
porque tarda la alborada.

Viene la nube. Descarga.
Relampaguea en lo alto,
nacen arroyos de barro
al borde de la trinchera,
y del Cerro a la primera
siguen subiendo y bajando.

pbernal
hierro y humo
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sábado, 14 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (19 de 19)

ROMANCE DE LA LOCOMOTORA 4000


Aunque la historia no es vieja,
es un cuento trepidante
el de la máquina verde,
verde, redonda, muy grande.
Impresionaba mirarla.
En las noches de puñales,
rodaba sobre la sombra
con reflejos de diamante.
Dos motores equipaba
silenciosos y triviales.
Su cabina, bajo el techo,
ojos ponía triunfantes
en lo alto, junto al faro
y los amplios ventanales.
Era fría con el frío,
y en el calor, abrasante.

El faro central deprime,
los pilotos, figurantes.
Cadenas en el testero,
topes, gancho… Por delante
brida en el gancho embridada.
La de atrás, al tren: quilates
eran su fuerza y su brío
cuando arrastraba un embarque.
Silbato de doble tono
musical. Un disparate.
Y el SIFA, y el zumbador
para evitar el desmarque
de un maquinista dormido…
Una máquina de empaque.

Para el exprés la trajeron.
Velocidad. Sin ambages,
aunque fallaron el freno:
eran otros tiempos, madre…:
había que pelear
con el vacío y el aire.
Velocidad; toneladas
como plumas al arrastre,
para viajeros. Paradas
pocas, de breves instantes…

Siempre de noche. La noche
eran órdenes, señales,
cruces, túneles y curvas;
rampas; bajadas; rasantes…
Los hierros, cuando crujían,
era cuando el lubricante
de la pestaña faltaba,
y buscaba libertades:
arañaba con deseo,
hierro contra los metales…

Cuantas lunas… Amarillas,
pardas, pálidas… Rosales
de cementerio. La lluvia
encharcando tristes calles
vacías desde la sombra,
negras, oscuras, brillantes,
espejeando fantasmas
de luces de sol y baile…

Y la máquina, despierta.
Esperando. Por el valle.
Responde a todo. Lamenta
su maquinaria ser alguien
cuando, veloz, se concentra
en sus circuitos de aire,
en sus tubos de presión,
en su cerebro de carne;
ese que va regulando
con el reloj su descarte.

La mañana siempre llega
con la luz. Y los pesares
de la noche se prolongan
hasta tarde.
La chimenea descubre
que puede manchar el aire,
y nubes de gas ardiente
vuelca sobre los trigales.
Va por la orilla del río.
Cruza plantíos, frutales,
y emponzoña con el humo
sembrados y melonares…
No es de vapor esta máquina.
Es Diesel; pero ya es tarde.
Gasta como una Montaña
de Fuel o Carbón. Y sale
mucho, mucho más barata.
Hasta que, rota, se pare…
Porque no descansa nunca,
muchos kilómetros hace
sin descansar: la repostan
y a la calle.

Hemos cruzamos el Jalón.
Vamos al Ebro. Ya sale
el sol por el horizonte.
La máquina, infatigable.
Humareda va soltando,
aceite quema, ya sabes,
tantas horas de trabajo
tantos días, tantas tardes…

El destino ya se acerca.
Calanda, desierto. Aves
carroñeras en el cielo.
Y el Ebro sigue adelante.
Túneles. Siete Enanitos.
Simas. Almendros. Ciudades
aparecen a lo lejos,
frescas, lozanas, flagrantes
con sus castillos de piedra
rotos. Con sus estandartes
ondeando a la mañana…
Es Mora de Ebro. Mediante
Dios, una Chispa releva
a esta máquina tan grande.

El puente de hierro. Vamos.
Entramos en los bancales.
En el andén me detengo,
y abandono a mi gigante,
que la potencia del hierro
merma mis fuerzas vitales.
Aquí termina mi cuento,
el de la máquina grande,
que sigue con otro dueño
por otros cañaverales.

pbernal
hierro y humo
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viernes, 13 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (18 de 19)

HISTORIA DE LA LOCOMOTORA ARGANDA


Las traviesas, sufridas, silenciosas,
cubiertas de malezas y de malvas,
soportaban el grave deterioro
de maquinaria y vía abandonadas.

Enamorados del carril y el hierro,
del tirafondo, el humo; de la grasa
soñaban aumentar su compromiso
en la municipal nave de Arganda.

