martes, 25 de junio de 2019

ORGULLO


Orgullo
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en las ventanas
abiertas a la noche
larga la espera

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ALMA


Ya no me queda más, sino escribir
tu nombre y apellidos en un verso,
todas sus letras. Ser la confusión
de los que esperan verme sin más tiempo.

Por las calles la insulto con mis manos
juntas, y como siempre me condeno
gritando el arte, aullando en el abismo
que deja mi victoria sin aliento.

Me va marcando el paso, y al final
se esfuma, aunque me exige a cambio un préstamo
para cubrirle todas sus mentiras.

Cuando todo se acabe, aún la espero
sin dormir; mi pijama se convierte
en algo parecido a un cementerio.


Julio César Navarro,
de Todo sigue así
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ORGULLO

El nuevo ayuntamiento de Madrid de PP-Ciudadanos-Vox ha censurado deliberadamente parte de la campaña del Orgullo de este año y no ha colgado la parte reivindicativa que acompañaba a la banderola general.

Ahora parece que el Orgullo es nuestro mayor Orgullo, el más grande, porque nuestras orientaciones o identidades son lo único que somos, cuando lo que se quería conseguir con esta campaña era recordar y reconocer a todas esas personas mayores que forman parte del colectivo LGTBI y que tanto lucharon por todos nosotros y nosotras.

Lo que han hecho amputando este mensaje es obviar la memoria.

El Orgullo sin memoria es una barra libre de capitalismo emocional.

Una utilización burda de los cuerpos y una instrumentalización de las sexualidades disidentes.

La necesidad de que el Orgullo sea algo ligero, bonito y amable solo responde a que no nos quieren como somos: nos quieren acatando sus reglas del juego.

Nos quieren invisibilizados e invisibilizadas porque no quieren que se nos note la monstruosidad.

No quieren que les molestemos con nuestras existencias abyectas.

El Orgullo no es una fiesta: es una reclamación.

Y es para todos los públicos no por colorido e intrascendente sino porque todos los públicos conviven con la diversidad.

Nosotrxs no tenemos que seros cómodxs, ni útiles, ni serviros para ..nada.
…..
No estamos pidiendo que nos comprendáis: estamos pidiendo .nuestro derecho legítimos a no que no se nos importune.
.
Al quitar banderolas feministas estás contribuyendo al machismo que es algo que mata.

Al obviar la parte de lucha del Orgullo estás favoreciendo a la homofobia porque nos estás dejando sin herramientas para enfrentarnos al odio.

Porque hay que dar un lugar a “quienes estaban cuando no estábamos”

Porque hay que escuchar a “quienes guardan recuerdo de la represión”

Porque hay que admirar a “quienes se mantuvieron firmes”

Porque hay “quienes de verdad saben lo que nos jugamos”

El Orgullo es un homenaje a las personas que pusieron sus vidas en peligro para mejorar el mundo.

A aquellas que tatuaron en la carne ajena la palabra libertad.

También todas aquellas que no llegaron a mayores por culpa de las demás.

Las que hicieron política de sus existencias marginales.

El Orgullo es un momento para pensar en ellas.

Para que cuando se pone el sol mientras celebramos entre la multitud que seguimos aquí.

Les demos las gracias.

Por habernos dejado.

Los cuerpos totalmente sembrados.

R. L.
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lunes, 17 de junio de 2019

donde quiera que estés...


donde quiera que estés...
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un corazón
de amores infantiles
partido vibra

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Reunido el Jurado de la Asociación Cultura Viva, el día 29 de mayo de 2019, en la sede del Centro Superior de Investigaciones Científicas, CSID, decidió conceder los premios correspondientes a la vigésimo octava convocatoria a las siguientes entidades y personalidades:
COLEGIOS PROFESIONALES: Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos
DEFENSA DE TRADICIONES CULTURALES: ”El pueblo canta” Villarejo del Valle, Ávila
FUNDACIONES: Fundación Rudolf Gerstenmaier
ARTES PLÁSTICAS: Manuel Castillero Ramírez
DANZA: Víctor Ullate
GRANDES MAESTROS/AS: Pazita Tomás
AGRUPACIONES MUSICALES: Cuarteto Bretón
HISTORIA: José Antonio Crespo Francés
LÍRICA: Ana María Sánchez
MEDICINA: Claudio Mariscal
NARRATIVA: Ernesto Pérez Zúñiga
HISTORIA ANTIGUA/ARQUEOLOGÍA PREMIO “JOSÉ MARÍA BLÁZQUEZ”: Santiago Montero
PREMIO «M. CRIADO DE VAL»: Joseph Thomas Snow (Pepe Nieves)

POESÍA: Gonzalo Escarpa

PREMIO «CULTURA VIVA»: José Cuenca Anaya

El jurado de la XXVIII edición de los Premios Cultura Viva está formado por: JOSÉ DE TORRES. LUIS ALBURQUERQUE. JOSÉ LUIS GARCÍA BARRIENTOS. LUIS ALBERTO DE CUENCA. JUAN VAN HALEN, LUISA MARÍA PAYÁN, TERESA MONROY, ENRIQUE GARCÍA ASENSIO, MARÍA ROSA CALVO MANZANO, CARMEN GARCÍA BUENO, PILAR SAN NICOLAS. GUADALUPE LOPÉZ MONTEAGUDO,JAVIER PUEBLA y RICARDO SANZ, siendo el secretario MARIANO TORRALBA y el presidente ÁNGEL LOZANO.
La entrega de galardones tendrá lugar el 25 de septiembre a las 18 horas en la calle Almagro 42, Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos
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eh, ejem... disculpen. paso por aquí para comentar que elconsejosuperiordeinvestigacionescientíficas ha tenido a bien concederme el xxviiipremionacionalculturaviva ensumodalidaddepoesía. va, ya lo he dicho. rápido, pero ahí queda.
aunque no lo parezca, da mucho que pensar esto de los premios. me dice noel clarasó que no debo negarme a aceptar el premio de mi trabajo, pues el que se niega es más vanidoso que el que acepta: sabe que así dará más que hablar. va. el nobel chino mo yan, al recibir el nobel, nos comentó que ganar no significa nada. según belgrano, "el honor y el premio son los resortes para que no se adormezca el espíritu del hombre." puestos a citar, parece ser que a alfredo landa le encantaban los premios. "y si se inventan uno para el tío que mejor ponga el termómetro, pues también quiero que sea mío, hombre. los premios son el reconocimiento de algo que has hecho bien, y eso es bonito."
gracias, entonces, a javier puebla y luis alberto de cuenca, miembros del jurado. seguiré siempre tratando de mejorar mi forma de colocar el termómetro. como si no me hubieran dado ningún premio. y como si me los hubieran dado todos.

Gonzalo escarpa
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AMADA AMOR

mi amada me despierta si estoy triste
con su color azul sus disonancias
y entre los altos gozos las distancias
desnuda se agiganta y me desviste

tiene el color de las mujeres rotas
y el caracol que anuncia su epicentro
y tiene un manantial de sangre dentro
que no amaina jamás en las derrotas

mi amor torna el azul se hace relente
traza la línea donde el sol se parte
y es luna al otro lado para echarte
en su lecho nupcial y omnipresente

no sabe de arcimboldos no conoce
la feliz necedad de ser proscrito
ni busca ser la parte del delito
despreciable de honrar la luz de un roce

mi amada viste un armazón sumiso
con la palabra decidida y sabe
cuándo no debo blasfemar qué nave
será hoy ametrallada de improviso

en la dársena infiel de mis poemas
oh capitán mi capitán mis manos
amputadas te ofrecen los veranos
bajo la sombra de los grandes temas

mi amor dicta sentencia en liminares
sabe por un color si es noche o día
en mi terraza hay un dolor que envía
un sol menor a intermitentes mares

sale de la posada en solo un punto
enroca el rey pero no acepta tablas
mira un silencio si en sus ojos hablas
envida amaga dice y a otro asunto

mi amada esconde rota mi palabra
con un deslumbramiento sine die
hoya claudica calla avisa ríe
surte vacía se desmuere labra

me pide la unidad pero no el uno
me arroja el loto pero no el leteo
viene para marcharse cuando leo
las páginas cerradas de mi ayuno

para escuchar que el dos es uno solo
ni que la soledad me alivia el paso
para ser solitude en todo caso
mi amor no quiere que me viva solo

Jesús URCELOY
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CATARATAS 10

A todas las preguntas tranquilo respondía.
Un mundo de tinieblas en una encrucijada
era todo el paisaje. Jungla en la madrugada.
Ruidos imperceptibles. Ferrocarril sin vía.

Mi poquedad de viejo, condena y agonía;
la sumisión de ostra en medio de la nada.
Invisibilidades bajo cualquier mirada,
sobrellevar el tipo frente a la galería.

Entramos en el túnel. La oscuridad fomenta
tensión de ligaduras antes de la tormenta,
y un resplandor de vida promesa de mañana.

Luego fue la batalla en desigual pelea,
bajo la luz y el agua, la soga y la polea…,
y una voz que susurra la calma de una nana.
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PIEL

Piel anfibia que respira daikiris.
Lo que está más fuera.
El envoltorio.
La placenta después del parto.

Piel corteza de árbol que se lleva las hostias y las caricias,
manos que limpian vómitos,
cuerpos cubiertos de chocolate.

Caparazón impermeable, refugio de inertes.
Piel muerta sobre la piel
quemada por las rozaduras diarias,
por el exceso de violines y panderetas.

Muda de serpiente abandonada en mitad de un camino
vacía ya de abrazos
en jirones, deshilvanada y rota.

Por los arañazos se escapa el vacío a borbotones.
Costras de duelo.
Mañana habrá otra piel.

Susana Obrero
de “Violines y trompetas”
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ORACIÓN FÚNEBRE

1

La historia familiar, la de cualquier familia, conserva en la memoria sucesos de deceso prematuro de alguno de sus miembros.
La madre de mi madre, Patrocinio, quedó viuda con tren niños pequeños.
Mi padre perdió a su madre, Claudia, de 23 años, cuando tenía dos.
El padre de David perdió a un hermano a poco de cumplir 50 años.
Unos seis meses antes se le fue un primo de esa edad, llamado José.
Hoy los dioses han decidido llevarse a David.
Decían los viejos venerables que los dioses se llevaban a los jóvenes que amaban.
Roguemos porque los dioses nos ignoren.

2

David

Hoy estamos luchando por asimilar que David se nos ha marchado. Y no es fácil. A sus padres, a su compañera, a su hija, a sus hermanos primos amigos…, les sumo mi cariño; y mi pesar.

Como despedida, como homenaje a su memoria, voy a hacer dos reflexiones sobre la huella que nos deja.

La primera reflexión es que me parece que en cualquier momento voy a descubrirlo entre vosotros animándonos para seguir adelante. Él era apóstol del diálogo; de la palabra; y ahora estaría contribuyendo con su sabiduría para conciliar nuestros contradictorios sentimientos.

La otra reflexión es sobre el consuelo que pudiera dar la creencia en un más allá. Yo me confieso no creyente, pero recuerdo a Unamuno en “San Manuel Bueno, mártir”, el cura que había perdido la fe, pero seguía proclamándola para no defraudar a sus feligreses; y Lázaro, el ateo, que le consolaba. Quien sabe si en el Olimpo los dioses han llamado a David porque necesitan sus servicios…
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martes, 11 de junio de 2019

EL NIÑO AL QUE SE LE MURIÓ EL AMIGO


atacando la canal. a la izquierda, la de los guías
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cuando me vaya
arderán mis papeles
entre tus manos

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LA MANO

Es la mano la bella rama del día floreciendo con dedos suave como el arrullo de la paloma que ni atrapa el viento, ni arresta el agua. Pero se aloja en el espacio y abraza la tierra de la flor salvaje al árbol de palma.