Buscaban por Depósitos despojos,
por minas, por canteras, por quebradas,
y en esa vía muerta
descubrieron, atónitos, la máquina.

— Es cero treinta. No precisa tender.
— Toda la chapa está deteriorada.
— Parece una maqueta, de juguete.
— Debemos intentar recuperarla...

Bajo la lluvia mansa, sobre un trailer,
por carretera fue llevada
desde el olvido de la indiferencia,
a la dedicación emocionada.

Era una tarde azul. El sol fulgía
en el cemento frío, blanda cama
donde depositaron su trofeo
en la nave, a orillas del Jarama.

Manos diestras con fe, con insistencia,
deshilvanaron tubos, bielas, chapas,
y con sudor, fatiga y entusiasmo,
reconstruyéronle su maquinaria.

Cada pieza sufrió la misma suerte:
la desmontaron para analizarla…
Copiaron las que no tenían forma:
las rotas, inservibles y gastadas.

Buscaron con afán escrupuloso
los planos de la máquina oxidada,
y aquellos ya perdidos
los inventaron en una pizarra.

Algún trasplante hicieron, necesario
para que su función desempeñara…
Así lograron con tesón e ingenio
reconstruir la máquina soñada.

Una mañana fría de noviembre,
con la emoción prendida en sus entrañas
y en su mirada el gozo,
corrieron a encenderla y a probarla.

Con agua le llenaron la caldera,
carbón, leña, cariño en cada arca;
prendieron el hogar, y un fuego vivo
nació con emoción en llamaradas.

Se despertó la fiera con dulzura
entre nubes del humo y de la grasa:
Vesta con sus donceles se movía,
milagro del vapor, en la explanada.

Una estela dibuja, cristalina,
en la fría mañana soleada,
velo mezclado con el gas ardiente:
su corazón de hierro palpitaba.

Asciende la presión. El agua hierve.
El hierro despereza telarañas.
La diosa se envanece
por sus admiradores rodeada:

lubrican bielas, rótulas, tirantes,
las mechas verifican, afianzan
aceite a las manguetas, y vigilan
agua, carbón, presiones, leña, grasa...

Han montado la vía
en el asfalto de la carretera,
y azuzan sus corceles
hacia la instalación de la Poveda.

Del Río, con su diestra, toma, gira
la palanca que fija, y balancea,
la biela del sector, para que rueden
hacia delante, o hacia atrás, las ruedas.

Afloja el freno. Con saber prudente
maneja la palanca que lidera
al distribuidor, y deja paso
de vapor al cilindro. Su carrera

empuja su pistón, libera, guía
al vástago, y el vástago a la biela,
y la biela, en su giro descendente,
imprime el movimiento hasta la rueda.

Vertiginosa, corre a quince o veinte,
endiablado vaivén llevan las bielas,
y un tranquilo pulsar de gas caliente
corona sin cesar su chimenea.

Dos vagones arrastra por la vía;
con la galga y el pito suelta y frena.
ARGANDA le pusieron por apodo,
y tiene su "guarida" en La Poveda.

pbernal
hierro y humo
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jueves, 12 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (17 de 19)

LA HORMIGONERA


El caso le tenía deprimido.
Debía resolverlo de un plumazo.
Consideraba un excesivo costo
aquel motor que siempre está parado.

Buscando la expansión aleatoria
que rentabilizara más el caso,
aquel gestor osado, decidía
comprar de la chatarra dos cacharros.

Limpió las telarañas del olvido.
Recuperó papeles; y los planos;
y, para completar su decisión,
ordenó que pintaran los dos trastos.

Pusieron el color corporativo:
mezcla de leche con el de los TALGO,
sobre los viejos tonos verde oliva,
anclados en la sombra del pasado.

Son dos locomotoras aguerridas
los hierros del desguace rescatados;
quiere que se utilicen sus servicios
para la maniobra de los Talgos.

Por su origen le llaman "la francesa".
De lejos es pariente de la Rama.
Se proponen, dicen esos que opinan,
sacarle buen dinero a su chatarra.

"Algo se pierde en calidad de vida.
Hay que reconocer que son dos zarrios.
Lo cierto es que, con estos dos inventos,
diecinueve millones nos ahorramos”.

“Los trenes, todos andan por la vía,
da igual que sea más o menos ancha.
El maquinista viene y va y los lleva
y los conduce por donde ellos vayan…"

Darán, acelerados, los cursillos
en la forma y el tiempo, de manera
que la plantilla quede autorizada
de la vana y grotesca Hormigonera.