Es la mano la que nos conforta en nuestra fractura, nos consuela cuando lloramos, nos da solaz en nuestro cansancio.

Es la mano el milagro del sueño la leyenda de la creación las columnas de luz o un manojo de ascuas que vivifican o menguan.

Es la mano un campo, y un ramillete de canciones infantiles, y un planeta.

La mano no es un libro, o líneas. No escrutes los detalles no leas su silencio ni sus contornos no encontrarás nada. Todas las líneas que la han invadido todas las curvaturas son nuestras culpas de las primeras aberraciones al advenimiento de la miseria.

Es la mano no la leas lee lo que escribirá lee lo que hará y levántala, levántala hasta que se haga un cielo.

Ibrahim Nasrallah (Palestina, 1954)
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poemas robados
(introducción)

este libro cavernario,
papel impreso cosido
con material sustraído,
pretendido poemario,
es cumplido corolario
de tardes de cafeína,
de charlas en la cocina
modificando dilemas
para cerrar los poemas
del curso que se termina

es la muestra insuficiente
de inquietudes, de desvelos,
de penas, sueños, anhelos,
de desazón oferente
por parecerse a Valente,
a Lope, a Byron (el lord),
o a Hierro, nuestro mentor,
peleando cada día
por escribir armonía
y emular al profesor

letras, palabras y versos,
cada firma colocada,
es una nota robada;
son los acentos dispersos
de los poemas diversos,
-como los granos de arroz
que componen el alfoz-,
trabajados cada día
con distinta melodía,
pero con la misma voz
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CATARATAS 9
a María Gabriela Cruz Gutiérrez
cirujana oftalmóloga

Camino por un filo sin una opción de fuga.
La ruta ya está hecha para el mortal que huye,
y ve pasar el tiempo, y todo se diluye,
eje volante, péndola que limpia y centrifuga.

Gira la lavadora. Discurre. Centrifuga.
Demora su lavado, y ya la sombra huye
del patio en un arroyo de luz, por donde fluye
este nefasto día de dudas y de fuga…

Estoy en un embudo. Al fondo hay una luz
donde la claridad asoma en una Cruz
de límites que acotan el horizonte; el paso

es un punto de mira abierto a la ventana
con puertas que se abren a una nueva mañana…
siempre con el azar del triunfo o del fracaso.

Pb/2019
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EL NIÑO AL QUE SE LE MURIÓ EL AMIGO

Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:
—El amigo se murió. Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.
El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.
—Entra, niño, que llega el frío —dijo la madre.
Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándolo toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.

Ana María Matute
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martes, 4 de junio de 2019

SIN DARNOS CUENTA


más allá de la cumbre
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la alondra ríe
abren el horizonte
páramos rosa

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LA TORMENTA

Llovía y temblaba la última luz de la tarde. El pájaro iba a quebrarse. Una gota más: tranvía roto, la Sinagoga, el Bosque destruido. Sonaba el cielo y dejaba sombra. Olvidar los pájaros. No poder salvarlos. Recoger al día siguiente los rastros, lo que ya no está, como un naufragio. Volver a construir el tranvía, la Sinagoga, el Bosque de los pájaros. Y descansar.

Marta López Vilar
“El Gran Bosque”
II Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, FCPJH
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SÓLO EL RECUERDO DE LO AMADO
(Donde quiera que estés te gustará saber…)
(Serrat)

La brisa del otoño dejó caer la hoja.
Puse mi mano en el vacío
y la colmó la huella de una foto.

Rescato del olvido el aire de la esquina.
Y la casa de al lado. Y la sombra del árbol.
Y la tierra caliente de la calle desierta.

Escucho los vapores de un tren en la distancia,
su resoplar brioso cuando toma la ruta
camino de otros mundos, de otras vidas…

Aventando fantasmas, utopías, tristezas
rotas en el estío, en la noche grabadas,
recupero la sombra de un sol de mediodía:

revivo los amores que dan la vecindad;
los hermanos y amigos; los juegos en bandada…,
y un halo melancólico perturba mi sosiego.

Una lágrima sorbo por mi niñez perdida.
Inventario mi tempo, ya sin prisa,
y hoy descubro, cansado, que ya no existe el Tiempo.

Sólo el recuerdo de lo amado.

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CATARATAS 8
CIE

Yo caigo en el vacío.

Lo último que dije:

“tú no sabes quién soy”.

Yo no soy nadie,
pero tú no lo sabes.
Sólo soy una brizna…

Yo sé.

Sé que estás incumpliendo
tus propias leyes.

Y levantas la porra.

Yo caigo en el vacío
con la cabeza rota…

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SIN DARNOS CUENTA

Una palabra rompe la dinámica,
y se detiene el tiempo en una espera
de ver a ver qué pasa.

Irrumpe un cauce fresco a las ideas
por donde se despeñan en colores,
roturando caminos, trochas, sendas
que nos transportan, presos por un verbo,
a serendipias de imprevista meta.

Y todo hasta que surge otra palabra
y rompe la estructura que nos lleva;
y nace un lecho insólito, y el torrente
inunda nuevamente la vereda.

Vertemos opiniones,
y dudas, y preguntas, y respuestas
abiertas a futuras variables
atropelladas, tímidas, discretas.

Una muñeira brota junto a risas
volanderas de Amelia,
cuando con timidez lanza su verso;
y junto a ella Maravillas tiembla;

y Tina reproduce una balada
con su firme dicción y mano tierna;

luego Fabián fabrica su escenario
de drama y de comedia,
que pronto Maricarmen perfecciona
con la dulzura que la representa.

Expone su moción, Blas, con el genio
de un maestro de escuela;
y Ester, la frágil dama prodigiosa,
brilla con una esplendidez de estrella.

Documentado Geir; certera Eutrópia;
Paquita diligente y agorera;
Pedro con agudeza y puntería
haciéndonos correr a la carrera…

e Inés cuchicheando junto a Carmen
sobre lucubraciones bien compuestas…

Dibuja Flor retratos en el margen
de las hojas de higuera
con un rotulador de punta fina,
al óleo, o al pastel, o a la acuarela.

Jesús abraza con sabor de príncipe
memorias que resultan siempre nuevas:
las desmenuza de su tierna infancia
en un otoño aún con revoleras…

Felipe selecciona compromisos
en folios de menuda letra impresa;
y Clara no le escucha, ya no viene,
que tiene compromiso en… Candeleda.

Maribel acaricia un folio en blanco;
Ángeles se sonríe, piensa, sueña…
Esperanza se azora con las musas
impertinentes de su cabellera,

y va Santiago y se lo guarda todo
para ese rap que ronda en su sesera.

En la silla de enfrente, o paseando
entre mesas abiertas
flotando en el ambiente como el aire,
alerta a las palabras que prosperan,
(como cuando en el aula de la UNI
sus jóvenes la escuchan y la esperan)
Luisa vigila cada voz; asiente
con ese baile de sonrisa etérea,
sus rizos cimbreantes en cascada
y el chispear de sus burbujas negras...

Ella llena la sala
solo con su presencia:
afianza razones esgrimidas;
esclarece o refuta si discrepa,
pero siempre dejando una salida,
alguna puerta abierta;

nosotros aplaudimos y admiramos
el fuego que alimenta sus certeras
y gratas enseñanzas,
y la plasticidad de sus respuestas…,
hasta que algún resquicio da la hora
que se ha pasado ya sin darnos cuenta.

pb/2019

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SOBRE LA FALSA FACILIDAD DEL VERSO LIBRE

Aclaremos primero, antes de entrar en la materia oscura, que el verso libre es campo abierto para quienes no saben nada de poesía, porque no tuvieron voluntad ni reaños para formarse, y la intentan; para poetas malos que quieren epatar ante las chicas con gestos grandilocuentes y no aprendieron nada en el colegio [ni siquiera dónde se ubican las tildes diacríticas] –para ellos es una solución estupenda el verso libre, pues si atacan estructuras cerradas, suelen equivocarse en la medida, no controlan el ritmo y arman con rimas fáciles monstruos farragosos e hilarantes que los dejan en el más puro ridículo y nos llevan a la vergüenza ajena–, para poetas jóvenes con prisa y sin valores de vida aún marcados y para mercaderes del slogan y el hip-hop.
Cuando se huye de las estrofas medidas y de las formas rimadas, y se hace con criterio, conociéndolas y habiéndose entrenado en ellas, y se decide crear en verso libre, uno se da cuenta enseguida de que es la más dificultosa de las formas poéticas, pues exige que el poema se sostenga con afinación, ritmo interno y esas pausas blancas de respiración que le otorgan al poema su exacta cabalgadura... El poema entonces toma musicalidad [es fundamental, pues, tener instinto en la entonación y ser poseedor del ritmo, circunstancias que suelen tomar algo de facilidad cuando uno ha caminado mucho tiempo por las estrofas de metro fijo y los tipos clásicos de versificación, hace que el verso libre termine siendo poesía].
Mientras que en las estrofas clásicas existen ciertas afinidades temáticas que se adaptan mejor a uno u otro tipo de contenidos [las décimas van de lujo con la poesía lírica, los versos de pie quebrado enganchan sin problemas con la muerte, los tercetos caen estupendos en las elegías o en los poemas con enseñanza...], en el verso libre es el poeta el que debe adaptar la extensión de los versos, las respiraciones, los acentos, el ritmo y las rupturas poemáticas al tema sobre el que está creando, de tal forma que el poema responda en su cadencia musical a la sensación que quiere dejarse en el receptor, circunstancia que deja un campo infinito de trabajo que no presentan nunca las estrofas clásicas por ser cerradas y muy concretas en su estructura. Así, un buen poeta en verso libre –quien lo conoce y lo usa contando con todos sus valores y potencias– es un poeta magnífico, y quien no lo conoce y lo practica sin rubor, termina siendo una pifia que, además, demuestra en su descaro sus carencias sin siquiera saberlo, mientras alza la cabeza con orgullo narciso [algo así como cuando de críos hablábamos inglés en ‘guachi-guachi’ para hacernos los importantes].
Por otra parte, el poder del buen verso libre radica, desde mi punto de vista, en sacar a la poesía de su carácter ritual [conformado por la reiteración de sonidos, algo que pertenece a las formas más primarias del pensamiento humano] y llevarla a una altura intelectual acorde con los nuevos caminos tomados por el hombre que siente, piensa y habla en parámetros de evolución hacia mejor y más complejo o mejor y más simple [ambas soluciones sirven al avance humanista]. Al huir de la rima y el metro, se elimina del poema previsión y facilidad, consiguiendo con ello predisposición del receptor a la atención y a concentrarse en aras de obtener cierta altura reflexiva.
Así las cosas, el verso libre se conforma como el de mayor dificulta de ejecución, a la vez que termina siendo la mejor herramienta de desenmascaramiento de los falsos poetas.
Yo le pido a un poeta que sepa escribir en estrofas clásicas y lo haya hecho [aunque haya sido solo como entrenamiento y formación], bordando temas y formas, ciñéndose con éxito a cada norma impuesta por conocerlas y practicarlas, y que luego me demuestre su pericia en el dificilísimo arte del ritmo interno..., y de ahí al respeto van solo unos milímetros..., me tiene ganado.
Visto el asunto, podría decir que el 99% de los poemas que leo, y están realizados en pretendido verso libre, me suenan igual que cuando escucho cantar a Leonardo Dantés ‘El Baile del pañuelo’.
Es triste, pero es cierto.

Luis Felipe Comendador
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martes, 28 de mayo de 2019

ESE RUIDO YA PÁJARO


Mario Obrero, joven poeta de 16 años, tunea una dedicatoria en la presentación de su premiado poemario “Ese ruido ya pájaro”
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Porque no quiere, no quiere.
¿Por qué no quiere, no quiere?
No quiere porque no quiere.

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ESE RUIDO YA PÁJARO

FIGURA
CAMPO
FONDO

(Poema tercero)

“Hablaré de ese pueblo añil donde los jóvenes dan lugar a la luz
lo que fecunda un campo de pianos mojados
en los paisajes de un instante o la lengua terrosa del costurero cuando hacía corbatas a los seres nómadas
la triste ventolera que hace caminar un tomate
¡cómo descienden los tomates en la cuesta!
las mariposas escondidas en un cardo hacen un brrrrrr que abren las ventanas del marino y del poeta
lo que mira un perro y el corazón del espigal en el azul del cielo y de la tierra y los bosques y la ciudad nacida como una llamada en lo amado
la alquimia de las ciruelas que tras veinte años ingiriendo cinabrio se vuelven adolescentes pelirrojos en el malecón de los charcos negros
como las cáscaras de flor en la buhardilla escuchada por el oscuro chorro caprino
o esas abejas lingüísticamente maternales que inexisten
rondando las máculas de tu cuerpo barca
no olvidemos el limpio brrrrrrr de las nubes traídas de estraperlo por la señora Venecia
la noche abierta por el pistilo de las hortensias seca las sábanas
el isleño con su reloj frente a la reforestación de la lírica nos habla del norte
como los niños que habitan la semántica del nogal
con los residuos imposibles peló esa mujer las patatas de un mar que yo aún pinto en ocres
mi hermana lago entra en la cocina ladrante o llovida en hojas de eucalipto
entonces su olor como una casa azul con tejado oscuro acude a lo hondo de tu lenguaje la ostra fluida en un río abandonado”

Mario Obrero
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RESCOLDOS

La vereda paseo de mi otoño dorado.
Llevo plata en las sienes, y la ropa bien puesta.
Voy de doncel; y brillo como estrella de fiesta,
firme, sereno; enjuto; el cuerpo bien plantado,
(por más que los cristales repitan mi corvado
perfil de descompuesta figura trasnochada).
Son escasas las flores que alegran mi velada.
(Algún dulce perdido que tomo con agrado.)

Pesan los escalones que bajo cada día.
Ignoro si me quedan menos o más peldaños.
Aspiro satisfecho el reto de los años.
Mi canastilla cargo de sueños, todavía.
Y, cuando tu figura pasa de romería,
y el vuelo de tu falda provoca mis afectos,
me siento desarmado frente a los insurrectos
tributos que proteges bajo tu lencería.
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CATARATAS 7
(El arroyo de La Vejiga)

Para medir las fuerzas fue un buen día.
Casi cuarenta íbamos. El tiempo
era primaveral. Un suave viento
mitigaba el calor. Se agradecía.

En dos nos dividimos. Tras el guía
atacamos el cauce descubriendo
un mundo insospechado, y el atuendo
nos empezó a sobrar. El sol crecía.

La empinada canal; el agua clara;
el rumor de sus saltos entre rocas;
cascadas, flores, escaladas… Lares

inesperados de una fauna rica
que hollábamos. Las cabras vigilaban…
y yo mirando con mis tres cristales.

Pb/2019
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CONSTANTINOPLA (Un romano...)

Un romano, entusiasta de los ladrillos y el mortero, está caminando por Cankurtaran. Y, si no es un romano, entonces le obsesiona vivir sobre los escombros de la civilización. “Nadie creería que hay ciudades debajo de esta ciudad”, nos dice mientras una derruida casa de madera resiste a los edificios de hormigón. Y, si no es un romano, es una ruina por doquier. Y si no es un romano, es una de las viviendas antiguas de Estambul que parecen mariposas atravesadas con un alfiler sobre el trasfondo urbano. Y si no es un romano, entonces es el resto de una historia. Pero no, no es un romano. El que está caminando nunca es lo antiquísimo que espera una demolición. El que está caminando nunca es un esqueleto pardusco que, con sus pasos, llena de hollín lo que fue construido antes de que él naciera. El que está caminando sabe que todos los imperios se están cayendo aquí. Todos y cada uno de ellos están a la altura de los omóplatos de este hombre no ocurrido. El que está caminando tiene un porvenir brillante y la muerte se le ha atrasado.

Poema de Karen Villeda (México, 1985)
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martes, 21 de mayo de 2019

CANTO TRISTE


por la senda abierta al andar...

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frío de nieve
palpitan las estrellas
cálido nido

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CANTO TRISTE

Flores con ansia mi corazón desea.
Que estén en mis manos.
Con cantos me aflijo,
sólo ensayo cantos en la tierra.
Yo, Cuacuauhtzin,
con ansia deseo las flores,
que estén en mis manos,
yo soy desdichado.

¿Adónde en verdad iremos
que nunca tengamos que morir?
Aunque fuera yo piedra preciosa,
aunque fuera oro,
seré yo fundido,
allá en el crisol seré perforado.
Sólo tengo mi vida,
yo, Cuacuauhtzin, soy desdichado.

Tu atabal de jades,
tu caracol rojo y azul así los haces ya resonar,
tú, Yoyontzin.
Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.
Por poco tiempo alegraos,
vengan a presentarse aquí
los que tienen triste el corazón.
Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.
Deja abrir la corola a tu corazón,
deja que ande por las alturas.
Tú me aborreces,
tú me destinas a la muerte.

Ya me voy a su casa,
pereceré.
Acaso por mí tú tengas que llorar,
por mí tengas que afligirte,
tú, amigo mío,
pero yo ya me voy,
yo ya me voy a su casa.
Sólo esto dice mi corazón,
no volveré una vez más,
jamás volveré a salir sobre la tierra,
yo ya me voy, ya me voy a su casa.

Sólo trabajo en vano,
gozad, gozad, amigos nuestros.
¿No hemos de tener alegría,
no hemos de conocer el placer, amigos nuestros?
Llevaré conmigo las bellas flores,
los bellos cantos.
Jamás lo hago en el tiempo del verdor,
sólo soy menesteroso aquí,
sólo yo, Cuacuauhtzin.
¿No habremos de gozar,
no habremos de conocer el placer, amigos nuestros?
Llevaré conmigo las bellas flores,
los bellos cantos.

de Cuacuauhtzin deTepechpan (México. Imperio azteca, caña 1410–1443)

(Historia del poema)

Cuacuahtzin de Tepechpan (caña 1410–1443) fue gobernador y poeta de Tepechpan, sucedió a su padre Tencoyotzin, señor de Tepechpan, que murió muy joven. De acuerdo con el historiador Fernando de Alva, Ixtlilxóchitl tomó parte en varios enfrentamientos como aliado de Tezcoco y México-Tenochtitlan. En una de estas campañas obtuvo gran cantidad de oro, mantos, plumas y esclavos como botín de guerra. Parte de este tesoro fue empleado para los gastos de palacio y para embellecer la corte de Tepechpan. Además de por su puesto como gobernador y sus actos de guerra, hoy en día se le conoce fundamentalmente por sus poemas, que compuso en náhuatl clásico.
Después de haber entregado una gran cantidad de regalos a un noble mexicano, llamado Temictzin, Cuacuauhtzin se casó con la hija de Temictzin, Azcalxóchitzin, en el año 12-pedernal (1440). Debido a que Azcalxóchitzin era demasiado joven, Cuacuauhtzin no consumó de inmediato su matrimonio. Tras su matrimonio, Nezahualcoyotl, tlahtoani de Tezcoco, se enamoró de Azcalxóchitzin y envió a Cuacuauhtzin a la guerra contra Tlaxcala.
Bajo el mando de Nezahualcoyotl, se ordenó a Cuacuauhtzin acudir al punto más peligroso de la lucha, de modo que resultara muerto y Nezahualcoyotl pudiera casarse libremente con Azcalxóchitzin. Cuacuauhtzin averiguó las intenciones de Nezahualcoyotl y antes de partir para la guerra compuso su Canción de tristeza o Canción triste. Este poema está dirigido a un grupo de amigos cercanos, y trata el tema de la traición de su señor y amigo, Nezahualcoyotl, que le enviaba a una muerte prácticamente segura: "¿Dónde habríamos de ir donde nunca muriéramos?", escribió a modo de apóstrofe referido a Nezahualcoyotl por medio de su epíteto Yoyontzin o "el jadeante". Murió en el año 3-caña (1443) en la batalla contra los tlaxcaltecas. Su biografía fue compilada por Ixtlilxóchitl. Sus composiciones aparecen en tres colecciones diferentes sobre obras precolombinas.
(blog "asamblea de palabras", de Francisco Cenamor)
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LOS LÍMITES DE LA AUSENCIA

Sabe que no vendrá.

Más allá del cristal, la tarde gris.
Velo rosa de tul lo disimula.
No quiere despertar. Sabe que no vendrá.
Los celos afilados se ocultan en la sombra.
El trepidar de las gotas de lluvia
golpea la ventana,
y evoca su figura…

El aroma sensual llenará todo.
Ofrecerá su cuerpo a su mirada.
Rodearán sus brazos el abismo,
y el fuego de sus ojos
intentará prenderse con su fuego.
Y sus labios querrán besar su boca,
escabullirse por encrucijadas,
despertar la tormenta, arrancar convulsiones
y cabalgar los prados del olvido.

Navegará los montes con sus manos.
Resembrará semillas con los besos
que tanto prodigaba,
pero sus dedos tocarán el aire
y su boca el vacío.

Sabe que no vendrá. Se desmorona
su corazón sobre la cama.

Desoye la prudencia. Tan sólo de una punta,
con un temblor retira la cortina
y por su borde escapa la mirada.
Está la calle oscura.
La ciudad, desierta.
Mil estrellas replican los cristales,
-rótulo, bar, farola-.
Mil estrellas de agua.

En la esquina, penumbra.
Espectros en el aire
y alguna sombra alienta su esperanza…

Pero, bajo el cobijo de la lluvia,
no viene nadie.

Sabe que no vendrá, porque la lluvia
ya no le afecta. Ya no importa nada…
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CATARATAS 6

El destino es seguir.

Las herramientas
sirven
para ganar el tiempo
en ese caminar hacia la meta
sabida, o vislumbrada;

porque a veces la ruta
nos la marca el azar,
y la opción es
seguir
moviendo los pies.

Hacia la línea del horizonte
brilla un destello.

Vamos tras él
sin darnos cuenta
de que la luz se aleja
cuanto más caminamos.

Solo nos queda fijar la mirada
en la letra pequeña.

Pb/Mayo 2019
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martes, 14 de mayo de 2019

ESTAMPAS DE GETAFE


Genio y figura
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lágrima viva
mi corazón solloza
por tu vacío

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NO OS CONFUNDÁIS

Y cuando ya no quede nada
tendré siempre el recuerdo
de lo que no se cumplió nunca.
Cuando me miren con áspera piedad
yo siempre tendré
lo que la vida no pudo ofrecerme.
Creedme:
todo lo que pensáis que fue destrozo y pérdida
no ha sido más que conjetura.