Después ofrecerán su maquinaria
al ente Operador que mejor pague.
Buscaba el beneficio; cobrará
en dinero, favores…, ¿quién lo sabe?

pbernal
hierro y humo
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (16 de 19)

HABANERAS DEL CALDERO


Dicen las lenguas de doble filo,
las que murmuran de los demás,
que no tenemos muy buen estilo
cuando volvemos de maniobrar.

Mucho nos miran al desplazarnos
por los andenes de dos en dos,
por la figura que presentamos
cuando bajamos de ese motor.

La sucia grasa de este Caldero
pesada y negra, y espesa es,
brillo y reflejos le da a mi pelo
y osadas alas le da a mi pie.

Cuando pasamos por el pasillo,
cuando pasamos por el motor,
roza la manga, la gabardina,
los pantalones y el chaquetón.

Si remolcamos un tren de piedra,
o si pasamos el Cambiador,
aceleramos con la cautela
que nos exige la situación.

Rugen los frenos, chillan las ruedas,
feroces braman en el motor
dos mil caballos que se cabrean
cuando le das aceleración.

Silencio guardan en la primera,
si tu trabajo ya terminó,
dormidas quedan las fieras fieras
que lleva dentro de su motor.

pbernal
hierro y humo
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martes, 10 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (15 de 19)

EL CALDERO

Es tranquila, cadenciosa.
Gris y blanco son su atuendo.
Es atractiva por fuera,
y farragosa por dentro.
Sus bajos, de negro y grasa.
Su motor, potente, lento.
Torpe, pesada, tranquila
marcha con poco salero.
Si la comparas con otra,
se le adivina un bostezo…
Con sus límites y pegas,
es versátil. Yo la quiero
por su virtud, arrastrando
trenes de trigo o de hierro.
Por su fragor, cuando tira,
todos le llaman CALDERO.

pbernal
hierro y humo
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lunes, 9 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (14 de 19)

LOCOMOTORA 252

De comunión vestida,
con blanca indumentaria
de raso y fina seda,
y la melena gris desmelenada,

surcas altiva,
cuando despunta el alba
sobre la escarcha nueva,
la Serranía de la Alcudia brava.

Escalas la subida,
vadeas la garganta
y bajas la pendiente
a un tren de pasajeros amarrada,

y en servicio suicida,
exploradora aislada,
determinada cruzas
por túneles, las crestas arboladas.

Ofreces a la vida
tu mecánica entraña,
y oscilan de alborozo
tus venas y circuitos de informática.

Con obediencia y mimo
atiendes la demanda
del ser que te domina,
ese con quien compartes filigranas:

hasta Sevilla trenes
y maniobras variadas,
y ayer, por seguidillas,
un TALGO desde Córdoba la llana.

pbernal
hierro y humo
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domingo, 8 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (13 de 19)

CANCIÓN DE CUNA
(para una RAMA)

Duerme la Rama
sobre la vía.
Duerme la vía.

Duerme La Sagra
donde dormía
la Rama mía.

Negra la Rama;
negra la vía
donde dormía.

Duerme en La Sagra
sobre la vía
la Rama mía.
La Rama mía.
La Rama mía.

pbernal
hierro y humo
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sábado, 7 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (12 de 19)

11 MINUTOS

En el kilómetro cero

a moverte empezarás.

Al salir pasa los cambios

a poca velocidad.

Cuando pases bajo el puente,

la pendiente notarás,

siendo al punto necesario

hasta cien acelerar.

Por el primer viaducto

deberás estar alerta:

el hermano LeZetaBe

permite ciento cuarenta.

Para que salgan las cuentas

con el debido rigor,

a más de ciento cincuenta

pasa el cambio de tensión.

Por el túnel de Perales

acelera hasta doscientos.

Por Los Gavilanes, pasa

a dostreinta y manteniendo.

Cruzarás la carretera

y el ancho nacional de ferrovías,

por donde van los coches y los trenes

camino de Madrid y Andalucía...

En el kilómetro veinte

termina el doscientos treinta,

y podrás acelerar

buscando los dos setenta.

Doscientos cincuenta por hora

debe ser por Parla tu velocidad;

y en once minutos, (por el veinticinco),

con el dos setenta, le podrás cerrar.