Y cuando ya no quede nada
siempre tendré lo que me fue negado.
No os confundáis: con lo que nunca tuve
puedo llenar el mundo palmo a palmo.
Tanto miedo tenéis que no habéis advertido
la riqueza que se oculta en la pérdida.

Desdichados,
poca ganancia es la vuestra
si nunca habéis perdido nada.
Yo sí he perdido:
yo tengo, como el náufrago,
toda la tierra esperándome.

Paca Aguirre
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LA FEA

El teatro deslumbra en una esquina.
Llueve, y una limosna lisonjea
una muchacha pobre, sucia, fea
al rebufo de gente y marquesina.

En la rama conviven flor y espina
y el altivo rehuye tal ralea:
sus ojos pone allá donde no vea
la congoja llorona y anodina.

Es tan aguda, consumada actora,
que repite su súplica cantora
con el tono y el gesto de un guión,

y la duda me asalta a la salida
al verla tan lozana y decidida:
¿Quién ha logrado la mejor función?

Medito la cuestión,
una vez más observo su contrato,
me voy ante la fea, y me retrato.
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CATARATAS 5

Un eco de murmullos en la ciudad silente.
Inicio de jornada con nubes que la empañan.
Gotas efervescentes de una llovizna extraña.
Tráfago de la calle; el paso de la gente.

Vital el movimiento monótono y urente.
Sumar cada segundo con aspereza y saña.
Un rezumar de surco de herida de guadaña…
Las prisas siempre fallan para lo lentamente.

Alerta de sucesos confunden los sentidos,
reflejo de los cuerpos en bultos definidos
que atrapan ilusiones en la dicotomía…

Reconocer lo inútil de avivar el proceso.
Desechar convicciones de marioneta o preso,
cuando cada mañana se aprecia mejoría.

Pb/2019
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NI DE MARTE NI DE VENUS: EL CEREBRO ES UNISEX
La ciencia refuta el machismo: no tiene base biológica.

¿Quiénes dirían que en general tienen más empatía, los hombres o las mujeres? ¿Quiénes creen que son más competitivos? ¿Quiénes suelen tener más facilidad para hacer varias cosas a la vez? ¿Quiénes tienen más propensión a la promiscuidad?
Y, ahora, la pregunta realmente importante: si han contestado “los hombres” o “las mujeres” a cualquiera de las preguntas anteriores, ¿dirían que las diferencias son innatas o que se deben a la educación que reciben niños y niñas desde la infancia?

Si creen que las diferencias son innatas, no son los únicos. Numerosos estudios han registrado diferencias anatómicas entre cerebros masculinos y femeninos. A partir de estas diferencias anatómicas se han intentado explicar las diferencias de aptitudes y comportamientos observadas entre hombres y mujeres.
Este tipo de estudios han proliferado desde los años 90 gracias a las imágenes de la resonancia magnética funcional, que permiten ver qué regiones del cerebro se activan cuando una persona realiza una tarea. Y han alimentado un sinfín de libros y artículos de divulgación que, como El cerebro femenino de Louann Brizendine, traducido a más de veinte idiomas, argumentan que los cerebros de hombres y mujeres son efectivamente diferentes, sobre todo por los efectos de la testosterona durante el desarrollo.
El problema es que los estudios sobre presuntas diferencias cerebrales entre hombres y mujeres se basan en muestras pequeñas, metodologías inconsistentes y análisis estadísticos deficientes, según revela Gina Rippon, neurocientífica de la Universidad Aston de Birminghan (Reino Unido), en su nuevo libro, The Gendered Brain.
Tomen el ejemplo de la investigación de la Universidad de California en Irvine que concluyó en 2005 que los hombres tienen más materia gris y las mujeres más materia blanca en el cerebro. Ostentosamente titulado La neuroanatomía de la inteligencia general: el sexo importa, los resultados de aquel estudio publicado en Neuroimage se han utilizado para explicar el talento masculino para las matemáticas y el talento femenino para la multitarea.
Sin embargo, Rippon recuerda que el estudio se basó en una muestra de sólo 21 hombres y 27 mujeres, que no comparó el volumen de los cerebros entre los dos grupos y que, si las conclusiones fueran ciertas, el cerebro femenino debería ser un 50% mayor de lo que es en realidad.
Otro ejemplo: una investigación de la Universidad Yale concluyó en 1995 que el cerebro femenino y el masculino procesan el lenguaje de manera diferente. Aunque se basaba en una muestra de sólo 19 hombres y 19 mujeres, la investigación se publicó en Nature y reforzó la idea preconcebida de que el género influye en las aptitudes lingüísticas. Trece años después, un metaanálisis que revisó todos los datos publicados sobre la cuestión demostró que la conclusión de los investigadores de Yale era incorrecta.
¿Y la promiscuidad?
La popular idea de que los hombres están programados para tener cuantas más parejas mejor, mientras que las mujeres buscan una pareja estable que se comprometa en el cuidado de los hijos, se deriva de un estudio del genetista británico Angus Bateman realizado con... ¡moscas! Los resultados de aquel estudio, publicado en 1948, se dieron por buenos durante 65 años y alimentaron una abundante literatura que perpetuó la idea de los hombres como copuladores oportunistas y de las mujeres como guardianas de las esencias del hogar.
La idea de que hombres y mujeres tienen aptitudes y actitudes diferentes porque sus cerebros son distintos es errónea y contraproducente”
Pero, cuando se intentaron repetir los experimentos de Bateman en 2012 y 2013, los resultados obtenidos fueron diferentes. Y, cuando se revisaron sus resultados originales, se descubrió que sólo había presentado los datos favorables a sus conclusiones y había desechado los contrarios. Un reanálisis del conjunto de sus datos reveló que, si hubiera hecho bien su investigación, no hubiera encontrado una dicotomía entre machos promiscuos y hembras fieles.
Esta dicotomía no se da ni en moscas ni en personas, donde los estudios sobre conductas sexuales revelan que tanto hombres como mujeres pueden sentirse a gusto en relaciones monógamas y que pueden tener por igual relaciones esporádicas. Pero la tesis de Bateman, que parecía legitimar la infidelidad masculina y deslegitimar la femenina, ya había cuajado, ataviada con un aura de respetabilidad científica.
Errónea porque “las diferencias anatómicas entre cerebros masculinos y femeninos son mínimas y, además, no son de categoría sino de grado”, señala Dierssen. En esta misma línea, Lise Eliot, neurocientífica de la Universidad Rosalind Franklin de North Chicago (EE.UU.), ha argumentado en la revista Nature que “no hay más diferencias de género en el cerebro que en los riñones, el hígado o el corazón”.
Patrones de comportamiento
Los estereotipos inculcados desde la infancia explican las diferencias de comportamiento más comunes entre hombres y mujeres
Y la idea es contraproducente porque, “si los sexos son esencialmente diferentes, entonces la igualdad de oportunidades nunca conducirá a la igualdad de resultados”, argumenta Cordelia Fine, de la Universidad de Melbourne (Australia), en su reciente libro Testoterona Rex.
Todo lo contrario: las presuntas diferencias anatómicas entre hombres y mujeres emergen como argumento perfecto para legitimar la desigualdad. Con el agravante de que pocos ciudadanos tienen la formación necesaria para cuestionar mensajes ideológicos que se les presentan como verdades científicas. Ya saben, “no es machismo, es el hipotálamo”. De ahí que Cordelia Fine acuñara el término neurosexismo para desenmascarar ideas sexistas basadas en datos erróneos sobre presuntas diferencias cerebrales entre hombres y mujeres.
Nada menos que la patronal CEOE ha caído en la trampa del neurosexismo al argumentar, en su reciente informe Análisis de la brecha salarial de género en España, que una de las causas de las diferencias de sueldos es que las mujeres son menos competitivas, asumen menos riesgos y negocian peor. “Este tipo de afirmaciones son indignantes. No tienen ninguna base científica y perpetúan un modelo de desigualdad”, denuncia Dierssen.
Los investigadores e investigadoras que combaten el neurosexismo no niegan que haya diferencias entre hombres y mujeres. “Por supuesto que las hay”, declara Gina Rippon, la autora de The Gendered Brain, en una reciente entrevista en The Guardian. “Anatómicamente hombres y mujeres son diferentes. El cerebro es un órgano biológico. El sexo es un factor biológico. Pero no es el único factor. Interactúa con muchas variables”.
Ahora bien, si el sexo no es determinante, ¿cómo explicar entonces las muchas diferencias de comportamiento que se observan entre la población masculina y la femenina? ¿Cómo explicar, por ejemplo, que a las niñas les guste jugar a muñecas o a maquillarse desde pequeñas y que a los niños les gusten los videojuegos de acción, y si puede ser matando enemigos mejor? ¿O que la mayoría del alumnado de enfermería sean mujeres y la mayoría del de ingenierías sean hombres? ¿O cómo explicar, señores de la CEOE, que haya tan pocas mujeres en puestos de alta dirección?
Por la plasticidad cerebral, contesta Rippon. Porque el cerebro es extremadamente maleable, se desarrolla de acuerdo con las experiencias que tiene una persona a lo largo de la vida, especialmente en la infancia, interioriza los estereotipos y actúa en consecuencia.
Estereotipos como la idea extendida –que ahora se sabe que es errónea- de que los chicos están más dotados para las matemáticas y las ingenierías. O de que los genios son hombres –prueben a encontrar una mujer que sea reconocida como una genio; más probablemente será considerada una gran trabajadora con talento-. O que la expresión “un hombre ambicioso” tiene una connotación más positiva que “una mujer ambiciosa”.
“Los estereotipos se crean desde la infancia y alimentan las ideas de lo que es aceptable y qué no lo es”, señala Mara Dierssen. “A los seis años, las niñas y niños ya tienen estereotipos consolidados”. Para romper estos estereotipos, que influirán más tarde en la imagen que las personas tienen de sí mismas, en las decisiones que tomarán y en algunos casos en su bienestar psicológico, “tenemos que acabar con los prejuicios sexistas basados en ideas presuntamente científicas que no tienen fundamento”.

JOSEP CORBELLA
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ESTAMPAS DE GETAFE

Acabo de cruzarme con el bronce de un cartero antiguo, y es antiguo el mundo que me recuerda esa puerta, en la calle Toledo, que empujo casi sin darme cuenta. El interior me trae a la memoria el sabor de las películas de vaqueros en el oeste de la infancia, de pioneros…; y me sumerjo en ese espacio abarrotado de artículos en venta; avanzo por un pasillo amenazante, acotado por variopintos, insospechados y multitudinarios utensilios domésticos en insidioso acoso al cliente, como piezas de tela que en el arca se venden… Quien entra en esta cacharrería busca lo que no encontró en otras tiendas…
Embozado al fondo hay un mostrador de nobleza histórica reconocida, y un rancio aroma de honrado y dedicado comerciante; y me pongo a la cola. Un dependiente escucha. Se pierde en la trastienda. Regresa con el artículo solicitado.
En un rincón, a la derecha, sentados a una mesa camilla, un hombre de mediana edad responde respetuoso a un viejo, cotejando asientos de un libro contable…
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martes, 7 de mayo de 2019

¿será que ya llegó la primavera?


ausencias

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páramo triste
tu vuelo de paloma
lo difumina

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ITHACA

Corrige la mirada en el sextante de los ojos,
pon rumbo a alguna parte como un náufrago,
desata las medidas estelares
y deja que las horas te constelen,

bebe un sorbo pequeño de té verde,
maréate al vaivén del oleaje,
vomita lo que sea por la borda,
arrópate despacio con la manta,
mira el retrato azul del camarote
y busca en la bitácora
el cuaderno de las islas perdidas...

sopesa las constantes que precisas,
la meteorología que te aguarda,
el viento que sin duda soplará,
los nudos necesarios para el tránsito...
busca bahías cercanas
por si los temporales azotasen,

mide todo en los mapas que no tienes...
y no dudes si sientes el ardor de levar ancla...

y sé consciente
de que a Ithaca se llega siempre

un día más tarde de mañana.

© Luis Felipe Comendador
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PAQUETE

La muchacha se funde con el hombre
como la mantequilla en la tostada,
cuando se pone atrás.
Y se inflama la noche
con fragores de máquina llenando oscuridad.

Un casco la protege de la brisa sonora
que se rompe en el cuerpo del doncel.
Su joven corazón cabalga aprisa.
Anhela la emoción.
El asfalto repica contra él.

Tenaza en la cintura. Entre pecho y espalda
penetrar no podría un alfiler.
Bicéfalo centauro en horcajadas,
tiempo y espacio detenidos,
en equilibrio piel con piel.

Atento a la jugada de la cinta
que la rueda consume, el hombre va.
Y en un momento piensa en la muchacha.
Teme por ella. Teme despertar…

Despertar en la hierba, cubiertos del rocío
de la noche, dormidos luego del amar.
O descubrirse fríos, con heridas,
sin carretera para regresar…
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CATARATAS 4

en un albo gamón con tiento posa
sus párpados alados como velas,
gafas tatuadas, faros, centinelas,
la maravilla de una mariposa;

agua desciende al valle, bulliciosa,
llenando la garganta del Iruelas
de una nube de gotas: mil estelas
que irisan la alborada prodigiosa;

el valeroso y tímido alubión
que salta sin cesar de roca en roca
una llamada de pasión espera,

y es fiel a la señal que le convoca
la mariposa puesta en el gamón:
¿será que ya llegó la primavera?

pb/2019
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EL SEXO MASCULINO NO ESTÁ BIEN DISEÑADO

Pude conocerle en el atardecer de un banco orientado al poniente, o, quizá, en la cola del autobús que me llevaba a ninguna parte. Dijo que se llamaba Randolph M. Nesse, y que había nacido en Toledo (Ohio), en 1948. y que participó en el simposio sobre trastornos afectivos organizado por Esteve... Sostenía el doctor Nesse que nuestro cuerpo no está hecho para el siglo XXI. La evolución anda más lenta que la revolución tecnológica, murmuró. Y eso se paga con enfermedades como el cáncer, la arteriosclerosis o la obesidad. El precursor de la medicina darwinista, profesor de psiquiatría de la Universidad de Michigan, adelanta que el sexo masculino lo tiene peor. -Darwin dijo que sobreviven los fuertes. Y la cosa no va así... le dije. -Hay razones para que no sea así. En primer lugar, el entorno cambia más deprisa de lo que podemos evolucionar. Y las bacterias, también. Pero es que, además, todo en el cuerpo es una compensación. -No sé si le sigo. -Cuando mejoramos algo, otra cosa empeora. Por otra parte, el cuerpo no se ha preparado para la salud, sino para la reproducción máxima. -¿De veras? -Sí. Y hay muchas cosas que parecen enfermedades pero que no lo son, como la tos, la fiebre, el vómito, la diarrea. Son mecanismos de protección contra la enfermedad. -O sea, en caso de gripe, ¿ni una aspirina? -No tiene por qué ser bueno bloquear un mecanismo de defensa. Se ha demostrado que, en el caso de la varicela, si tomas medicación estás enfermo un día más. -¿Hay forma de esquivar tanto peligro? -La mayoría de enfermedades crónicas están provocadas por un entorno moderno para el que no estamos preparados. Nuestros cuerpos están diseñados para gente que caminaba 30 kilómetros diarios en busca de agua y alimento. Entonces, nadie tenía sobrepeso ni arterioesclerosis... -¿Volvemos a la caverna? -(soltó una risita.) ¡No hace falta! Basta con hacer ejercicio a diario, exigir ventanas en los puestos de trabajo, consumir mucha verdura, eliminar las máquinas de refrescos de los colegios... -Eso no evita los grandes males. -La medicina darwiniana considera que hay buenas razones evolutivas que explican las imperfecciones del cuerpo. Quizá el Alzheimer ha surgido porque los genes que lo causan nos protegen de otras dolencias en la juventud. Y en algunos tipos de cáncer... Si nos hacemos un corte, la piel vuelve a crecer, ¿verdad? Pero eso también significa que puede crecer demasiado. Resistir más y mejor tiene un precio. -El cáncer siempre existió, ¿no? -Sí. Pero la incidencia ha aumentado porque vivimos más tiempo. -Vivir más no es más saludable... -¿Sabe cuánto viviríamos si eliminásemos las infecciones, las cardiopatías, el cáncer...? -¿Unos 150 años? -¡Unos 84! La duración de la vida no ha cambiado durante miles de años. Lo que ha cambiado es la mortalidad precoz. -Dice usted que las mujeres somos más... ¿perfectas? -Hay un sexo débil, que no está bien diseñado y es más vulnerable a la enfermedad: el sexo masculino. Mueren tres hombres por cada mujer. -¿Y eso? -De las 14 causas más importantes de mortalidad, 13 son superiores para los hombres. En gran parte debido al consumo de drogas, a accidentes, asesinatos y suicidios. Pero también mueren más por enfermedades de riñón, hepatopatías, neumonías... La testosterona hace el cuerpo más vulnerable a la enfermedad. -¿Descartamos la inmortalidad? -Sí. Y es decepcionante. Mire, cuando tenía 20 años empecé a preguntarme por qué la selección natural no había eliminado el envejecimiento. Diez años después, leí un artículo de George Williams. Decía que si un gen hace que tus huesos se suelden mejor de niño, es posible que aporte un exceso de calcio en las arterias y el corazón de mayor. ¿Comprende? -¿Es como desvestir a un santo para vestir a otro? -(otra risa) Los beneficios durante la infancia son mayores que el precio a pagar a los 120 años. Ésta es la teoría pleiotrópica del envejecimiento. -El estrés no mata, pero arruga. -La gente que nace sin la capacidad de experimentar el dolor muere antes. Algunos, a los 30 años. La ansiedad y el estrés, como el vómito o la fiebre, son útiles. Ahora bien, un ataque de pánico es bueno ante un tigre hambriento, no en un colmado... -Oiga, ¿qué enfermedades veremos en este siglo? -Las provocadas por los avances en los viajes y por el bioterrorismo. Las infecciones, siento decirlo, seguirán siendo la gran amenaza. -Acabe con una buena noticia, se lo ruego. -Algún laboratorio inventará un fármaco para comer menos. Eso podría resolver la diabetes y el sobrepeso. Pero creará un nuevo mal...
Vino el autobús, o se fue el sol, y yo desperté de esos instantes en los que nunca sabré si estuve…

Núria Navarro
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martes, 30 de abril de 2019

LA CASA BRUJA


lagos de la Alhóndiga
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en el rocío
la luz difuminada
de olvido llora

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EL DESAYUNO

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

Luis Alberto de Cuenca
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LA CASA BRUJA

“La luna es un pozo chico
las flores no valen nada…”
(Federico García Lorca)

Un mechón de cabellos de avena y hierba seca
enjaeza el alero de una casa romántica
poblada de vacío, de recelo
vestido con ropajes de gitana
que a su reja se asoma con la luna
embozada en su bata.

Amores encendidos
invento cuando cruzo ante la casa
debajo de sus mechas de colores
—que rebosa de tejas huidizas, quebradas—
y en la reja un atisbo
de luz y de candela y de nostalgia.

Una noche de luna
lloraron sus paredes encaladas
cuando se vino abajo en un escombro
el cielo raso de una de las salas.
Y en la reja se oyeron
lamentos de cristales y fantasmas.

Cedieron travesaños. Un patio de jazmines
de polvo se llenó en la madrugada
abriendo a las estrellas
el abandono triste de la casa,
oculto al vecindario por el muro
esbelto y sólido de su fachada.

Mas, cada luna nueva,
antes de que se rompa la alborada,
al lado de la reja
—abierta y rota y sucia su ventana—
una sombra requiebra
a una sombra vestida de muchacha.
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CATARATAS 3

Con la luz del alba despiertan los pétalos.
Tréboles enseñan sus verdes urgentes,
y la rosa roja sus púas hirientes…
En la acera enseres, lágrimas y duelo.

En esta mañana de límpido cielo,
bajo la delicia de nubes ausentes,
hoy, a mi vecino, como a tantas gentes,
van a desahuciarlo. ¡Rabia! ¡Desconsuelo…!

Tímidos obreros pasan a su tajo,
temerosos, tristes; miran hacia abajo
como en esos cuentos de escenas distópicas…

Algunos, al frente, no ven su futuro:
solo ante sus ojos vislumbran un muro
donde sus historias son miodesópticas.

Pb/2019
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LA MANZANA

Desearía no haber tenido relación con este sórdido asunto, pero cuando se es un gusano no siempre se tiene elección.
En aquella ocasión, como en otras muchas, fue el hambre y un cúmulo de desastrosas casualidades las que produjeron la catástrofe. Las manzanas, siempre las manzanas. Como a Blancanieves, a Eva y a los protagonistas de otros cuentos infantiles, a mí también me arruinó la vida una apetitosa manzana. El único consuelo fue que Guillermo compró a los testigos y cambió manzana por cabeza en el relato de los hechos para convertirse en héroe. Mientras tanto nadie reparó en mí, salvo Guillermo, claro, aunque imagino que con el tiempo olvidó mi fatídica intervención. Ahora que se acerca mi último vuelo de mariposa, necesito contar el final real de la historia para acallar mi conciencia. Guillermo no acertó en la manzana, mató a su hijo y no fue por mala puntería. Rompí su concentración al asomar la cabeza fuera de la manzana para ver qué provocaba aquel súbito silencio.

Miguel Torija Martí
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martes, 23 de abril de 2019

gesto del agua


Lagos de La Alhóndiga, Getafe
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libro sincero
apremio de respuesta
gesto del agua

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GESTOS


Una mirada, un gesto,
cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano,
tan sin entendimiento y sin gobierno,
pero con errabunda resonancia,
y sondea, buscando
calor y compañía en este espacio
en donde tantas otras
han vibrado, ¿qué quiere
decir? Cuántos y cuántos gestos como
un sueño mañanero,
pasaron. Como esa
casera mueca de las figurillas
de la baraja: aunque
dejando herida o beso, sólo azar entrañable.

Más luminoso aún que la palabra,
nuestro ademán, como ella
roído por el tiempo, viejo como la orilla
del río, ¿qué
significa?
¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto
de la entrega o del robo,
el que cierra una puerta o el que la abre,
el que da luz o apaga?
¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra
que cuando siega,
el de amor que el de asesinato?
Nosotros, tan gesteros pero tan poco alegres,
raza que sólo supo
tejer banderas, raza de desfiles,
de fantasías y de dinastías,
hagamos otras señas.
No he de leer en cada palma, en cada
movimiento, como antes. No puedo ahora frenar
la rotación inmensa del abrazo
para medir su órbita
y recorrer su emocionada curva.

No, no son tiempos
de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.
Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar. Tan silencioso
como el vuelo del búho, un gesto claro,
de sencillo bautizo,
dirá, en un aire nuevo,
su nueva significación, su nuevo
uso. Yo solo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala,
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,
tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.