Atrás habrás dejado

el bosque tropical, mamparas, vías

de la Puerta de Atocha,

esa que antes llamaban Mediodía.

pbernal

hierro y humo

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viernes, 6 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (11 de 19)


EL RAP DE LA RAMA

Subimos, y lo primero
es mirar lo del fichero
por si hubiera novedad.
Y después,
según lo dice el francés,
hay que darle un puntapié
al botón
colorado bermellón
que dice: "anulación
de la alimentación
del convoy".
Luego se conectará
y se desenclavará
la BL del panel:
La bocina sonará
y nos ensordecerá
al mezclarse como un trueno
al aparato del freno,
que al rearme
de inmediato callará.
Seleccionamos paraguas
y que suba se le ordena
observando los efectos
en escalas y verbena.
Comprobamos la tensión;
le damos al disyuntor:
rearmamos con tesón;
miramos si las gemelas
ya se fueron de la escena
y pasamos a crear
la presión para frenar...

A los cinco o diez minutos
de empezada la función,
le pulsamos a la K
y hacemos comprobación.
Y después, a proseguir,
pulsando la C y la I
para ver si se lo sabe
el sistema LeZetaBe.
(Yo no sé si te lo cuento
o quizá, mejor, lo digo:
hay que comprobar que el muerto
actúa bien como vivo.)
Y después a Vigilar
a la vez de Liberar
disponiendo la función
para la circulación:
comprobamos la tracción;
las luces de dentro y fuera;
el teléfono del tren
y el teléfono de tierra;
introducimos los datos
en una caja que cuenta,
del armario de las luces
situado en la trastienda...
Con el libro manual
se completa el escenario
y bajamos para ver
el acceso y numerario
de los viajeros del tren
(y la limpieza también).

Cuando se acerca la hora
hay que irse a la cabina;
mientras la espera,
se ultiman los detalles
hasta que suenan
dos toques de campana
que desde el tren te dicen:
adiós y hasta mañana.
Sin perder un segundo,
con la siniestra aflojas la pestaña,
mientras la diestra gira con esmero
el inversor, el selector
y el mando que libera
los caballos de potencia
que la blanca bestia encierra.

Se mueve el artilugio:
los amperios se suben unas rayas
mientras con el manubrio
con cuidado controlas la batalla…
Silban y rugen, fieras,
sobre el acero duro de la vía,
las mil caballerías y las ruedas.

Y la aguja amarilla
al escondite juega con la roja:
(aunque no pueden verse,
no puede estar la una sin la otra.)
Retumba la bocina caprichosa
en el cambio de fase;
desarmas el rearme de la cosa;
y cuando pasas, vuelves al rearme.
Atrona el hombre muerto;
te llama el súper desde el infinito;
tomas notas, controlas los caballos,
el nivel de tensión…
LeZetaBe te avisa con su pito;
y si no estás despierto
y la roja le gana a la amarilla
en su loca carrera hacia…, otro sitio,
el tren se te detiene
y te pone de inútil con sus gritos.
La curva, la parada;
la súbita escalada del amperio
o la bajada al límite inaudito
del nivel de tensión del voltiperio.
Que si falla el paraguas;
que si la roja y gualda no se apagan
y el aire se te baja, el muy tunante,
de forma acelerada y alarmante…
El cambio de rasante,
(aquí le cierro o abro en un instante)
kilómetros a vela
para que luego una parada intempestiva
te rompa los esquemas.
La niebla espesa;
el sol, que te deslumbra;
el faro, que ilumina,
pero que ni en la oscura noche alumbra…
En el panel siniestro
una luz se ha encendido:
de defecto.
Un bloque se bloquea:
o bien en freno, o en tracción
o en lo que sea.
¡Y la marcha seguimos tan pimpantes!

Con el dorso de la mano
nos limpiamos los sudores
olvidamos las fatigas
las oscuras desazones,
y se busca en la bajada
ese segundo que parece nada
y que permitirá llegar adelantado
al cliente, que viaja confiado,
ignorante, tranquilo, descansado,
sin saber el ladino
lo que hay que hacer para llevarlo a su destino.


pbernal
hierro y humo
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jueves, 5 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (10 de 19)

CAMINANDO

Camino de Sevilla va la Rama
causando sensaciones y sorpresa
al niño y al anciano y a la dama.

De Córdoba camino llevo yo
(con gente, con viajeros, con vagones),
un Talgo con la Doscincuentaidos.

Camino voy, subido en el Caldero,
de Mora, con vagones por la vía,
regándola de piedra con esmero.

Subo y bajo del Cerro a la topera
las máquinas y Ramas. Y trabajo
con una impresentable Hormigonera.