Claudio Rodríguez
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ME DICES…

Me dices, si te digo que si quieres,
con toda tu pasión y sentimiento,
que toda mi razón y pensamiento
los tengo puestos, siempre, en los quereres.

Si no te digo nada, cuando quieres,
me dices, con dolor y sentimiento,
que no tengo razón ni pensamiento
para satisfacer esos deberes.

Quisiera comprender lo que me dices.
Saber con la mirada tus caprichos.
Adivinar tu sed, tus sinsabores.

Así podré curar tus cicatrices;
borrar esas palabras que no has dicho,
y, luego, desnudarte de temores.
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CATARATAS 2
(El día después)

Un cielo gris oscuro, de tormenta
en un halo de truenos y de calma.
Constelación que más allá del alma
se rompe, se desarma, se fragmenta,

y luego, renaciéndose, argumenta
otra constelación que se derrama
en pulsación y forma de una rama,
en el silencio gris de la tormenta.

Insisto en mantener el ojo bueno
cerrado mientras miro fijamente
el espectáculo del operado,

que, hipnótico, contempla un mundo ajeno
desde el dolor, en un viaje ausente
a un gran descubrimiento inesperado.

Pb
abril/2019
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LA PALABRA

Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
aéreas,
aireadas,
ariadnas.
Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.

Ida Vitale
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martes, 16 de abril de 2019

ÍTACA


a un paso del tiempo
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seguidilla

Ay, Candela, Candela,
no me azabaches,
que me veo en tus manos
libre de anclajes,

y en tus esquinas
por hacerte una copla
soy seguidilla.

jesús urceloy
4 de enero 2017

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ÍTACA

¿Y quién alguna vez no estuvo en Ítaca?
¿Quién no conoce su áspero panorama,
el anillo de mar que la comprime,
la austera intimidad que nos impone,
el silencio de suma que nos traza?
Ítaca nos resume como un libro,
nos acompaña hacia nosotros mismos,
nos descubre el sonido de la espera.
Porque la espera suena:
mantiene el eco de voces que se han ido.
Ítaca nos denuncia el latido de la vida,
nos hace cómplices de la distancia,
ciegos vigías de una senda
que se va haciendo sin nosotros,
que no podremos olvidar porque
no existe olvido para la ignorancia.
Es doloroso despertar un día
y contemplar el mar que nos abraza,
que nos unge de sal y nos bautiza como nuevos hijos.
Recordamos los días del vino compartido,
las palabras, no el eco;
las manos, no el diluido gesto.
Veo el mar que me cerca,
el vago azul por el que te has perdido,
compruebo el horizonte con avidez extenuada,
dejo a los ojos un momento
cumplir su hermoso oficio;
luego, vuelvo la espalda
y encamino mis pasos hacia Ítaca.

Francisca Aguirre
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CATARATAS
(a Virginia Hernández Ortega,
Oftalmóloga en el Hospital de Getafe)

La conocí una tarde de niebla y de trinchera
en un coro de reos, pacientes, asustados,
-tendidos en tumbonas con brazos a los lados-
amables celadoras, y alguna ninfa huera.
Sonrisas afloraban en la nerviosa espera.
El turno me llegó, y recorrí en carrito
la ruta del suplicio, oscuro e infinito.
en donde se afanaban sus manos de lumbrera.
Un forcejeo sordo aprisionó mi brío
bajo un potente foco que me atrapó en el frío,
atado a una camilla de cielo sin azul.
Salí de allí molido, agotado, maltrecho;
con la esperanza intacta, temores en el pecho,
y mi agradecimiento al ángel de la luz.

2019
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LO DIJO POR LA RADIO LA MAÑANA

En el amanecer de tu ventana
pinta rosas de sol la primavera.
El hálito vital del horizonte
recorta con trazado sinuoso
azul de cielo. Las estrellas funden,
en pálidos retoques del albor,
vagas cornisas, turbias chimeneas,
antenas y fachadas.
Un anuncio tirano lo revela:
la radio lo repite
y, en tu mejilla, tonos encendidos
de frío y de semáforo lo avalan.
Autobuses urbanos pone luces
a sombras derrotadas, y el tren de cercanías
en la estación en gente se desangra.
Gente que te contempla con despego.
Como si no supiera nada.

Pero la vida grita lo evidente
y desborda la calma; y todo se conjura
—miradas, risas, inocentes gestos—
enfatizando lo que no adivinan.
Tú los miras, y callas.
Te llevan en el río apresurado
por sendas, galerías, antesalas,
escaleras que bajan y que suben
en fuga de riada, avenidas y calles
que se cruzan, y chocan, y dispersan
en el amanecer de la jornada.
Te llevan y protegen.
Como si no supieran nada.

Pero grita la vida; y la radio lo dice,
y la gente lo habla
con palabras nerviosas y tranquilas
lanzadas desde todos los rincones
de la ciudad, que ya está despertada.

Tu despertar…

Con gesto decidido y luz en tu mirada,
embelesada buscas perfiles al espejo.
Te dominan temores, y preguntas
porqué grita la vida
si quieres ocultarlo a las miradas.
Para entonces el sol, enardecido
con reflejos dorados,
compite con las luces de la calle
que vibran al compás de los latidos
—sutiles y profundos—
en un nido de nubes y de gasa.

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ENTERRAR A SUS MUERTOS

“Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. (…) Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aun lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto. Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular”.

Juan Gelman
en su discurso del Premio Cervantes, 2017
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martes, 9 de abril de 2019

OZYMANDIAS


Montañas lejanas
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La Historia la hacen los audaces, la interpretan los vencedores, la sufren los vencidos y viven de ella un montón de culos planos y calientes.

De “no pasa nada si a mí no me pasa nada”
Luis Felipe Comendador

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(…)
CALICLES. –Ciertamente.
SÓCRATES. –Continuemos; si se quita de toda clase de poesía la melodía, el ritmo y la medida, ¿no quedan solamente palabras?
CALICLES. –Forzosamente.
SÓCRATES. –¿Y no se pronuncian estas palabras ante una gran multitud, ante el pueblo?
CALICLES. –Sí.
SÓCRATES. –Luego la actividad poética es, en cierto modo, una forma de oratoria popular.
CALICLES. –Así parece.
SÓCRATES. –Por consiguiente, será oratoria popular de tipo retórico, ¿o no crees qué se comportan como oradores los poetas en el teatro?
CALICLES. –Sí, lo creo.
SÓCRATES. –Pues ahora hemos encontrado una forma de retórica que se dirige a una multitud compuesta de niños, de mujeres, de hombres libres y de esclavos, retórica que no nos agrada mucho porque decimos que es adulación.
(…)
De Gorgias
“Diálogos de Platón”
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OZYMANDIAS

I met a traveller from an antique land
Who said: Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert. Near them, on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown,

And wrinkled lip, and sneer of cold command,
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them and the heart that fed.

And on the pedestal these words appear:
“My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye Mighty, and despair!”

Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare
The lone and level sands stretch far away
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(Poesía -en verso- es un lenguaje especial, que consta de forma y fondo. En la traducción se pierde la forma, y puede difuminarse el fondo. Si le quitamos la forma, solo quedan palabras.)
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“MI NOMBRE ES OZYMANDIAS, REY DE REYES”

yo conocí a un viajero de una tierra remota
que halló dos pétreas piernas en medio del desierto,
enormes, sin su tronco; y entre la arena, rota,
al lado, su cabeza mostrando un rostro yerto.

su artífice talló su ceño, y en su boca
facciones de desdén, de furia y de desprecio,
las cuales sobreviven grabadas en la roca
con la fidelidad del molde y del maestro.

un pedestal halló, y en él ésta leyenda:
“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: temblad
ante mi poderío.” Pero dispersas quedan

las ruinas colosales de un pasado fugaz,
desnudas, infinitas bajo la ardiente arena,
que al transcurrir del tiempo desaparecerán.

Soneto del Poeta Inglés Percy Bysshe Shelley (1792-1822)
Versión/traducción libre de Lanreb
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ESENCIA DE MUCHACHA

Por la esquina del tajo en una casa
—martillazos y sierras y pilares—
revolotea
—hojas secas de aquel castaño viejo,
papeles de desidia
y mil pulverulencias cenagosas—
una falda ceñida a una muchacha.

Apacigua su vuelo con su mano.
Camina presurosa,
el recelo prendido de su cara.
Su cabello retoza con el viento,
y por momentos,
con la otra, rebelde, los separa.

Un albañil encofra en las alturas
—sube un serón repleto de argamasa—
y la distancia mide,
y le alegra la risa de sus manos
despabilándose las telarañas…

Pasa la moza frente a los montones
de ladrillos y sacos y esperanzas,
y su aroma se mete,
entrelazado en ráfagas traviesas,
por los huecos desnudos de la casa.

En los cimientos se aposenta
su esencia de muchacha,
y asciende por la soga
en el mismo serón de la argamasa;
y en el peón despierta,
y al maestro contagia,
entusiasmos, anhelos, soledades
que dan lugar a cientos de piropos
y silbidos soeces de alabanza.

Luce grana la piel de su mejilla
—el hoyuelo de fruta se afianza—
encendida de versos encofrados
y música estridente
caídos de lo alto en desbandada.

Le vence la premura
y en la acera se pierde caminando
por la blusa y la falda modelada
en ondas de bandera
mientras el viento
desdibuja la huella de su paso
trazado en el polvillo
de mil restos de yeso y de argamasa.

Envuelta en los requiebros
de la casa metida en bastidores
—inhóspita, mas viva en ese instante
por la esencia sutil de la muchacha
y el requiebro de los encofradores—
su silueta se pierde en otra esquina
ocultándola al tajo de la casa.
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A UN NIÑO DE DIEZ AÑOS ASUSTADO
(20 de marzo de 2019)

No sé si tenía diez u once años; pero no más. No sé si pasaron un par de días o una semana entre una cosa y la otra; pero no más. Descubrir la masturbación y mi atracción por los hombres fue como el curso de un río, que va de un punto a otro de manera natural y sosegada. Y sin marcha atrás.
Por supuesto que entonces no pensaba en cómo sería mi vida en el futuro a partir de aquello. No fue traumático, ni me generó zozobra. Pasó y punto. Y me ayudó a entender algunas reacciones físicas que llevaba teniendo desde hacía un tiempo.
Recuerdo ver una película en que en un college inglés castigaban a dos niños y les azotaban en las nalgas desnudas delante de todos sus compañeros. Ver esas nalgas me produjo una reacción de miedo y satisfacción a la vez; recuerdo los cabellos erizados, el estómago encogido y mi excitación. Y una cierta vergüenza que entonces no entendía.
Descubrí el placer que uno puede darse a sí mismo con una maniobra tan sencilla. Y que en ese proceso lo que me venía a la cabeza eran imágenes de chicos. No sabía qué nombre tenía aquello. Pero intuí que era mejor mantenerlo para mí mismo. Y más o menos así viví los siguientes ocho o nueve años de mi vida: el final de mi infancia, mi adolescencia y mi primera juventud. Pienso en las cosas que a la gente nos pasan en esos años. Y todas las vives solo; o incluso no las vives.
Mi relación con la sexualidad fue durante mucho tiempo poco más que una relación íntima con mi placer. Con las imágenes mentales de compañeros, de actores, de fotos de futbolistas recortadas de los periódicos. No puedo decir que ni en la España o la Alcalá de aquella época hubiera un lenguaje perverso hacia lo que yo era. Por supuesto que escuchabas expresiones. Pero sobre todo lo que había era un gran vacío. No tenía muy claro en mi soledad si habría muchos o pocos como yo. ¿Los había que lo vivían con normalidad? ¿Era eso posible? Porque a mí en ese momento no me lo parecía. Sí, probablemente yo no fuera el único. Pero, ¿gente normal, de barrios normales, de colegios normales? ¿Los habría en mi clase? ¿Tendrían mis padres amigos con hijos como yo? Esto último era algo que me preocupaba mucho; quizás porque pensaba que eso reduciría su sensación de derrota, de fracaso, si algún día se llegaban a enterar.
En aquellos finales de los 80 y principios de los 90 las referencias en cine, tele, periódicos, radio, eran esporádicas y no siempre muy constructivas; no digo que fueran malas, pero nunca tenía la sensación de que a mí me sirvieran de mucho. Recuerdo cuando era niño que El País regalaba por entregas El libro de la sexualidad de la doctora Ochoa. En la página final de cada entrega venía una especie de trivial sobre sexualidad; cada domingo, disimuladamente, buscaba con ansiedad que pusiera algo sobre gente como yo. Era de las pocas cosas de calidad que estaban al alcance de uno en esa época. E incluso aquello te ponía tan nervioso que, cuando llegó el capítulo sobre diversidad sexual, no fui capaz de leerlo por miedo.
Si el tema aparecía en una película o serie recuerdo la emoción, y el pavor que me producía. Te debatías entre las ganas inmensas de verlo y disfrutar, o huir. Estómago encogido, piel de gallina, miedo sin saber muy bien porqué. Y vergüenza; mirabas a la tele sin desviar la vista, para que no se cruzara con la de nadie de los que te rodeaban, porque pensabas que si alguien te miraba en ese momento a los ojos sería capaz de leer tu mente y adivinarlo.
Digo adivinarlo porque afortunadamente (y aunque ahora esto me avergüence, entonces me parecía una suerte) crecí como un chico recio y de voz sólida. Nada de pluma. Es verdad que odiaba el fútbol y los videojuegos; pero tampoco me dedicaba a jugar con muñecas.
Eran las cosas de equipo las que no me gustaban, y prefería la soledad. No es que viviera aislado y no tuviera amigos, pero pronto empecé a construir una peculiar relación con el mundo exterior. Sería fácil para mi atribuir todo esto a lo que la sociedad me hacía. Pero algunas de mis particularidades las atribuyo a mi personalidad; y no culpo a nadie por ello.
La etapa final de la infancia fue fácil, porque me di cuenta de que yo tenía una sexualidad precoz pero muchos de mis compañeros ni siquiera habían desarrollado la suya. La primera adolescencia tampoco resultó especialmente complicada. Tus amigos, compañeros y compañeras empezaban a vivir y expresar su sexualidad, pero ahora era a ti al que le convenía hacerse el tonto, como si no estuvieras todavía en eso.
Pero el tiempo pasa, y la sexualidad ya no es algo que puedas vivir exclusivamente en el placer contigo mismo. Empieza a ser algo social. Y empieza a ser un nudo en el estómago cada vez con más frecuencia. Ahora sí, empiezas a pensar en eso que con diez u once años ni te planteaste: ¿qué vas a hacer con todo este mogollón?
A mí, vivir como algo natural ante los demás que me gustaban los chicos me parecía fuera de mi alcance. Quizás otros pudieran hacerlo, pero yo, en una ciudad del cinturón industrial de Madrid, no. Así que empecé a pensar en que una cosa iba a ser cómo lo viviría hacia dentro y otra cómo viviría en sociedad.
Con 14 años me parecía lo más normal pensar que algún día, por un proceso que yo desconocía –pero que por lo que veía en los demás se acababa produciendo con la misma naturalidad con que actúa la fuerza de la gravedad–, yo estaría con una chica. Y sería como el resto de mis amigos. Sólo tendría que tener un poco de paciencia y disimular hasta que llegara ese día.
Eso suponía utilizar a otra persona para construir tu imagen ante los demás; pero entonces yo no me paraba a pensarlo. La verdad es que soy condescendiente conmigo mismo porque creo que con lo que suponía para un chavalillo que todo esto recayera sobre sus hombros –todos esos miedos, todas esas dudas, toda esa ansiedad, toda esa responsabilidad– es normal un egoísmo autoprotector.
Supongo que para quienes nunca han pasado por algo así, es difícil entender la cantidad de planos en que tu cabeza tiene que trabajar: no sólo tienes las grandes cuestiones sobre tu vida y tu futuro; tienes que estar alerta a cada minuto. Que no te traicione una mirada inapropiada demasiado larga a un compañero. Que no te traicione decir una frase demasiado ambigua o sincera. Que no te traicione esa foto que has recortado de una revista o un periódico y que guardas en tu cajón. Sólo esto último merece todo un libro: las cosas que haces para esconder ese articulito que has leído en el periódico y que para ti es un tesoro de emociones y de información sobre lo que eres. Y esconder esa foto del futbolista, ese anuncio que has recortado de la revista del domingo porque aparece un modelo atractivo.
Una tarde, un amigo vino a casa a hacer un trabajo del colegio. Se puso a curiosear entre mis cosas y abrió una cajita en la que tenía guardados mil abalorios. Entre ellos había una foto pequeñita de Rick Astley que había recortado de una revista, con su cara de adolescente rebelde. No sé por qué le llamó la atención justo la foto –con el tiempo he entendido que probablemente le llamó la atención por el mismo motivo que a mí–. Cuando la cogió me entró terror. No era un nudo en la garganta ¡era una emergencia total, al nivel del escape nuclear en Chernóbil! ¡Mi amigo con la foto de Rick Astley en sus manos y preguntándome por qué tenía aquello guardado!
Ahora me río; y a quien lea esto le parecerá una trivialidad. Pero qué injusto que toda la protección de un adolescente aterrorizado dependa de su capacidad para gestionar su vida de esa manera. En la absoluta soledad, sin nadie que le dé apoyo, cariño, consuelo o guía. Viendo mi vida ahora me parece increíble que pasara por todo eso y triunfara; es como si en realidad estuviera recordando la vida de otra persona mucho más fuerte y valiente que yo. Y joder, sólo me consuela –quizás equivocadamente– pensar que ningún chico o chica en este país tenga que vivirlo así hoy en día.
Mientras escribo todo esto suena en mi cabeza una banda sonora de otra época. Me siento como en esas películas y series que recrean los 80, una mezcla entre Los Goonies y Spielberg. Internet no existía y acceder a todo el universo de información que eso supone –y además en la intimidad de la habitación de un adolescente– era impensable.
Los políticos (en masculino además) no te dedicaban palabras salvajes en aquella España que ya tenía color; pero tampoco esperabas de tu presidente del Gobierno que dijera que se sentía orgulloso de ti. El Orgullo Gay era una fotonoticia en el periódico del día siguiente, en que te enseñaban a un pequeño grupo de activistas estrambóticos manifestándose y hablando del SIDA. ¡El SIDA! Por si no tuvieras suficiente con tenerte miedo a ti mismo, tenías que tener miedo a una enfermedad que entonces parecía terrible –en realidad es que no era una enfermedad, era la muerte–.
Mi adolescencia seguía avanzando a toda velocidad hacia el epicentro de todos los problemas en que puedes pensar a esa edad: sexo, sexo... sexo. Todo lo que te rodea parece ser un cóctel de hormonas. Tus amigos ya no salen en pandilla, empiezan a mezclarse con chicas, a tontear. A ir de botellón o de bares. La vida social se complica y tú empiezas a estar muy asustado y desbordado.
Yo era un adolescente gordo. No me considero un chico feo, pero la verdad es que la obesidad es ese gran tabú social que te hace invisible ante las hormonas de los demás. Y sin embargo a mí aquello me pareció una bendición que todavía hoy agradezco. Nadie parecía verme a mi alrededor como digno de ser considerado atractivo. Y eso supone que te dejen en paz, que es lo que tu más quieres en esos momentos. No tienes que justificarte sobre por qué no te interesa tal o cuál compañera que “está por ti”, porque nadie está por ti.
La literatura y los estudios fueron cada vez más un refugio seguro. No era un ser raro y asocial, y probablemente mi entorno me veía como un adolescente sólo interesado en leer cosas de Historia, en visitar castillos y museos, y sacar buenas notas para llegar a algo en la vida. Que además era simpático y se preocupaba por los pobres del tercer mundo, y que de vez en cuando la liaba con la dirección del centro porque le daba por emprender una recogida de firmas contra algo o alguien.
Esa combinación de indiferencia de los demás hacia mí, como objeto de atracción física, y de que pensaran que el sexo me debía resultar algo poco interesante entre tanta literatura y tanta causa justa me salvó la vida. Al menos lo que cuando eres adolescente piensas que es la vida.
Creo que pasado el periodo más estúpido de esa edad, mis compañeros y compañeras sentían por mi cariño y respeto. Nunca fui acosado, porque además seguía teniendo un físico y una voz contundentes. Había un chico en otro curso que me parecía increíblemente atractivo –rubio, con un rostro dulce, que vestía con tanta personalidad que parecía que se ponía al mundo por montera–; pero que difícilmente podía disimular su amaneramiento. No es que mi instituto fuera especialmente cruel, pero el chico sufrió por aquello. Era objeto de burlas, de chistes, de comentarios y probablemente de alguna agresión. En cierto modo yo sentía admiración porque él fuera ante los demás lo que yo escondía; pero también sentía un miedo atroz a pasar por algo parecido.
Los padres de ese chico tenían un restaurante pequeñito en el que a veces iba a comer con mi familia. Como era fin de semana, él ayudaba. Recuerdo la emoción por lo mucho que me atraía, y cómo verle allí haciendo la coreografía con platos y bandejas me parecía lo más. Y recuerdo los chistes a media voz sobre él, porque perdía aceite o chorradas por el estilo.
En las pocas ocasiones en que alguien hizo una mínima insinuación no ya sobre mi sexualidad sino sobre lo macho que uno era, lo atajé sin miramientos. Siento una repulsión enorme hacia la violencia. Pero uno no se imagina la fuerza que es capaz de sacar cuando busca sobrevivir en esa selva. Recuerdo un día, en bachillerato, en que tres compañeros –que para mí reunían todo lo que odiaba de los demás adolescentes– empezaron a martirizarme disparando bolitas de papel. Nos habían dejado sin ningún profesor en el aula. Y recuerdo cómo en un momento dado no fue la rabia sino el sentido común el que me llevó a levantarme y poner fin a aquello, partiéndole una regla en la cabeza a uno de ellos. Me hice respetar. Problema solucionado.