Un sábado, montado en la "francesa",
camino de Aranjuez o de Toledo,
iré con ese tren: el de la Fresa.

pbernal
hierro y humo
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miércoles, 4 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (8 y 9 de 19)

AVE ENJAULADA

Ave que vas confinada
por los cables y la vía,
sin alas ni anatomía
para volar descuidada.
Ha quedado ensimismada
por tu vuelo una paloma.
Se ha detenido en la loma
aledaña a la trinchera,
y en la ruta persevera
seducida por tu aroma.

AVE ENAMORADA

Desde la cresta quebrada
que corona la trinchera,
te mira cascabelera.

Súbitamente apareces
por el túnel, con tu marcha
tan fría como la escarcha,

y aletea la paloma,
del estanque a la rivera,
presa de la primavera.

Una mañana florida
que volaba por la era,
se prendó de tu carrera.

pbernal
hierro y humo
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martes, 3 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (7 de 19)

EL AVE

Volando va por la vía
leve y ligera su marcha,
atravesando la escarcha
en la mañana sombría.

Como el viento se desliza
cuando sube la pendiente,
por la sierra, por el puente,
por el llano y la pedriza…

El ajeno pasajero
alimenta su ilusión,
reposado en su sillón
a la marcha de crucero.

Cuando llegue a su destino
le alcanzará descansado,
perplejo de haber andado
tan corto y largo camino.

pbernal
hierro y humo
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lunes, 2 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (6 de 19)

A RAS DE TIERRA

Avanza, corre que vuela
a ras de tierra. Parada
delante de la señal,
una máquina descansa.
Mercancías encabeza
que quizá lleguen mañana.
Circula por una vía
en la que las ruedas saltan.
La transitan raros trenes.
Hay pereza en transitarla…

En una estación, un banco.
Descansa gente cansada
de esperar al tren . No llega
y pasa el tren que no para.

Hay una fuente y un árbol,
una zona ajardinada
de primavera, con puertas
que siempre tienen cerradas.

Y el tren que pasa volando
y polvareda levanta,
desaparece. La gente
del banco pasa, y se marcha.

Y corre, corre que vuela
el AVE, con alas blancas.

pbernal
hierro y humo
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domingo, 1 de marzo de 2009

Hierro y humo 5 (5 de 19)

REGIONAL

Con rechinar temible
cruza la travesía;
atroz, atormentado
asciende la colina
llevando en el riel
su carga colectiva.
Se para aquí, y arranca
-lo suyo es anarquía-
y en la de más allá,
llevado por la vía
a su tran tran, tran tran,
aparca en una encina;
y bajan los viajeros
y suben con gallinas,
y sigue hasta el final
entre penas y ortigas,
y todo -gente, monte,
arroyo, fantasías…-
el regional reparte
con polvo de la vía.

pbernal
hierro y humo
---

sábado, 28 de febrero de 2009

Hierro y humo 5 (4 de 19)

TRENES DIESEL

Con su burbujear cadente y serio,
zumban eternamente los motores
como rumor de rezo en monasterio.

Se mueven como gamos por la vía.
Suben los montes, cruzan hondos valles
siempre con su preciada mercancía…

Compiten con su hermano el automóvil
en lucha desigual y sin destino:
sobre el acero fijo, acero móvil.

La luz del faro, vaga, cadenciosa
enmascara los velos de la noche
para mostrar la vista más hermosa…

La mente alerta, la mirada lista,
pronto para actuar, en la cabina,
como una pieza más, va el maquinista.

pbernal
hierro y humo
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viernes, 27 de febrero de 2009

Hierro y humo 5 (3 de 19)

MÉNDEZ ÁLVARO, 1

Te asientas en el patio de carruajes;
al frente situaron tus accesos
desde que a sanatorio respondían
tus plantas elevadas hacia el cielo.

Curaban las heridas de los náufragos,
la enfermedad huía de tu seno
acosada por manos de paloma
y la dedicación de buenos médicos.

Hoy eres el fortín y la bandera,
cabeza y corazón de tiempos nuevos;
y, con el figurín que lleva el AVE,
botica de sutil experimento:

Zapatos negros de charol, y a juego
licra de calcetín ejecutivo;
un traje de gerente, de vergara,
alas en el chaleco, lana y lino.

Impoluta camisa, nudo al cuello,
negra cartera para llevar libros,
guantes de piel para vestir las manos
y discreción para los calzoncillos.

Un sobretodo todo lo custodia:
la gabardina larga con el cíngulo;
y un bastón camuflado de paraguas…
La chistera nos falta solo, amigo.

pbernal
hierro y humo
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