Otras situaciones eran más difíciles de solventar. Mis amigos del pueblo son gente por la que a día de hoy sigo sintiendo una gratitud que no se imaginan, por la forma tan sana en que creo que vivieron su adolescencia –y con ello la mía también–. Un verano decidieron por mí que había una chica, de otro grupo próximo al nuestro, con la que yo tenía que intentar algo. Probablemente no sea una situación tan difícil de gestionar. Pero cuando ni tienes experiencia ni otro mecanismo más que cerrarte como un puto bicho bola, estas cosas se acaban convirtiendo en algo realmente horroroso para ti.
Una noche, conspiraron para que esa chica y yo nos quedáramos a solas, pero bajo su cercana vigilancia. Y ahí me veías, junto a una persona contra la que no tenía nada, pero con la que tampoco quería tener nada. Sin saber qué decir. Asustado y con unas ganas enormes de llorar y salir corriendo hasta donde los pulmones me dejaran. No creo que nadie de quienes vivieron aquel momento lo recuerde. No creo que yo lo olvide nunca y piense en él sin un cierto nudo en el estómago.
Pero, paradojas de la vida, en la medida en que mis compañeros y compañeras crecían y maduraban, nuestros vínculos se estrechaban. Y eso era un problema. Tus relaciones se hacen más humanas, más sinceras. Y no sólo tu necesidad de vivir tu propia sexualidad se hace increíblemente intensa, sino que los demás sienten hacia ti una mayor inclinación por conocerte. El bachillerato llega a su fin, y en un centro en el que estudiábamos un puñadito de personas, que habíamos crecido juntos desde la más tierna infancia, se produce un apego en ese momento de la vida que es hermoso. Gente con la que te has peleado durante años, estrecha sus lazos contigo.
Entonces yo era un estudiante modélico y no era raro que mis compañeros y compañeras pidieran mi ayuda. Empiezas a mirarles con respeto y cariño y con unas ganas enormes de poder ser tú de verdad con ellos; aunque sepas perfectamente que no puedes serlo. Quizás algunas personas en tu entorno han madurado lo suficiente como para no tener miedo a expresar sus opiniones de apoyo a gente como tú. Pero el vacío que se abre ante ti es enorme. El vacío literal por un tema del que no se habla o se habla poco; y el vacío simbólico del abismo que presientes.
Recuerdo un día volviendo a casa desde clase con un grupo de compañeros. El tema salió; como salía entonces; como una referencia fugaz. Y uno de mis amigos –no, uno de mis amigos, no... ¡el primer chico del que probablemente me enamoré en mi vida!– se atrevió a decir con total rotundidad que él no tendría ningún problema si alguno le dijera que le gustaban los tíos. Que no iba a dejar de ser su amigo. No sé si las cosas ahora siguen siendo así, pero puedo asegurar que era algo que uno escuchaba en muy contadas ocasiones en esa época. Lo terrible es que incluso en esos momentos de felicidad tienes que estar en guardia, porque no puedes mostrar más alegría de la debida al escucharlo. Es importante mostrar tanta indiferencia como puedas. Aunque para dentro tu estómago se encoge, tu boca se seca, la sangre se sube a tus mejillas y tú buscas como loco la manera de salir de esa situación, porque te sientes como un cervatillo en peligro.
Toda la supervivencia de aquellos años dependía de una poderosa coraza que construías sobre tu afectividad. Pero lo que tienen las corazas es que, para ser efectivas, son muy poco flexibles y acaban amarrando a quien las viste. Y eso es otra de las cosas que te pasan. Que aquello que es lo más importante de tu vida, es lo más ausente en tu relación con los demás. Yo podía abrazar cualquier causa que pensara que era justa. Menos esta. Hubiera ido a cualquier manifestación que me hubieran propuesto. Excepto a una por mis más íntimos derechos. Hubiera levantado la voz –y lo hice muchas veces– ante cualquier frase racista de mis compañeros. Pero jamás me hubiera atrevido a hacer ni la más leve defensa de quienes eran como yo. Porque el miedo puede con todo. Y miedo es lo único de lo que en ese momento estás sobrado.
Tenía una sed enorme por la vida, por viajar, por experimentar y conocer personas de todo tipo. Pero nada me aterraba más que pensar en conocer a alguien como yo. Un día, ya en COU, el año anterior a la universidad, los que estudiábamos literatura fuimos al teatro. Cuando estábamos entrando a la sala, justo delante de nosotros había un chico algo más mayor que yo y que a mí me pareció un ángel: alto, con un maravilloso pelo rizado y negro azabache. De repente uno de mis compañeros comentó por lo bajo que ese chico llevaba un pendiente no sé en cuál de las dos orejas y que eso significaba que era gay y era un lenguaje que los gais usaban entre ellos. Yo no sé si ese chico era gay o no, y si lo que dijo mi compañero tenía el más mínimo sentido. Pero aquello me abrió todo un mundo, porque de repente vi a alguien que podía ser como yo en mi misma ciudad y que se relacionaba con sus amigos con normalidad. No pude quitarme aquello de la cabeza durante toda la obra, y aún a día de hoy me viene el recuerdo del perfil con que grabé su rostro.
Uno de los motivos por los que ya entonces renuncié al alcohol era por el miedo a perder el control sobre mí mismo. Sabía que no me podía permitir el lujo de irme de la lengua o, peor aún, intentar algo con algún chico. Mi pequeño entorno de esa época me daba estabilidad, pero a cambio ofrecía pocos estímulos prometedores (con el tiempo he descubierto que estaba muy equivocado, pero eso es otra historia). Ni hubo héroes o heroínas en mi círculo social que dieran el paso que yo no me atreví a dar, ni nadie nunca se aproximó a mí con ninguna pretensión sexual ni nada por el estilo.
El tiempo pasaba y a tiro de piedra aparecía el final de esa etapa tan importante de la vida, llámalo adolescencia o llámalo bachillerato. Y cuando por fin acabé e hice el examen de acceso a la universidad, había conseguido superar esa dura prueba de supervivencia que había durado años. Pero a cambio, emocionalmente seguía casi en ese mismo punto que aquella noche de cuando tenía diez u once años en que había descubierto la masturbación: kilómetro cero.
Era experto en sobrevivir, pero me había perdido todas esas experiencias maravillosas de tontear, del primer amor, de compartir con tus amigos y amigas esa parte de ti. No sabes lo que es un beso o una caricia. Ni siquiera sabes cómo suena en tu voz decir palabras que todos los demás pronuncian con naturalidad: guapo, me gustas, te quiero, qué bueno está tal chico, cómo me pone no sé quién. Ni siquiera le has dicho nunca a otra persona lo que eres. La sexualidad para tus amigos consiste en enrollarse con alguien. Para ti es un tratado filosófico al que le llevas dando vueltas desde antes de que supieras lo que era la filosofía.
Con 18 años recién cumplidos tenía por delante la etapa de la universidad. Es un momento muy emocionante de la vida, lleno de sueños y en el que todo parece a tu alcance, todo parece posible en ese último verano antes de tu nueva vida. Pero tú tienes la misma pregunta que desde hace años: ¿qué vas a hacer con este mogollón?
Tus amigos han crecido, alguno es incluso gente madura y de mente abierta. El país ha cambiado y el vacío en este tema es un poco menos. Algunos partidos hablan abiertamente de derechos que te permitan vivir con normalidad lo que eres. E incluso con suerte has podido ver parejas de gente como tú en alguna visita a Madrid.
Y de repente tienes más miedo que nunca. Precisamente porque sabes que lo que hace no tanto era impensable es ahora posible. Que, de hecho, es lo único razonable. Que es lo que debes hacer si quieres vivir, lo que se dice vivir de verdad. Por eso tienes vértigo, porque sabes que es cuestión de tiempo que tengas que dar el salto al vacío.
Descubres que en esto no hay fuerza de la gravedad que valga, que tienes que dar los pasos porque nadie los va a dar por ti. Que simplemente por ir a la universidad las cosas no cambian si tú no das los pasos. Que en esa primera escapada fugaz que haces a Chueca descubres que nada va a pasar si tú no das el paso. Es aterrador, porque de repente descubres que eres libre. Y que ser libre consiste en tomar decisiones y dar pasos.
En esa ansiedad estuve meses. Y un buen día de mayo de 1997, cuando estaba acabando mi primer curso en la universidad, todo lo que había vivido desde que tenía diez u once años saltó por los aires. No sé qué lo provocó, pero la presión que sentía por dentro debía ser enorme para imponerse al miedo.
Era el último fin de semana antes de los exámenes finales. Era viernes por la noche, estaba con mis amigos en algún bar de Alcalá y vi que ya no podía aguantar seguir viviendo así. Me acuerdo como si fuera ayer de pasar por la plaza de Cervantes, volviendo yo ya sólo de madrugada a casa y pensar “mañana es el día”.
No dormí nada. Había quedado con el amigo que consideraba la persona más próxima a mí y que mejor me podría escuchar. Di muchas vueltas. Empezaba una frase y la dejaba a medias cambiando de tema, nervioso como nunca en mi vida. Recuerdo que caminábamos por un sendero junto al río y que era casi mediodía. Le mareé. Pero al final fui capaz y lo dije. Dije con 19 años lo que sabía sin duda alguna desde que era un niño, mucho, mucho tiempo atrás: soy gay; No sé cómo voy a hacerlo, pero quiero vivirlo y ser feliz. Y necesito que los demás me ayudéis.
Ojalá haya un día en que nadie tenga que pasar por algo así de artificial en que se agolpan miedo, nervios y emociones contenidas durante años. Pero para los que hemos tenido que hacerlo, sabemos que es uno de los momentos que marcan tu vida y que guardas para siempre, como otros guardan su boda. Es muy emocionante, con lo bueno y malo que supone. Rompes desde dentro esa coraza sólida y confortable que te ha protegido durante años. El sol llega a tu piel, pero te sientes tan vulnerable y desvalido como un pollito.
Ese día puse fin a años de disimulo y tramas y metí el acelerador. En unos meses mi vida cambió y de repente disfruté de la sinceridad que llevaba años negándome. Decidí aprovechar al máximo el tiempo perdido y compartir mi sexualidad, mis emociones, mis deseos. Y luchar como había luchado por tantas causas, pero esta vez por la más mía de todas.
No fueron meses fáciles; para ti no es fácil saber qué hacer y cómo hacerlo. Y para quienes te rodean no es fácil saber cómo ayudarte. No es fácil vivir sin el caparazón que te ha protegido tanto tiempo. Y porque la sexualidad humana nunca es fácil, sea cual sea, y menos si encima casi no tienes experiencia. Te ves con 20 años pasando por lo que el resto de la gente pasó con 15.
Echando la vista atrás te sorprendes por lo mal equipado que estabas para pasar por todo aquello. Es difícil pensar que todo ese miedo y esa falta de experiencias no dejen secuelas. Yo tengo una familia que me quiere y que llegado el momento me ha apoyado en todo. Pero he visto a muchas personas que no han tenido tanta suerte y sufrieron mucho más que yo en todo este camino.
Hace unos días leí el texto de un chico sirio contando cómo vivió él todo el proceso que yo describo aquí. Tiene más o menos mi misma edad. A lo mejor otras personas ven todo lo que separa nuestras experiencias. Pero a mí lo que me queda de su historia es todo lo que nos une. Es maravilloso descubrir todo lo que se comparte cuando te has sentido tan solo.
¿Por qué cuento todo esto ahora? La mayoría de quienes hicieron el bachillerato conmigo son personas decentes que seguro que sienten aprecio por mí. Con muchos he compartido momentos con el paso de los años; con algunos incluso sigo compartiendo amistad. Ninguno sería capaz de hacerme sufrir o excluirme de su vida por lo que soy y siento. Incluso aquellos tres chicos que me martirizaron tantos días han sido con el tiempo muy cariñosos conmigo. Sé que me aprecian y admiran mi trabajo. Es increíble ahora pensar en ellos como fuente de la más horrorosa ansiedad de un pobre chico. Y sin embargo fue así.
Nada de todo aquello puede cambiar. Pero a mí me da mucho optimismo que quienes crecieron conmigo hayan acabado estando de mi lado. Ojalá se lo pudiera contar a aquel chiquillo de 10 años. No puedo. Pero también ahora hay chicos y chicas asustados con 10 años a los que se lo podemos decir: no tengas miedo. No hay nada malo en lo que sientes. Todo va a salir bien. Sé feliz.

Álvaro Zamarreño
periodista en Cadena SER Radio.
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